La Habana. Año XI.
27 de OCTUBRE al
2 de NOVIEMBRE de 2012

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Entrevista con Alga Marina Elizagaray
Un escalón en la historia de la literatura infantil cubana
Helen Hernández • La Habana

Para Eliseo Diego la literatura infantil es una invención al estilo de la máquina de vapor1. Con ello, el poeta origenista remarca la presencia de este estilo literario como un fenómeno reciente, apenas perceptible desde el siglo XVIII. No se trata de “un producto natural que siempre estuvo ahí, sino de una construcción artificialmente elaborada para satisfacer una inquietud de los adultos”2.

Si bien Cuba alcanza en el siglo XIX la obra cumbre de la literatura infantil en América Latina con la revista La Edad de Oro de José Martí, la historia de esta manifestación en la Isla cubre su mejor trayecto en las últimas cuatro décadas del siglo XX, gracias al esfuerzo desarrollado, entre otros, por el propio Eliseo en la Biblioteca Nacional, promoviendo las publicaciones de los mejores clásicos infantiles y motivando, desde esas lecturas, a autores de renombre en la aventura de conquistar a las primeras edades desde las letras.  

Discípula del autor de Divertimentos, Alga Marina Elizagaray González es parte del proceso cultural que se preocupó por revitalizar, casi desde cero, la literatura para niños y niñas en la Isla entre las décadas del 60 y 70. Su trabajo en la Biblioteca Nacional en el espacio dedicado a la formación de narradores la llevó a versionar algunas de las obras clásicas del género y a participar en la conformación de dos colecciones impresas: una de teoría y otra de técnica del arte de narrar.

La literatura infanto-juvenil ha sido el centro de una carrera de más de cinco décadas como investigadora y promotora cultural. El nombre que evoca un personaje fantástico, vino a firmar muchas de las adaptaciones aparecidas en los libros infantiles publicados en la Isla y ensayos imprescindibles para entender el desarrollo de esta manifestación como El poder de la literatura para niños y jóvenes, 1979; La literatura de la Revolución cubana para niños y jóvenes, 1979; y Niños, autores y libros, 1982. Superar los conceptos anquilosados del pedagogicismo y los tabúes temáticos en la escritura para niños y niñas ha sido una de sus principales alertas, pues esta vale solo cuando logra convertirse en un “verdadero arte y habla con el lenguaje de las imágenes y los sentimientos”.

Así lo defendió en los 12 años que se mantuvo al frente del Premio Anual de Literatura y Música La Edad de Oro, que este 2012 llega a sus 40 años. Su experiencia como jurado de ese certamen y otros como el Casa de las Américas, el 13 de Marzo o el premio internacional Máximo Gorki, patrocinado por los comités del IBBY del campo socialista europeo, le otorgan una auténtica sabiduría sobre las tendencias históricas de la literatura infanto-juvenil en Cuba, nociones que cultivó también como asesora de la editorial Gente Nueva y fundadora de la sección nacional del IBBY (Organización Internacional para el libro infantil y juvenil) y de la revista especializada En julio como en enero.

“Los finales de la década del 60 y los años 70 del siglo pasado fueron fundacionales para una literatura prácticamente inexistente en el país: la infantil —afirma—. Por entonces, tuve el privilegio de trabajar junto con Eliseo Diego, con quien me formé en el departamento de literatura infantil de la Biblioteca Nacional. Allí se reunía todo el que se preocupaba por la infancia desde el punto de vista literario. Eliseo no solo era un gran poeta, traductor y maestro, sino que se interesó por el rescate de la tradición, del folclor, y creó dos colecciones relacionadas con la literatura infantil”.

Tanto Eliseo como Herminio Almendros comenzaron a interesar por esta tendencia a Mirta Aguirre, Onelio Jorge Cardoso, Dora Alonso y Reneé Méndez Capote, entre otras figuras conocidas por dedicarse a la literatura para adultos. “Aunque contamos con el gran clásico de la literatura infantil de nuestra América: La Edad de Oro, de José Martí, faltaban autores cubanos para niños y jóvenes”, explica Alga Marina.  

Fue en respuesta a ese contexto que, en 1972, el Consejo Nacional de Cultura, en colaboración con la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), creó el concurso La Edad de Oro. “Primero era algo muy modesto, con una convocatoria solo para poesía y cuento, pero fue cobrando relevancia a medida que lo obtuvieron personas significativas de las letras. En un momento en que todavía las problemáticas culturales de los 70 se hacían sentir, el concurso nació con un respaldo fuerte. Tal vez por estar al amparo de José Martí se nos concedió una gracia”.

También a finales de ese año ocurre un evento imprescindible para el devenir de esta manifestación en Cuba: el Primer Fórum Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, convocado por el Ministerio de Educación, en el que participaron autores de renombre en la época. “El Fórum afianzó la conciencia de desarrollar esa modalidad y ampliarle los horizontes. A finales de año se creó en el Ministerio de Educación un grupo asesor permanente, dirigido por el viceministro Abel Prieto Morales, para trabajar los temas de la literatura infantil. Tuve la suerte de participar allí junto con todas las “vacas sagradas” de la época: Mirta Aguirre, Herminio Almendros, Renée Méndez Capote, Dora Alonso. El Fórum fue definitorio porque planteó los problemas y necesidades fundamentales y, a partir de ahí, el grupo comenzó a establecer una política para desarrollar la literatura infantil y la investigación, al tiempo que ayudar a las bibliotecas escolares”.

Prueba de esa concientización fueron los premios Ismaelillo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el Casa de las Américas, el concurso de la Universidad de La Habana y del Ministerio del Interior, entre otros, surgidos también en los 70. Desde ese grupo se plantearon además las bases para la creación de la Editorial Gente Nueva, donde comenzaron a publicarse las obras ganadoras de La Edad de Oro.

Desde 1976 y hasta 1989 Alga Marina se convirtió en especialista principal de Literatura Infantil en el recién fundado Ministerio de Cultura. Una de sus primeras ocupaciones fue presidir ese certamen, al que se añadieron nuevos géneros como música infantil, biografía, divulgación científico-técnica, entre otros. “No teníamos mucha experiencia en esas cosas pero se buscaban los mejores jurados y se le daba una gran divulgación. No siempre los premios estuvieron a  la altura de las expectativas de quienes lo organizábamos, pero todo concurso tiene altibajos —comenta—. En el periodo especial, el premio La Edad de Oro tuvo cierto declive por las condiciones económicas; pero desde finales de los 90 y lo que va de este siglo, ha habido un cambio favorable para el concurso. Las dos direcciones de la Editorial Gente Nueva: Mirta González y Enrique Pérez Díaz, a cargo del certamen, lo han levantado. Por otra parte, grandes figuras de la literatura infantil en Cuba como Julia Calzadilla, Enid Vian e Ivet Vian pasaron por ahí y lo prestigian”.

La investigadora aduce que en la primera etapa no existía una verdadera conciencia de lo que debía ser un libro infantil. Este debe ser siempre, en su opinión, una obra de arte que logre convencer al adulto sensible. “Una de las pruebas para saber si un libro para niños está bien escrito es que le llegue a un adulto tanto como en su infancia”.

Cuatro décadas después, vale destacar el premio La Edad de Oro como parte de la historia fundacional del movimiento literario para niños, niñas y jóvenes en Cuba. “Si bien es cierto que muchas figuras que fueron premiadas en los 70 no realzaron luego por su calidad, ha habido un crecimiento tremendo de autores en las otras tres décadas, pues fue ganando expansión y prestigio con los años. En estos 40 años han surgido muchos escritores importantes, se han ido limando las fisuras y tomando conciencia de que la literatura para niños debe tener un mensaje positivo; pero este no puede ser evidente. Ante todo debe ser un libro bien escrito, donde el contenido ético esté expresado a través del estilo, el humor, el juego y la fantasía, para que el niño lo reciba como regalo y le permita crear el hábito de la lectura a través de sus intereses. La literatura tiene que ser refrescante, desarrollar la imaginación y la creatividad”.

Desde la década del 90 las letras infantiles cubanas asumen nuevas tendencias al tomar temáticas poco exploradas acerca de esas zonas “oscuras” de la vida, aparentemente incomprensibles por los menores. Sin embargo, en esta subversión radica la riqueza de la producción actual, según opina Alga Marina.

“Cuando comenzó esta literatura había una propensión al mensaje explícito, al diminutivo, a tratar a los niños como seres subdesarrollados. También hubo sus cacerías de brujas y hadas, pues algunos no estaban de acuerdo en que se publicara ese tipo de textos. Pero lo combatimos y finalmente en las dos últimas décadas ha habido una apertura multidimensional en la literatura infantil. De los 90 para acá se ha hablado de todo: de balseros, de divorcios, de la muerte, de temas sexuales”.

La colección Veintiuno, creada por la Editorial Gente Nueva hace unos años, contribuyó a ampliar los referentes pues se preocupó en publicar clásicos contemporáneos de otras lenguas, especialmente de autores y autoras que han recibido el Premio Hans Christian Andersen, considerado el Nobel de la literatura infantil. “Eso ha permitido a los autores del patio conocer las grandes figuras internacionales —opina la investigadora—. En la medida que se empezó a perder el miedo a publicar cosas de otros contextos y temas escabrosos, ha nacido un brote disímil de temas y estilos.

 “A los niños hay que tratarlos como seres humanos. Por otra parte, debemos saber que a ellos les interesa todo, porque andan buscando su propia identidad, nombrando las cosas, conociendo la vida. Todo tema es bueno para los niños; lo más importante no es el qué, es el cómo. Puede hablarse de cualquier asunto complicado, si se le sabe dar el tratamiento adecuado para que llegue a la sensibilidad infantil. No hay que tenerle miedo a nada. Hay que saber trasmitirles las luces y las sombras de la vida”.


Notas:

1. En Diego, Eliseo. “Una ojeada cubana a la literatura infantil”. En: www.librinsula.bnjm.cu/.../Una-ojeada-cubana-literatura-infantil.doc

2. Ibídem.

 
 
 
 


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Aniversario 40
del Premio La Edad de Oro

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.