La Habana. Año XI.
13 al 19 de OCTUBRE
de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

 

NORBERTO CODINA CUENTA LOS 50 DE LA GACETA DE CUBA
Por un periodismo cultural más elaborado
Mabel Machado • La Habana

La ciencia de un hecho intelectual o artístico encierra, según el sociólogo francés Pierre Bourdieu1, varios momentos en estricta correspondencia. Dos de ellos, el análisis de la posición en los campos del arte y del poder, y el estudio de la estructura de las relaciones objetivas entre las posiciones que ocupan los productores del hecho, pueden contribuir a comprender por qué, 50 años después de haberse creado —y a pesar de competir con un amplio espectro de publicaciones especializadas— la revista cultural La Gaceta de Cuba mantiene una colocación de autoridad en el terreno de la producción cultural del país. El poeta Norberto Codina, su director desde 1988, explica cómo la revista fundada por Nicolás Guillén y adscrita a la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC), logró superar profundas crisis, y continuar convocando a un conjunto de codiciados premios literarios, promoviendo polémicas y atrayendo hacia sus páginas a un grupo importante de renombrados autores y críticos cubanos.
 

Cuando se relanzó La Gaceta… en los años 90, se decía que la revista se parecía mucho más a la que se fundó en los 60. ¿Por qué?

La Gaceta… deja de salir en agosto del 90 producto de la gran contracción económica que tuvo el país, que terminó en la crisis del periodo especial. Aunque en ese momento éramos una de las pocas publicaciones que se mantuvieron saliendo, la oficina de publicaciones del Ministerio de Cultura tuvo que incluirnos en la gran bolsa de revistas que no saldrían por la crisis del papel y los químicos. Esto duró un año y cuatro meses. En ese periodo Leonardo Padura y yo, que integrábamos La Gaceta… continuamos trabajando vinculados a la revista Unión, la publicación de la UNEAC que continuaba saliendo, aunque de manera muy intermitente. Pero, a su vez, en ese tiempo me dediqué a recopilar y encuadernar números anteriores de La Gaceta… que estaban dispersos, y mantuvimos viva la idea de que en la primera coyuntura sacaríamos la revista.

Esto lo logramos a través de donaciones. La revista reaparece a principios del año 92 por un grupo de contribuciones de instituciones alemanas, italianas, luxemburguesas o francesas, que permitieron, además, su subsistencia en los duros años 90. Reapareció con carácter bimestral, 48 páginas (luego pasaría a 64), otro formato y sustentada en la idea de que, teniendo la marca de los 90, retomara lo mejor de La Gaceta… de los 60 y de los finales de los 80, de manera que fuera adquiriendo otro perfil.

También se asocia a los años 60, porque volvió a ser espacio de polémicas y debates. Cuando se leen los debates culturales de esa época compilados por Graziella Pogolotti, vemos que la mitad de ellos tuvieron su espacio natural en La Gaceta... Es interesante que Daniel Salas, un estudiante de periodismo (actualmente profesor de la Universidad de La Habana y colaborador de la revista) cuando se planteó hacer su tesis de diplomado, tomó el periodo del 92 al 95 de La Gaceta…, o sea, la reaparición de la publicación en la etapa más profunda del periodo especial.

Ocurría también que casi no había publicaciones por aquellos años, ya fuera por la política de reajuste que hizo desaparecer a algunas o por la intermitencia con que salían las que se mantuvieron. En esos momentos La Gaceta… y Casa de las Américas fueron las publicaciones con salida más estable en el país.

A su vez, ese mismo espacio de debate hizo que se generaran otros proyectos: nosotros publicamos “Mirar a Cuba”, un texto de Rafael Hernández, que le dio título a una compilación del mismo autor y motivó a que se pensara en la posibilidad de que él mismo pudiera echar adelante una revista con un perfil vinculado a las ciencias sociales, que más tarde se bautizó como Temas.

A pesar de rescatar el espíritu de los años 60, la revista estaba mirando a la conflictiva realidad de los 90, lo que demuestra una vocación de su equipo por buscar la novedad, aun cuando también pudieron haber optado por mirar a otras zonas, como el rescate de la memoria histórica cultural…

Lo que algunos de manera reduccionista llaman hurgar en la zona arqueológica de nuestra cultura, no ha dejado de ser una constante en La Gaceta… porque —aunque parezca fatalismo geográfico— yo siempre digo que en el trópico se pierde muy rápido la memoria. Figuras emblemáticas de nuestra cultura, acontecimientos o eventos importantes dejan de tener visibilidad en muy corto tiempo.

Por eso, nosotros quisimos que eso nunca desapareciera y lo fortalecimos como una línea de trabajo. Abordamos figuras que arrastraban un silencio desde la época del llamado quinquenio gris o decenio negro. Algunos de ellos tuvieron relevancia en un momento determinado por sus virtudes artísticas y su compromiso con la Revolución, pero después el estar signados por una posición vertical, de izquierda, etc., se convirtió en un handicap para que fueran reconocidas. Ora porque eran figuras que se habían ido del país, estaban vinculadas a situaciones polarizadas o a posturas de confrontación con la cultura de la Revolución cubana; ora porque fueran figuras identificadas con esa propia política cultural, o porque fueron víctimas de un simple olvido. Tratamos de no repetir prejuicios, discriminaciones y vacíos.

Como ejemplo reciente está el texto que publicamos a finales del año pasado sobre Oscar Hurtado. Yo tuve la experiencia de conversar con jóvenes intelectuales cubanos, que han sido incluso profesores universitarios, que no sabían quién era esta figura tan singular dentro de la literatura cubana.

Ahora bien, esto no nos podía llevar solo al plano “arqueológico”. Estaba el problema de la actualidad en el país. Cuando acudimos a la Revista de Avance, a Ciclón o a Lunes de Revolución, notamos que puede encontrarse el pulso de la época. Eso era algo que no debíamos perder de vista y que tuvimos presente desde los cuentos y la poesía que alentaron los premios de La Gaceta… y en las entrevistas, crónicas y ensayos.

Tener ese contacto con el devenir cultural del país es algo muy importante en la revista. Cuando hacemos cada número tratamos de preocuparnos por lograr este balance, pues muchas veces retomar la historia puede ser algo más frecuente y que llega con más facilidad, que establecer vasos comunicantes con lo más contemporáneo. No obstante, reflejar la actualidad no es siempre pasaporte de calidad. O sea, el hecho de que determinados cuentos o crónicas repitan los mismos temas, sean reiterativos, puede ser un lastre más que una virtud en este caso.

Hemos tratado, en las dos direcciones también —y aquí se establece un puente— de retomar polémicas o temas pendientes de la cultura cubana que tienen actualidad hoy. Hace más de diez años, Norge Espinosa coordinó un dossier sobre el grupo El Puente y por una serie de avatares, pasaron los años sin que aparecieran esos trabajos. Cuando finalmente apareció el dossier, volvió a la palestra el tema como si no hubiera pasado el tiempo. Demostró que estos temas, que en su momento no se ventilaron suficientemente, pueden leerse todavía desde la contemporaneidad.

Por otro lado, tampoco pierden vigencia cuestiones universales que desbordan el marco artístico literario, como las de género y raza, que, después de 50 años de Revolución, con instituciones, decretos, leyes y decisiones de carácter político, aún no quedan resueltas.

También han sido una constante entre nosotros los temas de la literatura, el arte y la cultura cubana de la diáspora como universo que engloba a los exilios históricos y de terciopelo, la emigración económica, a las personas que viviendo fuera de Cuba no se sienten ni exiliados ni emigrados y a los que reivindican su condición de cubanos dondequiera que estén.

¿Cómo surge entre ustedes el interés por ocuparse de la diáspora y la idea de dedicarle por entero dosieres, cuando todavía no se había llegado en el país a consensos sobre el tema, como ocurre en la actualidad? De pronto la revista se convirtió en un vehículo que, prácticamente, iniciaba un entendimiento mayor entre los cubanos de ambos lados.

Esto va surgiendo tímidamente a finales de los años 80 en Cuba, fundamentalmente en el mundo editorial donde comienzan a publicarse obras de Lydia Cabrera, Lino Novás Calvo, Carlos Montenegro, Jorge Mañach, etc. Simultáneamente, nosotros publicamos en La Gaceta… varios textos donde aparecían los nombres de estas figuras que estaban o habían muerto en la emigración. Esto se hacía de manera muy aislada, tímida, no como una política, sino como consecuencia de una necesidad que iba creciendo en el medio cultural cubano, entre los intelectuales, y que ya tenía hechos concretos.

Sin embargo, esto indiscutiblemente se fue sedimentando, y cuando hacemos el número uno de la revista del año 92, intentamos marcar la pauta de lo que sería La Gaceta… en los próximos 21 años, porque allí se incluyeron un texto inédito de Severo Sarduy sobre la revista Ciclón, una entrevista con Willie Colón donde menciona varias veces a Celia Cruz (un nombre que había desaparecido del panorama musical cubano), un texto de Leonardo Padura sobre una compilación que el profesor manzanillero residente en EE.UU. Emilio Bejel había hecho sobre escritores de la Isla… A partir de ese momento esto empezó a despuntar de una manera muy natural.

Abel Prieto, quien en esa etapa fungía como presidente de la UNEAC, fue de las personas que alentó esta política junto con Graziella Pogolotti. Y, a tenor de esto, en el año 93, Ambrosio Fornet se aparece con el proyecto de lo que sería el primer dossier de la literatura de la diáspora en La Gaceta... Esto aparecería en paralelo con entrevistas de Padura a personalidades como Mario Bauzá o Cachao y a testimonios de otras figuras radicadas en la Isla que hablaban de artistas radicados fuera del país, analizando la cultura cubana como una sola.

Indiscutiblemente, los cinco dosieres que dieron lugar después al libro Memorias recobradas (Capiro, 2000) marcaron el parteaguas definitivo. En estos años se suman en la revista más de 400 asientos sobre cultura cubana de la diáspora entre bibliografía activa y pasiva.

Por otro lado, los concursos de ensayo y cuento nuestros han sido auspiciados durante largos periodos por intelectuales cubanos radicados fuera del país; y participan, también, escritores cubanos dondequiera que radiquen.

Este proceso ha devenido orgánico, al sumarse otras publicaciones como Temas, La Jiribilla, Unión, Revolución y Cultura y otras instituciones cubanas. Es un asunto que, además de hacer justicia con los artistas, retomar la memoria histórica y unir a la cultura cubana, en determinado momento ha demostrado que tiene mucha más actualidad y es más polémico de lo que a veces se piensa y no constituye un camino fácil, como toda tarea importante del hombre.

Actualmente, el tema de la diáspora está demandando ya de otros enfoques y las publicaciones culturales tendrán que asumir nuevas estrategias para abordarlo…

En nuestro caso, todo empezó rescatando a figuras que representaban el canon. Después buscamos a quienes siendo niños, incluso algunos que escribían en inglés, se dieron a conocer en EE.UU., como Cristina García, Achy Ovejas, Ana Menéndez, etc. Pero ya en estos momentos yo estoy pensando en un trabajo de una joven profesora y poeta norteamericana hija de cubana —aunque nosotros no publicamos ficción de autores no cubanos, porque no damos abasto—, porque consideramos que estas personas son una continuidad de esa literatura.

Ambrosio Fornet ha sido un gran colaborador nuestro y un gurú sobre el tema, pero yo he discrepado con él en cuanto a ver esquemáticamente que la literatura que se escriba en inglés por autores nacidos en Cuba no se considere como literatura cubana. Si la temática se asocia, si la voluntad del autor, su sentir o su formación están marcados por Cuba, esto no se puede excluir de una forma automática. Muchos textos profundamente costumbristas de Roberto G. Fernández —para no hablar de Oscar Hijuelos y otros— fueron escritos originalmente en inglés.

Es decir, el tema necesita lecturas actualizadas por parte de la academia y de los proyectos editoriales. Más aún, porque la diáspora se multiplica en otros lugares del mundo como Venezuela, México, España; porque algunos artistas viven a caballo entre su Patria y su patria de adopción.

A la hora de funcionar como vehículo de expresión de los fenómenos que tienen lugar en el campo cultural cubano, atendiendo a una amplia gama de temas y enfoques, ¿La Gaceta… ha pretendido abarcarlo todo?

Retomo los 90. En aquel periodo, por la ausencia de determinados espacios editoriales, la revista tuvo que ofrecer una contribución regular de textos más cercanos a las ciencias sociales. Sin embargo, ese no es el perfil de la revista. Esto no quiere decir que no publiquemos un texto como “In media res pública”, de Desiderio Navarro, que no encontró espacio en otros lugares. Por tanto, no es un dogma, sino una guía para la acción. En estos momentos existen otras publicaciones que pueden cubrir diferentes perfiles, de modo que La Gaceta… se dedica a temas de arte y literatura, aspira a un periodismo cultural más elaborado, aunque en determinado momento los ensayos que lindan con las ciencias sociales o se acerquen a lo que llamamos “metatranca”, pueden tener su espacio en la revista.

La línea que hemos seguido con los dosieres, las entrevistas o las crónicas, además de los concursos y los ensayos, es importante, porque nos interesa rescatar determinadas prácticas. Por ejemplo, la entrevista de carácter intemporal que al lector le pueda interesar todavía cuando pasen los años. Una muestra de esta voluntad editorial, es que, como consecuencia de que muchos de estos trabajos sobreviven a lo efímero de una publicación periódica, existen cerca de una docena de libros que son desprendimiento de lo publicado en La Gaceta... Esto significa que los textos siguen conservando un interés actual para los posibles lectores y, por otro lado, que seguimos la tradición que viene de La Habana Elegante, la Revista de Avance, Ciclón, Orígenes, Lunes de Revolución, el primer Caimán Barbudo, Casa de las Américas y Revolución y Cultura, de hacer el mejor periodismo cultural posible, algo que se ha perdido hoy en muchos espacios de nuestra prensa. Con toda intención, en sus 50 años La Gaceta… dedicó un dossier al periodismo cultural.

Además de las entrevistas a profundidad y los trabajos con valor intemporal, ¿qué otras características pudieran anotársele al periodismo cultural que debe hacerse en Cuba?

Por una cuestión ética yo no soy quién para juzgar a mis colegas, pero hablamos del periodismo y los espacios comunicativos de la sociedad cubana. Criticar nuestra prensa puede ser un facilismo o un oportunismo, es algo muy cómodo que se viene haciendo desde hace rato. No es un hecho aislado y se asocia a otros problemas, limitaciones, ortodoxias, censuras, autocensuras, conformismo e inercias.

Indiscutiblemente, nosotros debemos luchar por el espacio de nuestros medios que tiene que ver con el cuidado del lenguaje o con la presencia de firmas importantes de nuestra literatura. Los problemas en este sentido no están dados solamente por la reducción de las páginas de nuestros periódicos o la desmotivación por la paga escasa en relación con el ingrato trabajo de la crítica, aunque esto también nos afecta. Por encima de todo, han estado siempre los valores espirituales de nuestros intelectuales y artistas; sin embargo, lamentablemente, cuando alguien se decide a participar en los medios, no siempre encuentra el espacio, o se enfrenta a demasiados “peros”. Estas limitaciones no contribuyen a un periodismo cultural que se corresponda con la calidad de nuestros periodistas y escritores y con las necesidades de nuestra sociedad.

En el dossier por los 50 años de La Gaceta… se tocan estos temas, sobre todo a partir de la experiencia que tenemos con el periodismo hecho en la revista Cuba Internacional, en determinados espacios de Juventud Rebelde en la década de los 80 y lo que han logrado mayoritariamente las revistas culturales en los últimos años. Nuestras revistas culturales han demostrado que los medios de comunicación cubanos pueden dar mucho más.

También funciona el principio de José Lezama Lima del “rasguño en la piedra”. Al publicar este dossier, el equipo de La Gaceta… tuvo un encuentro excelente en el Instituto de Periodismo, y Casa de las Américas nos invitó a desarrollar un panel sobre el tema en septiembre. A veces, tenemos auditorios pequeños, pero estas acciones pueden funcionar como eslabones de una cadena de trasmisión que ayude a que se vaya recuperando nuestro periodismo en diferentes direcciones. Cuando digo esto, no estoy pensando en la prensa anterior al triunfo de la Revolución, sino de la que funcionó en los años 60, la que existió en algunos momentos en los 80, o la que, como hechos aislados, existe ahora en espacios como los blogs y las publicaciones electrónicas.

El mundo de Internet y la comunicación por vía electrónica le da un dinamismo nuevo al trabajo de la prensa. Aunque todavía nuestras computadoras y nuestro acceso a la Web sea insuficiente, ya esto se ve en la Cuba de hoy en ejemplos como la famosa “guerrita de los e-mails”, y en las columnas de autor de diferentes sitios web. Nuestra prensa plana en general y en parte, la radio y la televisión, tienen un terreno por reconquistar.

Distintiva de La Gaceta… es la voluntad de generar polémicas y debates. ¿Cómo surgen? ¿Quiénes la sostienen? ¿Cuándo se terminan? ¿Qué presupuestos éticos y de política editorial atraviesan este fenómeno?

En nuestra sociedad la cultura del diálogo y la polémica es muy precaria. En el mejor de los casos, yo me callo cuando el otro está hablando, no para oír lo que me dice, sino para prepararme a ripostar. Pero hay una frase que no por vieja deja de ser menos sabia: “incluso el diablo tiene sus razones”. Nosotros, durante décadas, nos formamos creyendo que teníamos todas las respuestas. La vida nos demuestra que tenemos muchas más preguntas, lo cual no es para lamentarse, sino para tomarlo en cuenta como algo importante.

Presupuestos éticos: todos. La eticidad es el postulado básico para cualquier polémica. Para esto, sin embargo, no hay un manual. Hemos publicado un trabajo que tiene potencial para generar una polémica, y, sin embargo, esto no sucede. Hemos publicado un trabajo que tiene una respuesta prevista desde la publicación para establecer una polémica y ayudar a que se genere el diálogo entre intelectuales, pero incluso así se nos ha ido de la mano el tema.

Recuerdo un encuentro con un grupo de estudiantes de periodismo en los años 90, organizado por la profesora Nuria Nuiry, donde ellos mismos nos llamaron la atención sobre una polémica que nosotros pensábamos se estaba abordando desde un punto de vista muy cultural, pero que había tomado un camino extraliterario. En ese momento paramos el debate, porque era posible caer en redundancias o que se quebrara la línea de la eticidad. Esta frontera se vuelve muy frágil si de la lectura a temas culturales se pasa a otros personales.

Recientemente, sesionó en Bayamo una mesa sobre los 50 años de La Gaceta… y el público nos preguntó hasta qué punto en los últimos tiempos la revista ha retomado el interés por generar polémicas. Cuando pienso en esto, veo que los tres primeros números de 2012 contienen materiales polémicos en sí mismos. Ahora bien, ¿dónde está el texto maduro, reflexivo, intemporal, que le dé continuidad a un debate? A veces ha existido, otras no. Las polémicas tampoco se pueden hacer por decreto.

¿Coincide con Rafael Hernández cuando dice que muchas veces las polémicas que se han suscitado en Cuba tienen lugar porque se ha creado la agenda fuera del país?

Muchas veces ha sido así. Las primeras publicadas en los años 90 surgieron de esa manera. Por ejemplo, publicamos un texto de Jesús Díaz titulado “Los anillos de la serpiente” y un ensayo de Fernando Martínez Heredia como respuesta, con lo cual pretendíamos no repetir la vieja y deformada tradición de las polémicas cubanas, que publica un texto rebatiendo cierta opinión, pero no lo que provocó la polémica.

La aparición de determinados textos o eventos fuera de Cuba generó esto a lo que se refiere Rafael, pero simultáneamente —y ha ido creciendo— ocurrieron otros debates importantes; por ejemplo, cuando en un momento dado una emisora de radio cuestionó de manera desprejuiciada obras que se estaban poniendo en el Festival de Teatro de Camagüey, hecho que dio lugar a un dossier en La Gaceta… cuyo texto clave, de enorme vigencia todavía, es “La cigarra y la hormiga”, de Abel Prieto.

También la dinámica impuesta al periodismo con el auge de Internet, hace que muchas publicaciones literarias sean muy lentas y lleguen muy retrasadas a ciertos debates, como ocurrió con la “guerrita de los e-mails”, un fenómeno que tuvo las mayores repercusiones en blogs y medios digitales. Las revistas no tienen tiempo de incorporarse a polémicas de este tipo, a lo que se suma que nuestro sistema de impresión es demasiado lento. Esto no quiere decir que no existan temas que siempre se están renovando, como el centenario del Partido de los Independientes de Color, una aparentemente histórica que tiene una actualidad indiscutible en la sociedad cubana.

¿Puede hablarse de una coherencia, de una correspondencia directa de la revista con la política cultural de la Revolución cubana? Mi pregunta parte de considerar una respuesta en positivo, porque, aunque muy crítica, La Gaceta… siempre ha sido optimista con la posibilidad de que se perfeccione el proceso cubano…

Hace unos 15 años hubo un evento de revistas culturales en el Centro Internacional de Prensa, en el cual yo dije —y lo ratifico— que, a pesar de que La Gaceta… reivindicaba la posibilidad de incluir en sus páginas a personas que no necesitaban tener un crédito ideológico o político determinado, a cubanos radicados fuera del país o intelectuales de cualquier otra nacionalidad, la revista se consideraba una publicación cultural cubana y de izquierda. Esto, por supuesto, no quería decir que se puede ser sectario, dogmático o fundamentalista.

Lo mejor que se puede hacer por la cultura, por la sociedad y por la Revolución cubana, es precisamente ser ecuménicos, integradores, inclusivos y participativos. Dar cabida a toda la diversidad de discursos que puedan existir no quiere decir que no se haga evidente que la revista se hace en Cuba; que no es oficial, pero sí oficiosa, por estar al amparo de una institución como la UNEAC, y que además, se trata de una publicación que se reconoce y se identifica con un pensamiento de izquierda. De todas formas, en la medida en que uno es polémico, ni los eslogans, ni las máximas, ni las etiquetas, preservan a nadie de juicios o críticas en una u otra dirección.

Si bien no responde a intereses de grupo como en su momento lo hicieron otras publicaciones culturales cubanas, el equipo editorial de la revista se ha conformado, en sus diferentes etapas, por intelectuales y escritores que han definido las dinámicas de concepción y edición y que, además, han madurado dentro de la publicación…

Eso lo adelantó hace muchos años Pedro Henríquez Ureña, quien afirmaba que todo proyecto cultural no era más que un grupo en alta tensión intelectual. O sea, que una revista, independientemente de que pertenezca a una institución o esté asociada a ella, como son los casos de las revistas cubanas, siempre se crean a partir de la interacción de un grupo donde también hay lecturas generacionales. Cuando vemos La Gaceta… que surge en los años 60, notamos que está muy marcada por la experiencia de Lunes de Revolución, desde su diseño, hasta sus principales editores y colaboradores. Aquello que Virgilio llamó en Ciclón el “cogollito virgiliano”, que luego tuvo que ver con Lunes…, terminó formando parte de la lista de colaboradores de La Gaceta...

En cada momento, con sus altas y sus bajas como toda obra humana, el contenido de la revista estuvo marcado por quienes la hacían. Se habla de los años 70 como una época que respondía a un entorno cultural contaminado con la censura y las exclusiones, pero en ese tiempo surge Criterios, un suplemento que después daría lugar a otra revista y al centro teórico de igual nombre. Mayores críticas debería recibir La Nueva Gaceta del primer lustro de los 80, que cayó en el populismo y el facilismo a ultranza.

Los editores y la interacción entre distintas generaciones han determinado lo que ha sido la revista en cada época. Cuando en 1987 Lisandro Otero y Carlos Martí deciden darle un vuelco a la publicación, lo primero que hacen es convocar a una veintena de jóvenes escritores y elegir como jefe de redacción al treintañero León de la Hoz. Pero, tras esa renovación se incorporaron como colaboradores otros escritores de prestigio, Reynaldo González entre ellos. Luego, Leonardo Padura y yo estuvimos muy cercanos a Ambrosio Fornet y tuvimos muy buen diálogo con Cintio Vitier. Y después, siempre hemos sumado a gente joven, incluso algunos que no han terminado la universidad, para que se encarguen de secciones como la crítica y el diseño.

Hace años, el santaclareño Arístides Vega Chapú llamaba la atención al decir que La Gaceta… ha tenido la voluntad de dar una presencia constante e interesarse por el reconocimiento y visibilidad de la cultura cubana del interior del país, sobre un rasero de calidad y sin aplicar el principio de las “cuotas”. La misma vocación que hemos tenido de publicar a la cultura cubana que se generaba fuera del espacio de la Isla, se ha tenido para dar prioridad a la que se genera fuera de la capital de la Isla. Ha sido importante tener en cuenta que no debemos responder a los esquemas de fatalismo geográfico, porque está claro que el intelectual y el artista cubano nacido en Santiago de Cuba, Santa Clara, Manzanillo o Camagüey que ha vivido parte de su vida en La Habana, genera otro tipo de pensamiento, pero aquella no deja de ser de su provincia.

Hablaba de la crítica, algo que desde hace muchos años parece estar en falta en el panorama cultural cubano, no ser suficiente o no corresponder con la producción artístico-literaria del país. ¿Cómo se manejan las páginas de crítica en la revista?

Siempre salieron críticas en la revista, pero sin que se  buscara crear un perfil o una sección determinada. A finales del año 95 junto con Abel Prieto, tuvimos la idea de crear una sección de crítica en La Gaceta… y convocar para ello a jóvenes como colaboradores. Hicimos una reunión con estudiantes, a partir de la cual algunos se mantuvieron como colaboradores y otros no. Estos jóvenes, que podían ser los más comprometidos por ser los menos comprometidos (no tenían compromisos profesionales o afectivos con los autores objetos de sus estudios) podían entrar con una crítica menos contaminada o condicionada y con el ímpetu que uno siempre reivindica en la juventud. Lamentablemente, no ha sucedido así. La gran mayoría de los colaboradores de la revista no son jóvenes, muchas firmas se repiten, otros reproducen el mal de elogiarse entre amigos, o, en el sentido opuesto, rompen todo diálogo cuando alguien cuestiona la obra propia.

Tenemos mucha más crítica de la que podemos publicar, pero mayoritariamente de libros. Las críticas sobre música son insuficientes, a pesar de que este es un país de músicos ante todo. El espacio en sí mismo es insuficiente y, cuando no alcanzan las páginas, siempre se sacrifican las páginas de crítica. No obstante, varias de las polémicas que se han generado en La Gaceta… han sido provocadas por textos aparecidos en esa sección.

Todavía tenemos mucho que hacer por la crítica cubana. En primer lugar, porque existe mucha complacencia. Nuestros escritores y artistas, cuando son interpelados, pueden reaccionar con la misma susceptibilidad que cualquier burócrata, llevándolo todo a un diálogo de sordos.

Si tuviera que pensar en una continuidad del proyecto, ¿sobre qué bases deberá sostenerse en el futuro La Gaceta…, para que siga existiendo y destacándose dentro del espectro de publicaciones culturales cubanas?

Para mí el futuro de La Gaceta… es el número cinco, que ya está entregado a diseño, y el número seis, que se está pensando en este momento. Ese presente es para mí el futuro de la revista, lo cual no quiere decir que no tengamos coordenadas generales para el año que viene.

Por otro lado: tenemos que hacer más por la crítica; tenemos que mantener el debate y cuidarnos de la banalidad y la catarsis; tenemos que fomentar la presencia de los jóvenes en la revista, pero que a la vez no se pierda la memoria histórica de nuestra cultura; tenemos que buscar a los jóvenes no por su edad, sino por su calidad, y que la memoria no aparezca como descubrimiento arqueológico sino porque tiene una lectura actual; tenemos que buscar la interacción entre los diferentes componentes de la cultura cubana dondequiera que esta se genere; debemos cuidarnos de no ser solamente una revista literaria, aunque la literatura tenga gran peso porque somos una vía para canalizar la obra de cuentistas y poetas; debemos continuar abordando el problema de las jerarquías como un tema importante de la cultura cubana, porque el populismo y el igualitarismo generan desigualdades peores. Y lo que más soñaría: que nuestras imprentas nos pudieran tener las revistas en 15 días, porque cada vez nos va desbancando más el mundo del ciberespacio.

Nota:

1. Pierre Bourdieu: “El campo literario. Prerrequisitos críticos y principios de método”. En Criterios, La Habana, nº 25-28, enero 1989-diciembre 1990, pp. 20-42.

 
 
 
 


GALERÍA de portadas

La Gaceta de Cuba
(2008 - 2012)

.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.