La Habana. Año XI.
4 al 10 de AGOSTO
de 2012

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Entrevista con Basilia Papastamatíu

“No se aprende a ser poeta”

H. Hormilla • La Habana

Siguiendo los ecos que estallaba en el mundo la Revolución Cubana en los años 60, llegó a la Isla la poeta argentina Basilia Papastamatíu. Nacida en 1940 en Buenos Aires, la escritora comenzó a despuntar en las letras con la revista Airón, que funda junto con otros jóvenes escritores en 1959, en la cual publicó sus primeros poemas. Bajo ese sello salió su libro El pensamiento común, de 1966, al cual siguieron otros como Paisaje habitual, 1986; Allí donde, 1996; Dónde estábamos entonces, 1998; Espectáculo privado, 2003; Interpretación de la historia, 2008 y Cuando ya el paisaje es otro, 2008, que alcanzó el Premio de la Crítica Literaria en Cuba.

Ávida de conectarse con lo más novedoso de la intelectualidad contemporánea, vivió en París de 1966 a 1969, donde recibió seminarios de grandes pensadores contemporáneos como Roland Barthes y A.J. Greimas, interesada en los campos de la lingüística, la semiótica y los estudios literarios. Allí entabló amistad con algunos de los grandes escritores latinoamericanos del momento, entre ellos Julio Cortázar, y estableció vínculos con intelectuales cubanos, como Roberto Fernández Retamar, quien publicó uno de sus ensayos en la Revista Casa de las Américas.

Una vez en La Habana, motivada por el proceso social que emprendía el país, la vida le llevó a establecerse y formar su familia lejos de su natal Argentina, hasta convertirse en una presencia de orden dentro del panorama literario nacional. Ha trabajado como periodista, editora, traductora, crítica, escritora y actualmente comanda la revista La Letra del Escriba; coordina el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar y el Café Literario Aire de Luz, que promueve la nueva poesía cubana.

Recientemente, el Instituto Cubano del Libro le dedicó el homenaje del espacio El autor y su obra, en el cual convergieron  opiniones  sobre  su  legado  literario.  La Jiribilla se suma, desde este breve intercambio electrónico, al agasajo de una de las más entusiastas defensoras de la poesía en Cuba.  

Papastamatíu es un apellido griego, cuénteme un poco de sus orígenes. ¿Qué le aportó en materia literaria este legado?

Además del apellido paterno, también el materno es griego, Stavrou, porque mis padres eran griegos que emigraron a la Argentina a finales de la década del 30. Como supones, aunque yo haya nacido en Argentina, este origen totalmente griego tuvo mucha influencia en mi formación, sobre todo en mi infancia. Por empezar, mi primera lengua fue el griego. Hasta llegué a leer los cuentos infantiles universales en ediciones en griego que mandaban los familiares. Y tenía un tío empecinado en enseñarme diariamente la mitología y la historia de la Grecia clásica. Recién después de la adolescencia, como siempre sucede, construí —o reconstruí— mi identidad personal según mis inclinaciones y preferencias; pero pienso que todo lo aprendido en esa primera etapa de mi vida me quedó como un sustrato. Y más que como sustrato, hay dos cosas de Grecia que amo definitivamente: su música y su comida. Y, por supuesto, la literatura clásica y la poesía contemporánea griega, de excepcional calidad, son lecturas que siempre me acompañaron.

¿Cómo se decidió por la literatura? ¿De qué influencias se nutrió?

Desde muy niña mi vocación fue claramente artística, fui pasando sucesivamente de querer ser pianista, a bailarina, actriz, pintora, etc., hasta que al final decidí ser escritora. Tuve la suerte de haber tenido excelentes profesores en la secundaria y en la universidad que me alentaron y orientaron mucho.

Sobre sus viajes de juventud, ¿cuáles fueron los enriquecimientos de ciudades como París?

Quizá te sorprenda mi respuesta, pero he sido una viajera nada curiosa y nada ávida de conocer las bellezas geográficas, los paisajes, las ciudades; soy algo así como una “antiturista”. Lo único que me ha interesado siempre de los lugares a los que he ido han sido los centros culturales, de investigación literaria, las bibliotecas, librerías, y sus publicaciones. Pienso que iba más que a ver, a leer, aunque parezca raro.

¿Cómo llega entonces a Cuba? ¿Qué le ha hecho permanecer en la Isla desde entonces?

Llegué a la Isla, también, para decirlo de algún modo, por lo que sabía y había leído sobre la Revolución. Era una de los tantos jóvenes que admirábamos el proceso de cambios que se inauguraba, y quise venir para beber directamente de esta fuente. Pero como ya puedes comprobar, resulté atrapada por el país, y no solo por razones ideológicas, sino afectivas, formé una familia, etc. Y así, desde hace más de 40 años soy, podría decir, una cubana más… 

Lina de Feria se refiere a Ud. como formadora de generaciones poéticas en Cuba. ¿A qué se debe esta afirmación?

Seguramente a mi interés permanente por lo que pueden ser capaces de escribir y ofrecernos las más recientes generaciones de autores, y a mi deseo de contribuir, si me es posible, a estimular su creatividad. Porque lo que más me gusta no es leer lo que se ha escrito en el pasado sino lo que pueda escribirse de diferente, descubrir esa nueva literatura que nos dice lo nunca antes dicho y que lo haga también de modos nunca antes vistos. 

Para ser poeta, ¿qué hace falta aprender?

No se aprende a ser poeta, se es o no poeta, es un don con el que se nace, irremediablemente. No es poeta el que quiere sino el que puede; pero, por supuesto, es una gracia que hay que cultivar, desarrollar, y eso requiere lecturas y estudios tenaces, y una gran voluntad de llegar a serlo de verdad.

Desde Airón hasta La Letra del Escriba, ha trabajado en diversas revistas literarias. ¿Qué importancia tienen estas publicaciones dentro del panorama cultural de un país?

La función esencial de las revistas literarias es informar a los lectores sobre lo que ocurre en el tan heterogéneo mundo literario, sobre las tendencias, autores y obras más significativas que se publican; de tal manera, que las opiniones vertidas en sus artículos sirvan como recomendación, para que los lectores sepan qué autores valen realmente y qué libros buscar.

Ha trabajado como periodista cultural y crítica literaria en varios medios de prensa. Según su experiencia, ¿cómo se ejercen hoy en Cuba estos oficios? ¿Qué propone para mejorar el estado de la crítica en la Isla?

Contrariamente a lo que suele pensarse, hay espacios disponibles en las publicaciones literarias, impresas o digitales, para ejercer la crítica, incluso hay más espacios que textos que se presentan. Y quienes hacemos revistas coincidimos en constatar la escasez de buenos trabajos, que sean objetivos y de buen nivel. En cambio, los escritos laudatorios, complacientes y de pobreza conceptual y de lenguaje, son lamentablemente los que más recibimos.

Para que mejore la calidad de la crítica, habría que  empezar por estimular su ejercicio, reconociendo, por ejemplo, a los críticos más talentosos y lúcidos, proponiendo también, a los mejores, columnas permanentes en determinadas publicaciones, que resultarían paradigmáticas para los demás. Al mismo tiempo,  hay que dejar de  ser indulgentes al dar indiscriminado crédito a supuestos críticos sin ninguna capacidad como tales.

En cuanto a la poesía, ¿a qué le confiere más importancia, al lenguaje o a la imagen?

En poesía todo es importante. Que predomine lo uno sobre lo otro depende de la intencionalidad del autor, del carácter de sus búsquedas estéticas.

¿Con qué corriente, generación o manifestación poética se siente identificada? ¿Por qué? 

En mi juventud fueron para mí muy formadores la épica clásica, comenzando por Homero, Rabelais y los grandes renacentistas; luego Lautréamont, los surrealistas, el existencialismo. Me fui interesando sucesivamente por diferentes tendencias, pero más que por tal o cual escuela literaria, me he sentido atraída por determinados autores en particular, y de estéticas muy disímiles; lo curioso es que creo que mi escritura ha sido más influida por la narrativa y el cine que por la poesía.

¿Cuál debe ser para Ud. la ética de la poesía?

Obedecer al dictado de la palabra, no torcerla, no traicionarla, dar libertad plena al acto de escribir, sin prejuicios ni tabúes, sin frenarlo por razones extraliterarias, o por concesiones  para facilitar su recepción o comunicabilidad.

¿Y la esencia?

La esencia de la poesía es simplemente la poesía…

Luego de tantos años en Cuba, ¿qué opina de los conceptos de literatura nacional?

Todo país necesita fabricarse una literatura nacional; como una historia nacional válida, verdadera, forma parte de la construcción y afirmación de su identidad y fortalece su independencia.

Tanto en lo personal como en la literatura, ¿qué nuevas búsquedas la seducen?

En realidad no te las podría definir, lo importante es que sean búsquedas y nuevas…

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.