La Habana. Año XI.
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2 de NOVIEMBRE de 2012

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1er. Encuentro de Voces Populares

De lo clásico a lo popular, y viceversa

Rachel Domínguez • La Habana

Fotos: Archivo, Roberto Meriño y Víctor Junco (La Jiribilla)

Este no es un trabajo sobre mujeres. El hecho de que los protagonistas sean en su mayoría féminas es puramente circunstancial. Sus voces están aquí por estar en todas partes, por “gustar mucho” y “ser queridas”, condiciones con las que se describe en algunos diccionarios lo popular. El 1er. Encuentro de Voces Populares, celebrado en La Habana entre el 22 y el 27 de octubre, es tan solo una excusa para proyectarlas, en algunos casos, y, en otros, rescatarlas.

¿Qué es lo popular? ¿Lo propio de las clases menos favorecidas, de bajo nivel económico y cultural; lo vulgar, lo que gusta a todos? ¿Quién lo dice? Músicos, críticos y periodistas de España, Colombia, México y Cuba se propusieron la reflexión, desde las diversas aristas y niveles de apropiación de cada participante, que los tiempos modernos imponen sobre la música popular y sus raíces, en tanto metodología válida para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Argelia Fragoso, compositora e intérprete cubana de gran prestigio, ha sido la promotora fundamental de este encuentro; pero su gestión descansa sobre el apoyo de muchos amigos, en especial del Instituto Cubano de la Música (ICM), de la Casa Discográfica Producciones Colibrí y del Centro Nacional de la Música Popular. “He convocado a todos estos artistas, pero no soy la única protagonista. Hay un equipo de trabajo pequeño, muy serio y profesional, que ha colaborado en todo desde que surgió esta idea”, comenta.

El desarraigo en el gusto popular por un género tan abarcador dentro de la música popular no bailable como la canción, ha sido, según cuenta la Fragoso, el impulso para este Encuentro de Voces —no del “populacho”, ni “populacheras”—, que pretende convertirse en una acción sistemática contra la desmemoria.

La cantaora colombiana Totó la Momposina, el periodista e investigador español José Miguel López, el Dr. Virgilio Dante Caballero, de México, y el grupo español de folk rock Amaral, son algunos de los invitados foráneos que participaron de este propósito.

Provenientes de Zaragoza, Eva Amaral y Juan Aguirre no son solo una pareja musicalmente hablando. Se conocieron en 1992 y seis años después salía su primera producción discográfica, con el mismo nombre del grupo. Ella, considerada una de las mejores vocalistas de rock españolas, y él, arqueólogo y guitarrista aficionado a The Beatles, se encuentran por primera vez en Cuba, también para darle continuidad a la gira de promoción de su último disco Hacia lo Salvaje, que ha incluido otros países como EE.UU., Francia, Inglaterra y Alemania.

Este Encuentro es también la circunstancia aprovechable y esperada para, si de poner las cosas en su lugar se trata, reconocer la obra de grandes músicos cubanos como Manolito Simonet, quien junto con su Trabuco ha puesto ha bailar al mundo entero desde hace 20 años.

El tres, la guitarra, el bajo, el piano, la percusión y, recientemente, el violoncello lo guían hacia el son, la guaracha, la timba, el cha cha chá, el danzón o el bolero. Pero también su familia musical y su trayectoria profesional en la Orquesta Maravillas de Florida, con un estilo muy similar al de la Aragón y más de 60 años de trabajo.

En los inicios, su estilo peculiar, dicen los que saben, consistió en alejarse de la tipicidad de las charangas mediante recursos como la imitación de los metales con los violines; pero eso no lo hacía solo él. La diferencia es que lo concibió de modo personal, con su sello sonando en cada nota. Su virtuosismo marca la diferencia, aunque las influencias del conjunto de Chapotín, o el Rumbavana son aún identificables en su música.

Pocos conocen que Simonet ha sido jurado del premio Grammy Latino en cuatro ocasiones consecutivas (2001-2004). Ese último año, el disco Locos por mi Habana fue el fonograma cubano más vendido en el mundo. Para él y su Trabuco va también este Primer Encuentro de Voces Populares.

Rescate

“Ser popular no significa caer en concesiones de mal gusto. Eso denota falta de recursos”, argumenta Simonet, como si se adelantara a Argelia Fragoso, quien propició estas conversaciones con el objetivo de “lograr el mejor posicionamiento de las manifestaciones populares en el gusto público”.

Por la época en que solo contaba con siete años, Argelia se estrenaba en la Orquesta Aragón junto con su director, Rafael Lay. Su formación fue clásica; pero desde temprano aprendió que Bach, Beethoven, Mozart, Brahms, y en general todos los autores que se estudian en los conservatorios de música, habían bebido de las melodías que los juglares cantaban, y hasta silbaban.

“Hace unos años hice un disco de música cubana con intérpretes alemanes que se llamó Habana Filing. Son 12 títulos cubanos de diferentes autores y épocas, desde la canción tradicional hasta la actualidad, pero a partir de una óptica distinta, en tanto se trataba de músicos clásicos alemanes”, cuenta.

Ese y otros ambiciosos proyectos han configurado su trabajo alrededor de la música popular, en especial la cubana: “Siento que se han ido perdiendo valores de diferentes manifestaciones populares que son básicos para el conocimiento de nuestra propia cultura. En general, pones la radio o ves la televisión, y uno no se encuentra, realmente, con el reflejo de los verdaderos valores de nuestras raíces. En mi opinión esas transmisiones están muy parcializadas, y no solo en nuestro país, sino en el resto del mundo. Eso hay que cambiarlo, porque nosotros formamos a futuros artistas y es nuestro deber entregarles, como tuvimos nosotros la oportunidad de recibir, un legado valioso de historia y cultura.

“Hace algunos meses concluí el primer taller de canto popular en el conservatorio Amadeo Roldán con alumnos de diferentes especialidades y niveles y, en algunos casos, me di cuenta de que existe un desconocimiento total de las figuras, de los músicos e intérpretes cubanos que han marcado pauta en Cuba y en el mundo. Si la música cubana es conocida y ha influido en otras latitudes es, precisamente, gracias a estos grandes músicos que nos preceden en la historia musical de nuestro país. De ahí que sea indispensable conocerlas y aprender a respetarlas”.


Totó la Momposina

La Momposina que hay en Sonia Bazanta

Cantante colombiana. Pies descalzos en el escenario. Admirada por el Gabo, a quien acompañó a Estocolmo a recibir el Nobel. No, no es Shakira. Es una hechicera que arroja sus bendiciones sobre Cuba durante su concierto en el capitalino teatro de los trabajadores —nunca mejor escogido el lugar—, Lázaro Peña.

A Totó la Momposina no le gustan las entrevistas largas. Es un alma sencilla que contesta con un pequeño manojo de ideas a distintas preguntas. “Escuche a la naturaleza —dice—; ahí están las respuestas desde el inicio, y son siempre las mismas”. Eso es escuchar a Totó; se tiene la sensación de participar en un ritual. La tataranieta del areíto es su música, un ritmo ancestral que penetra en todo lo que vive. Vea usted: “La dueña de los Jardines”, un “soncito”; “El pescador” o “Baile de carnaval”.
Sienta el compás trepidante del solo de percusión de Rafael Castro, uno de los ocho músicos que la acompañaron. Hay también saxo de jazz y guitarra eléctrica allí, sonidos mezclados con gaitas y tambores. Aquello era la sensualidad. Pero los tambores la hacían retorcerse a una. Eran de todas formas, tamaños y sonoridades; pareciera que el tambor nació en aquel escenario.

Bang, bang… Con ese ritmo abocado a las raíces reacciona Totó ante el público, incluso en las entrevistas cortas.

“Todo tiene su orden, y nosotros hemos querido alterarlo. Todo lo que está pasando hoy en el mundo es una reacción de la naturaleza contra el desequilibrio, y eso tiene que ver con el consumismo, que nadie lo dude, con privilegiar más el tener que el ser. ¿Y qué es el ser? El Hombre. Y luego, ¿de dónde viene la música? De la naturaleza, lo que han hecho las personas es aprender a transmutar esos sonidos. Por eso canto, porque es una manera de defender esas ideas y de trasmitirlas a todos los que quieran escucharme. ¿Te imaginas a todo el mundo cantando lo mismo, como pasa ahora con el reguetón? Sus notas son un llamado, sí, pero, ¿qué dicen? Cada cual expresa lo que quiere de acuerdo a lo que cree que tiene, a lo que puede sentir que tiene, y ahí está su debilidad creativa. Es una cuestión también espiritual. El reguetón está vacío en un nivel poético. Mira lo que canta Celina, por ejemplo: ‘qué linda está la mañana, con sus verdes praderas, cuánta belleza encierra la primavera’ o algo así. ¿Eso no es lindo? El secreto de la música está en que cada país tiene un timbre y una manera de interpretarla, que tiene que ver hasta con sus propias lenguas y acentos. Eso se nota fácilmente. Solo en el Caribe hay una convivencia increíble de idiosincrasias”.

Bang, bang…

Los muchachos de ahora piensan que lo bueno no es lo que tienen en casa, sino lo que viene de afuera. Porque otras personas están cantando y manifiestan otra clase de ideas. Cuando los de Calle 13 me invitaron a cantar con ellos, se reunieron todos los músicos, su promotora, y me plantearon su deseo de que yo hiciera una cooperación. Mi hijo, que también es músico de mi grupo, ya los conocía. Y yo dije: ‘¿Por qué no?’ Puse mi voz porque el canto es universal, además puse también mi concepto de lo que para mí significa la música. Y en la canción ‘Latinoamérica’ se refleja eso. Porque el hombre no ha hecho el universo. Si yo digo que el hombre no puede comprar la luna, ‘no se puede comprar el sol, no se puede comprar la lluvia, no se puede comprar el calor’, cae por su peso que se tiene que cantar con sentimiento de propiedad, interpretarlo con la conciencia de lo que estamos viviendo los seres humanos en nuestro planeta. Tenemos que comprar el agua, la tierra, pagar por la calefacción, etc. Nuestro continente no es ajeno a esa situación, porque todos están como en una carrera por poseer cosas, entonces hay que gritar: ¡Qué viva la América!”

Bang, bang…

“Coincidí con Argelia Fragoso en España, donde actuaba junto con Yolanda Hernández —soprano cubana, fundadora del Teatro Lírico Nacional—. Ambas ya se conocían. No he organizado encuentros en Colombia porque no tengo la infraestructura con que Argelia cuenta. Pero ella lo está haciendo de todos modos, y estamos hablando de músicas populares. Por eso estoy aquí, con mi trabajo de cantaora (porque no soy cantante), para mirar las raíces de la música popular, y cómo se desarrollan para llegar hasta lo que es hoy la música colombiana”.

Anacaona: Mujer de la calle

Desde 1928 Doña Irene Laferté, “la timbalera”, había conformado una charanga típica con sus hijos, hembras y varones. Es decir, las orquestas familiares no eran una novedad cuando en 1932 aparece un sexteto llamado Anacaona. En esa época se perfilaba ya la Primera Guerra Mundial y comenzaron a formarse otras orquestas de mujeres, como La orbe, La ensueño, la de las hermanas Álvarez, que ya existían cuando Anacaona comienza. Así que una agrupación de mujeres tampoco era algo nuevo.

La mayor de las hermanas Castro Saldarriaga, que estudiaba Estomatología en la Universidad de La Habana, a menudo escuchaba en su casa los ensayos de un sexteto de son. En la familia ya se estudiaba piano y guitarra; pero cuando la universidad cerró durante la huelga estudiantil contra el gobierno de Machado, las hermanas, casi como divertimento, comenzaron a intentar imitar lo que habían visto en los ensayos. Lo demás fue tiempo.

Un 19 de febrero se presentaron como sexteto, en lo que la trompetista terminaba de prepararse. Y dos años después se convierten en una jazz band, “en una época en la que se comenzaba a escuchar a Glen Miller y en la que ni siquiera existía la microfonía”, narra Georgia Aguirre la actual directora de la orquesta femenina más longeva de Cuba, incluso cuando, 80 años después, sus integrantes son en su mayoría jóvenes graduadas del conservatorio Amadeo Roldán.

“La novedad fue la combinación de ambos elementos. Eran mujeres y hermanas. Tal vez eso hizo que estuvieran más unidas y que se mantuvieran juntas por tantos años, a pesar de todo el machismo, de los tabúes y los prejuicios que tuvieron que enfrentar.

“En ese momento, aquello era un escándalo. A las mujeres que trabajan de noche en la calle se les llamaba mujeres de la vida; pero ellas se enfrentaron a todo. Cuando empezaron a trabajar comenzaron a tener enamorados, como era lógico y, de hecho, muchas tuvieron que enfrentarse a sus parejas, porque les exigían que dejaran la música”, explica Georgia.

“Un, dos, tres, y…”, comienza el ensayo. Ellas se preparan, se maquillan y sonríen al extraño que las fotografía. Se recogen el pelo, lo sueltan nuevamente. Así, hasta que atrapan sus instrumentos y suena “El bongosero”. Entonces, nada más importa.

“Alicia Castro era una mujer con mucho carácter y, además, muy buen músico: tocaba maravillosamente un saxofón alto y el contrabajo. Era una directora muy recia, porque, paradójicamente, era un poco prejuiciosa.

“Si tuviera algo que criticarles es que se detuvieron un poco en el tiempo, se quedaron paralizadas en su época de esplendor, porque, eso sí, ellas fueron las reinas de los Aires Libres del Prado. Fue una orquesta con muy buena reputación y prestigio, porque eran músicos muy disciplinadas. Si sobrevivieron en medio de esas circunstancias, fue por su entrega y el apoyo de su familia. Pero en la vida lo que no se mueve va muriendo, y en ese sentido tenemos que ser muy dialécticas. Es importante nutrirse de la juventud”. Justo como lo hicieron las fundadoras cuando en 1987 dejaron a Georgia y su hermana, Dora Aguirre, a cargo de la orquesta, luego de varios años de trabajo conjunto.

“En los últimos 30 años de Anacaona hemos intentado tomar lo mejor de la música tradicional cubana. Tratamos de mantener la esencia de la orquesta intentando también hacer música nueva. Aquí están reunidas 14 muchachas, todas graduadas de la escuela de arte, que ha sido una cantera de frescura para nuestra orquesta sin la cual no hubiéramos podido llegar hasta aquí. Cada una es profesora de su instrumento, lo cual es la condición ideal para poder trabajar con eficiencia, es decir, que todas entiendan cundo se hace un cambio inesperado, que puedan hacer un buen arreglo, que dominen el lenguaje técnico de la profesión. Porque trabajar con alguien que no sabe también entorpece y atrasa el trabajo.

“Argelia fue una de mis invitadas a un programa que yo conducía en Habana Radio, y un tiempo después ella me comentó su idea de rescatar la canción cubana, más allá de los bailables. Ahora pasa todo lo contrario a lo que ocurría veintitantos años atrás; somos una orquesta bailable, hacemos carnavales y fiestas, y siempre hemos tenido mucho apoyo del público. Pero también nos gusta hacer otras cosas y el Encuentro de Voces Populares nos da la posibilidad de encarar otros géneros, como el bolero, la balada, la bachata; facetas que la gente no conoce de Anacaona.

“En la orquesta se han formado muchas cantantes, por aquí han pasado voces como Omara Portuondo, Moraima Secada y Celia Cruz, además de algunas más jóvenes, como Lucrecia Pérez. Por esta razón, y por estar cumpliendo 80 años de trabajo, Argelia nos propuso participar y homenajear a la orquesta. Llegar a 80 y tener la vitalidad que tiene Anacaona no es nada fácil y es, al mismo tiempo, maravilloso”.

De subida

Para recordar que la música cubana es el origen de muchas tendencias que hoy se disputan escenarios en el resto del mundo, no solo se organizaron conciertos. Precisamente, el Encuentro de Voces Populares acogió a músicos y maestros que, junto con estudiantes de música, compartieron sus experiencias y conocimientos respecto a los distintos tipos de tambores, los toques de cada religión de donde provienen los ritmos más sazonados, o el papel del piano como instrumento acompañante en la música popular. Presentaciones de libros, DVD y documentales también acompañaron estas citas en el Centro Hispanoamericano de Cultura.

Deja poco que desear el Encuentro cuando sus humildes expectativas se han visto superadas, salvo que se repita, se perfeccione y se extienda su alcance. Aquí va el pasado de un intento, de un proyecto. Resta que continúe el camino de su vida, siempre de subida.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.