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Mi digno y querido "oponente"

Kaloian Santos Cabrera • Buenos Aires

Fotos: Cortesía del autor

Prefería que lo llamaran fotorreportero. Aunque casi siempre lo presentaban como artista, maestro del lente o algún que otro título rimbombante. En realidad, Liborio Noval Barbera era una mezcla de todo eso y más.

Fue precisamente a Liborio a uno de los primeros que molesté, luego de una conferencia, para que viera mis primeras fotos hace ya casi una década. El maestro se tomó su tiempo para mirar las fotos. Las examinó pacientemente una por una. Al terminar no me habló de encuadres, la luz o perspectivas temáticas, solo atinó aconsejarme: “No pierdas las ganas de hacer fotos. No importa si vives de ella o no. Cuando no lo sientas más, cuelga la camarita”.


Foto: Kike

Años después tuve el privilegió de ir a tomarle el café varias veces a su casa, de escucharle historias de lo bueno y lo divino, escudriñar entre sus muy bien cuidados archivos fotográficos o que me enseñara las “foticos nuevas que estoy haciendo con la cámara digital”.

Liborio terminó siendo parte de una de las etapas más importantes de mi vida: la defensa de mi tesis de Licenciatura en Periodismo. Pero contrario a todos los pronósticos no fue mi tutor, sino un digno y querido oponente. Y fácil no me la hizo. Cuando me gradué con el máximo de las calificaciones me regaló y dedicó su foto del Che fotógrafo. “Con orgullo, tu oponente”, dejó plasmado el maestro.

Sobran los motivos para considerar a Liborio Noval una de mis influencias, uno de mis maestros. No tanto por el “envidiable” hecho de haber protagonizado, cámara en ristre como unos cuantos, el triunfo de la Revolución cubana y sus años venideros, sino porque tuvo el talento, como pocos, de entender que el fotoperiodismo es un compromiso social que también puede ser arte.

Aunque sus fotografías de la épica revolucionaria fueron las más conocidas, no quedó atado a la fama que le brindaron esas instantáneas.

En una ocasión, ya cuando la amistad nos unía, le pregunté si alguna vez estuvo consciente de que, haciendo su trabajo, estaba haciendo historia. Nuevamente, como el maestro ante su discípulo, me regaló una de sus mejores “instantáneas”:

Con el tiempo te das cuenta de que has vivido una parte importante del proceso de la Revolución. Tuve la oportunidad de tomarle muchas fotos al Che, de cubrir muchos viajes de Fidel y estar en eventos importantes. Uno no puede creerse el ombligo del mundo, tampoco puedes dejar que los humos se te suban a la cabeza por vivir esas ocasiones históricas. Estás haciendo tu trabajo por tus principios y lo tienes que hacer tan bien afuera como adentro del país, lo mismo con Fidel que con un obrero”.

Y con este Liborio, que es el de siempre, me quedo.

 

 
 
 
 
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