LA JIRIBILLA
JOSE LUIS FARIÑAS: 
LA ESCRITURA DEL CAOS

Carina Pino Santos |
La Habana


La exposición "La escritura del caos" de José Luis Fariñas en el Instituto Cubano del Libro manifiesta, de forma peculiarmente enriquecedora, el perfil de la propia galería "Raúl Martínez", y permite revelar su orientación, esa que necesariamente la distinga del panorama expositivo general en el circuito de exhibición, y que identifique su propuesta más específica que es, precisamente, la de abordar los más anchurosos caminos que conduzcan a la necesaria valoración de artes como el dibujo, la ilustración, la gráfica, y de aquellas interrelaciones más dinámicas y de la más variada procedencia que puedan generarse a partir de la creación de la imagen visual y la escritura misma. 

Drer-IX Nacimiento

Apenas pudiera uno suponer que tras la figura delgada de este discreto joven, que se distingue en el entorno artístico, por sus ademanes elegantes y su expresión comedida, se halla un artista con una trayectoria artística ya considerable, un creador pluridisciplinario capaz de emprender la producción de discursos en diversos géneros y manifestaciones, y en los ámbitos literario y visual. Habría que añadir que, además de ser un entusiasta expositor en su propio país, la obra de José Luis Fariñas (1972) ha recorrido en los últimos tres años galerías neoyorkinas (Cornell University, 93th South Gallery, Simolin Gallery); otras en los propios Estados Unidos, en Boca Ratón, Florida, en Palm Beach; y en San Juan de Puerto Rico.

Transfiguración

Su última muestra en el Palacio del Segundo Cabo, nos conduce a ese peculiar mundo suyo, en el que se entretejen de forma fascinante y sempiterna inagotables alegorías. Así, "La escritura del caos" viene a ser uno más de los tantos laberintos donde su línea fluida, suave, y a la vez enérgica se torna fuente engendradora e infinita de sus criaturas vitales, unidas por un organicismo indivisible capaz de fusionar los actos de estos seres y conducirlos hacia ese agujero negro: un mundo insólito donde lo inverosímil es quizá el embrión originario. Mas este inicio es solo aparente. Y aunque solo distinguimos un final en estos dibujos, lo aleatorio de las apariciones, cual las fantasías medievales, nos sugiere esa infinitud que sólo puede preverse en la más suprema de las teorías.

De cierto modo, una no puede dejar de rememorar, aquellas creaciones de los grandes poetas dibujantes, o viceversa, de los eminentes artistas también escritores, Baudelaire, Víctor Hugo, Rafael Alberti, pero aún más, quizá se hace inevitable citar aquellos deslumbramientos excepcionales de William Blake, a las enigmáticas visiones que siempre le acompañaron, y que uno percibe en sus versos: "De regreso a casa (...) / donde un despeñadero de inasibles paredes/ se cierne sobre el mundo presente, vi a un poderoso/ Demonio, envuelto en negras nubes, que aleteaba / junto a las paredes de la roca; con llamas corrosivas/ escribió la frase siguiente, que ahora/ es comprendida por la mente de los hombres y leída por ellos en la tierra:/ ¿No comprendéis que cada pájaro que hiende los aires es un enorme mundo de delicias cerrado por nuestros cinco sentidos?"

Pero más allá de las ineludibles menciones a los artistas poetas, o a Brueghel, a el Bosco y Goya, constantes citas mencionadas por exigentes críticos, la obra de Fariñas deviene, cual ontología nítida de su creador, una suerte de sistema en el que se interpenetran referencias filosóficas, artísticas neohistóricas, matemáticas, siempre unidas por un principio conductor vitalista que responde a su muy personal conceptualización del universo y el arte mismo. 

Paradojas

Su arte, a semejanza de esa anarquía que parece enfatizar el propio creador en el título de su exhibición, en realidad refiere aquellas ocultas constantes que subyacen invisibles tras el movimiento más perturbador. El ojo de ese torbellino, de esa columna infinitamente turbulenta y perpetua en sus dibujos y pinturas, cuyo poder expresivo radica en una delicadeza excepcional -lograda por su maestría-. El centro radiactivo dentro de esta aparente desorganización magistral, es una nueva espiritualidad, apremiada, hoy más que nunca, en estos tiempos de precariedad y cambio.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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