La Habana. Año XI.
29 de SEPTIEMBRE
al 5 de OCTUBRE de 2012

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Entrevista con Agustín Laó Montes
Perspectivas de lucha desde los colores fundacionales
Rachel Domínguez • La Habana
Foto: Abel Sánchez (La Jiribilla)

Su identidad como intelectual activista del movimiento afrodescendiente de Latinoamérica y el Caribe le antecede. Durante aproximadamente seis años ha colaborado con comunidades negras de toda la región, y los frutos de esas investigaciones serán recogidos bajo el título Contrapunteos diaspóricos: cartografía política de nuestra afroamérica, entrega editorial que se presentará próximamente en diferentes países, Cuba incluida.
 

Uno de los proyectos que coordina desde hace siete años, Diásporas Afrolatinas, culturas negras y políticas sociales en las Américas, ha tenido una gran incidencia en la formación de redes entre intelectuales afrodescendientes y otras personas que se identifican con el reconocimiento de los temas negros como área de investigación necesitada de un desenvolvimiento autónomo. El próximo año, en el encuentro de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Ecuador, planea conformar una gran red.

También profesor de sociología histórica y de estudios afroamericanos en la Universidad de Massachusetts, donde coordina el segundo doctorado de este tipo en el mundo, Agustín Laó forma parte ahora del grupo de líderes y activistas fundadores de la Articulación Regional Afrodescendiente, cuya oficialización se produjo en La Habana por estos días.

¿En qué contexto surge la iniciativa de conformar una red de este tipo?

Las redes del movimiento social afrodescendiente en América Latina y el Caribe tienen una historia más larga. Sus orígenes concretos se pueden ubicar por el año 2000, durante la Conferencia Regional de las Américas en Santiago de Chile; pero existe una nueva articulación, que se puede llamar Articulación Regional Afrodescendiente, que parte de las redes que se venían construyendo anteriormente. Se trata de un vínculo que entrelaza a todos aquellos que luchan en contra del racismo y por la justicia social, la emancipación, la descolonización y la liberación; que se inscribe dentro de los procesos de cambio histórico en la región, dentro del socialismo del siglo XXI, dentro del proceso de redefinición de lo que hoy significa emanciparse.

Hubo tres reuniones que pueden considerarse acciones iniciáticas para materializar esta idea. Una ocurrió en Ecuador, en diciembre del 2010, como antesala del Año Internacional de los Afrodescendientes, celebrado en 2011; otra aconteció en Cuba, en junio de 2011, y se celebró en el Centro Juan Marinello; y la otra se realizó una semana después: el IV Encuentro Internacional Afrodescendientes y Transformaciones Revolucionarias en América Latina y el Caribe. (Literalmente cogimos el avión desde La Habana hacia Caracas).

En este último encuentro nos reunimos una serie de activistas de toda la región, incluyendo gente de Cuba, y definimos la necesidad de esta articulación. Después se han realizado pequeñas acciones con el fin de que la red evolucionara hacia una organización; pero, verdaderamente, la reunión constitutiva es esta. La idea es que, a la vez que maduramos el proceso a nivel regional, se consolide la articulación de las iniciativas internas del movimiento afrodescendiente en Cuba.

¿Cómo fue el proceso en el que se seleccionó a Cuba como sede del intercambio?

También en 2011, a propósito de las celebraciones por el Año de los Afrodescendientes, tuvimos una reunión en El Salvador en la que estuvo presente una delegación cubana de intelectuales y creadores culturales afrodescendientes (entre ellos Roberto Zurbano, Esteban Morales y Zuleica Romay), para discutir la agenda de los afrodescendientes. En una parte de ese encuentro debatían diversos actores de la sociedad civil, y en la otra se llevaban a cabo discusiones entre los responsables de los gobiernos participantes. En este grupo Cuba estuvo representada por Abel Prieto, quien entonces era Ministro de Cultura.

En algún momento de la discusión, Zurbano planteó la idea de una reunión en Cuba. El planteamiento fue muy bien recibido entre los presentes por la identificación cultural y social con este país, por su tradición revolucionaria y por los esfuerzos que se hacen hoy aquí para profundizar el socialismo cubano con una agenda antirracista. Porque, eso sí, aunque es un problema que persiste, hay una larga historia de combate contra el racismo en este país. Entonces, por la identificación con Cuba, la propuesta de Zurbano, el aval de Abel Prieto y el entusiasmo de la investigadora y escritora Zuleica Romay  sobre todo, no había motivos para que no fuera de esta manera. Ha tomado tiempo, pero ha llegado al feliz desenvolvimiento que tenemos hoy.

¿Qué se puede hacer, según su criterio, en los países en los que constitucionalmente está prohibida toda segregación racial, o de cualquier tipo, y estas siguen existiendo?

En realidad, la gran mayoría de las constituciones en América Latina hoy día se declaran explícitamente en contra de cualquier forma de discriminación. Aquí el primer asunto es la brecha entre lo que dicen las constituciones y lo que pasa realmente en las sociedades. Las constituciones informan de un estatus legal; pero llevar eso a la práctica es un problema mucho más complejo, porque el racismo es uno de los ejes centrales de la opresión desde la creación del capitalismo hace más de 500 años. Por lo tanto, desmontar ese engranaje no es cuestión de leyes solamente.

El racismo tiene tres elementos importantes que van entrelazados. En primer lugar una dimensión estructural que objetivamente ha implicado formas de desigualdad a partir de la esclavitud, y que ha implantado, además, una relación entre desigualdad social y racial en todos los ámbitos de la vida, desde los tipos de empleo hasta las formas de vivienda, la educación, la salud… muy a pesar de las mejores voluntades.

Hay casos como el de Cuba, donde se establecieron políticas universales para la igualdad que transformaron de manera significativa la desigualdad racial y social, pero no pudieron resolver completamente el problema. De hecho, aquí hay investigaciones sobre eso. Se pensó que con políticas universales se iba a resolver el problema de la desigualdad racial, pero no es suficiente. Y este es uno de los grandes temas en Cuba y otros lugares: ¿cómo se van a combinar esas políticas universales dirigidas a lograr la equidad de toda la ciudadanía con políticas específicas que ataquen formas particulares de discriminación y desigualdad, como la discriminación de género, de sexualidad y de raza?

Desarrollar una sociedad en la que la desigualdad sustantiva de clases se pueda vencer, una como la sociedad socialista cubana, no resuelve automáticamente el problema del racismo. Y ese es uno de los temas centrales de la sociedad cubana, el cual está siendo asumido activamente, tanto por el Estado como por su sociedad civil.

El racismo también tiene dimensiones institucionales, por ejemplo en la educación. Al respecto, una discusión importante es que todavía somos víctimas de una educación eurocéntrica arrojada sobre toda América Latina. De este modo las contribuciones, las historias, las memorias, los saberes, los conocimientos y las prácticas religiosas de los afrodescendientes y los indígenas son subalternizados en relación con la visión europea y occidental de lo que es la historia, el arte, la cultura, etc. De ahí que sea un gran reto el hecho de descolonizar la educación.

Y claro, está el racismo de las actitudes, de los prejuicios, que es de lo más difícil de resolver. No se elimina mediante un decreto, ni porque una constitución lo disponga. Es un problema bastante complejo, que requiere estrategias puntuales y múltiples para poder resolver o eliminar el flagelo. Esto es, precisamente, lo que asume el movimiento social de los afrodescendientes: esa lucha contra el racismo como una de las estrategias principales de emancipación de la humanidad.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.