LA JIRIBILLA
CUERPO SOBRE CUERPO SOBRE CUERPO
LABRA
                                 

Estos poemas forman parte del catálogo de nuevos poetas cubanos Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo (Letras Cubanas, 2000), que recoge la producción poética de escritores de todo el país nacidos después de 1972, con selección prólogo y notas de Aymara Aymerich y Edel Morales. Atendiendo a las características de esta entrega La Jiribilla reúne textos de 7 de estas autoras, muy jóvenes, pero con voz propia en el concierto de la literatura escrita por mujeres en la isla.

Yo, Safo...

No lo sabes, amigo,
no soy como pensabas.

SAFO


No soy la leyenda sino la mujer.
Se me concibe un Phaón
sin conocer el verso escrito
sobre el mar que me sostiene.
Mentira, Leucades.
Jamás me lancé por el tedio de los hombres.
Yo no hice mis silencios.
La cabalgata de estas horas se dibujó
al pie del Olimpo.
Una diosa escrutó los abismos
para beber de mi saliva.
Ciertas muchachas me han cubierto
de sábanas la soledad.
La tarde me descubre mejor escribiendo nostalgias.
Pero la sangre del hombre que no soy
me baña las manos en cada caricia.
No miento.
Yo quise estar ausente.
Perderme en los naufragios de los viejos otoños.
Brindar con Baco el vino triste de los dioses.
No les maldigo el olvido.
Venus gemía esclavizándome a su vientre
y mi adolescencia se rompió al fondo de sus templos.
Estas son las hojas que guardé para esconderme.
Porque hoy vuelvo de mujer por las esquinas.
No pretendo defraudar a los fantasmas que poseo.
Pero el absoluto extravío estalla sobre el arpa.
Amigo.
Soy una mujer de Lesbos
sonriendo a la leyenda que me esconde.


El tren

El tren nunca salió.
Y en los ojos de esas paredes
mi rostro se fue perdiendo como el humo,
dejando sólo el olor,
que poco después se perdería también.
El tren nunca salió.
Y dudé que el equipaje fuera mío.
Quizás estaba allí para hacerme creer que viajaría.
Cualquier cosa es posible
después de vaciar la distancia en una botella.
Siquiera creo haber estado esperando el tren.
Porque tampoco tenía a dónde ir.
El único destino se había perdido en alguna esquina.
Cuando abrí la mochila encontré preguntas locas
y en lugar de respuestas el más escalofriante vacío.
El cielo fue entonces un grito,
la calle un desespero.
Y la línea que debía guiarme
no estuvo nunca donde yo la vi.
La línea fue la justificación para que hubiera un tren,
un viaje, una mochila.
La línea fue la máscara cobarde de este extravío.
El tren nunca salió.
La línea nunca estuvo.
Y el equipaje, definitivamente, no era mío.


Marilín Roque González (Jagüey Grande, 1972). Poeta. Premio del Encuentro Nacional de Talleres Literarios, 1995. Sus textos aparecen en El Caimán Barbudo, Revista Matanzas y Revista del Vigía, entre otras publicaciones periódicas, y en Generación de los invisibles, Bilbao, España. Su libro, Yo, Safo, está en proceso de edición por Ediciones Matanzas. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz. 
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Seis años maldiciendo

Aquellas bibliotecas murieron con mi calma.
Yo tuve que aprender los vicios incurables,
huir con los amigos.
Oh Diablos, los amigos.
Yo tuve los amigos más breves de este mundo,
de esos que se desprenden y llevan siempre un Dios
/ para no ser culpables,
y vi las bibliotecas más tristes de este mundo
pero se me hizo tarde para entender al fin que yo era
/ quien mentía:
no había que venir tan lejos por un libro
no había que romperse mirando el pizarrón de bordes
/ mal gastados,
el aire del maestro.
Dura expresión del agua,
no van a perdonarme seis años maldiciendo.
Yo hablé de las ciudades,
hoy puedo imaginar la edad de algunas casas
pero bien poco he visto,
yo sólo sé que al fin me voy de los pupitres
y ya no puedo dar con la verdad exacta.
Aquellas bibliotecas tal vez nunca existieron
quizás yo nunca fui la alumna necesaria,
pero qué mal maestro,
qué duro el tropezón con nuestros años breves.
Y yo, que aún creía
porque ya estaba lejos
juraba que sí había elegido las palabras.
¿Por qué este mal perdón para no desafiarme?
Seis años puede ser un tiempo indefinido,
la paz que se abandona,
vivir para saber que temo a cada instante.
Yo vi las bibliotecas más grises de este mundo
y juro haber soñado que huía para siempre.
En el sueño mis amigos gemían por no haber besado
/ otros lugares
y yo también gemía
pero ya había jurado escaparme para siempre.
¿Por qué tanto desorden,
qué gano con romper mi cuerpo en la aventura?
¿Y a dónde voy a irme,
qué salto puede ahora curarme del delirio?


(1991-1997)

Canción para invocar a un mago

Yo tenía, yo tenía...
S. J. PERSE


Canta Mago
para mí
di un enigma que no tenga por respuesta estar muy triste
porque vengo de tan lejos
y estas piernas han creído la verdad de los dolores.
Canta Mago
por si acaso los vigías me sorprenden
yo tenía una canción para amar en los caminos
el anuncio del profeta
yo tenía
yo tenía.
Canta Mago la canción que conduce hasta la hora
nadie va a morirse hoy
pero canta
por si acaso
los vigías me sorprenden.


Maylén Domínguez Mondeja (Cruces, 1973). Poeta y escritora de literatura para niños. Licenciada en Información Científico-Técnica y Bibliotecología por la Universidad de La Habana. Poemas suyos aparecen en las revistas El Caimán Barbudo, Huella y Ariel. Sed de Belleza Editores publicó su poemario Historias contra el polvo. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz.
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Diario de una isla

I

Ante estas costas,
desnudas literalmente hasta los huesos,
me asombro de mí misma,
de siglos pendientes a un reloj de arena,
del canto lunático de un caracol
poseído por fantasmas remotos.
Es verdad, mis ojos guardan historia
animales extintos, catedrales convulsas,
hombres tragándose el mar
como una copa de vino.
Tengo heridas que la sal alimenta todas las mañanas
y un delirio de lejanas criaturas.

II

Ya no basta saber quién soy, qué designio me acecha,
ni por qué floto como un sueño.
Ahora he de reconocer,
palabras que regresan
como un hijo a casa del padre
después de andar todos los caminos.
Soy una isla,
pero antes de serlo, soy madre
y siempre una madre perdona
sin límites ni tiempo.
Dioses de antiguas praderas
forman con mi recuerdo
danzas innombrables,
extraña arquitectura de razas y costumbres,
geografía exacta de mis vértebras.

III

Soy una Isla,
que es lo mismo decir:
una leyenda, una espera, un silencio
que siente romper las olas sin ningún sobresalto.
Penélope o la otra versión

Ulises,
no creas en la leyenda,
sólo fui un experimento de los hombres.

Hubo noches que abría las cortinas
esperando algún mancebo hiciera arder mi vientre.
Mis manos fueron una excusa
no sólo pretendieron enredar y desheredar la madeja
en una monotonía inocente.
Ardían, Ulises, ardían,
si por la plaza vagaba un varón
con el pecho desnudo.
Eran tantos los años... tanta la distancia,
mi cuerpo fue perdiendo la nitidez del tuyo,
los días delataban verdades insoportables.
Ya estás frente a mí,
ahora puedo decirte lo que la historia nunca contará.


Kenia Leyva Hidalgo (Holguín, 1974). Poeta. Miembro del Taller Pablo de la Torriente Brau y de la Asociación Hermanos Saíz. Textos suyos aparecen en La Gaceta de Cuba, y en publicaciones de España, Argentina, México, Estados Unidos y Perú. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz.
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Replicante

y toda ciudad tiene siempre un monstruo
perpetuo.

VIRGILIO PIÑERA

La advertida campana fabular de las ocho y media
rebotaba en los carteles de neón
ordenándonos vivir.
Detenida en mi sorpresa
miro pasar fascinada
la suntuosa sonrisa de April Siddons,
mi monstruo predilecto.
Como al ralentí desfilan sobre los adoquines
-y quizás para mí-
las piernas larguísimas y perfectas
que pudieran bastarse por sí solas
para hacerme recordarla eternamente.
Otra hubiera querido morir,
cerrar los ojos.
Paseantes nos cruzaron por los lados
ajenos al secreto flashazo
de la que vio a los inmortales descendiendo.
Otra hubiera dicho basta o suficiente
pero soy yo quien te está mirando,
April Siddons que tuviste suspendido el tiempo
y ahora
como el gato de Cheshire te vas
para dejar flotando sobre un parque circular de Santa Clara
la sugerencia ambigua de tu boca lujosa.


1900
Los días del cinematógrafo

Vestida impresionista Ella acaba de aparecer en el vestíbulo
sombrilla Marie Laurencin y lentes azules montados al aire
con el novísimo claxon de su automóvil de celuloide
llegó 1900.
Yo no quiero decir que estoy por Ella perversamente loca
que desfilo amaneradamente bajo los globos de luces
/ amarillas,
que todos me observan con disimulo,
algunas damas desearían en secreto tener un sombrero
/ que levantar
y Rodolfo Valentino las mira desde carteles
levemente curioso.
Aprovechemos este misterio,
esta enfermiza complicidad.
Cuando llegue el Jazz yo no podré avanzar discreta
pasar casi felínica por tu lado
y lanzarte el humo verde de mis cigarros de jade.
Es la era de la frivolidad y la inocencia
tus lentes ocultan la respuesta de unos párpados
/ pesados de deseo
mas no quiere romper el encanto,
cuando la función termine
irás a casa huyendo de ti misma,
una casa representada en mi mente como una bola de vidrio
un vendaval de hojas secas rodando bajo el Dion-Bouton.

***
Tuyo es ese ángel que impregnó 1900
en todos los Café se conversa de ti
y no importó pagar otra ronda de añejo
con tal de sostener tu nombre entre los labios
un último minuto,
una última lanza estrellada contra el tedio.
Eras tan amable que siempre te dejabas ver un poco
sonrisa art-nouveau y lentes azules al aire
buscabas con la vista alguien que no apareció
porque yo siempre pensé que las horas de vivir
sólo suenan de noche.
El ídolo italiano invadía la ciudad con El Hijo del Sheik
a las ocho y media la retreta comenzó a tocar
y en los Estados Unidos los gángsters se mataban a balazos.
Yo preparé mi boquilla más larga
el esmalte de uñas negro me asemejaba a Teda Bara
por eso decidí no usar vaselina y realzar mis ojeras.
Santa Clara parecía un cuento
con la paz que dan las luces amarillas
y la Banda de Música ejecutando en silencio,
pero la ciudad eras tu misma que llegabas tan intensa
que mirarte excitaba.
***
Son estos los días del cinematógrafo 
y han vuelto a ponerse en moda los héroes.
Percibo que pronto callará el piano de la sala oscura
y se oirán sus latentes voces.
Valentino, un gato ansioso de tejados,
la Garbo ronca y filosa como una navaja abierta.
Yo no quiero decir que estoy por Ella perversamente loca.
Mientras la miro exhala mi boquilla un humo lento.
Ella ni siquiera se sonroja
semisonríe aceptando que sueño conocerla.
Ambas sabemos que vamos mañana a despertar gloriosas.
Ella desnuda
y yo fumando a su lado mis eternos cigarros verdes
en un daguerrotipo de 1900.


Isaily Pérez González (Santa Clara, 1975). Poeta. Lic. en Filología en la Universidad Central de Las Villas. Obtuvo el Premio de Poesía del Encuentro Nacional de Talleres Literarios en el año 2000. No tiene libro publicado. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz.
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Fin de algo

Un ciclo se cierra, 
se detiene la absoluta crueldad con que los astros
definen la belleza, lo podrido.
Caminábamos aquella tarde bajo los árboles
cuando nos despedimos en el parque de 15.
Yo te vi atravesar cabizbajo el sendero torcido
y desaparecer.
Nunca pude volver a Lamparilla,
ni recordar exactamente el silbato del barco
hacia la isla.
Todos son fragmentos del algo que termina.
En la Avenida de los Mártires caen las mismas flores.
Duarte y yo
compartimos el milagro del domingo.
El Ermitaño y yo
encontramos monedas aún calientes
por un sol que sabemos
que nos mata.
Camino en círculos,
me siento en el mismo café.
De entre la gente espero que salgas,
que aparezcas, para nada.
Para entender el comienzo de todo,
el fin de algo.


Laminario

Hacia las cinco he cerrado la puerta,
cierta carta había anunciado que no vendrías.
Yo he visto tu sombra deslizarse hacia el patio,
solemnemente has cortado una a una las rosas.
Has vuelto y no sabías qué decir.
Un hombre encerrado dentro de sí muere poco a poco.
Tus lejanos amigos
me han traído noticias de tu estancia en Santos Lugares.
La Luna, esa rara carta, ha pronosticado la locura.
No habrías de morir bajo aquel árbol.
Los mercaderes han traído hermosas baratijas
y he querido colgarlas en tu cuello.
Una cruz, un retrato de algún maestro florentino,
una pequeña estatuilla de marfil.
Todos saben que has muerto.
En algún lugar de esta habitación
he encontrado las cartas,
las hermosas cartas que nunca escribiste.
Debajo de los retratos están los retratos,
la pared vacía está llena de rostros.
Y el mar que a todas horas ruge me consuela.
Qué haré conmigo, sin recuerdos.
Noche a noche trato de llorar.


Última estación

Me han dicho que una luz se extingue,
que otra vez el cielo vuelve del remoto sitio
en que todo es divino, en que todo se rompe.
Sé de regiones donde no has pisado,
donde los hombres cantan
y los barcos mutilados cruzan el océano.
La tristeza es vasta, el silencio profundo.
Debajo de la tierra germinan las semillas,
germinan los muertos con sus dientes juntos.
Vi el anillo de oro sucio en el inmenso ataúd.
Y tu retrato, 
que no volverá a parecerme hermoso.

[Como a veces se olvidan...]

Como a veces se olvidan las frases más bellas
y sin transiciones se pasa de un sueño
a otro sueño con la simpleza del agua,
también se olvida ser feliz.
Retornar a los días primeros donde la placidez del sol
era lo único cierto.
Donde Juana y Carlos se escribían interminables cartas,
poemas olvidados.
La paz de la nada nos conmueve.
Qué luz es esa,
qué brillo es ese que esconden tus ojos.
Es la lejana sombra del olvido
que ha empezado a extenderse dentro de ti.
Como una fiebre antigua,
como la agonía que pronto y sin remedio,
nos traerá la muerte.

Liudmila Quincoses Clavelo (Sancti Spíritus, 1975). Poeta. Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 1994. Premio América Bobia, 1995. Premio Prometeo, 1996. Premio Dador, 1997. Premio del Frente de Afirmación Hispanista, 1998. En 1995 publicó Un libro raro, por Ediciones Capiro. Textos suyos han sido publicados en España, Italia, Francia, Argentina, Estados Unidos y México. Los poemas seleccionados pertenecen al libro Laminario, de próxima aparición en la Colección Pinos Nuevos de la Editorial Letras Cubanas. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y de la UNEAC.
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[Ceremonia es la misericordia...]

Ceremonia es la misericordia
y dos palmos de sal bastan para el desapego
tal es la liturgia:
date la vuelta tres veces
y arrójale a esta fauce todo aquello que no debas.

Así no comenzaron las mejores historias,
ni las más felices
También los sargazos pudren el cuerpo de las aves
-un ser-que no fue-una cría-
pudre el cuerpo de las aves
también los cerrojos
también
dos tristezas no equivalen a una sola:

El espejo ha sufrido mutaciones
y ya 
no podremos escribir como Paul Eluard
por un orgullo mejor.


el útero es un lugar pequeño, es un lugar
y es un silencio


Obstáculos entre: el gesto y la palabra,
mi pregunta y yo fluimos
malolientes desde el útero 
que es un lugar indivisible como celda,
que es un lugar donde
mi única pregunta lo cuestiona todo.

Allí prefiero elegir nuestra distancia
que es la mudez del condenado,
que es un silencio donde
me escupe y me ennoblezco.

Obstáculos entre: el gesto y la palabra,
mi única pregunta y yo tenemos
una letra más veloz que antes
una paciencia más veloz
y menos tiempo. 


sobre un tema anglosajón

viólame, amigo, y lloremos por la patria o el amor.
sólo brindo con oxígeno en noches mansas como esta,
en vandalismos como este: el Oxígeno
Tu oxígeno que también se deteriora.

somos absolutamente seres innegables
-nuestra úlcera innegable, nuestro ejemplo-

Viólame, amigo, y después lloremos juntos
En noches mansas como esta
Danza para mí tu última mentira
Y dispersa el prodigio de tu baile
En noches mansas como esta
Cada ser huele a su última mentira.


waterproof

todo cuanto la Ira me devuelve es el amor
y es
alguna tradición más peligrosa:

para los cuadros de mi nieto humano,
del batracio hijo gris
y otros asuntos del futuro, que amarán
masticarnos la cabeza
-para ellos-
poso en contra mía y a favor
de la violencia como estética.

conviene (Federico) tanta soledad y tan pocos
amigos, incluso aquellos que no saben
depender de la belleza, o esos
muy crucificados. 
conviene (incluso) el pensamiento
en ti que eres común:
tan común, tan necesariamente cotidiano.

donde antes besabas al caballo ajeno
ahora lo cursi es patrimonio,
donde fuimos dos desamparados
ahora es 
la tradición más peligrosa 
y pienso (Federico) habrá esta Ira

esta mía Ira
que retorna y cobija y nos devuelve
hacia la misma sustancia primigenia.

Aymara Aymerich Carrasco (Ciudad de La Habana, 1976). Poeta y narradora. Premio Farraluque de Poesía Erótica, 1998. Premio Calendario de Cuento, 1998. Finalista del Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en 1998 y 1999. Premio Dador de Poesía y Narrativa, 1999. Premio David de Poesía, 1999. Mención del Premio de Poesía de La Gaceta de Cuba, en 2000. Sus textos aparecen en publicaciones periódicas como La gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Sic, Viceversa... Ha publicado los libros Deseos líquidos (Abril, 1999, cuentos) e in útero (UNION, 2000, poesía). Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz.
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Visión

Hay una mujer dormida en la jaula de los pájaros
Una pesadilla la cabalga toda hasta dejarla caliente y húmeda, rosada
Se ha llevado su desnudez a un rincón más amplio donde poder lavarla con aceite y sangre,
miel y sudores de cuerpos selectos
Nada sabe de la olla destapada en la cocina que hierve lenguas negras,
bestiales, suaves, pálidas, tersas, de vaca o perro
Desconoce los olores fuertes que crecen dentro de sus grietas rosadas
Ella yaciente y arqueada sobre la meseta de la cocina
pasan cuadros blancos y rojos
se deslizan con flores y el vapor emana de las grietas
besando su espalda en Venecia un arco
Sabe a muerte la lluvia o a tarde la muerte no sé allí en su piel
mientras penetra a la nalga la frialdad de la loza y cerca humea la carne a la parrilla
Ella dormida la ha visto un ciego y han caído por fin sus ojos.


Circo de espejos

II
He quedado sola,
espejismo que nunca llegó a ser comprendido.
Sostuve un rosario en la mano y recé a los difuntos,
a los que van a morir porque tienen que morir.
Es así, 
yo lo anuncié públicamente:
no hay lecho para los muertos.
Pero la arena,
espectro del sudor,
está allí fresca.

III
Yo también pruebo a reírme de mí misma
ante la galería de espejos.


Susana Haug Morales (Ciudad de La Habana, 1983). Poeta y narradora. Finalista de los concursos Fundación de la Ciudad de Santa Clara, 1997, y David, 1997,. Obtuvo el Premio UNEAC 2000 en Literatura para niños. Textos suyos han sido incluidos en varias publicaciones de Cuba y España. En 1997, publicó el folleto Cuentos sin pies ni cabeza. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz.



2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu