La Habana. Año XI.
6 al 12 de OCTUBRE
de 2012

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Liborio Noval y Roberto Chile:
Sentimientos coincidentes
Rachel Domínguez • La Habana
Fotos: Kike (La Jiribilla)

En la década de la gesta sugestiva, cuando Cuba se inauguró como país, ambos hicieron del registro de la historia su oficio. Camarógrafo y fotógrafo, juntos, contribuyeron a la formación de la gráfica primigenia de la Revolución cubana. Hoy, Roberto Chile, luego de más de 50 años de amistad con Liborio Noval, comparte algunas de sus historias en común.

Sería muy atrayente escuchar algunas historias de su amistad con Liborio Noval. ¿Cómo lo conoció?

Corrían los 80 y yo, con poco más de 30 años, daba mis primeros pasos como camarógrafo del Consejo de Estado. Había escuchado hablar de Liborio, pero no lo conocía personalmente. No recuerdo dónde, ni siquiera si fue en Cuba o en el extranjero; pero en medio del tumulto de periodistas vi aparecer a un fotógrafo con un tabaco en la boca, dos cámaras colgadas al cuello, su chaqueta con los bolsillos llenos de rollos fotográficos y una gorra azul. No se me olvida aquella imagen. Entonces se me acercó, me llamó por mi nombre y me habló como si me conociera de toda la vida. Yo, que por aquel entonces empezaba, y me sentía un poco solo, me sentí de pronto acompañado por un tipo que me brindaba su amistad, su experiencia y su apoyo. Era Liborio. ¡Mira que llamarse Liborio!
 

¿Cómo describiría la dinámica de trabajo junto con él? ¿Tenía manías o costumbres que lo caracterizaran?

Una de sus manías era hablar y hacerlo en voz alta. La otra, fumar tabaco; pero la mayor de todas fue tomar fotos. Era un embajador del asunto, tanto dentro como fuera de Cuba. Tenía la virtud de no pasar nunca inadvertido. Si él estaba, te dabas cuenta al instante. Si no estaba, también. Imagínate que caminamos la Isla de punta a cabo y también varios países del mundo, yo como camarógrafo y él como fotógrafo, con la misma misión: seguir a Fidel a todas partes y sin reparos ni miedos. Y así lo hicimos. Cuando veo sus fotos me doy cuenta de las muchas veces que coincidimos. A veces percibo que estábamos uno al lado del otro. Y no recuerdo un solo momento en que nos hayamos perturbado. No sé qué diría él.

Alguien afirmó que un fotógrafo era como un cazador de momentos. ¿Cómo calificaría la técnica fotográfica de Liborio?

Liborio era exactamente eso, un cazador de instantes. Sus fotos de la Revolución son de una naturalidad tremenda. No hay trucos ni poses. Su obsesión era captar la realidad sin disfraces, tal como es. Ni siquiera abusaba de los grandes angulares ni de los telefotos. Y no porque no los tuviera, sino porque prefería una mirada natural, una reproducción lo más real del suceso que captaba. Liborio junto con Korda, Corrales, Osvaldo y Roberto Salas, y algunos de nosotros también, fueron unos privilegiados, pero no solo por los momentos que pudieron captar, sino por la manera en que lo hicieron. 

¿Qué es lo que más lo une a él?

Lo que más me une a Liborio es la coincidencia de sentimientos. Soy amistoso, no sé si tanto como él, pero lo soy, y esa es una de las virtudes que más le admiraba. De Liborio no se podía esperar otra cosa que no fuera amistad y solidaridad. Te regalaba una foto si le decías dos veces que te gustaba; respondía a todas las invitaciones fueran donde fueran: a donde no iba nadie, iba Liborio; a lo que otros se negaban, él decía que sí; si alguien no podía, Liborio sí. Yo te digo que es único. Y claro, nos unió siempre el amor a la Patria, la lealtad a la Revolución, la admiración por Fidel. Y el oficio: no te imaginas los lazos que crea este oficio de mirar las cosas con el corazón y pasarse la vida cazando instantes.

¿Cuáles son, a su juicio, las semejanzas y diferencias entre su visión de la figura de Fidel y la de Liborio?

En un audiovisual de mi autoría titulado Liborio por Liborio, él dice que retrataba a Fidel como lo veía: como un ser humano. Y aunque yo también lo veo así, como un ser humano, tal vez por la edad o por otras razones que no sé distinguir, siempre he retratado a Fidel como si retratara a un gigante. Él también lo hizo así, fíjate que una de sus imágenes más célebres de Fidel la tituló “El Gigante”; pero debo confesar que Liborio “aterrizaba” más que yo.

Está llevando a cabo el proceso curatorial de tres exposiciones que se inauguran por estos días. En una de ellas está presente Liborio Noval. ¿Cómo se inserta este dentro de la muestra?

Para la exposición Eternamente Che el estudiante de comunicación social que me acompañó en este empeño, Juan Camilo Cruz, y yo, convocamos a tres generaciones de fotógrafos para homenajear al Che: los que retrataron al Che en pleno ejercicio revolucionario, los que vinimos después y desde nuestra óptica hemos fotografiado la imagen del Che por doquier, y un grupo de jóvenes, algunos artistas del lente y otros estudiantes de Periodismo o de Comunicación Social que, con una mirada más fresca, también lo han hecho. Entonces, las fotos de Liborio estarán junto a la impresionante imagen de Alberto Korda, esa que ha recorrido el mundo, y las imprescindibles de Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas, Ernesto Fernández, Perfecto Romero y Chinolope. Le seguirán las de José Alberto Figueroa, pionero en la labor de captar la imagen del Che en la cotidianeidad, y las de todos nosotros, algunos profesionales experimentados, y otros jóvenes, como ya te dije, que dan sus primeros pasos en el arte fotográfico. Juntos rendimos tributo no solo a la efigie, sino al revolucionario, al hombre de acción y pensamiento, al eterno guerrillero, Comandante Ernesto Guevara, el Che de todos los tiempos.

Hoy, cuando inauguremos la exposición en la galería Julio Ángel Larramendi del Hostal Conde de Villanueva, Liborio no podrá estar físicamente. Pero estará junto con nosotros, tomando fotografías, fumándose un tabaco, hablando sin cansancio. Porque ninguno de los que lo conocimos y fuimos sus amigos se va a olvidar de Liborio: porque Liborio es único, irrepetible.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs

Instantáneas de Liborio Noval


GALERÍA de IMÁGENEs

Instantáneas de un líder

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.