La Habana. Año XI.
4 al 10 de AGOSTO
de 2012

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Gore Vidal (1925-2012)

Su sueño americano

La Jiribilla

Para el escritor estadounidense Gore Vidal, su país suscitó los mayores apasionamientos, pero también las más grandes frustraciones. Aferrado a las ideas democráticas promulgadas por los fundadores de esta nación, durante toda su vida enfrentó desde la actitud más cáustica y desafiante la perversión de los antiguos ideales de progreso y hermandad enarbolados por la República de las Trece Colonias.

Miembro de la generación de posguerra, Gore Vidal destacó por llevar a su prosa una ética humanista, muchas veces desde el acercamiento a figuras y procesos históricos polémicos de su tiempo, siguiendo además la tradición de una literatura de crítica social en EE.UU., donde pudieran citarse además a Wilson, Sontag, Didion, Miller, Hellman, Morrison. 

Su muerte a los 86 años, anunciada el pasado martes 31 de julio en la ciudad de Los Ángeles, en EE.UU., remite a una obra profunda en su dimensión analítica, pero también innovadora en cuestiones de forma y lenguaje. Novelas, piezas teatrales, guiones, libros de memorias y más de 200 ensayos lo hicieron varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura, para muchos harto merecido.

Nacido en 1925 en New York, su familia tuvo estrechos vínculos con la política en EE.UU. A los 10 años pasó a vivir en Washington con su abuela y abuelo senador, de quien no solo tomó el nombre, fue bautizado como Eugene Vidal y decidió identificarse Gore, como su abuelo. De aquel hombre también heredó el interés por la política, que lo llevó a militar por varios años en el ala más liberal del Partido Demócrata.

Williwaw, su primera novela (1946), estaba basada en sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial como parte del servicio militar. Pero ya en 1948 inauguró su espíritu irreverente en las letras, con El pilar y la ciudad, cuyos personajes abiertamente homosexuales defendían con sinceridad y osadía su propia condición de vida. Por esa razón “escandalosa”, el diario The New York Times se negó por entonces a reseñar sus libros.

El acercamiento a temáticas históricas de obras como Washington DC (1967); Burr (1974); 1876 (1976) y Lincoln (1984) reveló su interés por recuperar la hazaña de guerra de independencia en su país, así como acentuar los inicios de la perversión de los ideales republicanos.

“Soy un historiador”, afirmó en La Habana durante su visita en 2006 junto con otros intelectuales de su país. “¿Por qué escribo la historia en forma de novela? La razón es excelente: el punto de vista. No quiero imponer mi punto de vista a, digamos, Abraham Lincoln. Investigo a Lincoln tanto como es posible, tanto como lo haría cualquier otro biógrafo. Agrego entonces los personajes ficticios que pueden dar mi punto de vista. No creo que un historiador o un novelista deba inmiscuirse con figuras históricas, pero creo que tenemos el derecho de inventar personajes que hagan las preguntas que el lector quisiera hacer. Como la mayoría de los norteamericanos odian la historia es difícil hacerlo. Es una de las razones por las que me he mantenido muy cerca de la historia de EE.UU. Estoy haciendo lo que debió haber hecho la escuela y me siento algo resentido de no haber podido sobresalir en otras ocupaciones a lo largo del camino”.

Prevalece en su obra una mirada crítica a la realidad social de EE.UU. y su “sueño americano”. Desmiente así el ideal supuestamente democrático de su país. “Para el norteamericano medio, la libertad de expresión es sencillamente la libertad de repetir lo que todo el mundo anda diciendo”, escribió en una ocasión. 

En Cuba, sorprendió a algunos por la cercanía e interés que mostró por acercarse a la Isla, pese a guardar una leyenda de hombre mordaz. Se interesó por conformar su propia imagen, lejos de las tergiversaciones mediáticas, y visitó entre otros lugares la Escuela Latinoamericana de Medicina, la Casa de las Américas y el Parque Jonh Lennon, donde músicos cubanos prodigaron homenaje al más universal de Los Beatles.

Durante una entrevista concedida por entonces a la periodista Rosa Miriam Elizalde para el diario Juventud Rebelde, Vidal afirmaba que para recuperar la república en su país, era necesario volver a Franklin Delano Roosevelt, en el discurso inaugural de su mandato cuando dijo: “No tenemos nada que temer, salvo al propio miedo”. Para Gore, algo así habría que decirle al pueblo norteamericano: “No te dejes engañar por el miedo. Hay mucha gente en los EE.UU. que gana dinero gracias al temor. Ese es su trabajo: asustarte”.

Polémico, cáustico, irónico e iluminador resultó Gore Vidal, un hombre adelantado y con el verbo presto a salirle al paso a la impudicia. “Vidal es uno de los más lúcidos cerebros de EE.UU. y su visión estratégica de su país como un barco en naufragio le ha otorgado una justa reputación y una inmensa influencia en las mentes de sus conciudadanos”, afirmó en nuestra revista el escritor cubano Lisandro Otero.

Las frases de sus libros, ensayos y entrevistas, seguirán ilustrando la capacidad movilizadora de un intelectual, pues aunque supiese que la literatura no cambiará el mundo, apostó por dejar escrito el impulso para acometer ese trance. “Soy un americano que me preocupo por defender la ética y la historia de mi país, por ver si volvemos a ser decentes y respetados —afirmó al diario Granma también en La Habana—. Sueño y trabajo para que no nos arrebaten más la república que alguna vez fue los EE.UU., esa que ha colapsado bajo el actual régimen”.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.