La Habana. Año XI.
8 al 14 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Notas sobre el arte en la Revolución
Jean Schuster • Francia
Foto: Cortesía de la Asociación Hermanos Saíz

El concepto de cultura abarca simultáneamente un programa didáctico y una efervescencia creadora. En las relaciones entre cultura y revolución, este programa y esta efervescencia son dos necesidades tan imperiosas la una como la otra, pero rigurosamente distintas. Corresponde a los educadores la tarea didáctica mientras que los artistas deben entregarse  sin trabas a la aventura de la imaginación.

Todo se hace falso si la creación artística es sometida a la necesidad de educar a las masas. Bajo el pretexto de que estas no pueden absorber brutalmente la enorme herencia cultural de la cual fueron privadas durante siglos por sus opresores, ¿es preciso fabricar un “arte” y una “literatura” a su alcance? Esta es la solución del desprecio, contra la cual se había levantado Lenin. Fue esta, sin embargo, la solución adoptada en 1934 por Stalin y Zhdanov. Esta es la solución que sueñan aún sus cómplices, quienes, un poco en todas partes y sin la menor vergüenza, continúan ocupando las tribunas, acechando la ocasión de instaurar nuevamente la doctrina contrarrevolucionaria conocida por el nombre de realismo socialista y que ha paralizado durante más de 20 años el genio creador de Europa del Este. Es una suerte para Cuba el haber evitado (espero que definitivamente) esta monstruosidad.

La reflexión teórica, para ser revolucionaria, debe asumir esta verdad dolorosa de que el proceso de asimilación de la cultura por la masa será extremadamente lento, que habrá de desarrollarse poco a poco, irreversiblemente, por ondas concéntricas, pero en ningún caso y bajo ningún pretexto los creadores no renunciarán a su necesidad revolucionaria íntima: buscar infatigablemente en lo desconocido imágenes nuevas para entregarlas a los demás. Los artistas no deben educar sino maravillar.

Recordemos, en fin, que existe una determinada sensibilidad que escapa a toda cultura, sensibilidad minoritaria repartida de manera aleatoria entre los hombres, sin distinción de clase, de raza o nacionalidad y que despierta espontáneamente frente a la obra de arte auténtica. Esta sensibilidad, ella sola, justifica que el poder revolucionario deje libertad total a los artistas.
 

Publicado en el Boletín del Salón de Mayo el 30 de julio de 1967.

 
 
 
 


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Artistas en la confección del mural "Cuba colectiva"

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.