La Habana. Año XI.
15 al 21 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Vidas de teatro
Yuris Nórido • Camagüey
Fotos: Maribel Amador y Jorge Luis Baños

Persona y personaje, ¿dónde está el límite? ¿Y si la persona asume su cotidianidad con acentos dramáticos? ¿Y si vive como si vivir fuera lo mismo que representar? ¿Era Virgilio Piñera, en su intimidad más absoluta, esa criatura enfática y artificiosa que se mostraba a sus contemporáneos?

Eso no lo sabremos con absoluta certeza, ahora solo nos queda especular con la posibilidad. Lo que sí sabemos es que el dramaturgo se conducía en el ámbito público con maneras que iban desde la aparente desfachatez, pasando por la intencional displicencia, hasta la pose arrogante y tremebunda… dependiendo de la gente y las situaciones a las que se enfrentaba.

Algo no abandonaba nunca: su verbo ingenioso, sarcástico, hiriente y provocativo, inteligente, extraño… sus juegos verbales.

Ese es el Virgilio que recrea Osvaldo Doimeadiós en el unipersonal Un jesuita de la literatura, dirigido por Carlos Díaz para la compañía El Público. Ha sido uno de los más populares espectáculos del 14 Festival Nacional de Teatro de Camagüey.


Un jesuita de la literatura

A partir de un texto de Virgilio, Muecas para escribientes, Norge Espinosa y Doimeadiós armaron un monólogo “pirotécnico” que se zambulle en la cotidianidad del célebre autor. Se nos muestra a un escritor en casi permanente batalla con (contra) la máquina de escribir y la cuartilla en blanco. A un hombre que asume el acto de escribir como esencia de vida, como sacerdocio, destino manifiesto…

Pero el proceso de llevar sus ideas al papel está marcado por su interacción con el medio, que al mismo tiempo, en círculo casi vicioso, es también materia prima o punto de partida para la escritura.

El Virgilio que encarna Doimeadiós narra con desparpajo y comprometimiento los azares de un día cualquiera de su existencia. Los narra como si fueran una historia para ser representada, y él mismo la representa como si una obra de ficción fuera (algo así hacía a veces el dramaturgo).

Doimeadiós se aprovecha de su extraordinaria vis cómica para representar a una criatura dada al amaneramiento más o menos intencional. Pero, eso sí, nunca pierde el norte: no hace concesiones a la caricatura fácil y externa; lo anima un espíritu más profundo. Por eso llega a conmover cuando pulsa las cuerdas más dramáticas de su personaje.

De la gran organicidad de Osvaldo Doimeadiós ya hemos hablado en otras ocasiones. Sobre él descansa este montaje, con el que Carlos Díaz se centra otra vez en el ser humano, sin darle demasiada preponderancia a su ámbito. Eso no significa que las cosas no estén en su lugar: todo en la puesta tiene razones para estarlo.

Un jesuita de la literatura deviene un homenaje a la vocación indestructible de un hombre: escribir a toda costa, en lucha perenne con (contra) el medio. No nos queda claro hasta qué punto el personaje se parece a la persona… pero, ¿hace falta saberlo?

La Lupe, otra historia

La historia de La Lupe es otra, pero no menos intensa y llena de peripecias. Algo compartía la cantante con Virgilio: su afán de dramatización de la vida. Solo que en Piñera era una reacción más pensada, “intelectualizada”. Lo de La Lupe era más raigal, casi naturaleza.

La actriz María Teresa Pina recibió ovaciones por su interpretación de esta celebridad de la música cubana en La gran tirana (grupo Trotamundo). Con dirección de Verónica Lynn a partir de un texto de Carlos Padrón, Pina “recorre” el itinerario de la cantante, en un monólogo intenso, lleno de transiciones…


La gran tirana

En constante juego temporal, se nos narra la historia desde la subjetividad del personaje, en primerísima persona; por eso no se puede pretender aquí una reflexión terminante y demasiado crítica sobre los avatares de una existencia bastante polémica.

La Lupe se debate en sus contradicciones, se regodea en sus memorias, “canta” sus emociones… Este es un unipersonal que se sostiene sobre todo en la capacidad interpretativa de la actriz. María Teresa Pina llena el escenario, el trabajo de caracterización es contundente.

No estamos ante una imitación: la intérprete asume las peripecias con una organicidad pasmosa, esencial. Hay momentos francamente escalofriantes por su carga de emociones. Y todo está resuelto con gran economía de recursos, sin demasiados énfasis, sin los “excesos” histriónicos que una criatura tan polémica y teatral como La Lupe pudiera provocar.

 
 
 
 


GALERÍA de Imágenes

14 Festival Nacional de Teatro, Camagüey 2012

ARTES ESCÉNICAS EN LA JIRIBILLA:

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.