La Habana. Año XI.
15 al 21 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Toronto fue encrucijada de casi todos
los estilos
Joel del Río • La Habana

A lo largo de los 11 días que abarcó la 37 edición del Toronto International Film Festival (TIFF) se pasearon por las pantallas del downtown más de 300 de las películas más incitantes, representativas, acreditadas y novedosas, realizadas en unos 60 países. Y aunque las alfombras rojas de las presentaciones de gala, los miles de fotografías y reportajes de los medios de información recaigan, año tras año, en los filmes norteamericanos y británicos capaces de ganar alguna nominación al Oscar y atraer a las mayoritarias audiencias de Canadá y EE.UU., Toronto quiere ser también un evento clase A de los que delimitan las principales corrientes que animan al cine mundial en otros ámbitos menos poderosos y vocingleros.

Por supuesto que estuvieron dando conferencias de prensa y promocionando sus nuevos filmes los intérpretes y directores más conocidos de Hollywood. Aunque buena parte de los medios se empeñaran en comentar la ropa, los recientes escándalos, y el glamour de las estrellas, a veces se hablaba también de las películas, de lo que aportan y conmueven. Hablando sobre la presencia en el festival de la vieja guardia del cine norteamericano, Tom Hanks, Halle Berry y Susan Sarandon dieron sus opiniones sobre la grandiosa y sorprendente Cloud Atlas, cuyo argumento y estilo abarca múltiples historias, épocas, varios intérpretes que encarnan diversos personajes y un amplio abanico de géneros (desde el thriller y el romance hasta las aventuras, la comedia y la ciencia ficción); Robert Redford protagoniza y dirige The Company You Keep, un repaso a la supervivencia de los ideales de quienes se enfrentaron al sistema en los años 60, mientras que otro  celebradísimo actor, Dustin Hoffman, debutó como director en una superhistriónica y nostálgica reflexión sobre la vejez con el desempeño de los consagrados británicos Maggie Smith, Tom Courtenay, Pauline Collins y Billy Connolly.


Cloud Atlas

En cuanto a las siguientes generaciones, Bruce Willis presentó Looper, un thriller de endiablado ritmo y la argucia de viaje en el tiempo; Will Smith encabezó la promoción del documental Free Angela and All Political Prisoners, un recorrido por la convulsa época que le tocó vivir a la activista política Angela Davis; la joven y bella Kristen Stewart, muy popular por la serie televisiva Twilight, logró empujar a una primera fama On the Road, coproducción franco brasileña dirigida por el brasileño Walter Salles, adaptación de la novela del anticonformista Jack Kerouac, y Ben Affleck se convirtió en una de las figuras más asediadas por su protagonismo de la romántica y antimelodramática To the Wonder, bellísima reflexión del maestro Terrence Malick sobre el amor y sus contrarios, la culpa y el arrepentimiento, y además dirigió su tercera película, que se titula Argo y se inspira en la historia real de un oficial de la CIA que finge ser realizador de cine para rescatar a varios rehenes norteamericanos en Irán.


To the Wonder

Aparte de las ya mencionadas, probablemente quede un panorama completo sobre lo mejor del cine anglosajón que veremos en lo que queda de 2012 si mencionamos otros filmes que generaron muchísimos admiradores. La nueva película de Paul Thomas Anderson, situado en el pináculo del cine norteamericano con las anteriores Magnolia y There Will Be Blood, se titula The Master y contiene actuaciones de Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman dignas de nominación a cualquier premio que se precie de riguroso. Muy famoso por El orfanato, el español J. A. Bayona puso los talentos de Naomi Watts y Ewan McGregor en función de recrear las aciagas horas del tsunami de 2004 en Tailandia a través de la impresionante The Imposible, en tanto Joss Whedom decidió adaptar nuevamente a Shakespeare en la comedia romántica arquetípica que es Mucho ruido y pocas nueces, filmada en blanco y negro y adaptada a la contemporaneidad con la apuesta más a favor del entretenimiento que de conservar las eternas ideas sobre el amor expresadas por el bardo inglés.

Y hablando de adaptaciones literarias y reconstrucciones históricas: los argumentos de algunas de las películas más atractivas de Toronto provenían de libros o describían incandescentes momentos del pasado. Uno de los títulos más perseguidos e hiperpromocionados fue la nueva y postmoderna versión de Ana Karénina, muy en la línea de la teatralizada, videoclipera Moulin Rouge, y que representa el tercer éxito del tándem integrado por la bella Keira Knightly y el director Joe Wright, quienes convirtieron en triunfos mundiales las anteriores Atonement y Orgullo y prejuicio. También del Reino Unido, Hyde Park on Hudson presenta a Bill Murray haciendo de Franklin Delano Roosevelt en 1939, y Grandes esperanzas nos regresa a Mike Newell dirigiendo a los estelares Ralph Fiennes, Jeremy Irons y Helena Bonham Carter.


Ana Karénina

El chino Hur Jin-ho acomete con brío una nueva versión de Amistades peligrosas en el Shanghai de los años 30, el danés Nikolaj Arcel retrata las postrimerías del siglo XVIII y el avance iluminista en una nación monárquica mediante Royal Affair, y el kazajo Darezhan Omirbayev se apoya libremente en la dostoievskiana Crimen y castigo para El estudiante, dura crítica a la deshumanización del periodo postcomunista. La película póstuma del francés Claude Miller (Thérese Desqueyroux) se inspira en la novela de Francois Mauriac sobre una joven provinciana casada sin amor, y a la pasión y al deseo de reafirmación sobre la identidad personal se consagra Blancanieves, del español Pablo Berger, inspirada por igual en el cuento archiconocido que en el blanco y negro de los melodramas silentes.  Lore, de la directora australiana Cate Shortland, se apoya en la novela de Rachel Seiffert para contar otra historia de supervivencia desde el punto de vista de los alemanes vencidos, y el afamado Francois Ozon adapta una obra de teatro del español Juan Mayorga en Dans la maison, que de seguro se añadirá a los mejores títulos del prolífico cineasta.

También en el capítulo de los retros sobre circunstancias políticas más recientes apareció la italiana Venuto al Mondo, de Sergio Castellito y con Penélope Cruz, sobre un amor en medio de la guerra que desgarró algunos países balcánicos en los años 90. Tommy Lee Jones interpreta al general norteamericano Douglas MacArthur, encargado de decidir la suerte del emperador Hirohito luego de la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Oliver Assayas reconstruye meticulosamente la contracultura juvenil francesa de los años 70 en Después de mayo, y a la misma época, pero en Londres, se remite la británica Sally Potter en Ginger y Rosa, que se relaciona indirectamente con la Crisis de Octubre, y presenta a sus dos muchachas protagonistas en tanto símbolos de la Guerra Fría y la Carrera Armamentista. El serbio Goran Paskaljevic  coloca a su protagonista ante el redescubrimiento de lo que significó el holocausto para la generación que vivió la Europa asolada por el nazismo, y el israelí Eran Riklis retrocede a la guerra de 1982, entre Líbano e Israel, para contar, en Zaytoun, una historia de amistad protagonizada por Stephen Dorff, un actor rescatado de la inopia intelectual por Sofía Coppola.


Ginger y Rosa

Como todos los años se aparecieron las nuevas películas de los más influyentes realizadores del mundo. El portugués Manoel de Oliveira, con 103 años, dirigió a Claudia Cardinale en Gebo et l´ombre; Bernardo Bertolucci sigue fascinado por los descubrimientos de los jóvenes en Io e Te; el austriaco Michael Haneke y su Amour confirmaron la precisión tonal del cineasta a la hora de lidiar con temas como la vejez y la mortalidad; en tanto el rumano Cristian Mungiu, autor de la recordada Cuatro meses, tres semanas y dos días presentó Más allá de las colinas, un nuevo estudio de la sensibilidad femenina quebrada por la adversidad o la represión, y el iraní Bahman Ghobadi relata una historia de amor que se prolonga por tres décadas en Temporada de rinocerontes. Otro peculiar romance, con magistral estudio de caracteres, presenta Jacques Audiard en De rouille et d´os, esculpida en torno a la magistral actuación de Marion Cotillard. El danés Thomas Vinterberg disecciona la sociedad danesa en La cacería y el irlandés Neil Jourdan intenta repetir el éxito de sus películas sobre vampiros y monstruos con Byzantium, en la cual una madre y una hija constituyen la pareja letal que sobreviven con sangre ajena a lo largo de los siglos. También reaparecieron Costa-Gavras (Le Capital), Brian de Palma (Passion) y Spike Lee (Bad 25).

Las mujeres directoras aparecieron en conjunto y conocieron del éxito y el elogio generalizados. La india Mira Nair estuvo entre las más ponderadas con The Reluctant Fundamentalist, que vincula romance y tragedia al registrar la brecha que se abre en una pareja interracial luego del ataque a las torres gemelas. También originaria de la India, pero asentada en Canadá, Deepa Mehta adaptó una novela del polémico Salman Rushdie en Los niños de medianoche, que estalla de magia y color en tanto adapta el llamado realismo mágico a un contexto indostano. La alemana Margarethe Von Trotta vuelve a dirigir a su habitual actriz protagónica Barbara Sukowa en la biografía de Hannah Arendt, una mujer judía alemana, filósofa, que se enfrentó a las barbaridades del nazismo y así compuso su teoría sobre “la banalidad del mal”. Y otra de las más famosas, la danesa Susanne Bier intenta estimular a la transformación creativa de la vida privada con la inspirada Todo lo que necesitas es amor.

Convincente resultó la representación asiática. Se recuperó completamente el koreano Kim Ki-duk del vacío al que había derivado últimamente con Pieta, inspirada en la escultura homónima de Miguel Ángel y dispuesta a corroborar el alcance de la crueldad, el sufrimiento y la redención, mientras que el también koreano Hong Sang-soo opta por el distanciamiento y la multitrama para realizar En otro país, que protagonizó la francesa Isabelle Huppert. La célebre actriz interpreta el papel principal de la italiana Bella Addormentata, de Marco Bellocchio, en el cumplimiento de una agenda internacional que se encuentra entre las más cosmopolitas que haya cumplido actriz alguna. La cinematografía japonesa se apareció con la asombrosa Terumae Romae, una comedia de viajes en el tiempo que contrasta el moderno Tokio y la Roma clásica. Y en la capital nipona se ambienta el nuevo filme del iraní Abbas Kiarostami, Like Someone in Love, que borra las fronteras entre documental y ficción. Los chinos enviaron Caught in the Web, de Chen Kaige, uno de sus maestros superlativos, esta vez puesto a estudiar la dudosa ética del voyeurismo cibernético contemporáneo.

En cuanto a Latinoamérica, Brasil presentó el retrato de la inercia alienante que es Érase una vez que yo, Verónica, realizada por Marcelo Gomes, y también figuraron la coproducción con Angola El gran Kilapy, que se inspira en un personaje real y se ambienta en ese país africano poco antes de la independencia de Portugal, en 1975; y Tabú, que según la presentación de los programadores del festival coloca al portugués Miguel Gomes entre los mejores directores del cine mundial. En coproducción con Brasil y España, Argentina presentó Infancia clandestina, dirigida por el debutante Benjamín Ávila, quien se refiere a los niños cuyos padres fueron reprimidos, torturados, desaparecidos o exiliados por la dictadura militar impuesta en Argentina entre 1976 y 1983. El consagrado Carlos Sorín vuelve a los desolados paisajes patagónicos, y a los personajes comunes, en Días de pesca, y otro de los nombres insignias del cine argentino, Pablo Trapero, completa con Elefante blanco, su trilogía sobre el ambiente urbano, violento y marginal recreado en las anteriores La leonera y Carancho.

De México, se vieron dos películas del cine de horror, Ahí va el diablo y Juego de niños, además de la multipremiada y también execrada Post Tenebras Lux, de Carlos Reygadas.  Triunfó el cine chileno con la genérica Aftershock, que cuenta las andanzas de un turista estadounidense y sus dos amigos chilenos en Valparaíso, donde los sorprende el devastador terremoto, y No, protagonizada por el mexicano Gael García Bernal, y dirigida por Pablo Larraín, el celebrado creador de Tony Manero y Post Mortem. No solo las mayores cinematografías latinoamericanas, es decir, Brasil, Argentina y México, estuvieron de estreno en las pantallas de Toronto. Colombia presentó La Sirga; Guatemala logró insertarse con Polvo; Paraguay figuró con 7 cajas, y Uruguay propuso 3, dirigida por Pablo Stoll en una cuerda similar a las significativas 25 Watts y Whisky. Del cine cubano no hubo nada en Toronto. Ya llegará. En  algún momento los organizadores colocarán nuestros filmes en la misma liga que sus pariguales latinoamericanos.


Post Tenebras Lux

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.