La Habana. Año XI.
22 al 28 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Frank Fernández eN HOLGUÍN

La regia bienvenida al nuevo piano

Alexis Triana • Holguín

Fotos: Amaury Betancourt (Radio Angulo)

Con el último concierto de dos horas y media a lleno total, y con un público que ovacionaba cada interpretación de pie, incluso en filas de sillas agregadas a los laterales, el Teatro Comandante Eddy Suñol bautizó la llegada de su reluciente piano Boston, diseñado con exquisitez por la prestigiosa Fábrica Steinway, fabricado por manos japonesas, y adquirido por el Ministerio de Cultura cubano, gracias a la elogiosa mediación del Maestro Frank Fernández, por la que el Memorial José Martí o el Teatro Terry en Cienfuegos ya poseen estos costosos instrumentos sinfónicos.


Frank Fernández, en el teatro Eddy Suñol, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Holguín
y una integrante del Teatro Lírico Rodrigo Prats.

Debía ser noticia de primera plana en nuestros medios de prensa, en medio de feroces crisis y no peores bloqueos, que un coliseo recién inaugurado hace apenas un año, se dé el lujo de celebrar este esplendoroso concierto. La creciente Orquesta Sinfónica de Holguín, junto con la figura más relevante del piano contemporáneo en Cuba, sostuvo la tradición de que defendieran atriles, entre los 70 músicos en el escenario, dos decenas de estudiantes del Conservatorio de música, y que debutaran nuevos intérpretes del Teatro Lírico Rodrigo Prats en el aniversario 50 de su fundación.   

Es como estar frente a la escena poblada por jóvenes artistas, que fue el sueño anhelado de varias generaciones de promotores culturales, y olvidar el fecundo diálogo con Fidel Castro Ruz en los encuentros de la UNEAC, con aquellos que defendían la creación de una Sinfónica en su provincia, mientras buena parte de las opiniones no ejercidas en el plenario, eran desaprobatorias de la utopía de proyectar una compañía de ballet y una orquesta en cada capital provincial que lo ameritara. 

Así nació la orquesta más joven de Cuba, fundada en el año 2000 casi al mismo tiempo que cerró sus puertas el viejo teatro por peligro de derrumbe. En las escuelas de arte holguineras crecieron los que en la noche del sábado ejecutaban con extraordinaria belleza la Obertura Leonora de Beethoven, a la par de La bella cubana de José White. Y representan, por sobre descreídos e incautos, el mismo espíritu fundacional: laboran sin las más mínimas condiciones en un estrecho salón de ensayos, con el anhelo de ver construida alguna vez la Sala de Conciertos en la Plaza de la Marqueta, al centro de la ciudad que más ha crecido sobre sí misma en los últimos 50 años.

Por sobre cualquier escasez material, ya los han dirigido relevantes directores de orquesta desde Leo Brouwer hasta el chino Zhang Yi o el norteamericano Bernard Rubinstein, y atesoran una trayectoria imponente que ha asumido la interpretación al aire libre de la Obertura 1812 de Tchaikovski, con baterías de cañones de 120 milímetros del Ejército Oriental que disparaban en la Plaza de la Revolución según las notas musicales escritas en la partitura original, o la majestuosa Novena Sinfonía de Beethoven con el coro gigante del Orfeón y el Teatro Lírico de Holguín.


Frank Fernández, al piano, y Orestes Saavedra, director musical de la Orquesta Sinfónica de Holguín.

Hay que defender la memoria frente a la ingratitud. Y si en la misma noche nos deslumbran en el escenario las soberbias voces de dos muchachas de unos 20 años, llámense Claudia y María, justo es evocar al barítono Raúl Camayd Zogbe, fundador de la compañía y de la escuela de canto, quien fue capaz de sacrificar su brillante carrera artística al sueño lírico de su ciudad; el mismo que tuvo que enfrentar a los burócratas de su época, quienes no deseaban entregarle el antiguo teatro Wenceslao Infante, porque quizá preferían el cine con nombre del hacendado ganadero que lo edificó en 1939 con los mayores adelantos norteamericanos de los años 40, y dispuso comprar el moderno cinemascope exhibido en la Feria de Chicago.

Como tampoco estuvo entre titulares, es preciso destacar que el Teatro de Holguín está a punto de cumplir los ingresos previstos para el año en el mes de septiembre, después de que se invirtieran en él más de un millón y medio de divisas convertibles y unos cinco millones en moneda nacional, para refaccionarlo en dos acogedoras salas teatrales, un costoso y funcional tabloncillo, y nueva tecnología escénica con más de cien puntos focales de luces. Aún tendremos que andar con el sombrero quitado para quienes juntaron hombro y decisión por casi una década, con tal de rescatar esta bellísima edificación Art Decó en la tercera ciudad de la Isla, cuando tan solo de las ruinas fue preciso sacar más de 20 camiones de escombros, tal y como se recuerda del primer trabajo voluntario realizado por artistas y trabajadores. Haber logrado con el mismo presupuesto la infraestructura interior de locales que le atraviesa, ampliar el foso y el proscenio para que pueda suceder hoy un hecho cultural semejante, añadir otro piso más de camerinos amueblados y climatizados, tener entrada independiente para la producción, además de una eficiente mecánica escénica de más de 20 varas para escenografía, es mérito indiscutible que no puede acallar ninguna circunstancia.


El nuevo piano del teatro Eddy Suñol es un Boston de tres cuartos de cola,
diseñado por la fábrica Steinway.

En tiempos en que la absoluta economía parece ser el fin, y no el medio para debatir nuestras decisiones inmediatas, es el momento de desplegar cuánto somos y debemos a nuestra utopía como nación. Lo recuerda el Maestro Frank cuando Fidel Castro le interpeló por su empeño de que se adquiriera un gran piano para el Memorial José Martí. “Comandante, como vamos a pasar hambre, hay que escuchar más y mejor música”, opinó el pianista a lo que, asegura, Fidel respondió con absoluto acuerdo.

Sobrevinieron entonces a los molestos apagones, después los necesarios recortes de energía, y fue el momento que, para dar el ejemplo, en el Consejo de Estado se tomó la decisión de apagar la climatización. Quienes cuidaban el Mausoleo sabían el valor de los que protegían las imágenes del Apóstol y de buena parte de la historia de la Revolución cubana, y buscaron la vía de comunicar al pianista la nueva circunstancia para la larga vida del propio piano… y cuando fue el momento de las explicaciones, se impuso por lógica el argumento de la necesaria temperatura y lo que había costado tener ese instrumento en ese espacio: la necesidad de la diferencia.

Es la defensa de nuestros símbolos, como el concierto de estreno de este nuevo piano en el Teatro Comandante Suñol. Poco importa el modelo tres cuarto si es de la mejor calidad, porque hay que seguir pensando el presente y el futuro de este país siempre más allá de una Isla del Tercer Mundo. Son las razones del porqué esa noche aún estremece más allá de los asientos, por la vigorosa cubanía de ejercer a Lecuona a quien algunos de sus contemporáneos no supieron asumir, más las acometidas de la orquesta en “La Gran Rebelión”, y las vibraciones del negro instrumento cual espejo al centro de la escena, cuando el maestro Fernández comenzó a tocar la melancólica canción perdida de Frank País, o el “Tema para Celia”, un canto a la muchacha que acompañó a su padre a establecer el busto de José Martí en la más alta de nuestras montañas de la Maestra. Como la entrada impetuosa de tantos jóvenes del nivel medio de canto lírico, que se colocan a ambos lados del escenario para interpretar a coro los sentidos versos de la “Canción Antigua al Che Guevara”. Nadie impuso este programa. No lo eligieron para hacer propaganda gubernamental, que se necesita mejor que nunca. Y basta cerrar los ojos a los que estuvimos, para percibir aún la energía espiritual de un nuevo canto. Porque esa fue la quintaesencia del estreno que escapó otra vez a los reportes de prensa, y caminó en la voz popular por las calles, donde al otro día, hasta en el mercado de los plátanos, comunes ciudadanos  felicitaban al Maestro.


Harold Ricardo Corella, director general de la Orquesta Sinfónica de Holguín,
entrega un reconocimiento a Frank Fernández.

Ha llegado un nuevo piano al Teatro. No hay fuerza capaz de impedir que sigamos rumbo a nuevas utopías. Porque, en palabras de Rabindranath Tagore que Frank Fernández porfía, cuando se cierran las puertas a todos los errores, la verdad también se queda afuera. 

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.