La Habana. Año XI.
29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE de 2012

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Flores de papel

Maité Hernández-Lorenzo (La Habana, 1970)

Recogió las pocas cosas y se fue echando. El portazo sonó en la esquina, a la hora en que los muchachos están regresando y el ajetreo en la cuadra empieza a molestar. Sobre todo a molestar a la vieja. Los negros estaban esquinados, como ya va siendo costumbre, con la mano llena de ron y la boca echando humo. 

La vieron irse. Hubieran querido irse tras ella. Aquel culo era ya histórico por allí. Y ella lo vacilaba también. Le encantaba la babosería de aquellos negros. Lindos negros, ricos negros. Negros pingús. Pero aquella tarde salió como un bólido. Sin esperar nada. Ni siquiera se fijó en los negros cuando quisieron cerrarle el paso y asustarla un poquito. Ella logró escapar, sin saber que estaba escapando. 

El día anterior la vieja se había meado más de la cuenta. La tenía obstiná, como ella repetía a cada rato. Obstiná, obstiná. La vieja sufría. Mojada, fría, y aquella palabra mal dicha. La juventud está perdida, perdida. Obstinada. Obbssstinaddda. Así. Y el meao chorreándole hasta los pies y el charco sobre el piso poroso, floreado, con unas flores que parecían de papel, lindas flores, así eran las flores de mi casa, en la Habana Vieja, ahora lo recuerdo.

Obstiná, sí, chica. Un empujoncito y la vieja estaría revolcada en el suelo. Y nadie sabría cómo fue, porque creerle a la vieja era una senilidad peor.  Pobre mujer, lo mal que la trata. Aprovechándose de la casa. Y el otro soltando mocos por donde quiera. Y esto qué coño é. Es, es, essss. Le encantaba pegar los mocos debajo del sillón, hasta en los platos pegaba los mocos. Cómo se puede comer y sacarse los mocos y pegarlos en el plato. No entiendo. Qué asco, que puercá. Puercada. Addda.

El ruido del dominó se colaba por todas las hendijas. Ya era hora que cogieran presa a toda esa gente que se pasa el día jugando dominó. No se meten con nadie, déjalos tranquilos. Y el moco debajo del brazo del sillón. Pero aunque no se metan con nadie, no hacen otra cosa que jugar dominó, de qué viven, chico, qué hacen en su casa. No te importa, y no pases más por allí que te vacilan el culo. Así que no pases más por la esquina, oíte. Oíste, isste. Vieja de mierda, si no te callas, te juro que te doy patá hasta que revientes. Patadas, adddasss.

Y los mocos en los goznes de las puertas. Hora de apagar el televisor. A dormir. Dale pá tu cama y no jodas más. Para tu cama. Para…

A cerrar la ventana que se acabó esto. Dale pá dentro que esos negros te ven donde quiera que te pongas. Echa pá llá que ahora empiezas a roncar como un puerco. Y los mocos debajo de la cama, en el bastidor, casi contra el piso. No, no la metas que no estoy pá esto. Dale pá llá que tienes la manota esa sucísima, llena de moco. Eso, rico, mami. Coge, toma uno, pruébalo, oye eso es mío y lo vas a probar ahora mismo. Dale, abre que voy. Echa pá llá y no resingues más. La vieja. La vieja está pará en la puerta. Parada. Parada. Qué tú hacé ahí. Tuve un pequeño accidente. Ahora espera un momento. Si no se va la vieja, no hay chance pá nadie. Para nadie. Te lo digo, con la vieja ahí no hago nada. Vieja, dale pá llá. Está bien, dale para allá, por favor. La vieja se queda ahí, no se mueve, chico. No, así no. No abro ná. Nada. Así. Qué obstinaaaá. Si despiertas a la niña ahí sí que se acabó esto. Tuve un pequeño accidente. Por favor, necesito ayuda. La niña. La niña se está despertando. La niña. No, la niña está durmiendo, chica. Abre que voy. No, con la vieja ahí pará no abro pá nadie. Qué juventud, perdida. Necesito ayuda por favor, tuve un pequeño accidente.

Esto se acabó aquí mismo. Cierra la puerta. En la cara, no importa. Que se joda, que aprenda a esperar. La niña, ahora sí se despertó. También que espere. La niña que aprenda a esperar también, cierra la puerta que voy.

Ya. Voy por la vieja. La niña, dónde está la niña. La niña. Ahora recuerdo también el piso frío del pasillo de mi casa. Siempre frío y en verano más frío aún. Fría estaba la niña. Tirada en el suelo floreado, con flores de papel y la vieja encima. Qué lindas las dos. Una encima de la otra, la otra encima de una sobre el piso floreado, flores rojas, naranjas, azules y amarillas. Lindas las dos. Un portazo terrible dos días después. Aquellos negros nunca más verían el culo de aquella blanca. Abre que voy. Ya.
 

Cuento incluido en el libro inédito Las memorias vacías de Solange Bañuelos.


Maité Hernández-Lorenzo: Periodista y crítica de teatro. Directora de Comunicación e Imagen de la Casa de Las Américas.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218—0869. La Habana, Cuba. 2012.