La Habana. Año XI.
22 al 28 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Eslinda Núñez:
“Mi personaje más difícil”
Abel Sánchez • La Habana
Fotos: Abel Sánchez y Cortesía del ICAIC

La han descrito de muchas maneras, como una excelsa actriz, una persona modesta, una guerrera, o la han llamado, sencillamente, Lucía. Algunos, utilizando su nombre, han hecho predecibles juegos de palabras que aluden a su inextinguible belleza. Pero, creo yo, la definición más exacta la dio el escritor Rafael Grillo, porque Eslinda Núñez es, ante todo, el misterio. De ese enigma que nunca llegan a revelar sus ojos, proviene su fuerza.

Han pasado 30 años desde que Humberto Solás la pusiera frente a la cámara de Cecilia. En ese momento Eslinda ya era, lo que se dice, una actriz de experiencia. Había pasado por la academia, el teatro, La primera carga al machete, de Manuel Octavio Gómez, Memorias del subdesarrollo, de Titón, Un día de noviembre, de Solás; y, por supuesto, la segunda historia de Lucía, también de este director. No obstante, meterse en la piel de Isabel Lincheta, la rival de Cecilia por el amor de Leonardo Gamboa, no fue tarea fácil. “Es, quizá, la película más difícil que he interpretado”, reconoce ahora, tres décadas después.

“Humberto en varias ocasiones me había ofrecido algunos personajes para sus películas, aunque no todos acabé interpretándolos yo. Pero, afortunadamente, me dio el personaje de Isabel Lincheta. Sé que se hicieron pruebas a varias actrices, incluso a la mujer de Imanol Arias, y al final el personaje fue mío”.

Solás no hacía grandes ensayos, prefería guardar los mejores momentos para el rodaje. Antes de filmar, visitaba las locaciones, hablaba con los actores sobre los personajes y hacía que estos leyeran libros e investigaciones de la época. En el caso de Isabel Lincheta, se trataba de una mujer que leía a José Antonio Saco, tenía una tertulia donde se intercambiaban ideas, estaba al tanto de la revolución industrial, detestaba el mundo de la esclavitud, más que por altruismo, por una cuestión mucho más práctica: llegó a comprender que frenaba el progreso.

“Humberto me hacía trabajar con mucho rigor —rememora Eslinda—, Isabel era una mujer muy fuerte, no dogmática, pero sí pragmática. No sé si lo conseguí o no, pero traté todo el tiempo de seguir sus indicaciones y creo que el personaje cobró un valor dentro de la obra. Cuando empecé a hacer este papel me sorprendieron muchas cosas que Humberto apuntaba en el guion. A veces, me daba cuenta de que el personaje me llevaba mucho más allá de mí misma, que casi se movía solo, me sorprendía, era un poco más audaz de lo que yo pensaba que podría llegar a ser, gracias a la libertad que me dio Humberto para llegar a la esencia de Isabel.

“Era algo que me ocurría cuando pintaba, me ponía ante una hoja en blanco y decía: voy a pintar una mariposa, entonces a la mariposa le agregaba un árbol, yerba, un camino, una montaña y, de buenas a primeras, resultaba algo que no era lo que pensaba hacer en un principio. Eso mismo pasa con los personajes, te arrastran, vas encontrando cosas y te vas dando cuenta de que hay una serie de vericuetos en el pensamiento de esta mujer que te llevan a lugares insospechados. Sobre todo con un director como Humberto que era tan sensible pero a la vez tan exigente; un director que constantemente te pedía cambios y una tenía que estar abierta a ellos en el momento de actuar. Eso fue algo que me pasó en Lucía. Con Cecilia tuve que seguir más los diálogos porque era la adaptación de una novela, una adaptación muy libre, pero adaptación al fin y al cabo. Aun así, hubo momentos de espontaneidad, a veces Humberto cambiaba una escena o una locación”.

Lo recuerda como el artista extraordinario que fue, un hombre muy culto e intuitivo. Inteligente y simpático. Irónico hasta la mordacidad, pero de una sensibilidad extrema. Eslinda entorna los ojos y parece que lo viera, siempre exigiéndose a sí mismo, sin descansar nunca. Fumando en un rincón, angustiado o divertido, imaginando la escena que haría a continuación. A veces reía solo o se atormentaba porque no encontraba la forma de lograr que los actores hicieran lo que él pretendía, aunque, al final, siempre lo lograba. Nunca decía directamente cómo había que hacer una escena, sino que buscaba mecanismos para que los actores llegaran a ella. Con Cecilia fue particularmente preciosista, puntilloso en todos los detalles: escenografía, música, actuación, vestuario, hasta con el peinado de los actores.

“Cecilia tiene muchos valores —asegura Eslinda—, es una película muy importante para la cultura cubana. El hecho de que Humberto hiciera una versión muy libre, hizo que en un momento determinado hubiesen suspicacias con respecto a la película, pero desde mi punto de vista eso fue tonto. Porque, ¿cuántos directores no llevan de una forma muy libre un tema y no pasa nada? La película no fue valorada en su justa medida. Pero Cecilia es una de las obras más importantes de la cinematografía cubana, me parece que es una obra extraordinaria, descomunal, que nos trasciende”.

Solás solía decir que Cecilia era su mejor película. Cuando le pregunto a Eslinda si coincide con él, duda, mira en derredor, reflexiona. Luego, los ojos más enigmáticos del cine cubano se posan en mí:

“Yo estoy muy involucrada en muchas películas de Humberto —me dicen— y realmente Cecilia me parece una obra trascendental, igual que El siglo de las luces. Pero, aun así, sigo pensando que en Lucía, logró una conjunción de pensamiento, de cubanía, de belleza estética, de sensibilidad, que nos definen a todos como cubanos. Me parece que Lucía es la gran obra de Humberto Solás”.

 
 
 
 


GALERÍA de Imágenes

Cecilia, de Humberto Solás

CINE EN LA JIRIBILLA:

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.