La Habana. Año XI.
6 al 12 de OCTUBRE
de 2012

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“Decir Liborio lo dice todo”*
Ciro Bianchi • La Habana
Fotos: Kike (La Jiribilla) y Liborio Noval

A lo largo de 40 años, las fotos de Liborio Noval han aparecido a diario en la prensa, y la televisión ha hecho célebre su figura. Tiene en su haber 32 premios nacionales, y algunos en el exterior. Fue corresponsal de guerra en Vietnam y Nicaragua y, como fotorreportero “cubrió” todas las Cumbres Iberoamericanas, menos las de Bariloche y Margarita, y también otras citas magnas, desde las de la Tierra hasta la del Milenio. Ha acompañado al presidente Fidel Castro en numerosos viajes al exterior.

Esa constancia en la fotografía política, su fidelidad al periodismo y la insistencia en la foto noticiosa hacen que se conozca menos otro Liborio Noval que se empeña en hacer arte aun en sus fotos de urgencia.

Sabe que en ella captará un instante que tal vez no se repita, y eso obliga a decidir, en cuestión de segundos, sobre el ángulo y la composición de las fotos. Sin embargo, las trabajará luego en el laboratorio, que es donde de veras disfruta su profesión: revela e imprime él mismo, “las limpia”, y no las entrega hasta estar conforme con ellas. “A medida que la foto de prensa sea más artística, esa foto gana”, comenta. Busca y encuentra, y sabe también que a veces una buena imagen “se chifla”.

Nació en La Habana, en 1934. Se inició en la fotografía un poco por casualidad y accidente al lado de Raúl Corrales. Fue laboratorista y luego fotorreportero del periódico Revolución, y laboró como fotógrafo en el diario Granma desde su fundación en 1965. Fotos suyas aparecen en libros como Un personaje llamado Hemingway, de Claudio Izquierdo, y Secretos de generales, de Luis Báez. También en Cien imágenes de la Revolución cubana y Che en la Revolución cubana. En 1998 publicó Instantáneas, selección de fotos que tomara a Fidel Castro desde 1960, una historia cuidadosamente narrada en imágenes de la trayectoria política y también humana del estadista.

En un lienzo de pared cercano al lugar del diálogo, Liborio colocó la réplica del machete de Máximo Gómez con que las Fuerzas Armadas lo distinguiera en 1987 y una foto de Eddy  Martin (hijo) en la que se le ve conversando con Fidel. También dos fotos de este, autografiadas, otras dos imágenes captadas y dedicadas por Alberto Korda, su amigo de toda la vida, y otras fotos, pocas, del propio Liborio.

“Son mis pequeñas medallas olímpicas” dice, y asegura que las medallas de verdad que recibió a lo largo de muchos años las tiene guardadas por ahí, en alguna gaveta.

¿Cómo se gestó ese libro? ¿Cómo ve Liborio a Fidel a través del visor de su cámara? ¿Qué busca dar cuando lo retrata? ¿Cómo trabaja Liborio Noval? ¿Qué es, a su juicio, una buena fotografía?

Esas y otras muchas preguntas le formulé al destacado fotorreportero un sábado por la tarde en su casa de El Vedado.

Liborio Noval se afeita la lengua todos los días. Habla mucho y alto. Es un discutidor sin tregua, y pelea sin cansancio con lo mal hecho. A veces, en tono de broma, “suelta” grandes verdades. Es un cubano más que por añadidura lleva el nombre con el que, durante décadas, se ha identificado al cubano de a pie.

Cuando publicó Instantáneas pidió al Comandante en Jefe que se lo dedicara, y Fidel lo hizo con solo dos palabras. Escribió: “Para Liborio”. Comentó enseguida: “Decir Liborio lo dice todo”.

El cazador

Alguien lo definió una vez como cazador de imágenes y Ud. pareció estar de acuerdo con la frase. ¿Por qué?

Para hacer una buena imagen tienes que mirar a través del lente y esperar tu oportunidad sin importarte el tiempo, aunque se te haga infinito. En esto el fotógrafo es como el cazador que aguarda pacientemente por su presa.

El fotógrafo, sobre todo el de prensa, atrapa en una imagen lo que ve y lo hace de manera que después sea bien comprendido. Lo hace con una ética, lo mejor posible, aunque a la hora de tomar la fotografía no tenga las mejores condiciones para ella. Tiene que estar en “la viva”, olvidarse de todo, incluso de sus problemas personales, saber cuál es el momento de su foto.

Se dice que Ud. tiene unos 90 mil fotogramas de Fidel. ¿Pasará a la historia como el fotógrafo del Comandante en Jefe?

No soy el fotógrafo de Fidel ni aspiro a serlo. Me he cansado de repetirlo. Soy un fotógrafo de prensa que desde 1960 en el periódico Revolución y desde octubre de 1965 en Granma he tenido, como otros colegas, la oportunidad de fotografiar al Presidente cubano. Quizá me hayan puesto “el cartelito” por el libro. Instantáneas agrupa imágenes de Fidel, algunas de ellas inéditas, que tomé entre 1960 y 1998, siempre en actividades públicas. Eso quiere decir que mientras yo hacía mi trabajo había otros muchos fotógrafos que hacían el suyo. Bueno, es verdad… a nadie se le ocurrió la idea de un libro como el mío. La vida, el destino, no sé, me deparó esa posibilidad, esa dicha.

¿Reservó ex profeso las imágenes inéditas del libro?

Siempre hay imágenes que uno hace por hacerlas, porque sabe que el periódico no las publicará. Al final de la jornada, cuando uno revela e imprime y entrega el material a la redacción se queda con ese pedacito de negativo que a veces se lleva para la casa o se archiva en la publicación.

Imagino que Instantáneas recoge sus fotos preferidas del Comandante en Jefe.

De todas, prefiero la que le hice en el Cacahual, el 7 de diciembre de 1960. Fidel aparece tocado con su boina verde olivo de la época, y la foto tiene una rara cualidad: desde cualquier ángulo que se le mire, el retrato le sostiene la mirada a quien lo ve. Esa expresión de los ojos la logran los pintores, pero no es muy frecuente en la fotografía.

¿Alguna más?

La de Fidel en guayabera, en Cartagena de Indias, Colombia, a su arribo al recinto donde se celebraría la jornada inaugural de la Cumbre Iberoamericana de 1994. Es la primera foto de Fidel en ropa de civil y yo pensé que la prensa le daría una gran “pelota”, pero no pasó nada; se publicó en Granma así de chiquita. Se trata de una foto que trabajé mucho en el laboratorio. Por los efectos de la luz tuvo su complejidad a la hora de imprimirla.

¿Le han censurado alguna foto?

Nunca me han prohibido tomar una fotografía ni me la han censurado. Pero en un periódico, y usted lo sabe tan bien como yo, prima el criterio del director y del consejo editorial. Para algo están allí y dicen la última palabra.

Puedo ponerle el ejemplo concreto de otra de las fotos del libro. Se celebraba el V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y el día de la clausura el Comandante se acercó a la campana de La Demajagua, traída especialmente para la ocasión, y se inclinó para verla mejor, y yo lo capté así, tomé la fotografía con Fidel inclinado sobre la campana con la cual Carlos Manuel de Céspedes llamó a iniciar la Guerra por la independencia de Cuba. La foto no se publicó en su momento porque alguien concluyó que esa imagen de Fidel inclinado no debía aparecer en Granma. Fue un criterio que se impuso.

¿No podían vetarla también en el libro?

Cuando entregué las imágenes de Instantáneas al Instituto Cubano del Libro para su publicación, dije en tono jocoso, pero con mucha firmeza, que no permitiría que ningún cacique metiera las manos en mi obra, que el único que podía pronunciarse sobre ella era el brujo de la tribu que siempre, a lo largo de la historia, ha mandado a los caciques.

Entre esas imágenes hay una que no es, precisamente, una foto de Fidel, sino de sus botas. Corre el año 1976 y Fidel ejerce su derecho al voto en el referendo constitucional; lo hace detrás de una cortina y lo único que se ve de él son sus botas.

Yo había hecho una investigación muy privada en torno a esa foto y todo el que la veía estaba convencido de que estaba viendo las botas de Fidel. A la hora de revisar el libro, alguien con poder de decisión en el Instituto dijo que había que excluir esa imagen. Yo riposté: “Entonces el libro no va”.

Cuando se preparó la maqueta de la obra, se incluyó la foto, y se envió al Consejo de Estado para que la vieran. A los dos días regresó con felicitaciones. Por tanto, no objetaron ninguna de las fotos, ni esa de las botas.

Pasó el tiempo, el libro se publicó al fin y un buen día entré yo al despacho del hombre que quiso excluirla. Atendía a una visita y le escuché decir: “іMira qué clase de foto esta de las botas… Qué perspicacia la de Liborio!”.

¿Cómo surgió la idea de Instantáneas?

No tenía ninguna foto mía firmada por Fidel. Siempre estaba a  punto de pedírselo y, de hecho, cada vez que como fotógrafo lo acompañaba al exterior me echaba arriba un par de fotos con el propósito de pedirle que me las firmara. No me atrevía.

Así llegó el año 1995. Lo acompañé a China y allí durante la reunión que sostuvo con el grupo de periodistas cubanos —esas reuniones informales que él siempre hacía con nosotros en cada viaje para saber cómo nos sentíamos, si descansábamos, si comíamos  bien— me tiré de cabeza y se lo pedí. Me firmó las fotos y me dijo que le hiciera llegar una de ellas pues no la tenía en su archivo.

Cuando regresamos a La Habana volví a lanzarme de cabeza y le envíe 14 fotos de distintos viajes. Ahí está la idea del libro o tal vez de una exposición personal; pero, de manera coincidente, ganó cuerpo el proyecto de una exposición y un libro colectivos organizados por la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, en ocasión de los 70 años del Comandante y que, a la postre, resultó en Cien imágenes de la Revolución cubana. Allí hay 15 fotos mías. Instantáneas debió esperar hasta el 98 para su publicación.

Alberto Korda dice que durante los años iniciales de la Revolución primaba el hombre en las fotos que se le hacían a Fidel, y que a partir de 1969, con la creación de Estudios Revolución, en esas fotos empieza a destacarse sobre todo al líder. ¿Coincide con esa afirmación?

Estudios Revolución surge con la idea de hacer un archivo de las actividades públicas del Comandante en Jefe. En ese sentido, cumple su propósito y sus fotógrafos hacen bien su trabajo.

Y cuando Ud. lo retrata, ¿qué busca dar: al estadista; al dirigente; al hombre?

Eso depende. Si es una Cumbre, un recibimiento oficial, un acto de protocolo, busco al estadista, y al dirigente si es un acto de masas. Pero trato siempre de captar su humanidad. Hay múltiples ejemplos de eso en mis fotos. Recuerde Ud. aquella en la que Fidel le pone el sombrero a un campesino. O esa otra en la que, sentado en uno de los taburetes de una casa guajira, bebe el café que acaba de colar la dueña de la casa y luego se retrata con ella. Es casi una foto de familia.

¿Fidel le ha posado alguna vez?

Rara vez preparo una foto. La noticia no te da chance para eso, y con una personalidad como la de Fidel es poco menos que imposible. No me queda otro remedio que “cazarlo”.

Aunque imagino que en todas partes sucede lo mismo con los estadistas, pienso que hay muchas limitaciones para los fotógrafos cuando de Fidel se trata. Se les sitúa en un punto, no pueden moverse y están obligados a fotografiarlo siempre desde un mismo ángulo.

Podemos movernos, pero en un rango muy limitado. A veces, en el Palacio de las Convenciones, he estado tentado a pedir que me permitan ponerme del otro lado; pero no lo he hecho, porque de permitírseme a mí habría que permitírselo a todos los demás.

Es difícil hacerle fotos en el Palacio pues, a veces, desde la tribuna habla a la presidencia, no mira al auditorio y ofrece al fotógrafo solo tres cuartos de perfil. El secreto está en no quitar el ojo del visor de la cámara y esperar.

¿Cómo es Fidel a través de ese visor?

Un hombre muy fotogénico, en primer término. Aprendí a conocerlo a través del lente. Lo veo llegar y sé cuál es su estado de ánimo. A veces, es el de un hombre que viene con grandes preocupaciones, agobiado por los problemas, o se le ve cansado, muy cansado, y luego te enteras de que, en efecto, lleva dos noches sin dormir. Sin embargo, se mete en cuerpo y alma en el acto, escucha, dialoga, reflexiona en voz alta y al cabo de un rato reverdece. Cuando transcurren cinco o seis horas, luce como nuevo y tú eres el que está hecho “tierra”.

Un día, en República Dominicana, comenzó muy temprano su jornada, cumplió diversos compromisos y por la noche habló, de pie y durante cinco horas, en un acto que terminó a las tres de la mañana. A esa hora regresó al hotel donde lo esperaba un grupo de empresarios. Fidel pidió que le sirvieran un vaso de agua y, otra vez de pie, habló a los empresarios durante tres horas.

¿Resulta más fácil fotografiarlo en el exterior?

No es más fácil. En el exterior sucede que te ves obligado a luchar a brazo partido con las decenas y decenas de fotógrafos que quieren lograr una imagen suya. Entonces, yo hago lo mío y me aparto, dejo el campo para que los demás se banqueteen y busco el sitio desde donde fotografiar a esa decena y decena de fotógrafos en su asedio al Presidente cubano. Fidel Castro es el hombre más fotografiado del siglo XX.

El sentimental

Ud. repite que, en cuanto a la fotografía, no piensa en la obra de arte, sino en la noticia. Sin embargo, se sabe que “limpia” sus fotos, las imprime Ud. mismo y no las entrega hasta no quedar conforme con ellas.

En la fotografía de prensa uno debe, por lo general, dar una noticia, reflejar un instante. Aun así, la foto de prensa debe llevar toda la intención artística que permita el momento. Tú sabes que no puedes buscar todos los efectos de luces que deseas, pero tienes que darle una composición. A medida que la foto de prensa sea más artística, esa foto gana.

¿Qué sucede? No debes publicar una foto en la que aparezca algo que distraiga a quien la ve de  lo que es el objetivo esencial de esa foto. Por eso, en principio, trato de componer a través del visor de la cámara, si no puedo, compongo en la ampliadora o, ahora, en el computador. Me gusta el trabajo en el laboratorio —por ahí empecé— y es en el laboratorio donde disfruto de verdad la fotografía.

Ahora que habla de sus inicios…, se dice que es un fotógrafo accidental, un hombre que nunca pensó en dedicarse a la fotografía.

Trabajaba como investigador de mercado en la Publicitaria Siboney y después de pasar varios años en eso —un giro en el que la gente se “quema”, se vicia— me mandaron a “refrescar” en el laboratorio. Allí debía revelar las imágenes de uno de los grandes fotógrafos cubanos, Raúl Corrales.

El día 10 de enero de 1959 empecé a trabajar en el periódico Revolución, también en el laboratorio. Simultaneaba los dos empleos hasta que en 1960 me quedé fijo en el periódico. Fue entonces que comencé a tirar mis fotos. Allí estaban Corrales, Alberto Korda y Ernesto Fernández… es decir, la gente que conforma la historia gráfica de los años iniciales de la Revolución.

Es curioso. Yo nunca, es cierto, pensé en ser fotógrafo, pero quizá siempre el fotógrafo animó en mí aunque no lo supiera. Hay gente que viene y me dice: “Liborio, esta foto es estupenda”. Y resulta que la foto en cuestión tiene 40 años.

Algunos críticos plantean que el gran momento de la fotografía cubana se extiende entre 1959 y 1964. ¿Es así, según su juicio?

Yo lo extendería un poco más, hasta los años 70 digamos. A los que mencioné antes debemos añadir los nombres de Osvaldo y Roberto Salas, Rogelio Moré Oller, Lezcano, Joaquín y Miguel Viñas, Agraz, Paco Altuna, Mayito García Joya y Arnaldo Santos, Mario Ferrer… Algunos están activos todavía.

¿Qué pasaba en esos años? Revolución te encargaba un reportaje y te pedía no una o dos fotos, sino toda una plana gráfica, así fuera de una recepción en una embajada, un huracán o el acto por un aniversario del 26 de julio. Todo lo que hacíamos se publicaba. Surgió en 1960 la revista INRA — después Cuba, hoy Cuba Internacional— y daba también una importancia enorme a la gráfica. Hoy los fotógrafos más jóvenes se asombran de todo aquello.

Sobreviene después la carencia de materiales, la falta de papel, se reduce el espacio en los periódicos y estos aparecen con menos páginas, se sacrifican las fotos en favor de los textos. Granma comenzó en 1965 con 12 páginas. Después se redujo, pasó a ser tabloide en los inicios del periodo especial, quedó con cuatro páginas, subió a ocho… y en ocho páginas no hay mucha cabida para un reportaje gráfico. Presentamos una selección que siempre se respeta, pero el espacio condiciona. En estos momentos se trabaja más para Internet que para el periódico.

¿Decayó entonces la fotografía cubana?

No haría una afirmación tan categórica. Todavía trabajamos algunos de los fotógrafos que venimos desde el año 59 y de más atrás incluso, y en estos años han surgido muchos nombres. La fotografía dio un giro en todo el mundo. Hay gente joven, muy joven, que hace cosas que veo con interés y placer.

Convengamos que la fotografía cubana no ha decaído. A mí, en lo personal, la fotografía de aquellos años me parece más rica e impactante, incluso la de los maestros que siguieron trabajando y lo hacen aún. Habrá que llegar entonces a la conclusión de que el país ofrecía posibilidades mayores a los fotógrafos.

Eran años en que sucedían muchas cosas: la aplicación de la Ley de Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización, la limpia del Escambray, la lucha contra bandidos, las milicias, la victoria de Playa Girón, la crisis de los cohetes, la transformación social y económica de la montaña… Y todo eso tuvo una cobertura gráfica amplia que se vio en la prensa.

Había fotógrafos mayores en edad, y estábamos Roberto Salas y yo que éramos de los más jóvenes. Así, se conformó lo que en un libro se llamó después la fotografía cubana de los años 60, una obra en la que estamos todos los que tenemos que estar y algunos que no tienen qué hacer allí.

De aquellos años es Ud., creo, el único fotógrafo que permanece vinculado a un órgano de prensa. Los que están activos hacen otro tipo de fotografía, no ya la fotografía noticiosa. ¿Qué explica esa fidelidad suya al periódico?

No lo sé. Lo mío con la prensa fue un amor a primera vista y devino amor para toda la vida. Me dejé cautivar por el olor de la tinta, por el sonido de los linotipos, por el plomo caliente y las rotativas, y todo eso se me metió en la sangre de tal manera que nunca más pude sacármelo. Lo extraño ahora cuando se utilizan otros métodos de impresión. Un día vi cómo desmontaban las rotativas de Granma y casi me pongo a llorar. Soy un sentimental.

Entraba al periódico a las nueve de la mañana. Salía a la calle a hacer mi trabajo y regresaba e imprimía mis fotos. Y bajaba al taller y veía cómo se empleaban las fotografías, ayudaba a los cajistas, aprendía con ellos… Y sigo allí, aunque no me guste cómo está el periódico porque creo que hay cosas que se pueden hacer mejor y espero que algún día se hagan mejor. Además, yo trabajo en todo el país y lo hago para todo el país. El país espera por mis fotos, y las de otros compañeros, para saber qué pasó. Y eso es muy importante… Está la televisión, está la radio con su inmediatez, pero una foto es una foto para quien la ve ahora y para el historiador o el estudioso que se acercará mañana al instante que yo atrapé.

¿Cómo trabaja Liborio Noval?

Ya le expliqué que en un acto público el secreto está en esperar. Si se trata de las fotos para una entrevista es lo mismo. Voy a hacer las fotos para una entrevista y soy un extraño en el mundo de ese entrevistado. Trato, en lo posible, de alejarme de él, de que se olvide de que estoy allí. Me repliego, lo observo con un pequeño telefoto. No me interesa tanto lo que dice, sino cómo lo hace, cómo se proyecta, cómo gesticula. Así busco y tal vez encuentro el retrato de esa persona.

Claro, antes tengo que saber quién es, situarlo en su profesión y en su ámbito y, sin ser un sicólogo, formarme una opinión sobre su personalidad. Llegado a ese punto, busco para la foto un ángulo más propicio del personaje a fin de dar la foto más agradable posible.

¿Escucha las opiniones ajenas a la hora de publicar o no publicar una foto?

Me acostumbré en Revolución y luego en Granma, en los inicios, a intercambiar criterios con otros fotógrafos y a escuchar criterios ajenos, buscaba un consenso en cuanto a mis fotos. Todavía eso se hace en Granma, pero poquito. Siempre es bueno conocer qué piensan otros acerca de nuestro trabajo, pero eso sí, cuando una foto me gusta va, aunque a otros no les guste.

Hay un Liborio Noval que se conoce menos y es el fotógrafo cuyas fotos nada tienen que ver con la noticia ni las grandes personalidades.

Últimamente he caminado mucho la Habana Vieja en busca de lo que llamo detalle: el llamador de una puerta colonial, un farol, el rótulo de una calle… Son fotos casi siempre sin presencia humana que pretenden atrapar algo que me gustó o llamó la atención y que puede gustar a los demás. Hay detalles que no siempre están al nivel de los ojos, sino que hay que buscarlos hacia arriba o hacia abajo. Algo que veo, me impacta y lo fotografío. He creado un archivo con esos detalles, no sé que haré con ellos porque antes debo imprimirlos para acometer una selección, y para ello hace falta tiempo y papel, dos recursos que no tengo siempre al alcance.

¿Reconoce alguna influencia en su obra?

De todo el mundo se aprende algo, y los periódicos son una gran escuela en ese sentido. Mencionaré, en primer término, a Raúl Corrales con quien trabajé en la Publicitaria Siboney y luego en la prensa. Aprendí mucho con Corrales, y con Osvaldo Salas. Tenía un ojo muy crítico y sutil para la fotografía.

¿Qué cámara utiliza?

Cuando comencé en el periodismo no eran frecuentes las cámaras de 35 milímetros para el trabajo de prensa, aunque ya en esa época Corrales la utilizaba y Korda y el viejo Salas también. Empecé con una cámara igual y, como era propio en la época, trabajaba sin electrónico, con luz ambiente, y cuando hacía falta una iluminación artificial, en un acto público, digamos, que se celebraba en un local cerrado, nos apoyábamos en las luces que los camarógrafos de la televisión utilizaban para sus grabaciones. No había una película determinada, sino la que se conseguía, y muchas de ellas las recibíamos de los sobrantes de las filmaciones cinematográficas.

Hoy trabajo con una Nikon FM-2 con motor. Me gustan las cámaras mecánicas. Dicen que estoy contra la técnica; sucede que somos pobres y cuesta mucho dinero reparar una cámara automática. Me gustaría trabajar con una F-100, que es el último modelo de la Nikon, pero la FM-2 es una cámara dura, resistente y aguanta mucho trabajo.

Hay algo que he dicho otras veces y quisiera repetir ahora. El hombre es quien hace funcionar la máquina. Puedes tener el último grito de la técnica, el mejor rollo, un buen revelador. Si quien se sitúa tras la cámara no es un buen fotógrafo, la técnica no vale nada.

¿Qué es una buena foto? ¿Suerte o intuición? ¿Instinto o experiencia?

Una buena fotografía es el conjunto de muchas cosas. No todo lo que uno tira es bueno y muchas veces se “chifla” la foto. La carencia de materiales te da una tensión en el trabajo: debes ser más preciso, sintetizar, asegurar “la foto” con menos película. A la hora de ampliar, tú completas tu trabajo. Eliminas todo aquello que molesta a la vista, y puedas eliminar y convenga a la composición de la foto. Pero la buena composición tienes que procurarla desde que tomas la foto.

Antes de hablar de qué es una buena foto, hay que precisar qué se quiere pues no es lo mismo una fotografía de prensa que una publicitaria, la foto de una boda o de una fiesta de cumpleaños.

En la foto de prensa está la inmediatez y el fotógrafo debe poseer una agilidad que va del ojo a la mente y de la mente al dedo que oprime el obturador de la cámara. Tiene que estar metido de lleno en el incidente que va a reportar y tirar hasta dar con la foto. 
 

* Entrevista con Liborio Noval realizada por el periodista Ciro Bianchi en La Habana, 2000.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs

Instantáneas de Liborio Noval


GALERÍA de IMÁGENEs

Instantáneas de un líder

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.