La Habana. Año XI.
22 al 28 de SEPTIEMBRE
de 2012

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El hombre que reta a los monumentos
Reynaldo González • La Habana
Fotos: Cortesía del ICAIC

Cecilia Valdés, desde que comenzó a escribirse hasta 1882, año en que don Cirilo la termina, cambió la literatura cubana. Esa novela dio comienzo a la ficción, en firme, y la definió de manera inconmovible. Ya no podía escribirse de otra manera. Humberto Solás sabía que estaba enfrentándose a un juego duro, que estaba trabajando con la más importante novela decimonónica de Cuba.

Pocas veces un cineasta ha tenido tantos retos, en momentos determinados, como Humberto cuando decidió realizar esta versión de Cecilia. Versión que, por demás, siempre se ha dicho libérrima. Sin embargo, creo que hasta ese momento fue el primer realizador que se propuso cumplir lo que Villaverde había querido decir.

El primer desafío es, sencillamente, que la novela, como he dicho en otros momentos, es un monumento literario cubano del siglo XIX. Tengo un libro que se llama Contradanzas y Latigazos sobre esta novela en sus tiempos. Allí conté, página a página, las partes que le dedica Villaverde al romance de los hermanastros y al posible incesto, que eran los elementos cumbres del manierismo con que se trabajaban siempre estos temas sentimentales. Villaverde sabía que estaba manejando un tema propicio al sentimentalismo, que ya se venía utilizando desde el romanticismo. Por eso, cuando él hizo el prólogo, dijo: “dejé aparte estas cuestiones y quise entrar en la realidad”. Este Villaverde dedica muy poco tiempo a Cecilia y Leonardo; en cambio, le dedica mucho más tiempo a la economía, al tema religioso, a la esclavitud, a los problemas de la racialidad en su época, a la situación de la mujer. Si alguien deseara conocer el siglo XIX previo a las guerras de independencia, no hay en América Latina un relato que corresponda más a un paisaje moral logrado —que es lo que le interesa al autor—como el de Villaverde con el paisaje moral de la esclavitud en Cuba. Hay que estudiar Cecilia Valdés; y él escribió estudiando. Se dice mucho que él estudió con nostalgia, como recordando; pero la nostalgia siempre tiene algo que edulcora, algo que suaviza: y él no suavizó; él fue de una dureza y, por momentos, de una crueldad impresionante. Da una descripción cruel de algunos momentos de la esclavitud, de los sentimientos, sobre cómo la esclavitud destruyó a la familia negra cubana: el amo cuando quería, separaba a la mujer del negro y la ponía en un ingenio azucarero, y al negro lo mandaba para la construcción de fortines; si le gustaba la muchacha, la aislaba del posible novio, etc. Esto está descrito con una fuerza enorme. La forma en que Villaverde ubica la historia de María de Regla, una mujer a quien él dota de inteligencia y capacidad verbal en su condición de esclava (muy marcada ya por los refinados gustos de la familia Gamboa), como principal testigo de esa crueldad, es un gran hallazgo. 

El personaje que representa la bellísima Eslinda Núñez es también víctima de la crueldad de Villaverde; machorra, le dice. Es más, busca una palabra que nadie comprendió, y que me costó trabajo encontrar: virago, que es una mujer hombruna. Se trata de una mujer que no tiene grandes avances económicos; maneja la contabilidad de una finca y su padre dice que “lo hace como un hombre”. Pero ella lucha por ser una mujer seductora, y Eslinda le da unos matices extraordinarios a este personaje tan difícil.

Otro de los retos asumidos por Solás está también en la representación del paisaje. La fotografía fue incisiva, con unos enormes primeros planos y después, en algunos momentos, un paneo, una secuencia larga de la Plaza de la Catedral, por ejemplo.

Los diálogos, por su parte, son de una precisión impresionante, para cumplir con lo que ha querido decir Villaverde.

Humberto logra sintetizar en hechos poéticos la obra de Cirilo, con su “mala manía” de ver y leer con cortapisas, con interés marcado. Venimos de puestas en escenas, sobre todo del ballet, que adornan la pobreza, la tristeza y la prostitución. El lector se quedó con esa imagen, con las puestas anteriores en el cine. Y luego, se encuentra con la lectura de Humberto, que frívola no es. Habrá otras cuestiones que señalarle a la puesta en escena; pero él hizo un esfuerzo enorme en la secuencia del ingenio, por ejemplo, cuando arrastran a Isabel por entre los negros esclavizados a las calderas, etc.

Negarle una poética a Humberto sería criminal. Sería imposible pedirle a un hombre con un talento tan desbordante, con una poética tan planteada, tan bien informada, que no lo expresara. Entonces no hubiera hecho arte. Lo que le han señalado a Cecilia es el arte.
 

Fragmento de la intervención en el panel Connotación de Cecilia en el cine y las artes cubanas. Casa del ALBA Cultural, La Habana, 18 de septiembre de 2012.

 
 
 
 


GALERÍA de Imágenes

Cecilia, de Humberto Solás

CINE EN LA JIRIBILLA:

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.