La Habana. Año XI.
6 al 12 de OCTUBRE
de 2012

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Virtuosismo y sencillez en Víctor Pellegrini

Isis María Allen • La Habana

Fotos: Alain Gutiérrez

Limpio y seguro, preciso e inspirador, fue el sonido que nos llegó el último sábado de septiembre con la brillante ejecución del guitarrista argentino-cubano Víctor Pellegrini, en su recorrido latinoamericano por la música, que tuvo como escenario el patio de las yagrumas del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. 

El tradicional espacio A guitarra Limpia vio enaltecer su nombre al ser la guitarra sonido y voz, instrumento único, protagonista exclusivo, ante un público que la siguió y premió con prolongados aplausos. 

La tarde no pudo ser más agradable, ni mayor la complicidad para que se convirtiera esta en una jornada inolvidable y necesaria, en tiempos de desentonos y ruidos que dicen ser música, cuando solo atropellan el buen gusto y asfixian la sensibilidad. 

Pellegrini nos trajo un concierto que Víctor Casaus, director del Centro Pablo anunciara como evocación a la amistad, y a esa raíz que une a los pueblos de la región, que se ramifica y adquiere peculiaridades diversas. 

La idea del concierto —nos decía el afamado instrumentista— surgió de esa visión, pero va más allá: “La magia del patio de las yagrumas, el calor del  público y su receptividad me hacen pensar en un espacio donde los guitarristas puedan mostrar su trabajo de manera regular”, precisó. 

Con tales palabras reafirmaba Pellegrini que el Centro Pablo es sitio inspirador de sueños, aun para aquellos que han llegado a los más encumbrados escenarios nacionales e internacionales. Y en ese espacio, donde se entretejen añoranzas y realidades, nos propuso disfrutar de piezas de los autores brasileños Baden Powell, Heitor Villalobos, Edgardo Cardozo, J. Pernambuco; del mexicano Manuel Ponce; el cubano Carlos Fariñas, los argentinos Carlos Guastavino, Astor Piazzolla, Ariel Ramírez; el ecuatoriano Terry Pazmiño y los venezolanos José La Riva Contrera y Antonio Lauro. 

Entre los momentos más aplaudidos estuvieron los que le siguieron a la interpretación de “Canción triste”, de Carlos Fariñas, “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y “Alegrías”, de Terry Pazmiño. 

La selección de las piezas, como escribió Casaus en el programa del concierto, ayuda a ratificar una vocación esencial de la institución habanera: “integrar, unir, atraer, relacionar, compartir las riquezas de nuestras culturas latinoamericanas —una y diversa a la vez— y acercar a creadores de distintos territorios y similares proyecciones culturales. Desde su Rosario natal, pasando por las ciudades y países donde ha trabajado o vivido, hasta el aire de La Habana, que Pellegrini convirtió en su casa…” 

Fue este el primer concierto del reconocido guitarrista en el Centro Pablo, y ya está pensando en el próximo, pero esa vez junto con su esposa, la chelista Amparo del Riego, de la Orquesta Filarmónica Nacional. En este escenario Pellegrini nos propició no solo el disfrute de su arte, sino también de su auténtica sencillez, que tanto lo enaltece.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.