La Habana. Año XI.
8 al 14 de SEPTIEMBRE
de 2012

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Aponte en el pensamiento de Juan René Betancourt

Tomás Fernández Robaina • La Habana

La mención que hace nuestro Héroe Nacional sobre Aponte deja entrever un elemento que se mantendrá en nuestra historiografía, y que solo hasta fechas muy cercanas, ha comenzado ha quebrarse. Él preguntó:

“¿Qué se sabía del negro conspirador Aponte, muerto en 1812, con ocho de sus compas? Vivía en la calle Jesús Peregrino.”

Esa interrogante podía haberse formulado a lo largo de todo el siglo XX, porque el conocimiento más amplio de la importante figura de nuestra historia, estaba limitado a los especialistas e investigadores; los textos de historia de entonces lo mencionaban muy brevemente, y se esparcían los calificativos de que una persona era malo, muy malo, o tan malo como el negro Aponte. Así, se ocultaba de forma manipulada su verdadera grandeza. La especialista del Archivo Nacional de Cuba, Bárbara Dancey, señala que el primer texto sobre Aponte, firmado por José Luciano Franco, aparece en 1934.

No he podido consultar esa referencia, pero es inobjetable que Elías Entralgo le prestó singular atención, y subrayó su trascendencia y razones por las cuales su figura había sido y era ignorada por la historiografía cubana. 

Por tal razón, aplaudo con entusiasmo y alegría La  Jiribilla No. 571, por contener un dossier que reúne informativos y reflexivos textos sobre la Conspiración de Aponte.

Los textos reunidos en el dossier que comento, apuntan hacia el consenso de que dicha conspiración fue la primera entre nosotros que buscaba no solo la abolición total del sistema esclavista, sino la inauguración de un estado económico y políticamente  diferente del impuesto por España. No puede pasarse por alto que el ejemplo de la entonces reciente revolución haitiana era bien conocida por negros libres y esclavos.

La lectura del dossier refleja la diversidad de los enfoques de los autores, como los de María del Carmen Barcia con su “José Antonio Ponte, icono de la subalternidad” donde destaca el porqué del título elegido; el de Barbara Dancy y su “José Aponte en la obra de José Luciano Franco” nos da valiosa información y señala 1937 como el momento donde José Luciano Franco se refiere por primera vez al gran héroe Aponte; Félix Julio Alfonso López en “Algunas miradas en la historiografía y la literatura cubana sobre José Antonio Aponte” nos brinda los nombres de los historiadores y escritores que en sus obras reflejan los criterios negativos, y los que comenzaron a valorarlo de una forma más objetiva; el lamentablemente fallecido Armando Entralgo aborda un sugerente tema: África política en la conspiración de 1812; Ernesto Peña reflexiona sobre su trascendente novela La biblia perdida; Eduardo Torres Cuevas contribuye con “Un conspirador  de ébano en tiempos de tormenta” donde nos da a conocer las contextualidades específicas de entonces; Roberto Méndez explota un espacio novedoso con “Plácido y Aponte. El erotismo de la imagen robada”; Marcos Villamil nos da un informativo escrito con “Recuento de una conspiración”; Felipe de J. Pérez se suma con sus artículos “Casualidad y causalidad de Aponte y Maceo” y “Primer revolucionario orgánico del movimiento revolucionario popular”; la nómina se cierra con el comentario crítico de Fernando Martínez Heredia al libro de Matt D. Childs: La rebelión de Aponte de 1812 en Cuba y la lucha contra la esclavitud. Una de las contribuciones más importantes publicadas en el extranjero.

Seguramente, la comisión del Bicentenario de Aponte y del Centenario de la masacre de los Independientes de Color promoverá la edición de un libro con los trabajos que se escriban a propósito, para que pueda ser utilizado como material de estudio en los cursos que, probablemente, se ofrecerán durante el decenio de los afrodescendientes, y que sirva, además, para dar a conocer a todo nuestro continente lo que se hace en Cuba en esa dirección.

Por tal razón, “La acción y las ideas de Aponte en el pensamiento de Juan René Betancourt” se inserta en este singular coro de los que rescatamos hechos y nombres olvidados de nuestra historia con el fin de identificarnos cada vez más como cubanos, con nuestras raíces culturales, históricas, sociales y religiosas. 

Deben tenerse muy en cuenta algunas de las singularidades del pensar de Juan René Betancourt y de su accionar en contra de la discriminación racial para que se valore más objetivamente el sitial en donde había ubicado a Aponte. En esa dirección escribió:

“La historia de nuestro país abunda en negros insignes en la guerra, en las artes, en la ciencia, en la política, etc., pero sorprendentemente escasea en líderes de los negros, e ideólogos y realizadores del ideal del cimarrón o del apalencado, del esclavo hecho mambí o del negro discriminado de la posguerra. Antonio Maceo, que es el más sobresaliente de los negros célebres, no alcanzó su celebridad luchando directamente por su raza, sino por la república; y a pesar de que jamás se convirtió en renegado étnico, sino que por el contrario defendió cada vez que tuvo ocasión el punto y expresó estar orgulloso de su realidad racial, no llegó ni remotamente a ser un líder de su raza en pos de la felicidad. Mucho más se acerca a esto Juan Gualberto Gómez, ocupando el más alto sitial, esa figura extraordinaria, tan grande como desconocida, que se llamó José Antonio Aponte.”

Betancourt había luchado y se había desarrollado en una contextualidad donde la experiencia demostraba que los gobiernos y partidos políticos republicanos  burgueses nada habían hecho por el mejoramiento social y educacional del negro. Y el Partido Socialista Popular poco había logrado, y las leyes complementarias condenatorias de los hechos discriminatorios raciales no llegaron a legislarse en nuestro congreso en aquella República. Justamente, esa realidad motivaba ese desconocimiento:

“[…] Al fracasado se le hace poca justicia y si para peor suerte fue el líder de los que vencidos han arribado a la posteridad, su nombre generalmente se encarnece y es usado como sinónimo de bajas y ridículas pretensiones”.

Y esto se explica. Si los oprimidos de ayer son los mismos de hoy con la correspondiente secuela a los actuales opresores, no es posible que se expresen con objetividad histórica los hechos que ayer, hoy y mañana ponen en peligro su predominio y sus privilegios, y menos al genio que coordinó los elementos dispersos convirtiéndolos en fuerza enemiga.

“[…] José Antonio Aponte es un héroe y un mártir negado y olvidado. […] No sucedió que entre los adoloridos surgiera uno, con mayor lucidez que los otros, que señalara a los demás el camino de la redención, sino que las espaldas físicamente sanas pusiéronse moralmente en ‘carne viva’ y no fue preciso la materialidad del azote para irritar aquel ‘hipersensible’ a la vez que valeroso corazón.[…]”

No hay duda al afirmar que estas palabras corroboran hechos muy recurrentes en nuestras historias americanas, donde personalidades provenientes de clases y sectores sociales privilegiados se identifican plenamente con la lucha popular de los hombres y mujeres más urgidos de reivindicaciones sociales. Por tal razón Betancourt agrega:

“Desde el punto de vista clasista, la revolución que él concibió y preparó ha sido la más grande hasta el presente que haya podido concebir y preparar su clase, pues aquella era una revolución integral, que se proponía la total adquisición del poder con la inevitable implantación de un nuevo orden. Se trataba pues de la sustitución de una clase por otra en la detentación del poder político, con los cambios sustantivos que las circunstancias atinentes imponían.[…]”

Al tener en cuenta lo anterior explicó:

“Aquí se unen en la misma persona el conspirador con el organizador.[…] Esto implica una fina penetración psicológica y una gran capacidad, propias y exclusivas de los ideólogos insignes y de los agitadores profesionales. Tan diversas y extraordinarias virtudes, aplicadas al santo ideal de la liberación de su gente, lo sitúa como hemos dicho en el más alto sitial de los defensores de la raza. Pues al que podemos llamar su continuador, Evaristo Estenoz, no puede parangoneársele, como en su oportunidad veremos, pues constreñido por las circunstancias en que actuó, sus aspiraciones eran más limitadas y los medios de que trató de valerse mucho menos enérgicos y eficaces.

“El hecho de ser negro en la época en que vivió Aponte la mayoría del pueblo cubano a la vez que la clase más popular, la única que por no tener ningún privilegio estaba en contra de todos los privilegios, hace que su labor histórica, rebasando los lindes del interés clasista, trascienda el propósito independentista y lo sitúa en el plano del verdadero primer mártir de nuestras libertades patria.[…]” 

El poder colonial no ignoraba el impacto de la conspiración de Aponte para los esclavos, y para los negros libres y blancos que deseaban abolir la esclavitud. El análisis de Betancourt es bien elocuente cuando afirma:

“Y el Marqués de Someruelos, a la sazón Capitán de General de la Isla, quiere que en Aponte escarmienten todos los negros, y manda a preparar un poste de dos metros de altura y allí en lo que constituyen la esquina de Reina y Belascoaín, ordena plantarlo, disponiendo que de la parte superior penda por varios días la noble cabeza del gran hombre. Y tuvo éxito el Marqués de Someruelos, pues el miedo se hizo endémico en el negro, dando lugar a posturas falsas y flojas como la del Sr. Martín Morúa Delgado y la de nuestros actuales integracionistas. Pero Aponte, allá en la soledad de su tumba centenaria sabe, que en lo más recóndito del corazón de todo negro no prostituido, tiene un altar y un fiel devoto adquiriendo de él, el camino de la redención verdadera.” 

Las ideas de Betancourt son únicas en la historia del pensamiento cubano, y más aun en nuestro pensamiento antirracista. El racismo y la discriminación son fenómenos que se ejercen desde el poder. La reacción individual de un discriminado en contra del discriminador no puede verse como una manifestación racista, pues en ningún momento el negro discriminado, en pro de su defensa, ha expresado que la raza negra y su cultura es superior a la blanca. Expresiones enarboladas en textos diversos como La extinción del negro, y también en Guerra de razas.

Estamos conscientes de que las razas  humanas no existen, desde el punto de vista biológico, pero sí desde el ángulo social, al marginarse a individuos y a sectores sociales por el color de la piel. Obviamente, el rechazo y crítica a esa realidad objetiva por parte de los discriminados no puede considerarse racismo, pues, como bien señalara José Martí, si por decir que en nada es inferior el negro al blanco se le acusa de racista, bienvenido ese calificativo, porque es un racismo del bueno.

Elías Entralgo, al prologar El negro, ciudadano del futuro, afirmó que ese título:

“era una buena expresión de la capacidad de lucha y estudio y análisis de las nuevas generaciones de negros cubanos. Es una obra que incita a pensar, y aquí confieso que en mi entendimiento ha producido una contienda entre la objetividad y la comprensión. […] no estoy de acuerdo con varias de las opiniones que en estas carillas se emiten, sobre todo con algunas de índole histórica o crítica. La Organización Nacional de Rehabilitación Económica es una entidad juvenil, y por ende radical. Se encuentra con el negro cubano de esta época, y palpa las injusticias que todavía sufre, y se afana por solucionarlas. Aquí residen sus principios, sus medios y sus fines. […] Esta producción no es, cardinalmente, de historiografía sino de lo que podríamos llamar actuagrafía. ¿Van a negársele méritos porque no se compartan algunos de sus pareceres históricos o sociológicos? (p. [13])” 

Por supuesto, nos referiremos a su criterio más asociado con Aponte, que lo ubica no como líder negro, como lo fueron Antonio Maceo, Juan Gualberto Gómez, sino como líder  de los negros porque pensó primero como negro que como cubano, al decir de Betancourt, al considerar que en aquellos tiempos, la mayoría de la población estaba integrada por esclavos y negros libres.

Sin embargo, a Betancourt se le escapa el dato, o lo omite, de que la conspiración estuvo integrada también por blancos; este hecho reviste una peculiaridad muy singular, por ser el primer peldaño de la unión de negros y blancos para lograr no solo nuestra independencia, sino la creación de nuestra nacionalidad, de nuestra cultura. Si bien es cierto que en 1812 aún no existía un sentimiento de cubanía, y mucho menos de patriotismo, tal como se ha entendido históricamente, la conspiración de Aponte es el antecedente más importante de las que se realizaron después, porque apunta y paradigmatiza la integración de negros y blancos con el objetivo supremo de eliminar el sistema esclavista y crear una sociedad completamente diferente a la conocida hasta entonces. No todas las conspiraciones independentistas tuvieron como objetivo principal abolir la esclavitud, y procurar un  cambio verdaderamente estructural de la sociedad colonial. La propia Guerra de los Diez Años se inicia ante la negativa de las cortes de Madrid, de satisfacer  las demandas de la clase esclavista y comercial criollas de gozar los mismos privilegios que los españoles. La idea de la abolición surge como un hecho práctico desde el momento en que Carlos Manuel de Céspedes liberta a sus esclavos para que se sumen a la guerra.

No hay duda de que la unión de negros, mulatos y criollos blancos, incorporados a esa contienda, le imprimió una peculiaridad muy singular, que se va a reiterar en las siguientes guerras, hasta lograr la tan anhelada independencia. Acción iniciada por Aponte, lograda muchas décadas después, pero que no revirtió en la medida esperada el disfrute de los derechos sociales, económicos y políticos para los ex-esclavos.

A los doscientos años de su ejecución, su ejemplo no puede ser simplemente recordado en fechas específicas, sino tornarse en un accionar cotidiano, que nos guíe para disminuir cada día más las históricas desigualdades sociales, económicas y culturales hasta hacerlas desaparecer por completo.  

 

Bibliografía

Betancourt Bencomo, Juan René. “José Antonio Aponte: tema no.4”, pp. [39]-42, en El negro, ciudadano del futuro. Pról. Elías Entralgo. La Habana, 1960. 250 pp.

Conte, Rafael y Jose M. Capmany. Guerra de razas. (Negros contra blancos en Cuba). La Habana, Imp. Militar 1912, 196 pp.

Entralgo Vallinas, Elías. Liberación étnica cubana.

Martí y Pérez, José. “Aponte”, en Obras completas, tomo. 22. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p.247

Mustelier, Gustavo Enrique. La extinción del negro. Apuntes políticos sociales. Pról.  Arturo R. de Carricarte. La Habana, Ramba y Bouza. 1912. 65 pp.

 
 
 
 
 
 
 
 
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.