La Habana. Año XI.
20 al 26 de OCTUBRE
de 2012

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Entre Penumbras

Mario Jorge Muñoz • La Habana

Foto: Cortesía de Charlie Medina

Ese zoom a la realidad cubana de los 90, esa nueva mirada —esta vez desde la dirección de Charly Medina, basado en la obra del dramaturgo Amado del Pino—, advierte sobre las huellas que dejó en los cubanos uno de los periodos más duros de la vida del país.
 


En la foto, de izquierda a derecha: Roberto Otero, el Ruso y Charlie Medina

Sin embargo, más allá de las miserias de los posaderos: el drogadicto y ex presidiario fanático al béisbol o el “mira hueco” —que siempre existió, según cuentan los abuelos—, la decadencia profesional del pelotero o los vaivenes emocionales de la amante bailarina, la historia adaptada por su guionista, Carlos Lechuga, logra adentrarse en los dilemas existenciales, los escenarios y angustias de cualquier ser humano, en cualquier lugar del mundo.

Muy bien dirigida entonces por Osvaldo Doimeadiós, Penumbra en el noveno cuarto, la pieza teatral de Amadito del Pino, retrata la cotidianidad de ese cubano de a pie, que trabaja, inventa y goza con la misma pasión que, sin embargo, no deja de hacerse preguntas y de buscar respuestas.

Sin duda, la cinta revuelve neuronas a la vez que puede arrancar la mejor carcajada del público cubano —quizá en un tránsito demasiado rápido que deja poco espacio para la reflexión—, por medio de un rico juego de palabras, frases y recursos de lo mejor de la jerga callejera, que no necesariamente tiene que ser soez, con la cual juega a su antojo el actor Omar Franco (quien se lució, aunque en ocasiones se siente teatral).

Y cuando señalo al público apunto al cubano intencionalmente, porque no sé hasta que punto pueda lograrse una traducción “sabrosa” de todo lo que se dice y cómo se dice, durante los nueve inning en que está narrada la película. Esa riqueza de lenguaje —porque este también es rico— podría pasar inadvertida ante un espectador no hispano, a pesar de la universalidad de los temas que se tratan, por lo que se estaría perdiendo uno de los valores más ricos del texto original. Penumbras… ya es cine, es teatro, pero bien puede leerse para disfrutar con soltura de su poética popular.

Breve en su duración y a pesar de la economía de recursos, de ese paisaje sombrío muy bien recogido desde la fotografía en blanco y negro —otro riesgo en este mundo de colores—dirigida por Roberto Otero, las duras historias que padecen estos cuatro personajes (Omar Franco, Tomás Cao, Ismercy Salomón y Omar Alí) también merecían ser contadas, sobre todo porque a pesar de la tristeza que destilan, no reiteran los dilemas del cine cubano más cercano en el tiempo, pleno de partidas y retornos nostálgicos o de conflictos homófobos. Poco más, o poco menos, estos también son pasajes cercanos a la vida de todos.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.