La Habana. Año XI.
6 al 12 de OCTUBRE
de 2012

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Roberto Salas:
"Cambiamos la fotografía, sin darnos cuenta"
Helen Hernández Hormilla • La Habana
Fotos: Liborio Noval y cortesía del autor

Con el inseparable tabaco y la cámara en manos, capturó Roberto Salas a su amigo Liborio Noval. Solo la silueta oscura resalta en la instantánea, obviando detalles más allá del relieve que el cuerpo logra sugerir. Así alcanzó a resumirlo, como mejor sabe: volviéndolo imagen. En el gesto oculto tras el acto de obturar, Salas revela las décadas de amistad con “el Gallego”, las conversaciones trasnochadas, la hipnótica persecución de los mismos acontecimientos, los viajes a países distantes, las minucias de la cotidianidad.

Se conocieron a través de su padre, Osvaldo Salas, el mismo año 60 del siglo pasado. Liborio trabajaba en el periódico Revolución y se había hecho inseparable del “viejo”, de quien aprehendió más de un recurso del arte fotográfico. Salitas, como le llamaba entonces, recién llegaba de EE.UU. y también se iba iniciando en el fotoperiodismo, si bien su despertar al mundo tuvo olor a química de revelado.  

Ambos protagonizaron, cada uno en su estilo, la época de gloria del periodismo gráfico cubano, en la década del 60, junto con otros como Alberto Korda, Raúl Corrales y Ernesto Fernández. De esa generación salieron los símbolos gráficos de la Revolución cubana, tanto en las expresiones de sus líderes como en el actuar cotidiano de la gente de pueblo. Acontecimientos trascendentales para la nación de hoy se hicieron inmortales tras la mirada subjetiva de estos muchachos, para quienes la fotografía era mezcla de fervor y osadía.

Saber que ya no estará cerca el abrazo del Gallego, fallecido el pasado sábado en La Habana,  hace que Salas rebusque en sus palabras para que alcancen a completar la idea, sin cortarse por la conmoción. En la oficina donde imprimieron muchas de las instantáneas de las exposiciones recientes de Liborio y en la que, tal vez, descubrieron los últimos adelantos de la tecnología digital, me recibe dispuesto a evocar. Parece tranquilo; pero la humedad con que mira oculta un pesar trascendente. Se ríe, mas insiste en reiterar la necesidad de reconocer a Liborio como uno de los grandes creadores de las artes plásticas en Cuba, un artista que no se resume en una sola imagen, sino en el trabajo constante de toda una vida.

“Era un hombre enamorado de su profesión” —me dice antes que lance la primera pregunta—. “Para él la fotografía era todo. No nació en ella, pero sí se enamoró y la dominó hasta el último instante”.

La victoria política de 1959 es el elemento que aglutina toda esa generación de artistas del lente. “Ninguno venía del campo del periodismo: Korda trabajaba en la moda, Corrales en una agencia publicitaria, mi padre —que estaba más cerca del periodismo en Nueva York— lo que hacía fundamentalmente eran bodas y bautizos. Yo recién estaba empezando, porque tenía unos 18 años por entonces, aunque desde que nací estuve dentro del laboratorio fotográfico.

“Liborio comenzó haciendo investigaciones de mercado en una agencia de publicidad hasta que, casualmente, alguien le propuso pasar al departamento de fotografía y aceptó. Luego, llegó al periódico Revolución, donde conoció a mi padre, quien le enseñó mucho, o trató de enseñarle, porque ningún fotógrafo se influencia de las demás personas, sino que aprende a prueba y error”.

El movimiento de la fotografía cubana de los 60 se gestó sin nadie proponérselo, pero no de manera fortuita. Una generación de jóvenes interesados en captar los instantes definitorios de la nueva sociedad que impulsaba su tiempo, llevaron adelante una renovación en la prensa cubana, a tono con lo más adelantado del movimiento fotográfico del mundo.

“Todos caímos casi por casualidad en este camino, pero le dimos una visión fresca a la fotografía de prensa, que no estaba viciada ni dominada por los conceptos antiguos. Sin proponérnoslo, cambiamos el concepto de la imagen en tiempos de transformaciones políticas y sociales. Hasta ese momento el fotógrafo acompañaba al periodista de cuello y corbata, quien le indicaba lo que debía retratar. Pero nosotros intercalamos en la prensa un concepto que no existía en Cuba: el de reportaje fotográfico, usando la cámara de formato pequeño, de 35 milímetros, y trabajando la fotografía ambiental, sin flash. Nuestras ideas sobre la prensa fotográfica no se habían aplicado en ningún país de América Latina, solo en algunos periódicos de EE. UU.”.

El ambiente de constante efervescencia y conmoción de inicios de la década del 60 llevó de la mano a este movimiento. “No pensábamos que hacíamos historia, o épica. Solo teníamos que enseñar a la gente lo que estaba pasando, porque la mayoría de la población era analfabeta y en Cuba somos algo incrédulos, por eso había que mostrar los cambios. Simultáneamente, se marcharon los grandes negociantes y en los periódicos quedaron vacíos los espacios de los anuncios comerciales, que fueron cubiertos con imagen. Se llegaron a hacer revistas de fotografía casi todos los días. Claro, era una época en que diariamente había algo interesante que reportar”.

Tanto Salas como otros fotorreporteros de los periódicos Hoy, Revolución, las revistas INRA, Bohemia y Cuba, entre otras publicaciones, trabajaban sobre acontecimientos comunes, pero con su propio concepto. “El único elemento similar era que a cada uno le gustaba lo que él mismo hacía. Nadie miraba al de al lado porque éramos editores de nuestra imagen. Nos enamoramos de la profesión y esa es una de las causas de que el grupo estuviera tan unido. Nadie instruía a nadie, todos teníamos un estilo y forma de trabajar”.

¿Y cuál era el estilo de Liborio?

No puedo definirlo. A Picasso le preguntaron una vez sobre su estilo y él respondió que no tenía, porque estilo tiene un panadero pues debe sacar panes exactamente iguales todos los días, pero el pintor siempre hace algo distinto. Los estilos se determinan por los estudiosos cuando alguien no trabaja más. Liborio fotografiaba lo que hacía falta en el momento necesario. Ahora, si tiraba por la derecha, más cerca o lejos, no lo puedo definir. Todos estábamos inmersos en el trabajo cotidiano y el valor llegó con los años. Si colocas una serie de fotografías sobre la mesa, sin los nombres, puedo identificar las del Gallego, pero no sé cómo.

No obstante, Salas advierte la pasión de su amigo por los detalles, lo aparentemente insignificante. “Él no era un fotógrafo de asuntos generales ni un retratista por excelencia. Era, más bien, un tres cuartos o lo que se llama en el cine plano americano”.

El carácter de Liborio logra materializarse en cada una de sus fotografías. “Es difícil encontrar un creador que no tenga un carácter abierto, amable, conversador, curioso, y así era Liborio. Siempre estaba preguntando, leyendo, informándose. Era amable y buena gente, una persona que conocía a todo el mundo y a todos los trataba igual, lo mismo a un dirigente que a un camarero. Para todos tenía un cuento, una historia, un chiste, un comentario”.

Durante los últimos años, sobre todo después de retirarse del periódico Granma, Liborio se concentró en realizar instantáneas centradas en elementos de la cotidianidad, las relaciones humanas, la arquitectura y el paisaje. “Todo artista va evolucionando, y mucho más si tu columna vertebral descansa nada menos que en la épica, un aspecto que en algún momento dejó de existir. Él siempre trabajó en el periódico, cubriendo la noticia y, cuando se retiró, empezó el momento de fotografiar todo lo que le interesaba, sin compromisos, lo mismo un detalle de una columna que el reflejo de un edificio de París en una cuchara”.

Es justamente esta imagen, de la cual Salas fue protagonista una tarde mientras esperaban que sirvieran la sopa en un restaurante de París, su preferida dentro de la obra de Noval. “El Gallego es reconocido por muchas fotografías, sobre todo por las que más énfasis él ha dado en divulgar; pero tiene muchas otras que se conocen poco, y pueden ser las mejores”.

Por eso no quiere que suceda esta vez lo que a otros fotógrafos de los 60, de quienes apenas se muestran una decena de imágenes, remarcando un periodo de la historia nacional. “Tanto Korda, como Corrales, mi padre y ahora Liborio, jugaron un papel importante en la historia de la fotografía cubana contemporánea, y no deben pasar al olvido. En ocasiones, usan sus fotos sin especificar el autor y en otras indican que son de archivo, como si nadie las hubiera tomado”.

Salas recalca la necesidad de preservar la obra completa del creador, sin juzgarlo solo por la etapa épica. “Cuando encasillan a un fotógrafo en una parte de lo que ha hecho, están limitando su capacidad creadora que, en el caso de Liborio, tiene más de 50 años. A veces, concentramos tanto la memoria de una persona en un detalle, que todo lo demás queda opacado, y tengo miedo de que esto suceda con Liborio. Quisiera que perdure su memoria, que se publiquen sus libros, que se exponga todo lo que hizo como artista”.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs

Instantáneas de Liborio Noval


GALERÍA de IMÁGENEs

Instantáneas de un líder

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.