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20 al 26 de OCTUBRE
de 2012

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Penumbras, una película de Charlie Medina

Al final un canto a la esperanza

Paquita Armas Fonseca • La Habana

Fotos: Cortesía de Charlie Medina

En octubre del 2011 Charlie Medina estuvo muy mal de salud mientras filmaba Penumbras. Dolores óseos, gastritis medicamentosa, dengue. Debía hacer además un esfuerzo extraordinario para subir 11 pisos sin elevador, cuidando de que no sufrieran daño la cámara de alta definición, las luces, micrófonos y todas las herramientas que lleva una filmación. A pesar del malestar provocado por sus padecimientos físicos, en cada ocasión en que hablé con él en los últimos tiempos, lo escuché contento por las Penumbras que había encontrado en Penumbra en el noveno cuarto, la obra original del dramaturgo Amado del Pino y a partir de la cual el joven Carlos Lechuga realizó el  guion.
 


Omar Franco e Ismercy Salomón en una de las escenas que comparten

Charlie Medina no pensaba, ni por asomo, que se trataba de su primer filme, todo el tiempo estuvo preocupado por cómo se iba a trasmitir en la televisión: las bellas y convincentes escenas de sexo podían ser un valladar. Hace unos años, cuando lo entrevisté y le pregunté si aspiraba a llegar al cine me dijo: “Como no he tenido propuestas para hacerlo, no he estado en situación de saberlo; pero creo que si tuviera la posibilidad de tener un buen guion y recursos para producir una película, lo haría con entusiasmo”.
 

Lo hizo, pero como enfrenta él una obra: cuidando de que el pedacito de papel de un centímetro cuadrado esté donde debe estar y que la luz sea la justa, porque si de algo se puede sentir satisfecho Charlie es de que en sus puestas en escena se cuida cada detalle y si no está como debe ser, la filmación no sigue. De ahí que una pieza pensada desde la TV, pero realizada con tecnología de punta y una trabajosa posproducción, pudiera estrenarse como lo que es: una película sin que su artífice mayor sea exactamente un debutante porque ya son clásicas algunas propuestas audiovisuales como su recordada y añorada serie Blanco y negro ¡no!.

 

La obsesión perfeccionista de Charlie es lo que ha permitido que Penumbras  sea una pieza sin pizca de descuido. Y si a esa excelente realización se une una eficaz dirección de actores: Omar Franco, un marginal decente a pesar del crack, y su tendencia voyeurista en las posadas; Tomás Cao, el pelotero en declive en el juego y en su matrimonio; Ismercy Salomón, amante amada y con un primer papel coprotagónico en el audiovisual y Omar Alí,  en uno de sus mejores desempeños actorales.

 


En la foto de izquierda a derecha: Charlie Medina, Ismercy Salomón y Omar Franco


Pero si todo esto estuviera bien y la fotografía de Roberto Otero Martínez no fuera capaz de bordar cada imagen con la intensidad que se necesita,  Penumbras se quedaría en las buenas intenciones. La película en blanco y negro te atrae por la historia, pero también por esos tonos que van desde lo más oscuro hasta cierta claridad.

 

Charlie contó con un equipo comprometido: la música de Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán, la dirección de arte de Alain Ortiz, el diseño sonoro y mezcla final de Osmany Olivares, los efectos digitales de Mario Leclere, la edición y dirección de posfilmación de Pedro Suárez y el sonido directo de Velia Díaz de Villalvilla. Unió experiencia, además, con jóvenes talentosos, recién graduados de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte.

 

Producida por RTV Comercial de conjunto con la Televisión Cubana y con la colaboración del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, el Instituto Nacional de Deporte y Recreación Física y la empresa española VM Broadcast Services Global, algún que otro cinéfilo ha dicho que Penumbras es más de lo mismo: la tendencia actual del cine cubano a regodearse en las carencias materiales y cierto grado de sordidez  que se aprecia en parte de la sociedad cubana.

 

Yo no lo creo. Penumbras es una película dura, pero realizada sin costura alguna y que tiene un final metafórico que deja ver y sentir la esperanza: el momento en el que Pepe, el posadero (Omar Franco) no consume crack y sale a bañarse en el agua pura de un aguacero tropical. Ahí se une la espiritualidad de este hombre que vive en una piscina de un antiguo hotel con lo simbólico del baño purificador y cierta claridad en su entorno. Con hombres como Pepe no todo está perdido.
 


El erotismo: ingrediente que aportan Tomás Cao e Ismercy Salomón

 

Charlie, autor de telefilmes clásicos como Los heraldos negros y Los aretes que le faltan a la luna (qué lastima no haberlos filmado en alta definición), en la conferencia de prensa de su filme, confesó que “Penumbras no es para mayorías”. Las primeras presentaciones en el Yara le han dicho otra cosa: “Que la película esté dialogando con los espectadores es lo que nos tiene más satisfechos porque es una historia poco amable, que pudiera no ser aceptada. Sin embargo, para nuestra alegría, está sucediendo todo lo contrario”.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.