La Habana. Año XI.
11 al 17 de AGOSTO
de 2012

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Jorge Amado del cine cumpliría cien años
Joel del Río • La Habana

La conmemoración del centenario de Jorge Amado, el más internacional de los escritores brasileños, se enmarca dentro del año iniciado en 2011 al cumplirse el décimo aniversario de la muerte del autor, nacido el 10 de agosto de 1912 en Itabuna, una pequeña ciudad en el sur del estado de Bahía, y fallecido el 6 de agosto de 2001 en Salvador, capital de la región donde nació y donde se ambienta la mayor parte de su obra. Como parte de las celebraciones se reimprimieron diferentes ediciones de sus novelas más conocidas, el canal de televisión Globo emite actualmente una nueva producción de Gabriela, clavo y canela y se han presentado libros inéditos en su homenaje, como el que publica las cartas entre Amado y la también fallecida escritora Zélia Gattai, su esposa durante 56 años.

La nieta del escritor, Cecilia Amado, llevó al cine la obra Capitanes de la arena que se estrenó en octubre pasado y se presentó en abril en el Festival de Cine Latino de Chicago. Y es que el cine no podía estar ausente de las iniciativas para homenajear al autor y por ello se ha presentado en la Fundación Casa de Jorge Amado el libro Jorge Amado y el séptimo arte, que reúne anécdotas de cineastas y actores participantes en las muy numerosas películas inspiradas en sus relatos. Porque se impone celebrar el hecho consumado de que uno de los escritores latinoamericanos con mayor fortuna a la hora de ver en pantalla sus textos fue Jorge Amado. Para confirmarlo Glauber Rocha le dedicó un documental en 1977 titulado Jorjamado no Cinema.

Es larga la lista de apropiaciones cinematográficas y televisivas que se inició en 1943, cuando Eddi Bernoudy y Paulo Machado llevaron al cine Terras do sem-fim al cine rebautizándola como Terras violentas. Poco después llega Vendaval maravilloso (1949) de José Leitao de Barros, coproducción brasileño-portuguesa que traslada a la pantalla grande la novela ABC de Castro Alves. Casi 20 años pasaron antes de que aparecieran Seara Vermelha (1964) de Alberto D´Aversa, y The Sandpit Generals (1971) que dirigió Hall Bartlett en Brasil, y llevaba música de Dorival Caymmi para reforzar el color local.

Sin embargo, el gran boom de los personajes concebidos por Jorge Amado —una vez que decide abandonar parcialmente el realismo y los temas sociales de sus primeras narraciones, para entregar una serie de novelas afirmativas y optimistas, concentradas en mujeres hermosas, en las tradiciones y la belleza de Brasil— lo provee la presencia de Sonia Braga, que devino uno de los iconos eróticos más perdurables que ha entregado el cine latinoamericano, mediante la trilogía erótico-carnavalesca integrada por Doña Flor y sus dos maridos (1976, Bruno Barreto, con José Wilker); Gabriela (1980, también de Bruno Barreto y al lado de Marcelo Mastroianni) y Tietá de Agreste (1996, de Carlos Diegues) la historia del regreso, y sutil venganza, de una mujer expulsada de su pueblo cuando era adolescente.

En la década de los años 70, cuando el gobierno militar brasileño estimuló al cine nacional en tanto vehículo propagandístico de un país de progreso, con ansias de liderazgo continental, cuando el cine norteamericano dominante imponía el retro y la nostalgia como las tendencias de moda, apareció Doña Flor y sus dos maridos, ambientada a principios de los años 40, en Bahía, el epítome cultural del nordeste, con una pareja que devendría de culto en el cine y la televisión nacionales: Sonia Braga y José Wilker.

La descomunal popularidad de Doña Flor y sus dos maridos, apenas contribuyó a la justa entronización de la película entre las mejores producciones latinoamericanas de esa década. El habitual prejuicio que distancia en espacios antinómicos la calidad y la popularidad suele operar entre muchos críticos, además de la prevención en contra del género risueño y desparpajado. Doña Flor… es una película franca y sencilla, contenida y cuidadosa en su realización, que a nivel conceptual y narrativo exalta la pasión libre e incontenible, el desafuero erótico, el sexo cimbreante y consuetudinario como parte esencial del amor en la pareja.

A pesar de las críticas de muchos empeñados en que el cine latinoamericano debía cumplir otras agendas políticas, Doña Flor… contaba la historia de la bella y conservadora Floripides Guimaraes, más conocida como Doña Flor, quien está casada con el pícaro y mujeriego Valdomiro Santos Guimaraes, alias Vadinho, apostador, parrandero y mujeriego que compensa a su esposa con una ardiente vida sexual. La película comienza cuando Vadinho muere de un infarto en pleno carnaval, —mientras ejecuta travestido una samba en honor de Príapo—, y Doña Flor se siente completamente vacía. Luego, la viuda inconsolable acepta casarse con el respetable farmacéutico Teodoro Madureira, un hombre metódico que nunca logrará satisfacer las altas expectativas eróticas que dejó Vadinho. Pero el amante insaciable regresará desde el otro mundo, visible solo para los ojos de Doña Flor, para satisfacer los deseos de la apasionada y nostálgica viuda.

Con esta estructura en dos actos, menos clásica de lo que se supone (una primera mitad que combina la muerte de Vadinho con retrospectivas de su vida con Doña Flor, y una segunda parte en la cual Doña Flor se casa con el farmacéutico en busca de seguridad y respeto y aparece el fantasma corpóreo y completamente desnudo del difunto, para darle a la mujer lo que su actual marido no puede darle) el guion y la puesta en escena equilibran los principios de la sátira carnavalizante y hedonista, con los cánones del relato más aristotélico, ordenado y racional. Cuando al final, Doña Flor viene de la iglesia del brazo de sus dos maridos, con el fondo de Qué será, qué será, se produce ese momento mágico que algunos críticos franceses denominan “un coup de cinema”.

A pesar de que la película fue usada cual mascarón de proa del cine brasileño que le importaba comercializar al gobierno represivo de los militares, en el subtexto de la historia latía una propuesta concerniente a la necesidad de quebrar prejuicios religiosos y barreras sociales con tal de atrapar nuestros sueños de libertad y placer. Doña Flor… fue vista como una oda a la libertad y a la concupiscencia, en consonancia tácita con la ideología hippie, en tanto se sugiere en entrelíneas que el matrimonio con un vago “inmoral” podía resultar mucho más romántico, compensador y satisfactorio que con un hombre de bien, trabajador y aburguesado.

A partir de la novela, y del éxito descomunal de Doña Flor y sus dos maridos, se realizó luego una miniserie de televisión ambientada en el Brasil contemporáneo, y un remake norteamericano titulado Kiss Me Goodbye, dirigido por Robert Mulligan, con Sally Field —habría que castigar definitivamente a quien consideró que la protagonista de Norma Rae podía sustituir a Sonia Braga—, James Caan y Jeff Bridges. Como dato curioso, importa saber que los censores en Argentina y España, temerosos de la proclamación del adulterio que contenía el título original la renombraron, respectivamente Mi adorable fantasma y Bésame y esfúmate. La versión teatral argentina, de 1983, terminó con la obra prohibida y el director (José María Paolantonio) procesado por obscenidad.  

Respecto a otras versiones sobre Jorge Amado,
el francés Marcel Camus volvió a su amado Brasil para realizar, en 1977, Otalia da Bahia, inspirada en Os pastores da noite. Camus venía impulsado por el éxito de su colorista Orfeo negro, que se inspiraba en el Orfeu da Conceição, de Vinicius de Moraes. En los próximos 20 años se sucedieron las versiones emprendidas por uno de los mayores cineastas brasileños de todos los tiempos: Nelson Pereira dos Santos, quien lleva al cine primero Tenda dos Milagres (1977) una fiel visitación del texto que satiriza y expone el racismo nacional, y diez años después el mismo director emprende Jubiabá, que es una entre varias películas brasileñas interesadas en naturalizar la presencia del negro. Junto a O Amuleto de Ogum (1975) de Nelson Pereira dos Santos; Xica da Silva (1976) de Carlos Diegues; la mencionada Tenda dos Milagres y Pedro Mico (1985) de Ipojuca Pontes, que contó como actor principal con Pelé, Jubiabá cuenta la historia de un gran amor entre una joven blanca, Lindinalva, y el negro Antonio Balduíno, aunque el director fije más su atención en la relación amorosa que en el planteamiento antirracista.

En 1998, era tan universal la fama de Jorge Amado y sus novelas que el cine egipcio incorpora A Morte e a Morte de Quincas Berro D'Água, con cierto éxito internacional, bajo el título de Gannet el Shayateen, dirigida por Osama Fawzy hasta la versión más reciente, la de
Cecilia Amado sobre Capitanes de la arena. Las películas inspiradas en Jorge Amado reinventaron Brasil en la misma medida que lo recrearon las famosas narraciones del famoso escritor, relatos dominados por la sensualidad, la música, el mestizaje y el sincretismo.

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.