La Habana. Año XI.
13 al 19 de OCTUBRE
de 2012

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Labèques en cuban way

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Iván Soca

Lo de Almodóvar es pura fascinación por las chicas. Por eso su nombre está detrás del documental que cuenta el way of life de las hermanas Labèque. La película, que tendrá un estreno este octubre en la Semana Internacional de Cine de Valladolid, no se ha proyectado todavía en Cuba. Sin embargo, la actuación de las francesas en La Habana como parte del IV Festival Leo Brouwer, explica por qué el director español más popular de los últimos tiempos se ha acercado a estas dos mujeres, que no tienen ningún rasgo exuberante como la nariz picassiana de Rosi, ni encajan en el canon voluptuoso implantado por los labios de Penélope. Katia y Marielle no hablan hasta el último día. Hasta el último día uno tiene la impresión de estar viendo sobre el escenario a una misma figura repetida en su espejo.

Se presentan con Philip Glass, el controvertido compositor norteamericano que halló reconocimiento internacional con el filme ambientalista Koyaanisqatsi. La cinta de Godfrey Reggio estrenada en 1983, tuvo al cineasta Francis Ford Coppola en la producción, curiosamente el mismo papel que juega el director de Los abrazos rotos en la película de Félix Cabiez sobre el dúo Labèque. Las imágenes de la primera parte de la trilogía Qatsi ruedan en el fondo, mientras las hermanas ejecutan los Cuatro movimientos para dos pianos de Glass como si tocaran a Ravel, a quien han estudiado desde niñas.

El concierto sigue con música de compositores estadounidenses. Rapsody in blue, de George Gershwing, una obra que aupó a las pianistas hacia el éxito en los salones norteamericanos y le ganó a Francia el primer Globo de Oro para un disco de música clásica en 1981. Varios testimonios dan fe del entusiasmo que provocó en los hermanos George e Ira el arreglo de la pieza original de manos de las Labèque, la interpretación más auténtica de la rapsodia, según aseguran algunos críticos. El pasado año Katia y Marielle grabaron en su sello propio, KML Recordings, una nueva versión de la obra maestra que a Gershwing se le reveló durante un viaje de tren escuchando el chillido metálico de las ruedas. El remake de las francesas conserva, aun 30 años después, la manera sutil con que se mezclan los sonidos del jazz y de la música clásica en la pieza, estrenada originalmente en el Aeolian Hall de Nueva York, hacia 1924.  

West side story aparece junto con la rapsodia en el mismo disco de las Labèque. En La Habana, la obra de Leonard Bernstein se interpreta en la versión del arreglista y orquestador musical de Brodway, Irwin Kostal. La partitura, reescrita por Kostal para el dúo francés a petición de su autor, incluye la intervención de la batería y la percusión menor, instrumentos que esta vez son ejecutados por el francés Raphael Seguinier (ha acompañado también a Emilie Simon, Venus Gets Even y Phoebe Killdeer) y el venezolano Gonzalo Grau (compositor y multinstrumentista, Premio Compositor Europeo 2011). La historia clásica de amor americana tocada por las Labèque, ha sido celebrada por respetar la delicadeza con que Kostal concibió las versiones de música para cine, virtud que le valió el reconocimiento como una de las leyendas de Disney.

Retrato (versión Nro.1)

Aunque las Labèque han venido a mostrar a Cuba el lado más norteamericano de su música —quizá adivinando que el público se entusiasmaría con una sonoridad cercana a sus matrices culturales más inmediatas— se sabe que desde los tres y los cinco años empezaron a estudiar a los clásicos europeos con su madre Ada Cecchi. De su primera maestra se menciona siempre la relación con Marquerite Long, pero ella misma, junto con Alfred Cortot destaca entre los educadores más importantes en la historia reciente de la música parisina. A través de la madre, y gracias a la Long, las hermanas conocieron las piezas de Maurice Ravel. Las niñas visitaban la casa natal del compositor en el puerto de la Ciboure, muy cerca de su hogar en Bayona.

En los cabellos sueltos de Katia y Marielle, cortados casi al mismo nivel, por debajo de los hombros, se advierte un soplo de mar que las distingue de las academistas de moño apretado sobre la nuca y cuello recto. Dicen que haber nacido cerca de la playa, a siete kilómetros de la Ciboure, conecta a las hermanas de un modo especial con Ravel. Tal vez el signo del mar haya sido también advertido por Almodóvar, quien gusta de los personajes libres. Las Labèque no pueden mantenerse quietas frente al piano, no visten de negro y terciopelo, no resisten la sonrisa cuando Gonzalo las provoca con la percusión y las saca a un costado de la silla.

Los pianos gemelos, con sus siluetas curvas, han sido dispuestos sobre el tablado como el ying y el yang. Katia y Marielle, sin embargo, no funcionan cual opuestos, sino como partes complementarias de un solo organismo. Las han catalogado como el dúo pianístico más importante de las últimas décadas, y aparecen siempre juntas en las fotografías, con las cabezas inclinadas una hacia la otra, apuntalándose, irradiando un afecto recíproco.

Conversación con el retrato Nro.1

No sabremos a ciencia cierta qué las une desde hace 44 años además de la misma casa natal y la misma sangre, si no lo explican ellas con sus propias bocas. Hasta ahora solo han hablado sus manos y un currículum extensísimo que las ubica bajo las batutas de Semyon Bychkov, Sir John Eliot Gardiner, Georges Pretre o Sir Simon Rattle; compartiendo escena con la Filarmónica de Berlín o con la de la Scalla; trabajando con compositores como Luciano Berio, Pierre Boulez y Louis Andriessen…

En el Festival Leo Brouwer, unos minutos antes de escuchar un programa de autores cubanos interpretado por niños, las Labéque se dirigen al público en perfecto español para contar cómo fueron sus primeros años de formación musical: “Con nuestra madre —recuerda Marielle— tuvimos una educación completamente clásica en los inicios. Después, cuando nos marchamos del conservatorio, vino la  música popular. Antes habíamos estudiado mucho el repertorio romántico para piano solo. Al cumplir los 16 y los 18 años, mi hermana y yo decidimos no separarnos. Queríamos permanecer más tiempo juntas, viajar juntas. Por eso nos animamos a explorar la música escrita para dos pianos.

“Nos decidimos también porque un día, estando en el conservatorio, durante una sesión de prácticas donde interpretábamos las piezas de Olivier Messiaen, recibimos una visita inesperada. El compositor había escuchado su música desde afuera del salón, entró a vernos tocar y se entusiasmó tanto que nos ofreció grabarlo”.

Messiaen, quien desde 1941 hasta 1978 impartió Armonía, Análisis musical, Estética, Ritmo y Composición en la academia de París, ya no podía tocar sus propias piezas para la época en que sorprendió a las Labèque con el ofrecimiento de la grabación. De su encuentro con el maestro nació en 1970 el LP Visions De L`Almen, el primer trabajo fonográfico en la carrera del dúo.

Sin embargo, tras su salida a la palestra pública, los seguidores de la música clásica esperaban de las Labèque algo distinto de lo que ellas querían ofrecer. “Cuando la gente esperaba a Schubert, hacíamos Bártok —comenta Mirielle—. Grabamos a Rachmaninov, pero con la condición de que nos dejaran grabar también a Bela Bártok. Desde jóvenes teníamos mucha determinación. La gente quiere decirles siempre a los músicos cómo y qué tocar, cómo vestirse. Nosotras no estamos de acuerdo con esas imposiciones. Es importante para cada alumno, para cada músico, pensar por sí mismo y estar convencido de las obras que va a tocar y de lo que quiere, para poder convencer a los demás.

“Nuca hemos tenido una gran competencia durante nuestra carrera. Hemos sido un dúo muy estable y hemos mantenido el mismo repertorio durante mucho tiempo. Ahora bien, siempre defendemos nuestro criterio por encima de todo.

“En el conservatorio, nuestro profesor nos hacía tocar música estúpida. Practicábamos una y otra vez todo el repertorio romántico. Yo lo detestaba, aunque con el tiempo he vuelto a quererlo. Pasaba igual con la música francesa: Rabel, Debussy, Breil. Nosotras ya habíamos estudiado a esos compositores con nuestra madre, y nos hacían perder el tiempo en lugar de hacernos avanzar por otros caminos. No obstante, creo que enseñar a los autores de nuestro país es una de las fortalezas de la escuela francesa que perdura hasta la actualidad”.

Caminos

Han pasado por Brahams y Stravisnky y en los años 90 fueron aplaudidas por sus interpretaciones de Mozart junto con Reinhard Goebel (violinista y fundador de Música Antiqua Köln). No obstante, puede adivinarse en las Labèque cierta preferencia por J. S. Bach. Para Katia, 20 minutos de la música de este compositor equivalen a 70 años de una vida. El sentimiento real de la música bachtiana llegaría a ser percibido cuando con el fin de celebrar el año de este compositor en el 2000, tocaron en sendas copias de los fortepianos de la época. Construidos por Gottfried Silberman en 1746, los instrumentos fueron reproducidos a la imagen y semejanza de dos de los tres pertenecientes a Bach que se conservan en la actualidad. Solo se conoce de la existencia de otras dos copias además de las adquiridas por Katia y Marielle.

Para interpretar a Mozart, las hermanas han utilizado fortepianos construidos por Paul Mac Nulty, uno de los lutieres más respetados en la actualidad, quien tomó los modelos de los realizados por Anton Walter, el más reputado constructor de esta clase de artefactos en el tránsito entre el siglo XVIII y el XIX. En uno de los 700 instrumentos adjudicados a Walter, tocaba Mozart invariablemente en todos sus recitales.

Sobre su trabajo para recuperar el ambiente sonoro de aquellos tiempos, Marielle Labèque cuenta: “Tuvimos muchos encuentros importantes con Giovani Antonini. Escuchamos los discos, y llegamos a la conclusión de que no se puede tocar a Bach en un piano contemporáneo del mismo modo que se hacía en su época. Por tanto, para trabajar con Giovani había que hacerlo con otros instrumentos. Esto nos tomó horas de enorme dedicación para aprender la articulación y acostumbrarnos a los equipos, que son mucho más pequeños; terminábamos cada sesión de ensayos con fuertes dolores en los brazos y la espalda. Pero el resultado es muy bello. Esta es una música que adoro, y los instrumentistas que han compartido con nosotras el trabajo son fantásticos”.

Otros caminos

Las inquietudes musicales de las Labèque han ido tan lejos, que han llegado a hacer alianzas con el rock y otros géneros populares. En 2011 emprendieron un camino que muy pocos hubieran imaginado para ellas: un homenaje al minimalismo. El movimiento cumplía 50 años, y con él, la serie de conciertos de compositores adscritos a esa tendencia que organizó La Monte Young en los predios newyorkinos de Yoko Ono. El rock alternativo y la música clásica se unirían nuevamente para rendir tributo a Steve Reich, Terry Riley, Philip Glass, Gavin Bryars, Michael Nyman, Arvo Part, Howard Skempton, Cornelius Cardew, Erik Satie, John Cage y Colin McPhee. Del proyecto salieron un disco y un cúmulo de experiencias nuevas para las hermanas:

“Nunca habíamos tocado a los minimalistas. Trabajábamos con Luciano Belio y él siempre decía que no podía comprender por qué John Cage hacía lo que hacía con su inteligencia. Al año nos convocaron para el festival, donde se realizan happenings a partir de obras escritas e improvisaciones. Junto con un gran grupo de músicos empezamos a preparar nuestros conciertos, pues nos pareció interesante homenajear a las personas que tuvieron el coraje de hacer una música completamente diferente a la que se hacía en ese momento”.

Del mismo modo, las francesas tienen en alta estima a la música popular. Cuando se le pregunta si están de acuerdo con que los espacios académicos amplíen hasta ella sus programas, Marielle responde: “En el conservatorio aprendimos que la disciplina es muy importante, y que la música clásica hace que las personas se entrenen con mucho rigor, pero es cierto que no se presta atención a la música popular. Actualmente, las academias de París no tienen contemplado su estudio en los programas”.

Retrato (final)

Por su amistad con el pianista Gonzalo Rubalcaba, con quien han compartido durante varias giras, las Labèque han escuchado al compositor Ernesto Lecouna. Sin embargo —y sin saberlo— la historia de las hermanas estuvo siempre más cerca de Cuba de lo que cualquiera pudo haber pensado. Hay constancias en varios escritos de que el cubano fue a ver a Cortot en París para pedirle consejos. Una anécdota refiere que el francés, al escucharlo tocar, le dijo a su visitante que no tenía nada que enseñarle.

“En el CD Little girl —dice Marielle— compartimos con músicos como Gonzalo Rubalcaba, Michel Camilo y Chic Korea. Ellos nos decían que si nosotros tocábamos a Greshwing, entenderíamos a Ernesto Lecuona porque ambos músicos son dos caras de una misma moneda. El cubano es casi lo mismo que  Greshwing para el mundo latino”.

“Sabemos que el nivel de educación pianística en Cuba es muy alto desde hace mucho tiempo, que los cubanos cuentan con una larga tradición de grandes pianos, como el de Jorge Luis Pratts. Hemos conocido a algunos compositores como Gonzalo Rubalcaba, quien nos parece todo un genio dentro de la música.

“A pesar de ello, no hemos escuchado todo lo que quisiéramos. Dedicamos uno de los días de nuestra visita a pasear por La Habana, porque queríamos escuchar música popular. Notamos que la música de aquí es muy diferente y muy rica, porque ha tenido una mezcla de tradiciones distintas que la hacen singular, una conjunción muy interesante de la música culta, seria, y de música popular. Esto se explica porque al igual que a la Isla llegaban barcos donde pudieron venir las primeras partituras de Verdi o Puccini, también llegaban los esclavos que luego introducirían los ritmos africanos”.

Escuchando la música de Lecuona, Cervantes, Caturla, Brouwer, Roberto Valera, Harold Gramatges, Ernán López-Nussa, Carlos Fariñas y Juan Piñera ha de esbozarse la última pincelada para un retrato cubano de las Labèque. Cuando los 15 niños han dejado de recorrer con las manos las 88 teclas del piano en el antiguo Palacio de los Matrimonios, las hermanas se ponen de pie, aplauden, y confiesan haber recibido allí el mejor regalo de su visita a Cuba. Quizá con unas manitas largas como las de los estudiantes cubanos comiencen el documental sobre las Labèque, las memorias de las Labèque…  En una casa grande, donde nunca sobraron los libros, los pianos, y la música, donde estudiar con mamá siempre fue mejor que con cualquier maestro…

 
 
 
 


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