La Habana. Año XI.
20 al 26 de OCTUBRE
de 2012

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Ever Fonseca, PREMIO NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS

ForEver en los anales de la cultura cubana

Mabel Machado • La Habana

Foto: Kike (La Jiribilla)

El primer pintor cubano graduado de la Escuela Nacional de Arte que fuera invitado a exponer en las salas del Museo Nacional, volverá pronto a ese recinto para mostrar su trabajo en la condición de Premio Nacional de Artes Plásticas. Ever Fonseca, reconocido esta semana con la distinción más importante que se concede a creadores de su campo en Cuba, terminará allí el ciclo de celebración por el premio, un hecho que podrá considerarse también como homenaje que, a través de uno de sus más avezados fundadores, recibe el sistema de enseñanza artístico cubano después de cumplidos sus 50 años.

Fonseca, un guajiro nacido en las costas del golfo oriental de Guacanayabo, le agradece a las escuelas cubanas creadas por la Revolución el haber curtido su impulso de pintor naïf. Después de participar en decenas de exposiciones colectivas y haber consolidado uno de los estilos personales más singulares de su generación, Ever suele decir que prefiere sus primeros trabajos a los últimos, porque conservan la poesía de la ingenuidad que no devuelven los años. Ello explica por qué, tras someterse a la disciplina de la academia, eligió romper con todas las fórmulas posibles; una decisión que le debe en gran medida a sus vivencias como alzado rebelde en la Sierra Maestra.

Entre las aguas del golfo y las montañas se le revelaron a Fonseca las primeras siluetas de los chichiricús y los jigües que han ido mutando y reproduciéndose en su obra desde que se internara en la selva de la pintura a los 13 años. Los personajes de leyenda que le hablaron por primera vez al pintor a través del silbido del viento entre las ramas de los árboles, aparecen como eje de las narraciones en las distintas etapas por las que ha transitado su trabajo. El conjunto de la producción de este autor no puede desligarse de sus raíces campesinas, de modo que en cada pieza se hace visible su identificación emotiva con las texturas, las formas y los colores de ese ambiente.

Quienes en 2011 visitaron la exposición Enigmas de la naturaleza en el propio Museo de Bellas Artes de La Habana, habrán tenido la oportunidad de constatar la peculiar apropiación que de los elementos del campo —su abrigo y paraíso durante la niñez— hace Ever Fonseca. Para una de las piezas, el artista debía contar con un árbol que representara la fuerza de la naturaleza, y fue a buscarlo a la Ciénaga de Zapata, entre los que habían sido derribados por un huracán. En una entrevista, explicó: “Me parecía que cortar uno no era lógico, era mejor salvarlo. Al hacerlo una escultura y exponer todo su misterio, vestirlo con su mundo interior, fue otra manera de honrarlo”.


"Che, montaña de gloria"

“Cuando uno está eternamente enamorado de la naturaleza y de la vida siempre está presto a crear”, acostumbra a decir el artista, quien rehúsa aceptar que son necesarias condiciones específicas para entregarse al proceso creador. Fonseca dice haber experimentado la sensación de pintar dormido, una señal de que para él el arte es un ejercicio de pura y constante entrega.

Por ello, no debe extrañar que sus primeras declaraciones con motivo del Premio Nacional se hayan referido al tiempo que dedica a modelar el barro, a recopilar hojas y troncos, a agitar el pincel sobre la tela, a jugar con las líneas en busca de los códigos que configuran un peculiar lenguaje de comunicación con sus iguales: “Soy una persona que trabajo mucho, me levanto bien temprano y trabajo. A mí solo me pararía la muerte”.

Hablar desde la sensibilidad con los receptores de sus piezas es lo que hace al creador mantenerse vivo. Lo confiesa abiertamente, como mismo descubre que no hay otro método para proyectar su discurso artístico que no sea el hurgar en “las esencias, en lo más espontáneo de mis instintos”.

“Hay que abrir a destajos entre la breña. Abrir las luces de la penumbra para abrir caminos, ir abriendo el follaje para abrirse al bosque”. Esta frase de Ever Fonseca, que bien pudo haber escrito un crítico al situarse ante sus obras, ayudará a los lectores a aprovechar las oportunidades de diálogo con el autor, que se multiplicarán con su nombramiento como Premio Nacional.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.