La Habana. Año XI.
29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE de 2012

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Oriki para el ARA
Georgina Herrera • La Habana

Mi maestro, hermano y amigo entrañable Rogelio Martínez Furé, me enseñó durante una de las tantas conversaciones que hemos tenido a través de más de cincuenta años lo que significa, en Yoruba, oriki. Oriki es elogio grande, poesía en la que a través de cada suceso de su vida que lo merezca, se le agrega un verso a esa persona, así, creciendo hasta lo infinito. Como a pesar de todo yo creo en personas y sucesos que merecen elogiarse, he escrito muchos poemas (toda una parte de un libro) que son elogios, pero, cuando supe que existía el oriki, me gustó tanto que me apropié de la palabra, y ya la he usado más que Rogelio.

Así que, desde el principio, estoy  anunciando, regalando mi contento al conocer, palpar, la existencia de ARA1. Si después, disimuladamente la riegan con agua no transparente impregnada de cualquier ácido que la seque e impida su crecimiento, es otro asunto ya conocido, pero hasta ahora, surgiendo hacia lo alto, novedosa, limpia, conmigo se ha ganado  su oriki. Así que, si a veces parece que doy vueltas y pierdo el hilo que me conduce a donde quiero llegar, no será así. 

Cuando yo tenía más o menos cuatro años, vivía atenta a las historias y los refranes contados por negras y negros viejos en mi pueblo, con un código de sabiduría, heroicidad y resistencia, casi totalmente inverso a lo que leería después en los libros. Y les digo que un día una de mis tías abuelas dijo, de esa manera cautelosa y convincente que la caracterizaba, "dios es blanco y gallego". A partir de esa frase, que seguramente oyó a alguien, la guardé donde nadie la molestara ni la alterara, hasta el día en que pudo salir por sí misma y explicarme la magnitud de su significado, desde el tiempo lejano de la caza que nada justificó, la bárbara travesía y la esclavitud como régimen que, tal parece, llegó para quedarse a través del racismo.

De cuando yo tenía cuatro años al día de hoy, han pasado setenta y dos más, y llevo como cincuenta cargando, a la vez que hablo poco y pienso mucho, una cruz que es de mi gusto y mi lujo, porque la elegí. Consiste en buscar de muchos modos esa igualdad justiciera que no aparece sino a veces y en caricatura, porque la gente no ha querido nunca ser igual a otras y otros, sino vivir mejor, y, en lo que todo el mundo sabe, leyendo, entendiendo torcido o derecho, es que, lo que se pretendió y logró con la esclavitud primero y el racismo después, es el convencimiento de que lo que existe para vivir no alcanza para repartir por igual entre todos. Bueno, ¿de qué hablo? De razas, de racismo precisamente. Porque esclavos existieron siempre, desde la Prehistoria hasta no se sabe cuando, pero el racismo es esclavitud y más, y a la que me refiero es a la del eurodescendiente químicamente puro sobre el afrodescendiente mezclado por todas las pasiones y el abuso que la desigualdad amamantó. No se ha urdido, que yo conozca, trama con tanta infamia como esa, pero a su vez no ha existido historia de sobrevivencia y resistencia como la de negras y negros cazados como fieras, traídos y regados por todo el continente, desconcertados, sin saber quién lo traía, a dónde y para qué...

Quiero ir llegando ya, sin muchos rodeos, a cuando en nombre de Dios y el rey, los traficantes negreros sintieron que Bartolomé de las Casas echaba leña al fuego de su codicia. "Traigan negros, que son más fuertes". ¡Cuánta bondad! Y llegaron los negros, y hubo esclavitud, y hay racismo. Pero los siglos no pasan por gusto, aunque sea lentamente, así, hoy me elevo en una danza de amor y lucha, porque justo en el momento en que no sabía cómo defenderme, cómo explicar un pensamiento al parecer mío solo y que no lo era, miembros de la Articulación Regional Afrodescendiente  llegan a Cuba, comparten con cubanas y cubanos sus estrategias para ver como se apura un poco esto del racismo y la racialidad sin que tropecemos y caigamos. Y digo que es en el momento en que me encontraba y como ola y atascada al borde de un camino, porque comenzaba a oír a hablar de descendientes de asiáticos que también habían sido esclavos en América, traídos desde China, ah, y de los indios, si no exterminados sí diezmados. Cierto.

Mi confusión callada comenzó cuando recordé que a los asiáticos se les engañó, se les hizo un cuento que creyeron y que les permitió traer sus brillos, sus colores, hasta su San Facón. No fue bueno pero no fue igual. Y en cuanto a los indios, eran dueños de todos los golpes de viento y agua, de las honduras y las planicies. Toda la astucia y la maldad posible se empleó para vencerlos, pero fue junto a sus dioses, su familia, su pueblo. El africano tuvo que reconstruir su historia. Buen corazón y buena memoria ha de tener un pueblo que para renacer con poderío, al cabo de los siglos, que África bien vale mentir en la aceptación de unos santos y un dios que si no lo acatan lo revientan a cuerazos. No así, tal como lo digo, pero tiene que ver también con los distintos modos de esclavitud en nuestro continente, de lo que se puede hablar después del ARA.

 

ORIKI PARA EL ARA.                           


Nota:

1- Artículación Regional Afrodescendiente de América Latina y el Caribe

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.