La Habana. Año XI.
22 al 28 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Acerca de la fotografía de Cecilia
Contrastes: el color del XIX
Livio Delgado • La Habana
Fotos: Abel Sánchez y cortesía del ICAIC

Curiosamente, en la época en que se estrenó Cecilia, muchos nos preguntamos dónde estaban los críticos, pues, cuando a finales de año señalaron las películas más significativas del periodo, Cecilia no estaba entre ellas.

Para mí fueron 14 meses de rodaje intenso. Era muy angustioso porque el trabajo del fotógrafo de cine se realiza cuando todos están hablando, en las peores condiciones de concentración para crear, algo que no pasa, por ejemplo, cuando el director trabaja. Sin embargo, a pesar de todos esos retos, creo que el mayor privilegio que tuve como cineasta fue haber trabajado con Humberto Solás.

Lo más difícil de aquel proyecto es que yo no fui quien empezó a filmar la película, y tuve que acostumbrarme a la iluminación, a los conceptos de Humberto y la maraña que él tenía para sacar del elenco lo mejor. Me llamaron para continuarla y, aunque fue muy difícil para mí sustituir al hombre que hizo Lucía, le dije que al otro día estaría allí. No obstante, cuando existe una conexión estética entre el fotógrafo y el director, casi siempre todo sale bien. Además, estamos hablando de un hombre que sabe hacer cine.

No nos dábamos cuenta, pero estábamos creando un “monstruo”, algo espectacular. Siempre sucede así, porque nadie hace el mejor trabajo de su vida consciente de que ese, precisamente, es el mejor trabajo de su vida: sale y punto. Y eso que trabajamos con una tecnología atrasada; no había monitor ni televisión y teníamos que esperar 15 días para que se revelara el negativo y poder ver la película.

Humberto no hacía storyboard, ni preparaba nada. Me decía: “Entra por la puerta y olvídate de lo demás”. Los contrastes en la película eran salvajes: caras blancas, cortinas oscuras. Cualquiera con un poco de cordura habría rechazado trabajar en una película tan compleja, larga y agotadora como esa. Pero nosotros teníamos, en aquel entonces, una vocación descomunal por hacer cualquier cosa que resultara difícil.

Además de Cecilia, también trabajé con Humberto en Un hombre de éxito, en Amada y El siglo de las luces, cuatro películas totalmente distintas. Recuerdo que una vez le pregunté cómo era que quería la imagen, y me contestó: “Como Gatopardo, pero con el toque tuyo”.

Entonces, convertir la Plaza de la Catedral en la del siglo XIX significaba ajustar el color, porque no se trata de un documental. Se trabaja con el mismo negativo, pero se le satura color, se le cambia la coloración, y se ajusta la selección del vestuario; porque el fotógrafo tiene que trabajar con el escenógrafo, el vestuarista, etc. Todo lo tiene que traducir con un lente.

El privilegio fue enorme. Era una época maravillosa y, además, teníamos en las manos una industria y nada menos que alrededor de cien personas para hacer una película. Aquello se parecía bastante a los juegos infantiles; fue como jugar a las casitas, pero haciendo cine.

 

Fragmento de la intervención en el panel Connotación de Cecilia en el cine y las artes cubanas. Casa del ALBA Cultural, La Habana, 18 de septiembre de 2012.

 
 
 
 

CINE EN LA JIRIBILLA:

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.