La Habana. Año XI.
20 al 26 de OCTUBRE
de 2012

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Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC

Una revolución desde la música

Abel Sánchez • La Habana

Fotos: Cortesía del autor

Formaban un grupo de muchachos que quería hacer música a su manera, sencillamente eso. Algunos sabían más, otros menos, tenían edades distintas y cada cual cargaba con su propia personalidad creativa y difícil. Pero los unía un fin común: las mismas ganas de encontrar caminos diferentes, de crear, probar, experimentar. Tal vez por eso el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC se llamó así y quizá también precisamente por eso, muchos nunca llegaron a entenderlo.

El caso es que ahora, más de 40 años después de haberse fundado, el ICAIC y la Cinemateca de Cuba le rinden homenaje al GES, como solían llamarle, o, simplemente, el Grupo. Han inaugurado una exposición fotográfica con imágenes de aquellas interminables sesiones de trabajo, propiciaron un conversatorio con varios de los fundadores y estrenaron el documental ¡Cuba va!, de Felix Greene, cuyo tema central, con el mismo nombre, fue escrito por tres de los miembros más reconocidos del GES: Noel Nicola, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

El Grupo fue creado en 1969 por Alfredo Guevara, presidente del ICAIC. Además de los tres que ya mencioné, tenía músicos como Eduardo Ramos, Sergio Vitier, Emiliano Salvador, Leonardo Acosta o Genaro Caturla. A los que poco después se les unirían Sara González y Pablo Menéndez. La alineación cambió varias veces, pero una tropa de ese calibre solo conseguía dirigirla Leo Brouwer, quien tocaba la guitarra desde los 11 años y en ese momento ya tenía una sólida formación musical, había compuesto tanto música de concierto como popular y ya había escrito para cine.

“Agruparnos y dirigirnos fue muy difícil —confiesa Eduardo Ramos, contrabajista del Grupo—, eso solo lo podía lograr una persona como Leo, a quien todos respetábamos por su trayectoria y porque en ese momento ya era un músico impresionante”.

El propio Leo Brouwer se ha referido a lo duro que fue lidiar con aquella “familia compleja y difícil”. Pero eran una familia, a fin de cuentas. Entre ellos se crearon vínculos tan estrechos que muchos vivieron en casas de los otros y, a veces, en el trabajo creativo sobraban las palabras.

Además, Jerónimo Labrada, ingeniero de sonido, cree que había algo trascendental que los unía: “A pesar de que éramos personas muy disímiles, incluso generacionalmente, todos teníamos ese afán de contribuir, de mover la conciencia de la gente en el ámbito de la música, fue lo que nos unió y mantuvo al Grupo cohesionado en esa lucha”.

El pretexto inicial era que el GES musicalizara documentales, películas y Noticieros ICAIC, pero muy pronto se convirtió en mucho más que eso. Fue una escuela donde los músicos aprendían y, al mismo tiempo, creaban. En la mañana recibían clases de solfeo, armonía, instrumentación, orquestación y composición; impartidas por Juan Elósegui, Federico Smith y Leo Brouwer. Después, se dedicaban a escribir y grabar.

“Fue una etapa de mucha creación —recuerda Eduardo Ramos—. Maduré extraordinariamente con el Grupo. Eso se lo agradezco a Leo, en primer lugar, y al resto de los miembros que formaron parte de aquella gran familia. Teníamos un ritmo de creación impresionante, todos los días hacíamos algo nuevo, pasábamos fines de semanas enteros grabando. Todos aprendimos muchísimo”.

Era el inicio, sin que ninguno de ellos lo supiera todavía, de lo que años más tarde se conocería como el movimiento de la Nueva Trova. Una canción distinta, políticamente comprometida, pensante, de protesta. Eso en el plano lírico. En el musical, tenía un abanico de influencias que iba desde la música tradicional cubana o el bossa nova hasta el jazz y el rock n’ roll, con un sospechoso olor a The Beatles en todo aquello.

“Al ser un grupo de jóvenes que escribía letras que a veces no se entendían del todo —afirma Labrada—, algunos los veían como creadores subversivos o incomprensibles. Tal era el grado de empobrecimiento de la canción en Cuba en ese momento. Por eso, no se valoraba en su justa medida la dimensión poética y profunda que tenían sus letras y melodías. Fue un gran aporte, un choque fuerte que estremeció a la cultura musical y que dio lugar a la aparición de un movimiento que, por suerte, continuó esa obra por otros caminos de búsqueda y experimentación”.

A pesar de que grabaron muy pocos discos, hicieron menos conciertos y de que la mayoría de sus obras se conocieron en bandas sonoras de largometrajes y noticieros ICAIC de Santiago Álvarez, o tal vez precisamente por eso, el mito del GES se expandió entre los jóvenes de su generación con mayor intensidad que el esfuerzo de algunas instituciones por silenciarlo.

Diana Balboa, la persona que mejor conoció a Sara González, todavía recuerda con emoción aquel fenómeno: “Para nosotros el GES era como los Beatles cubanos, significaba la demostración de que la cultura cubana era mucho más que aquello en lo que algunos estaban tratando de limitarla. Esa sensación de libertad, ruptura, creación, es lo que más recuerdo de aquella época, además del disfrute estético de su música”.

Eslinda Núñez confiesa que, más allá de que su generación se reconocía en aquella música que los definía, ella, particularmente, le debe bastante: “La gran mayoría de las películas que he hecho tienen música del GES y muchas de ellas fueron compuestas por Leo Brouwer. Por eso siempre he sentido que Leo me ha ayudado mucho, que me ha inspirado con su música. Esta, de cierta forma, completa mi trabajo como actriz”.

Lo que ocurrió después con el Grupo, muchos lo saben. Además de las diferencias estéticas entre sus miembros, Leo Brouwer no pudo seguir dirigiéndolo por compromisos que tenía en el exterior. Luego, otros integrantes como Leonardo Acosta, Genaro Caturla, Silvio, Noel, Pablo o Sergio Vitier, también se marcharon y el GES estuvo a punto de desaparecer. Hasta que, casi dos años más tarde, comenzó su segunda etapa con Eduardo Ramos al frente, quien agrupó nuevamente a Pablo, Sara, Emiliano Salvador, Manuel Varela, Pablo Menéndez, Ignacio Berroa, Norberto Carrillo y Danielito.

En 1976 el Grupo se disolvió definitivamente. No obstante, cambió para siempre, tanto en el plano musical como en el cine, la manera de hacer música en Cuba. Al menos así lo creen muchos, entre ellos el realizador Manuel Herrera:

“Si uno se sitúa en los 60 y escucha el tipo de música que se hacía para cine, descubre que el GES constituye una verdadera revolución. Esa fue la importancia que tuvo en el plano cinematográfico, sobre todo el trabajo de músicos como Sergio Vitier, que compusieron para un formato orquestal grande, lo que le da cierta fuerza, cierto trabajo dramático a la música con relación a las películas. En el terreno de la música cubana en general, recordemos aquello que decía Silvio en un documental: ‘A veces, cuando termino una composición, me suena al GES’. Es ahí cuando uno se da cuenta de que el Grupo impuso una línea muy fuerte en la música cubana, que luego repercute en la canción poética, en la Nueva Trova”.

Mientras, el escritor Víctor Casaus lo define como una propuesta cultural que iba más allá de un proyecto utilitario. Es decir, además de hacer música para cine, propuso una forma de crear que estaba mucho más adelantada de lo que el panorama musical cubano brindaba en aquel momento. El Grupo, asegura, ayudó a mirar más allá, a lo que se hacía en otras partes del mundo:

“Por eso es bueno que se hagan este tipo de homenajes y se hable del GES, pues a pesar de que la época era el caldo de cultivo de aquel proyecto, se hizo a contrapelo de muchas incomprensiones. Quizá eso le dio más fuerza, porque la contradicción, en definitiva, nos hace avanzar. Además, el hecho que se hiciera desde el ICAIC, una institución polémica, con ideas y estética propias, también fue decisivo. O sea, se trata de la conjunción de ambos elementos: la época y el contexto contradictorio dentro del cual se desarrolló el fenómeno”.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.