La Habana. Año XI.
20 al 26 de OCTUBRE
de 2012

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Mural de Ernesto Rancaño en la Biblioteca Nacional José Martí

El mismo colibrí de entonces

Guille Vilar • La Habana

Fotos: Víctor Junco (La Jiribilla)

Muchas generaciones de cubanos, durante décadas, hemos cruzado el umbral de la Biblioteca Nacional José Martí para saciar, en la infinita fuente de cultura que acumulan sus archivos, la inagotable sed de conocimientos que nos anima. No hay intelectual, ya sea de novísima promoción o de aquellos que gozan de merecido respeto por la extensa trayectoria que les distingue, que no haya pedido al menos un libro, una revista, un periódico, o hasta un disco, convocados por esa necesidad de encontrarnos en la universalidad del arte.

Precisamente, Ernesto Rancaño, uno de los artistas con mayor prestigio en la plástica contemporánea de nuestro país, rinde emotivo homenaje en ese lugar a quien desde siempre nos ha enseñado a valorar la magnitud de lo cubano en su multiplicidad de significados.  

Como parte de la constante voluntad renovadora que caracteriza a esta prestigiosa institución cultural, si se accede al tercer piso por la escalera principal, podemos percibir que cada escalón nos dirige la vista hacia un grupo de pequeñas esculturas de colibríes blancos que Rancaño ha insertado en una pared de intenso azul, que avanzan en pleno vuelo hacia un destino desconocido. Concluido este breve trayecto, la sólida columna griega rematada por una enorme lámpara en forma de pebetero, nos sugiere la solemnidad de un esmerado templo al que arriban felices tan preciosas aves, para entonces delinear en apretado conjunto, un mural con el inequívoco rostro de José Martí. La poesía suprema que desprende la delicadeza del colibrí, se acentúa si nos percatamos de que cada uno de estos silenciosos pájaros, desbordantes de amor, conoce la profunda humanidad del ser aquí plasmado y, aunque se trata de una obra ya concluida, quedan  más por llegar.

¿Todos ellos vendrán a ocupar un lugar junto con el colibrí que habita en el corazón del Apóstol? Se dice que este quizá sea el mismo que “…se le paró adelante principiando a demorarse en las flores que chupaba, y le causó algo, parece, verlo sostenido sobre el aire sin causar vuelo para adelante. Se quedó esmorecido con aquello”1. Mucho antes de que tuviera lugar el encuentro que nos revela esta cálida anécdota, ya Martí había declarado su admiración por el hechizo de estas pequeñas aves al escribir:

Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria 2, compleja concepción sobre la humildad necesaria mientras más conocimientos se adquieran y pensamiento que encierra particular relevancia para quienes nos sentimos deudores de por vida de la Biblioteca Nacional José Martí. 

Notas:

1- Escobar, Froilan. Martí a flor de labios. Editorial Política. La Habana. 1991. pág. 75 Fragmento de la narración de Francisco Pineda al autor del libro acerca de su encuentro cuando era niño con Martí, días después de que este desembarcara por Playitas junto con Máximo Gómez y otros compatriotas.

2-    Martí, José. "Maestros Ambulantes".  Tomo VIII, Pag. 288 Obras Completas.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.