La Habana. Año XI.
15 al 21 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Armando Suárez del Villar (1936-2012)

Un mito del teatro cubano

La Jiribilla

Uno de los más relevantes artistas de la escena cubana se despidió de la vida. El dramaturgo y director Armando Suárez del Villar, destacado además como formador de varias generaciones de teatristas en Cuba, falleció en la madrugada del lunes en La Habana, a los 76 años de edad. 

Con motivo de la entrega en 2010 del Premio Nacional de Teatro por su labor en el rescate, investigación y puesta en escena del teatro clásico cubano, el jurado reconoció entre las razones su “preocupación por el desarrollo del género musical, para el cual ha creado más de 30 propuestas artísticas, entre las que se destacan La traviata y La esclava, zarzuelas como Cecilia Valdés, obras musicales como Las vacas gordas y su trabajo continuado con el Teatro Lírico Nacional, el Teatro Lírico de Holguín y el de Pinar del Río. Por su trabajo, por más de 30 años en el hito cultural de nuestro país que es Teatro Estudio. Por la protección y apoyo al género del humor y su Centro Promotor. Por ser uno de los encargados esenciales de la formación de varias generaciones de artistas escénicos. Por su labor por más de 20 años en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte (ISA), de la cual fue decano por diez años consecutivos. Por su atenta mirada, guía y defensa de los jóvenes creadores; por su dedicación y entrega sin condiciones al teatro cubano”. 

Junto con su padre, Suárez del Villar fundó el Grupo Ateneo en su natal Cienfuegos y luego, con Isabel y Alberto Panelo, el Conjunto Dramático de esa provincia. Su pasión por la cubanía le llevó a montar varias obras del teatro bufo desde una visión contemporánea, que otros directores y críticos consideraban como simples tentativas de imitar a los poetas románticos españoles.  

Muchos recuerdan aún la exitosa puesta de El Becerro de Oro, de Joaquín Lorenzo Luaces, y El Conde Alarcos, de José Jacinto Milanés. Además, trabajó obras de autores del siglo XX como Carlos Felipe, José Ramón Brene y Virgilio Piñera. Algunas de las más recordadas son Baltasar, La hija de las flores, Santa Camila, y la ópera trova Donde crezca el amor, entre otras. 

Entre sus aportes principales a la escena cubana estuvo la de profesor de actuación y dirección en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte. “Pienso que lo importante es desarrollar gente joven con talento. Por otro lado, es imprescindible que los viejos seamos rigurosos con ellos para saber escoger quiénes deben quedarse y trascender”, confesó a La Jiribilla en el año 2010.

Entre sus principales distinciones se encuentra el Premio Nacional de Enseñanza Artística en el año 2008 y el Premio Nacional de Teatro en 2010. 

A propósito de este último, su alumno Norge Espinosa confirmó que Armando no era un hombre que gustase de homenajes, pues tendía a escabullírsele a periodistas y devotos. “Estará en el abrazo de quienes lo queremos y provocamos —sentenció Espinosa—, de quienes lo acompañamos en funciones a veces insoportables, y nos alegramos con su propia risa cuando el talento de veras cubre el escenario y el teatro vuelve a esperanzarnos”.

 
 
 
 
VEA EN LA JIRIBILLA:

Un Maestro de vida
Norge Espinosa

Un premio llega “de pronto”
para agasajar toda la vida

Mabel Machado

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.