La Habana. Año XI.
29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE de 2012

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Politizar el tema racial
Esteban Morales • La Habana
Foto: Abel Sánchez (La Jiribilla)

Queramos  o  no, el tema racial se va politizando. Tiene historia, importancia y contexto para que así sea. Apreciar claramente los ritmos de su politización es fundamental para solucionarlo y que no devenga en peligro  para la consolidación del proyecto social de la Revolución, ya afectado por un conjunto de dificultades.

Es posible que alguien imagine que politizar el tema racial  es hacer que el gobierno, y la estructura política en general, presten atención a partir de una exigencia. En realidad, lo que convierte al tema racial en una cuestión política y le da fuerza para aparecer como tal no sale de la nada, sino de las condiciones bajo las cuales se desarrolla.

Sin embargo, ya hay quienes voluntaristamente han convertido la cuestión racial en un problema político, al considerar que el racismo existente hoy en Cuba, es responsabilidad del Gobierno, producto de una actitud racista por parte de  este, a quien consideran responsable del estado del problema  y de su no solución. Esta variante ha devenido en un grupo disidente más, financiado, apoyado y acoplado a la política norteamericana de “cambio de regimen”.1 

Pero politizar el tema racial no tiene porqué devenir en actitud disidente; sino en reconocimiento explícito de que se trata de un problema social, que  ha adquirido ese carácter  y debe ser resuelto en ese contexto de relaciones, es decir, que aunque se presenta como una cuestion de poder, ello no significa el cuestionamiento del mismo.

El centro neurálgico de la política es el poder; por tanto, politizar el tema racial, es poner el poder en el centro de nuestros objetivos, aunque no necesariamente cuestionando la estructura de poder existente.

En realidad, en Cuba, los negros y mestizos nunca disfrutaron del poder como grupo social. Tal vez, en su individualidad algunos mestizos y muchos menos negros, tuvieron acceso al poder; pero el poder siempre fue una cuestión de los llamados blancos, desde que colonizaron la Isla.

Los blancos tuvieron siempre el poder, porque aunque la pobreza y la falta de poder tambien fueron masivamente blancas, la riqueza y la ostentacion del poder nunca fue negra y solo en muy contadas ocasiones mestiza.

La colonizacion  se  encargó de generar una estructura  económica,  social y política que también fue  racial; donde los blancos provenientes de la metrópoli española,  hegemonizaban la economía, el comercio, la vida militar, la estructura política, religiosa y la jerarquía social. Solo parece haber escapado un poco a ese férreo control colonial, el fenómeno de la formación de una cultura mestiza, de la cual no fue posible evitar su emergencia. La colonizacion española  fue más permisiva que la inglesa en este campo, por lo cual los negros,  blancos  e indios, se mezclaron más en Cuba que en ningún otro lugar de este hemisferio.

A una cúspide blanca metropolitana, le seguía una clase subalterna criolla, con una base esclavista y una masa de pobres, donde también los blancos figuraban masivamente; aunque, en general, al final eran los negros y mestizos en ese orden, quienes ocupaban los estratos más bajos de la pirámide social.

Esa escalera se repitió históricamente, consolidándose en la República, donde se apreciaba claramente que la riqueza estaba sumamente  monopolizada: casi solo los blancos ostentaban la riqueza, un exiguo grupo de mestizos la alcanzaba y una gran masa de negros, mestizos y blancos, formaban la amplia base explotada, fenómeno que matizó fuertemente las causas del proceso revolucionario que triunfó en 1959. La extrema desigualdad en el acceso a la riqueza desempeñó un papel fundamental en las condiciones revolucionarias que se formaron en Cuba durante los años 50 del siglo XX.

Entonces, está claro que la politización del tema lleva implícito la superación de un conjunto de retos, sin cuya solución no es posible que los negros y mestizos puedan empoderarse, alcanzando los niveles que le permitan participar en la distribución del poder como lo necesitan.

Existe un conjunto de fenómenos que en Cuba hoy obstaculizan ese proceso de empoderamiento de los sectores negros y mestizos, entre ellos:

·       El poder no se mide simplemente por nuestra presencia estadística en las instituciones del Estado y del Gobierno, sino por el lugar que ocupemos dentro del conjunto de las relaciones sociales.  

·          Para lograrlo, ante todo, debemos ser visibles dentro de la sociedad; lo cual plantea como una cuestión vital ser reconocidos en nuestros censos, con todas nuestras características poblacionales, pues no se trata simplemente del espacio que ocupamos en lo macro, sino en el contexto general y específico concreto de la sociedad, tanto en lo económico, como en lo político, social y cultural.

 ·     Ello plantea diferentes problemas que no tocan solo a las relaciones económicas y a la distribución de la riqueza, sino más que ello, a  ser visibilizados dentro del conjunto de las variables socioeconómicas, sociales, políticas  y culturales,  que expresan  nuestra presencia dentro del entramado social.

·           Por lo cual, no basta con que me digan que los negros y mestizos representan un determinado porciento  dentro de la sociedad, sino que esos porcientos deben ser cruzados con otras variables económicas, sociodemográficas, sociales y culturales que permitan, de verdad, caracterizar la situación de esos grupos raciales dentro de la sociedad.

·          Para dejar liquidado este problema de manera muy simple y rápida, esto quiere decir, que no basta con que me digan que en el país hay un 5% de desempleo, hace falta saber cuántos de ese 5% en el país, son blancos, negros y mestizos, diciéndome también, dónde están por provincias, municipios y sectores laborales; es decir, localizarlos como personas físicas y  concretas.

Si no coloreamos nuestras variables socioeconómicas y sociodemográficas, ¿de qué país estaríamos hablando? Por supuesto que de ninguno.

¿De qué modo solucionar, entonces, la nefasta herencia histórica de trata, esclavitud y racismo, que subyace en nuestra realidad actual, y que no tiene otra base que los diferentes puntos de partida históricos de los grupos que caracterizan hoy nuestra estructura racial?

Como un factor fundamental de nuestro empoderamiento político, ¿de qué modo lograr, entonces, el despliegue de una política social que de verdad tome en consideración las diferencias históricas entre población blanca, negra y mestiza? Sabiendo que el color de la piel siempre ha sido entre nosotros una variable de diferenciación social.

Una vez que hemos logrado que negros y mestizos sean visibles,  condición indispensable para que sean tomados en cuenta, debemos luchar  por reclamar nuestro lugar en la economía, la educación y la cultura.2

Nuestro lugar en la economía hoy está lastrado por la poca presencia de negros y mestizos en la economía emergente y nuestra alta dependencia de la economía estatal, con una fuerte sobredimensión de negros y mestizos dentro de la masa obrera. 3

Nuestro lugar en la educación está lastrado por la ausencia de tratamiento del color en la educación, por la insuficiente presencia del tema racial en nuestros currículos universitarios, su ausencia en los programas de estudio y su poca presencia en nuestros planes de investigación científica. Por una cultura nacional con un alto nivel de integración, pero aún  lastrada por el desequilibrio de la presencia del componente hegemónico hispano, en comparación con el componente africano —a pesar de que si en algo se  ha avanzado en estos más de 50 años ha sido, precisamente, en el rescate de la presencia africana en  nuestra cultura.

Esos lastres traen como resultado que la insuficiente presencia de la  temática racial en nuestra ciencia, su no presencia en la educación y su casi ausencia en los medios masivos, traigan como resultado que el sistema que  regula la visibilidad de un tema de nuestra realidad, como la cuestión racial, no presente la circulación lógica de su reconocimiento, estudio y reflejo en los medios; por lo que la salida del problema a nivel social, choca con obstáculos a veces insalvables para que la sociedad gane la conciencia necesaria para su solución.

Ese es el mecanismo que permite que la problemática racial devenga en una cuestión política, porque nos hace visibles para la economía, la ciencia, la educación y los medios  masivos; por lo cual, politizar la cuestión racial, es preparar las condiciones para su visibilización, estadística integral, tratamiento a nivel científico, su lugar en la educación y su presencia en lo que la gente  ve, escucha y lee todos los días, de lo contario, es como si el problema no existiera.

Un último factor fundamental es la necesidad de trabajar para fortalecer la conciencia racial, porque sin ella no es posible luchar contra el racismo, ni destruir los mecanismos que lo retroalimentan continuamente, no como un simple lastre, sino como algo que nuestra sociedad, en su imperfección, es  aún capaz de reproducir.

Lamentablemente, toda nuestra historia, sobre todo la colonial y republicana (aunque también la actual), ha conspirado mucho para que negros y mestizos no tengan conciencia racial. Esto se expresa claramente en un conjunto de fenómenos que nos atacan a diario: no asumirse racialmente,  la carencia de autoestima, el blanquemiento,  y otros que se haría muy extenso relatar aquí.

Septiembre del 2012.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.