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Aniversario 40 del Premio La Edad de Oro
Un espejo con muchas caras
Enrique Pérez Díaz • La Habana

En el año 2012 el Premio La Edad de Oro cumple 40 años de vida. Para la historia de la literatura infantil cubana resulta indudable que este concurso ha marcado un hito importante, sobre todo en el descubrimiento de nuevos talentos, en la promoción y el estímulo a un género que antes se consideraba venido a menos y que hoy, además de gozar de excelente salud —aun en sus múltiples y contradictorias aristas—, anda en busca de nuevos y más ricos caminos expresivos.
 

Hurgando en la memoria de este premio, se podrá constatar que —como todo en la vida—, ha pasado por diversos y muy diferentes estadios. Si se miran las actas de las ediciones originales, especialmente las de 1972, cualquiera podrá reparar en la cantidad de premios concedidos a un movimiento todavía joven por entonces.

De toda aquella cosecha de autores y obras, apenas hoy alguna se recuerda, entre otras razones porque muchos libros no existen al no reeditarse luego y, además, porque algunos de los premiados apenas volvieron a incursionar en la literatura para niños, adolescentes y jóvenes.

Quizá uno de los libros que más hayan perdurado de esta época y que tuvo la suerte de conocer varias ediciones fue Las viejitas de las sombrillas, de Manuel Cofiño.

Un detalle significativo es que, en algunas ediciones, los premios La Edad de Oro se publicaban en un libro de gran formato que los contenía a todos, ubicados genéricamente.
 

Entre los autores que dieron a conocer su quehacer para la infancia gracias a La Edad de Oro vale recordar a Giordano Rodríguez, Teresita Rodríguez Baz, Teresita Gómez, David García Gonce, Julio Crespo Francisco, Freddy Artiles —con otro libro que tuvo varias ediciones, su obra teatral El conejito descontento—, Nersys Felipe, Adolfo Martí, Fidel Galbán, Ricardo García Pampón, Adolfo Menéndez Alberdi, Pedro González Viera (Péglez), Concha Tormes, Mirta Yáñez —su obra Serafín y su aventura con los caballitos se ha reeditado varias veces y comienza una saga que ahora prosigue su autora—, Alberto Serret, Julia Mirabal, Aramís Quintero, Ibrahim Doblado del Rosario, Emilia Gallego y Olga Fernández.
 

En épocas posteriores se han dado a conocer otros autores como José Manuel Espino Ortega —un verdadero veterano ganador de siete premios en diversos géneros y ya considerado jocosamente casi “un peligro” por otros concursantes—, Magaly Sánchez, Omar Felipe Mauri Sierra, Esther Suárez- Durán, Enrique Pérez Díaz, Luis Caissés Sánchez, Niurki Pérez, Mildre Hernández, Teresa Cárdenas, Ana María Valenzuela Manteiga, Liliana Gómez Luna, Maikel Casabuena y María Elvira Fernández Sa, entre tantos y tantos.
 

Originalmente, el concurso fue auspiciado por el Ministerio de Cultura, la Organización de Pioneros José Martí y el Ministerio de Educación, en una época en que era el único certamen dedicado exclusivamente a promover la literatura para niños. Posteriormente, fue convocado por la Dirección de Literatura del Instituto Cubano del Libro hasta que en el año 2000 pasó a la Editorial Gente Nueva.

Los géneros en concurso han ido variando con los años y, de este modo, con la praxis que da la experiencia, paulatinamente se han ido modificando las convocatorias, según las necesidades del lector, las solicitudes de bibliotecas y escuelas o el propio ejercicio creativo de los autores.

En un principio se convocó a canción para niños, género que con los años desapareció. Si en un inicio en cada edición se convocaba simultáneamente a todos los géneros, en las más recientes se convocó a cuatro géneros alternos anuales, haciendo énfasis, sobre todo, en la novelas —en sus diversas modalidades: de amor para jóvenes, policíaca y de ciencia ficción o leyendas campesinas— por ser el más demandado entre los lectores.

Con la crisis editorial de los 90, el concurso La Edad de Oro se vio seriamente afectado, hasta el punto que en algunos momentos fue bienal, muchos premios tardaron años en ver la luz y se hizo imposible publicar las primeras menciones.

Sin embargo, en los años más recientes, y luego de haberse establecido un nuevo perfil de la colección de los premios, se ha conseguido que todos salgan en un mismo formato y que cuando aparecen los libros de una edición, se premie la siguiente y se libre la convocatoria de la próxima, lo cual da una continuidad al concurso.

Sería muy difícil enumerar aquellas obras galardonadas a lo largo de tres décadas y que han sobrevivido al paso de los años. Vale decir que muchos de los libros descubiertos en La Edad de Oro han merecido luego premios tan reconocidos como el de la Crítica Literaria, el del Arte del Libro, la Rosa Blanca o el Premio Especial La Rosa Blanca de la UNEAC.

En cada nueva edición, junto con autores consagrados que no abandonan el ruedo y a veces sorprenden con los aportes renovadores de sus más recientes obras, La Edad de Oro continúa siendo el espacio en el cual surgen nuevas firmas que aseguran un futuro bastante promisorio para los libros dedicados a la infancia en Cuba.

En los años más recientes, y siguiendo una corriente mundial muy en boga, además de aceptada por el lector, con gran poder comunicativo, se han incorporado géneros como la historieta (otrora menospreciada y hasta criticada y censurada), el libro para preescolar y, sobre todo, el álbum ilustrado, lo cual motiva a que los ilustradores cubanos, que ya vienen sentando escuela desde varias generaciones precedentes, también sean estimulados con este importante certamen.

Casi medio siglo del Premio La Edad de Oro podría considerarse como un gran espejo de la literatura infantil cubana de las últimas décadas. Si bien la historia de un movimiento no la da solamente un premio, sí resulta inobjetable que su estímulo ha sido significativo para muchos autores y géneros antes deficitarios.

Mirémonos pues, cuantos festejamos hoy esta madurez del certamen, en ese magnífico espejo tan lleno de imágenes bellas y sugerentes, como de realidades difíciles, traumáticas y moldeables, que día a día aparecen en nuestros libros. Mirémonos también para ver muchas caras de la infancia, muchos estilos, tendencias, credos, sueños y fantasmas y, como en todo espejo —capaz de guardar uno y mil misterios— tengamos la osadía de atravesarlo, como hiciera la célebre Alicia de Lewis Carroll y entonces atrevámonos a ver cuánto puede esconderse detrás…

 
 
 
 


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Aniversario 40
del Premio La Edad de Oro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.