La Habana. Año XI.
27 de OCTUBRE al
2 de NOVIEMBRE de 2012

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El buen andar de La Edad de Oro
Esteban Llorach • La Habana

El Premio La Edad de Oro es el más antiguo de literatura infantil en Cuba y, probablemente, uno de los más antiguos en el continente. Es un premio que ha ido avanzando en la misma medida que nuestro país. O sea, con el mismo desarrollo dialéctico.
 

En sus comienzos, se establecía que la convocatoria la firmaban al unísono el Ministerio de Educación, el Consejo Nacional de Cultura y la Organización de Pioneros José Martí, es decir, era tripartito. En esos primeros años, se convocaba por categorías de edades. Luego, esa modalidad quedó en desuso y se fue abandonando aquel didactismo que derivaba de los presupuestos que el Ministerio de Educación tenía para sus libros. Entonces, comenzó a fijarse más en la cuestión de los géneros y la formulación literaria de los mismos.

Esto no quiere decir que el Premio no haya tenido en todo momento un altísimo nivel jerárquico en cuanto a forma y contenido. Lo que sucedió fue que en un momento se pensó que podrían delimitarse libros para la edad preescolar, primaria, etc. Y esas concepciones las fuimos abandonando.

Por otra parte, La Edad de Oro siempre ha gozado de mucho prestigio intelectual porque grandes figuras de la literatura cubana han sido jurado o premiados por el mismo. Si uno lo analiza geográficamente, podrá encontrar autores de muchos lugares de la Isla. Es decir, la propia madurez del Premio ha hecho que los escritores de todo el país se fijen en él, sobre todo porque han comprendido que consta de muy buenos jurados.

Por ejemplo, hemos tenido a figuras como Enrique Pérez Díaz, Alga Marina Elizagaray, Julia Calzadilla, María Elena Llana, entre otros. Esto da idea de una gran diversidad de jurados provenientes de distintas áreas pues, incluso, en algunos momentos hemos tenido a grandes científicos, tal fue el caso de José Altshuler.

A mi modo de ver, uno de los elementos más importantes del certamen es lo concurrido y reñido que se hace determinar los premiados. Esta última edición, por ejemplo, fue extremadamente difícil en la categoría de novela, porque había dos trabajos verdaderamente importantes compitiendo. Uno era La joven de la boina gris, con el seudónimo de Arabela, que es una biografía del joven Pablo Neruda; y el otro fue Dimitri enamorado en el llano de las aguas luminosas, bajo el seudónimo de Carpinter. Ahora sabemos que Carpinter era Arnaldo Muñoz Viquillón y que Arabela era Nieves Cárdenas. Además, en esa misma categoría se presentaron 19 textos, muchos de ellos verdaderamente sorprendentes, no solo en cuanto a técnicas narrativas, sino también en su argumento.

En el caso de la novela premiada, Dimitri enamorado en el llano de las aguas luminosas, se trata de una historia de amor. Dimitri ama a Jacqueline, pero esta no le corresponde. Eso, que parece una novela más sobre una anécdota amorosa, se va a complicar extraordinariamente, porque Viquillón sabe montar muy bien sus tramas. Entonces, comienza a mezclar todo tipo de referentes de la historia y la literatura universal, los cuales van a calzar oportunamente el texto, pues aterrizan en el plano de la acción. Es una novela excelente y loca, que trata de mezclar el ayer y el hoy, el humor, la ironía, la facundia del cubano. Y todo eso en muy pocas páginas, porque no es un texto alarmantemente grande, como muchas veces intentan escribir los autores cubanos. Es una novela muy bien escrita que deslumbró al jurado por igual.

Por otra parte, el cuento infantil cubano ha ido perfilándose, limpiándose, tal vez siendo mucho más sintético no solo en la metáfora, sino también en la anécdota. Uno lo nota cuando revisa las antologías. Bastaría hojear cualquiera de las tres ediciones de Carrusel de cuentos, publicadas por la editorial Capitán San Luis, donde puede verse que los escritores no solo se insertan por las temáticas del cuento tradicional, sino que también están apostando por temas más novedosos, como la educación sexual.

Algunos de los cuentos que marcan hoy el panorama de la literatura infantil cubana tuvieron como precedente a autores premiados en La Edad de Oro. Es una investigación que aún no se ha hecho, pero sería interesante analizar quiénes han sido premiados a lo largo de estos 40 años y si marcaron una pauta dentro del desarrollo de la literatura infantil.

Encontraremos a muchos de ellos, porque la literatura infantil, más que cualquier otra, está llena de vasos comunicantes que fluyen desde la poesía al cuento, del cuento a la novela, y todos tienen un mismo patrón gnoseológico. Es decir, el aquí y el ahora, la realidad cubana que imprime su sello en cada cuento, aun en aquellos que por su temática mágica o religiosa pudieran parecer que se salen del tema de Cuba. Pero indiscutiblemente es una literatura extremadamente permeada en sus géneros.

Por último, no cabe duda de que La Edad de Oro es un premio polémico. Como toda la literatura cubana, ha tenido sus altibajos, sus puntos de encuentro y desencuentro; pero hemos ido avanzando por etapas.

Esa siempre ha sido una preocupación para la editorial Gente Nueva: mantenerse acorde con los tiempos en cuanto a géneros, formatos, el modo de presentar esa literatura, de ilustrarla. En ese sentido siempre habrá críticas. Tal vez alguien diga que el texto publicado en determinado año no es el mejor; aunque eso ocurre con casi todos los premios literarios.

Sin embargo, hay algo que me reafirma que La Edad de Oro es un excelente premio: todos los años el Premio de la Crítica Literaria y el Premio La Rosa Blanca, muchas veces reconocen textos que también fueron ganadores de La Edad de Oro. Y eso no es una casualidad, sino la certeza de que la editorial ha andado por buenos caminos.

 
 
 
 


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Aniversario 40
del Premio La Edad de Oro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.