La Habana. Año XI.
22 al 28 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Venezuela: “Son muchas las emociones”

Theotonio Dos Santos • Brasil

Nuestras oligarquías están acostumbradas a desmoralizar el rol de la emoción en la actividad política. Les gusta descalificar a los líderes con fuerza popular. Fidel habla demasiado. Hugo Chávez apela a la jocosidad, al baile, etc. Correa es más comportado pero también es muy emocional. Lula juega con su pasado popular y se hace burlesco. Evo Morales usa ropas indígenas que no caen bien en recepciones formales. Mujica, además de usar zapatos barreados, se hace pasar por hacendado pobre. Cristina Kirchner busca imitar las ropas “exageradas” de Evita Perón. Cuantos más líderes aparezcan se les descubrirá este aire popular y romántico que, según ellos, pertenece al mundo de la demagogia y no de los “Jefes de Estado”. Los Jefes de Estado usan ropas sobrias, hablan moderadamente y no cumplen sus compromisos electorales, pues no son demagogos que hacen lo que el pueblo exige. A las oligarquías les duele así el mundo democrático, las victorias electorales de los “demagogos” y sus diálogos con las fuerzas populares organizadas, aun después de electos. No lo confiesan, pero les duele incluso el juego democrático norteamericano, pero frente a esto se quedan tranquilos, porque sus líderes no pretenden cumplir sus promesas electorales. Por esto me siento obligado a establecer un marco romántico y emocional para describir mi último viaje a Venezuela. No puedo dejar de consignar el sentimiento de victoria popular y el placer de contar con su líder otra vez. ¿Por qué no apelar entonces a la música de Roberto Carlos?: “Son tantas las emociones”. Me emociono al ver frente al Hotel Alba, el antiguo Hilton, en una de las zonas más nobles de Caracas, desde la vista de mi cuarto, la construcción casi terminada de un edificio de varios pisos, con departamentos de 70 a 90 metros cuadrados destinados a las víctimas de las últimas lluvias que destruyeron barrios populares de Caracas. Soy informado de que el gobierno venezolano abrigó los damnificados en algunos de los mejores hoteles de Caracas, en los ministerios y hasta en el Palacio de Miraflores. ¿Y qué veo frente al edificio, ocultado en parte por la piscina del hotel? Una gran y bien plantada huerta, que refleja otro programa del gobierno. Me muestran aún en los principales barrios de Caracas las construcciones masivas de viviendas populares que pretenden abrigar en los próximos años toda la población de Venezuela. Y lo creo porque quien se encarga de este programa es mi amigo Farruco Sesto, que lanzó y viabilizó un programa cultural de vanguardia cuando fue ministro de la cultura. Me acuerdo entonces de los barrios populares que visité, en los cuales la organización comunitaria actúa con fervor definiendo nuevas líneas de acción, escuchando las conferencias de los congresos anuales de filosofía que se realizan hace varios años en estas comunidades, visitando sus bibliotecas adonde están mis libros también, cuidando de las clínicas médicas en que los médicos cubanos no solo atienden a gente con cariño y esmero sino que también forman personal médico y paramédico “especializado” en clínica general, capaz de cumplir la función que le cabe a las más de 5000 clínicas que se crearon en el país en los últimos 10 años. Confieso que me emociono con el entusiasmo de estos comuneros urbanos que me vienen a explicar cada una de sus actividades, cada una de las victorias de la Revolución. Ellos me hacen recordar a mis acompañantes al Museo de la Alfabetización en Cuba, que van a los archivos del museo para buscar sus fichas de alfabetizadores de cuando eran aún niños o adolescentes. Recuerdo de cuando Fidel Castro estableció, en los albores de la Revolución, que cada cubano debía apenas alfabetizar a dos cubanos para que todos participen de la alfabetización de sus conciudadanos. Y hoy estos millares de alfabetizadores liquidan esta plaga de nuestros pueblos en todo los rincones: en Venezuela, declarada por la UNESCO “territorio libre del analfabetismo”, o Bolivia que recién lo alcanza también o Ecuador o Nicaragua o El Salvador o todos los países miembros del ALBA, que entiende por integración la solución de este tipo de problemas. Pero, como intelectual, no puedo ocultar mi emoción cuando voy a realizar mi primera conferencia de este viaje en la Universidad Bolivariana que ya cuenta con más de 150 000 estudiantes que, mezclados con sus profesores, colocan cuestiones ultra procedentes sobre la particularidad del proceso de transición socialista en Venezuela. Me emociona también saber que Venezuela cuenta hoy en día con una población universitaria de más de un millón y medio de estudiantes. Me asusta saber que ya existen instituciones universitarias en todas las ciudades del país. Me entusiasma también discutir los problemas graves que tiene esta aventura intelectual de la cual participa todo un pueblo. Qué placer discutir en la televisión en un programa nocturno, con una periodista tan bien informada y tan inteligente como Vanesa Davies, que dirige el programa Contragolpe. Qué bueno ver que en vez de impedirme expresarme como lo hacen en las tierras donde hay “prensa libre”, me piden más análisis, más información, más polémica y discusión. Y todo esto al vivo… Qué bueno que ya puedo hacer esto en una decena de televisoras en América Latina… Pero el día siguiente me reservaba aún más emociones. Debía hablar sobre mi libro Imperialismo y Dependencia recién editado por la prestigiosa editorial Ayacucho, en el Auditorio de la sede del Banco Central en Maracaibo. Y encuentro en el auditorio, además de profesores universitarios, economistas y profesionales, una vasta población de dirigentes comunales y de extracción popular. Qué gusto estar en un Banco Central abierto a las comunidades, realmente “independiente” de los banqueros y otros especuladores con dinero ajeno que mandan y desmandan en nuestros bancos centrales, disfrazados de una burla llamada “mercado”, cuya opinión aún determina las políticas financieras y monetarias de nuestros países. Es con mucho gusto que participo de la inauguración de la Feria del Libro de Maracaibo cuando puedo mirar la investigación que muestra Venezuela en el tercer lugar de América Latina en frecuencia de lectura con el porcentaje de más del 50% de la población que son lectores contumaces de libros. Me da gusto saber también que todos mis libros editados en Venezuela ya están agotados con programación de nuevas ediciones en marcha. Qué fantástico participar en la tarde del mitin de lanzamiento, en el estado de Zulia, de la candidatura de Hugo Chávez a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Con 40 grados centígrados de calor veo una masa de unos 300 mil ciudadanos que estaban a la espera del candidato desde las 10 horas de la mañana y que aguantaron hasta el fin de la tarde, apretados en un espacio mínimo por persona, con sus hijos y parientes, algunos desmayándose para desesperación de los responsables de la seguridad, que los tenía que cargar para las clínicas dispuestas cerca de la concentración. Pero lo emocionante es sentir la alegría y el calor humano que emanaba de esta gente y que llegaba al delirio en la medida en que Chávez llegaba en un camión que recorrió el gigantesco espacio ocupado por esta masa. El camión de Chávez traía con él un joven grupo de rock que había compuesto una nueva canción para su campaña. No satisfecho de abrazar a los millares de ciudadanos que lograron agarrarlo y besarlo en el camino entre el carro y el palco, Chávez tuvo fuerza para tocar la guitarra y acompañar el grupo de rock. No pudo dejar de recordar los artículos de periodistas brasileños que (uno de ellos es inclusive miembro de la Academia de Letras de Brasil, para escándalo de los verdaderos escritores del país) afirmaban que Hugo Chávez estaba próximo a morir y no podría enfrentar una elección. Podían hacer estas “revelaciones” porque ellos tenían informaciones de médicos brasileños “democráticos” que no ocultan informaciones como los pobres y censurados periodistas venezolanos, impedidos (¿por quién?) de informar correctamente a su población. Estos mismos periodistas “democráticos” habían matado varias veces a Fidel Castro durante su enfermedad y no dijeron nada cuando se restableció hace varios años ya, ni notician como él discutía durante 9 horas con intelectuales miembros de la Red en Defensa de la Humanidad en La Habana, hace ya algunos meses. Cuánta mentira, cuánta “copucha” orientada que se distribuye impunemente en esta “prensa libre”… ¿Pero qué decir del discurso de Chávez? Una pieza de profundo análisis histórico discutido con esta masa que acostumbra a ser despreciada por nuestros políticos, quienes en general no sabrían cómo ni se preocuparían en explicar tan profundamente las razones de su candidatura en una ciudad que el Libertador Simón Bolívar escogiera para ser vecina de la capital de la Gran Colombia, que le habría tocado gobernar si no fuera asesinado, según la tesis de Chávez, expuesta en detalle para esta población que ya aguantaba más de diez horas de sol a 40 grados de temperatura y que continuaba firme escuchándolo y comentando con gritos y aplausos sus planteamientos. Razón y emoción se encuentran en este desborde de cariño por el líder que superó la enfermedad, que conmovió a su pueblo feliz de verlo hablar durante dos horas bajo el sol, sin ninguna manifestación de debilidad. Verlo discutir en detalles los planes de cambio del estado de Zulia, que se encuentra gobernado por la oposición. Verlo afirmar que el camino socialista para Venezuela solamente es posible si el pueblo es capaz de garantizarlo. Emociones y más emociones cuando lo escucho y lo veo dirigirse a mí tantas veces, en homenaje a mi condición de intelectual brasileño (que tanto discutió con los venezolanos sobre nuestro destino común) y por amor al Brasil que lo hace referirse a Lula y a Dilma con extremo cariño, para gozo del pueblo allí presente y en todo el país a través de la televisión. Líder y pueblo se complementan en sus gustos musicales, en sus estudios (pues Chávez lleva algún libro a cada una de sus manifestaciones públicas para compartir con su pueblo sus últimas lecturas, sus preocupaciones, sus críticas y autocríticas, sus concepciones políticas). Jamás la derecha podrá tener un líder así. Lo único que les cabe es intentar desmoralizarlo, lo que los aparta aún más de las grandes mayorías que piensan y sienten exactamente lo contrario. Me cabe referirme más a las emociones de este viaje. Al placer de hablar a los directores de los varios Ministerios en el Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional, a los Rectores de las Universidades Bolivarianas, a los colaboradores del Centro Rómulo Gallego, y particularmente en la sede nacional del Banco Central, con la presencia de varios de sus directores y dirigentes pero también de líderes populares que tienen las puertas del banco abiertas a su participación. Banco Central que se interesa por “la actualidad de la teoría de la dependencia” (ignorada por la mayor parte de los bancos centrales). Casi todo esto lo viví en la compañía de Mónica Bruckmann, cuya obra de investigación sobre “la geopolítica de los recursos naturales” despierta un interés extremo del Banco Central de Venezuela y de los intelectuales, profesionales y políticos así como en los liderazgos populares no solo de Venezuela sino que en toda la región. “Son tantas las emociones”. Tan poderosas no solo cuando constatamos el avance de la curiosidad intelectual de este pueblo mas también cuando sentimos este amor entre el pueblo y sus líderes. Pero tan tristes cuando pensamos cuán lejos estamos de alcanzar este ambiente de participación racional y romántica de un pueblo con sus líderes. Lula quebró en parte estas rigideces impuestas por nuestras clases dominantes. Dilma está conquistando nuestro pueblo con su dedicación y amor sincero por él. En toda la región sentimos este clima de participación activa del pueblo en nuestro ambiente político. Sin embargo, falta un poco más de confianza en este pueblo que seguramente recompensará con su cariño y dedicación a los que quieran jugar junto con él la suerte de nuestra gran nación latinoamericana.

(Tomado del blog del autor)

 
 
 
 

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