La Habana. Año XI.
6 al 12 de OCTUBRE
de 2012

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Lotería

Mario Jorge Muñoz • La Habana

Desigual en la manera de repartir bondades, la Humanidad ha creado su lotería para decidir destinos. Mientras Daniela, con sus siete meses vividos en La Habana, ingenuamente sonríe ante la aguja salvadora que la inmunizará de preocupaciones y enfermedades; a otra Daniela, en otro lugar, le niegan el pinchazo porque no vale su vida. La mierda del planeta la parió junto con ocho millones de niños que cada año mueren por no recibir vacunas contra el sarampión, tosferina, tétanos y neumonía. Si sobrevivió, Daniel... podría convertirse en uno de los más de 192 millones de menores de cinco años que padecen carencias de proteínas o energéticos a consecuencia de la mala alimentación, cuando otros pequeños acuden al médico por simples problemas de indigestión. Su inocencia no le permitió saber que de arreciar el hambre pasaría a otra lista de niños-cifras: la de los más de tres millones que fallecen anualmente por malnutrición, en los mismos 12 meses que grandes productores votan comida al mar por temor a la inflación. A pesar de todo, Danie... no quiere morir. Pero es hija de pobres hijos de pobres, que siempre vivieron en un país pobre, donde las respuestas son pobres y las soluciones mucho más pobres. Así, opta por ingresar en la “escuela” de los más de quinientos millones de niños sin escuelas, que cada día deambulan cerca de ellas  sin derecho a  ingresar. Dan... tiene que trabajar a pesar de su corta edad y de que habita uno de los 191 países firmantes de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que prohíbe toda explotación de menores. Señalan los expertos que la ley permanece impotente ante la amplitud del “fenómeno” y los “beneficios” que proporciona. Aunque no le alcanza el salario, es feliz porque encontró empleo. Da... se esfuerza como los varones de su edad, e incluso, como los veteranos del lugar, pero no le pagan lo mismo. ¿Qué esperas? —le gruñe el jefe— eres una mocosa. Baja la cabeza y calla. Es una partícula entre los más de 215 millones de niños y niñas que trabajan en el mundo, según la Organización Internacional del Trabajo. El dinero escasea y el hambre aumenta en casa. D... se percatará de que le crece el busto y se le ensanchan las caderas. Se sentirá bella e inteligente. Podría ser modelo, especialista y hasta una de esas señoras que no la miran por temor a ensuciarse. Pero deberá escoger entre dignidad y comida: así saldrá un nuevo producto al mercado de la prostitución. En la lucrativa industria, se mezclará con los más de 1,39 millones de niños, niñas y adolescentes que  están involucrados en la prostitución infantil. No sé hoy donde estará esa Daniela, la que el destino incluyó en la macabra lotería. Puede que aún viva. Quizá, en estos momentos reciba un “pinchazo” —no por una vacuna— para olvidar la vida.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.