La Habana. Año XI.
20 al 26 de OCTUBRE
de 2012

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Jorge Martell: El diseño comienza en una gaveta

Susadny González • La Habana

Jorge Martell (La Habana, 1948) pertenece a la primera generación de diseñadores que dio una perspectiva más radical a la gráfica cubana a través del ideario revolucionario. Maestro en el arte de las proporciones posee esa capacidad de síntesis que ratifica su madurez profesional. Hombre de esencias, busca lo inusual a partir de algo que ya ha sido creado, hasta lograr ese famoso chasquido de dedos. “Mi intranquilidad es encontrar qué decir. El cómo resulta la parte menos creativa”. Tal vez por eso no crea en las musas. Entiende la inspiración como el resultado del talento y la experiencia.

De su padre, persona de extracción humilde, aprendió la lección que define su forma de ver la vida: “el diseño comienza en una gaveta”. Y ese sentido del orden rige desde su manera de crear hasta la forma de decorar el espacio que comparte con el gran amor de su vida, la actriz Cirita Santana.

Su casa semeja una suerte de galería, muy ecléctica, donde expone “su expresión personal”. Por un lado el dibujo, en el que las manos parecen jugar una danza erótica. Del otro, la pintura —algunos la tildan de expresionista— donde se vuelven recurrentes los gallos, las flores y todo lo bello, que engarza con los símbolos mágicos del Reiki para procurar un plano visual relajante. Evidencia aparte, se declara un diseñador gráfico, que pinta para balancear el deseo de ser útil y satisfacerse espiritualmente.

Comenzó su formación en la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro y absorbió conocimientos de la Escuela Taller de Diseño de La Habana. Su tránsito por el Taller Experimental de Gráfica de la Plaza de la Catedral siempre le resulta motivo de orgullo. Coincidió allí con relevantes figuras de la plástica cubana. Fundador del grupo de diseño informacional de la Brigada Hermanos Saíz, sus labores están ligadas a proyectos del Pabellón Cuba y se verifican en el diseño de más de 300 portadas de libro.

Como en un rito sincero contra la vanidad, no ceja en proclamarse discípulo y deudor de sus grandes maestros: el director teatral Adolfo de Luis, los diseñadores Raúl Oliva, Fernando Pérez O´Reilly y Umberto Peña, el pintor Carmelo González y su propia esposa.

A pesar de su larga permanencia en EE. UU. defiende con orgullo: “Mi obra es tan cubana como si la hubiera realizado toda en Cuba”. Durante las tres décadas que vivió en ese país fue miembro del Art Directors Club of New York, del American Institute of Graphic Arts (AIGA), del Graphic Artists Guild y de la Federation of Cuban Teachers of Fine Arts. Tuvo a su cargo la dirección artística de prestigiosas publicaciones y dejó huella en grandes agencias de publicidad. En 1993 el Instituto de Diseño de Chicago lo seleccionó entre los cien mejores diseñadores gráficos de ese país. Es el único hispano que disfruta tal distinción.

Su estancia allí le permitió entender otra idiosincrasia y hoy, como resultado de ello, puede ver multiplicada su obra millones de veces. En estos momentos su cartel “Obama give me five” recorre el mundo como parte de la campaña internacional por la liberación de los Cinco y, probablemente es, después de la mítica fotografía del Che realizada por Korda, la imagen de propaganda política más promovida en la etapa revolucionaria.

¿Se puede hablar de diferencias entre el diseño gráfico cubano y el del resto del mundo?

La diferencia está marcada por la idiosincrasia del artista, en cómo resuelve las soluciones de comunicación, o el idioma, que a veces te hace cambiar lo óptico. La promoción visual que ha obtenido Cuba puede competir en cualquier lugar gracias a nuestra formación. Dondequiera que hemos ejercido la profesión hemos dictado pautas e incluso instaurado nuestro sistema de trabajo. La gráfica cubana siempre ha estado a la vanguardia. Entonces se nos exigía un rendimiento laboral muy creativo, que lamentablemente hoy no percibo.

En los 60 y 70 el cartel adquirió gran protagonismo. ¿Cuáles son, a su juicio, las causas que lo han convertido en un objeto prácticamente coleccionable?

Una revolución sacude los cimientos de la sociedad, sobre todo en el plano no tangible. En ese entonces todas las medidas de beneficio a la masa eran reflejadas por la propaganda. Excelentes artistas de la generación anterior se quedaron y marcharon junto con los nuevos para reflejar las ideas revolucionarias. En ninguna parte del mundo, mientras el máximo líder pronuncia un discurso, los diseñadores esperan escuchar la frase para sacar una imagen. Al otro día amanecía el país inundado con esos carteles. Además, se creó un cine revolucionario, con recursos, y esas películas había que “publicitarlas” (con el perdón del disparate), enseñar qué se estaba haciendo. La historia hubiera sido diferente de no haber existido talento e instituciones capaces de respaldarlo.

Llegado a este punto, ¿podemos afirmar que “el cartel ha muerto”?

Para nada. Lo que sí la posibilidad digital ha menoscabado nuestra profesión. Ahora resulta más rentable una secretaria inteligente que hace un volante legible, es gratis, y si de paso ella tiene buenas piernas... Pero se siguen haciendo proyectos sumamente interesantes.

Entonces, ¿el “grito electrónico” ha desplazado de alguna manera la función del cartel?

En 1985, un gran diseñador norteamericano, Herb Lubalin, creador de la letra (fuente) Avant Garde, diseñada para la revista de igual nombre, alertó que la computadora no es más que un instrumento sofisticado. No se le escuchó. Lo digital ha empobrecido los beneficios de llevar claramente el mensaje a la gran masa. La tecnología ha hecho que los diseñadores puedan hacer una cosa siempre bella pero pobre de concepto. A veces debes sustraerte, porque no dice nada nuevo. No me arrepiento de no tener todas las posibilidades tecnológicas.

¿Cuánto influyó en su vida personal y profesional su estancia en EE.UU.?

Me convencí de que la obra de un cubano, dondequiera que este se encuentre, es de Cuba. Todos mis triunfos son de aquí porque fui formado acá. A mi regreso, he tratado de retribuir toda mi formación.

Miles de gritos en las paredes

¿Cómo surgió la idea que dio pie a la campaña “Obama give me five”?

Aun cuando sé que fueron hechas con la mejor intención, sentía que las imágenes que acompañaban los mensajes de esa campaña en el exterior no reflejaban todo el nivel gráfico y comunicativo de nuestros diseñadores. Para entrar en un mercado ajeno debes conocerlo a fondo, convivir dentro de él, y esa convivencia nunca sería menor de diez años. A partir de ahí entendí otra idiosincrasia, además de la mía. También notaba que todos los mensajes estaban en español, cuando se dirigían a un grupo esencialmente angloparlante.

“Obama give me five” es el resultado de un largo trabajo de mesa para encontrar la manera de dirigirme a esa sociedad que en definitiva tiene el poder del voto. Fue una incisiva búsqueda de más de dos años en la historia general y la gráfica norteamericana para encontrar “lo más americano posible”. El saludo es el contacto humano primario, y todos los pueblos han desarrollado el suyo. Desde pequeño el padre le dice al bebito norteamericano give me five (juego de palabras en inglés que se refiere al acto amistoso de chocar las manos). Eso se lleva a todos los niveles. Es como decir aquí un coño, o una expresión que me gusta mucho: no le metas ruido al sistema.

Le presenté el trabajo al presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, y lo entendió perfectamente. Fue gracias a la UNEAC y al apoyo de Miguel Barnet y Lesbia Vent Dumois que sale el primer cartel, con el logotipo de esta institución a la que pertenezco desde 1978. Ellos, junto con el ICAP, se encargaron de enviarlo a todas partes. 

¿El principio de una extensa campaña…?

Ya es. Primero hice la mano de un hombre; después la de un niño, porque diseñé el cartel de La Colmenita en su gira por los EE.UU. Luego, vino la mano de una mujer negra, quizás con un poco de doble sentido, pensando en las elecciones, como si la esposa de Obama dijera give me five. El último, que no está impreso como cartel, pero sale en Granma Internacional, es la mano de un obrero. Comparado con el primero, no hay una gran diferencia; funciona cuando ves la serie completa. 

La campaña le permitió, incluso, recibir los halagos de Danny Glover. ¿Qué impresión le causaron sus comentarios?

Un día me llaman de la UNEAC porque había una persona que me quería conocer. Era Danny Glover. Imagínate. Me pregunta: ¿cómo se te ha ocurrido esa idea? Me satisfizo escuchar los elogios de un hombre que se ha entregado a esta causa, a riesgo de muchas cosas. Quería también llegar a personas como él. Ese es un buen raiting (sonríe).

En una entrevista declaró: “mi mensaje ya está enviado a través de miles de gritos pegados en la pared. Ahora me falta recibir el mensaje de ellos, para ver si están satisfechos con mi manera de ‘gritar’”. ¿Ha recibido los mensajes que esperaba?

Lo de gritos en la pared (así se llamará un documental que me dedican a propósito de esta campaña) es una definición de un diseñador polaco que en los 70 dijo: “El cartel es un grito en la pared”. Me han escrito para decirme que la campaña ha llenado la necesidad para la que fue creada. Me alegra que el Comité Internacional sienta que el mensaje ha llegado. No creo que exista alguien que no conozca lo que queremos decir con la unión de esta imagen y del texto. La claridad del concepto resulta aplastante. He tenido amigos de países angloparlantes para quienes la traducción del give me five es “choca esos cinco”. Pero el evento de ese saludo es yo te pido los Cinco y tú me los tienes que dar. El mensaje es tan cotidiano que forma parte de la vida. Aprovecho el concepto de ese saludo. Estuve valorando, incluso, si el titular debía decir en lugar de Obama, Mr. president, porque en ese país puedes decirle un agravio al presidente siempre que digas Mr. Pensé en las necesidades visuales, y jugando con las cinco letras preferí su nombre. Son lecturas profesionales que quizá a las personas se les escapen pero de alguna manera las asimila.

¿Satisfecho con la repercusión que ha tenido?

No siempre en una campaña ocurre que la idea llegue en su justo momento. Siento que esto es el colofón de mi carrera. El resultado del pensamiento y la madurez profesional. El ideal de un diseñador gráfico es ver multiplicada su obra millones de veces.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.