La Habana. Año XI.
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2 de NOVIEMBRE de 2012

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Ulises Rodríguez Febles
Los hilos mágicos de las divinas coincidencias
Dainerys Machado Vento • La Habana

Divina titiritada es el título de la pieza de teatro para títeres con la que el dramaturgo e investigador Ulises Rodríguez Febles obtuvo su primer premio en el concurso de literatura para niños y jóvenes La Edad de Oro. Dice que es “como la quinta o la sexta” obra de ese tipo que escribe, y la primera que manda al certamen. Y acaso su cuenta se pierde en la maldita circunstancia de haber sido también un prolífico escritor para niños, publicado y premiado, pero escasamente subido a la escena.

Mientras la compañía Mefisto Teatro ha repuesto varias veces su muy conocida Huevos, o Vi-tal teatro apela a su pieza Béisbol para dialogar sobre las libertades individuales, y mientras el Mirón Cubano llena las calles matanceras con su Balada del marino, el teatro para títeres escrito por este autor se resiste a trascender las palabras. Casi diez años atrás ha quedado ya el estreno que hiciera Teatro Papalote de su pieza La Cabeza Intranquila, la única representada en todo este tiempo.

La búsqueda de las raíces, la defensa de los ideales, y el uso de las nuevas tecnologías, son algunos de los temas recurrentes en la producción infantil de Febles. La más reciente, Divina titiritada, “es un homenaje al teatro de títeres, a toda esa herencia clásica que nos llega del teatro universal; pero también a la herencia cubana que de alguna manera hemos asumido, y que a la vez nos ha asumido como parte de ella”.

Inspirada en la Divina Comedia de Dante, el protagonista de la pieza recorre sus propios círculos en el mundo de los titiriteros, a partir de una estructura dramática análoga a los videos juegos que inundan el siglo XXI. Como su autor, se llama Ulises, o Ulises como el protagonista de la Odisea de Homero. Porque en este universo de teatralidad se mezclan parodias a varias obras clásicas de la literatura.

Otra casualidad se devela en esta historia, en la de la vida real: “Son los 40 años del premio —comenta Febles—y yo tengo 44, es decir que estoy recibiendo un galardón que nació cuando yo tenía solo cuatro años. Además de ser un premio muy prestigioso, para mí representa un regreso a la dramaturgia para niños, que había abandonado por otros sucesos acontecidos con mi obra.

“Como archivista y bibliotecario que también soy, hace poco estuve leyendo la primera obra que vi en toda mi vida. Resulta que fue premio La Edad de Oro a finales de la década de 1970. Recuerdo que la hicieron mis compañeros de aula y me marcó tanto, que supe desde ese momento que quería hacer en mi vida lo que estaban haciendo ellos allí; aunque luego la distancia y el tiempo me hicieron ver que aquella obra no era muy feliz que digamos”.

Su producción teatral para adultos ha tenido una gran acogida en los escenarios cubanos, ¿por qué escribir teatro para títeres?

En Matanzas tenemos una influencia muy grande de esa manifestación. Desde niños asistimos como espectadores a funciones con títeres. Hace años nos acompaña el trabajo del grupo Teatro Papalote y creo que de alguna manera nos formamos en esta herencia. Es muy difícil que alguien que viva en Matanzas no haya tenido alguna relación con el teatro para títeres, por los acontecimientos que suceden en la provincia, por el Festival de Teatro de Títeres, porque allí tienen su sede dos grupos muy activos en esa manifestación: Teatro de las Estaciones y Teatro Papalote, por los talleres que han impartido grandes maestros de Cuba y del teatro internacional.

¿Qué ha impedido, entonces, que su dramaturgia para niños y jóvenes llegue a escena?

No sé. Por ejemplo, mi teatro para adultos sí se ha montado, pero mi teatro para títeres casi no. Siempre digo que la culpa la tiene Senén Calero porque escribo mis obras pensando en un diseñador como él, en un colectivo con la estética de Teatro Papalote o de Teatro de las Estaciones; y si ellos no la llevan a escena, tal vez para otras agrupaciones transita por códigos de lo imposible en el mundo de teatro para títeres.

Hace muy poco escribí una obra por encargo para el director Rubén Darío Salazar y para la cual Senén iba a hacer el diseño. Está basada en El carnaval de los animales y resulta que tampoco podrá montarse por sucesos que acontecieron en el grupo. Es como una maldición que tiene esa zona de mi teatro. De todos modos quiero publicar la pieza en Matanzas, en función del Consejo Mundial de la UNIMA (Unión Internacional de la Marioneta) que va a ser en el 2014.

Es que a veces también hay una condición espectacular relacionada con lo que uno escribe y con el hecho de cómo se construye en realidad el teatro para títeres.

A pesar de ello seguirá escribiéndolo…

Claro. Este premio La Edad de Oro es un estímulo, y un regreso. Siento que se parece a la historia del niño de la obra que se llama Ulises, y que busca a su madre y a sus raíces. Este premio es también un viaje a mi raíz, porque mi debut actoral fue con Teatro Papalote, en 1993, con la obra Disfraces, bajo la dirección de René Fernández Santana.

Como ha dicho, la provincia de Matanzas tiene una gran tradición en el teatro para títeres y en el teatro para niños; pero, como investigador, ¿cómo ve la salud de esa manifestación en Cuba?

Al teatro para niños en Cuba le falta la escritura propia del siglo XXI. Salvo excepciones, falta un discurso más contemporáneo de lo que son las niñas y los niños. Escasea el tratamiento de temáticas que de alguna manera reflexionen sobre sobre la sicología, el contexto social, o sobre cómo se mueve el mundo en la literatura.

Tengo la teoría de que mucha gente escribe pensando en el niño que fue; pero yo prefiero escribir pensando en el niño que vive al lado mío, porque los adultos generalmente no comprenden a los pequeños, y porque la sicología de un pequeño o una pequeña de hoy es muy diferente a lo que pudimos haber tenido mi generación.

Sin embargo, en la narrativa muchos hablan de una sobresaturación en el tratamiento de esas temáticas, ¿carece de esa mirada todo el teatro para niños que se hace en el país?

Hay escritores que son claves en la dramaturgia para niños, y grupos que son claves; pero no existe la diversidad que es posible encontrar, por ejemplo, en el teatro para adultos, donde puedes presenciar diferentes tendencias y estilos. El teatro para los pequeños carece mucho de temáticas nuevas, de estructuras nuevas, y de situar al niño en su contexto actual.

¿La falta de crítica en los medios de comunicación puede estar influyendo en ese particular?

Pienso que sí. En el mundo de la cultura, de manera general hay una especie de tabú relacionado con el teatro para niños, aun cuando eso ha cambiado últimamente. El trabajo de la revista Tablas y de la casa editorial Tablas-Alarcos, así como de otras editoriales cubanas ha ayudado mucho en esa transformación.

Pero la literatura para niños anda por un camino y lo que uno ve en escena va por otro. Va más adelantado lo textual. En escena, hay reiteración de determinados códigos, de temáticas, e incluso en la manera de abordar a los clásicos. No por el abordaje en sí mismo, sino por la falta de calidad en el tratamiento. Lo novedoso entonces lo vemos solo en determinados grupos.

A ello se agrega la carencia en la especialización de dramaturgos en teatro para niños. Los autores, a veces, son los mismos directores de sus espectáculos, y eso entraña riesgos.

No es el caso por ejemplo de Teatro de las Estaciones. Ahí hay un dúo de Norge Espinosa con Rubén Darío Salazar que ha derivado en grandes creaciones. Eso es fundamental en el teatro, y no sucede ni en el que se hace para adultos, salvo en casos excepcionales. Es imprescindible esa colaboración entre dramaturgos y directores, como puede ser también el caso de René Fernández. Notas, entonces, que los grandes resultados en el teatro para niños tienen que ver o con ese dramaturgo que es director o con ese dúo de director y dramaturgo.

¿Los principales movimientos de teatro para títeres y para niños y jóvenes que se viven hoy en el país, tienen que ver entonces con la herencia de cada territorio?

El teatro en algunos lugares tiene un desarrollo de décadas; aunque el fenómeno matancero me parece único. No es chovinismo. A veces, he hablado de la provincia como la capital de los títeres, y la gente se ha puesto brava. Pero me parece ciertamente el fenómeno más interesante de lo que sucede en Cuba con las marionetas.

En Matanzas, como en otros puntos distantes de la geografía cubana bien definidos, es posible señalar grupos y autores que se dedican a cultivar la manifestación. La diferencia de esos otros lugares es que casi nunca hay una sistematicidad en el trabajo, y el rigor investigativo fluctúa.

Enfrascado como está siempre en la dirección del Centro de Documentación e Investigaciones Israel Moliner Rendón, de las Artes Escénicas en Matanzas, ¿qué tiempo le queda para escribir?

El tiempo es súper escaso. Pero parece que como ando a cien kilómetros por hora puedo hacerlo todo. Ahora mismo estoy procesando lo próximo que haré.

¿Qué es lo próximo?

Un libro de investigación sobre los temas tabúes en el teatro para niños en Cuba. No lo había querido adelantar. Me ha llevado a estudiar la dramaturgia cubana y determinados rasgos de la dramaturgia internacional que tienen que ver con nosotros.

 
 
 
 


GALERÍA de portadas

Aniversario 40
del Premio La Edad de Oro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.