La Habana. Año XI.
28 de JULIO
al 3 de AGOSTO de 2012

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En torno al centenario de los Independientes de Color1

Fernando Martínez Heredia • La Habana

En estos días de conmemoraciones del centenario de la gran matanza racista de 1912, puede ser un ejercicio fructífero examinar la cuestión misma de lo que hemos venido haciendo, sus motivaciones, sus contenidos, sus circunstancias y sus perspectivas. Cumplo entonces la sagaz petición de Aida Bahr, y no reitero aquí los análisis que he venido publicando sobre los independientes de color, sus hechos, sus ideas, sus circunstancias y su destino.

De inicio, quiero destacar la participación o el interés de miles de personas de todo el país en los actos que convocaron a la emoción, y las palabras que llamaron al estudio y al debate, un conjunto de hechos que ha modificado muy positivamente la posición de la sociedad cubana ante aquellos eventos sucedidos entre 1908 y 1912. En la forma sintética necesaria para este tipo de escritos, quiero destacar cinco tipos de motivaciones, que no son excluyentes entre sí.

Primera, la llamada recuperación a veces se trata de estrenos de la memoria histórica cubana en su complejidad y su conflictividad verdaderas, que trascienda y deje finalmente atrás a las crónicas banales, omisas, hagiográficas o mendaces del proceso histórico. Segunda, darle más fuerza y amplitud a una renovación de los reclamos de las personas consideradas racialmente como no blancos, de gozar de una igualdad real en cuanto a bienestar, oportunidades y respeto social. Tercera, hacer avanzar una de las líneas de profundización de los trabajos de la ciencia histórica en Cuba. Cuarta, para un sector, la recuperación forma parte del rescate y defensa de una identidad racial determinada y actuante, dentro de la diversidad social cubana. Quinta, para un  sector, al que pertenezco, es también un aspecto de la lucha cultural e ideológica a favor del socialismo.

Quisiera referirme a la dimensión social del centenario antes de aludir a los avances del conocimiento de aquellos eventos. Ante todo, los independientes de color han regresado, después de 90 años de olvido. Una ausencia de tan larga duración fue promovida por la coincidencia de factores muy diferentes entre sí. En el nivel de la organización social, el olvido del gran crimen convenía a los intereses más generales de la dominación burguesa neocolonial que rigió durante la primera mitad de ese intervalo; pero, en una etapa posterior, también fue consecuencia de los intereses más generales del poder revolucionario. Hasta 1959, se coludieron la amplia influencia del racismo en la conciencia social y las adecuaciones de los de abajo a las exigencias del sistema, que siempre incluía que abandonaran una parte de su cultura y su memoria. Este sometimiento para sobrevivir y organizar la vida y sobre todo para sacar a los hijos adelante es la regla mientras funciona la dominación, y no debe olvidarse al estudiar las resistencias y rebeldías. Solo se viene abajo cuando la conciencia y la organización se vuelven poderosas y aspiran a todo: por eso es que son maravillosas las revoluciones.

Cuando yo era un niño imperaba el olvido. Solamente cuando estimó que ya era suficientemente crecido, me regaló mi padre eterno directivo de la sociedad “de instrucción y recreo” El Progreso el libro de Serafín Portuondo Linares. Los impactos tremendos de la Revolución atacaron las bases del racismo, lo condenaron como una de las lacras del dominio burgués e imperialista, y multiplicaron la fraternidad interracial y los cambios en las relaciones interraciales de todo tipo. Pero la liquidación del racismo no fue una de las campañas priorizadas, y pronto la unidad de los revolucionarios y del pueblo que era vital para el proceso fue absolutizada respecto a las diversidades sociales. En aquel año 1962 de enfrentamientos mortales, el cincuentenario del gran crimen no se conmemoró. La ausencia, sin embargo, no tuvo mayor importancia durante la primera etapa de la Revolución en el poder, cuando la gente unida derramaba el sudor o la sangre en las grandes jornadas definitorias, las costumbres conservadoras caían en un descrédito abismal, los jóvenes imponían su voluntad y sus amores, y la movilidad social era sumamente dinámica.

Pero en la segunda etapa, la de los años 70 y 80, primaron los impulsos modernizadores y “civilizadores” sobre los liberadores, con el consiguiente recorte del alcance del proyecto revolucionario. Se produjo un auge colosal de la escolarización y los niveles técnicos, la sistematización de servicios sociales universales y gratuitos y otras formas de redistribución de la riqueza social a favor de las mayorías, un gran salto en los aportes del internacionalismo y un aumento muy notable de la infraestructura y de las exportaciones bajo un modo de producción controlado por el poder revolucionario. Pero las características de este último no franqueaban al país un desarrollo autónomo, se produjeron procesos muy fuertes de burocratización y quebrantos serios de conductas y valores socialistas, y fue impuesta con el ropaje del mal llamado marxismo-leninismo una ideología autoritaria y dogmática muy poco capaz de contribuir a echar las bases de una cultura diferente y opuesta a la del capitalismo, una tarea que es crucial para la transición socialista.

En aquel marco tan contradictorio, la cuestión del racismo fue excluida. Si todo debía marchar bien y estar bien controlado, se esperaba que las diferencias sociales perjudiciales también desaparecieran a consecuencia de la marcha general. La calidad de la vida de la mayoría aumentó, diferentes agencias sociales garantizaban oportunidades de reconocimiento y ascenso sin discriminaciones, y maduró la naturalización de cambios profundos en las relaciones interpersonales. Pero estos avances y aquella ideología ocultaron que los puntos de partida de los no blancos eran en general mucho más desfavorables que el promedio, que existía una reproducción cultural de las desventajas que tendía a hacerlas permanentes, que el dinamismo social era ahora mucho menor lo cual podía tender a reforzar las desventajas de los no blancos y que hubiera sido necesaria una política especializada dentro de la política social general para enfrentar esa situación.2

Aunque en menor grado que el pensamiento y otras disciplinas sociales, la historia de Cuba sufrió restricciones, imposiciones, selecciones que implicaban omisiones, distorsiones de hechos y procesos, que perjudicaron a la divulgación, la docencia cuando sucedía el salto descomunal en la educación y la investigación. Además, predominó la idea de que la historia era la fuente de la Revolución que a su vez sería su “cumplimiento”, lo cual inclinaba a sesgar sus contenidos y a interpretaciones teleológicas. La historia en Cuba tiene un inmenso valor social y político a favor de la libertad y la justicia, por lo cual ha sido natural que la lucha por el socialismo y el comunismo se apoderara de ella desde el inicio del proceso. Pero, en su primera etapa, la Revolución se consideraba a sí misma fuente de derecho y legitimidad. Por otra parte, es cierto que el apoyo en la historia nacional, sus ideas y sus combates, tenía también una función de resistencia cultural y política frente a las distorsiones y desviaciones del proceso de transición socialista y el hegemonismo extranjero, que por entonces ya se apodaba “socialismo real”.

Hace 20 años, la abrumadora crisis económica cubana y la pérdida de prestigio del socialismo a escala mundial cambiaron las condiciones a tal punto que se inició una tercera etapa de la Revolución. No me referiré a sus rasgos generales, ni a los nuevos problemas que en este intervalo se han ido desplegando, sino solamente a un aspecto que es muy importante para nuestro tema. Se ha registrado un reconocimiento creciente de la diversidad que contiene nuestra sociedad, de los problemas, las expectativas y los anhelos ligados a esa diversidad, y crece la valoración positiva de ella. Desde aproximaciones y criterios diferentes, el componente poblacional de origen africano y sus identidades, formas culturales, historia, situación y problemas actuales está bien establecido hoy como una de esas diversidades.

Una cuestión resalta y convierte el tema en reclamación: la mayoría de los no blancos sufre o percibe desventajas materiales, formas de postergación social y de minusvalía por ser no blancos, es decir, de racismo antinegro. El proceso cubano de estos últimos 20 años ha tenido y tiene consecuencias palpables en este terreno, que condicionan una nueva fase de la lucha cubana por la verdadera integración, la igualdad y la justicia social, y al mismo tiempo le sirven de acicate. En estas dos décadas el activismo a favor de esa causa ha sido muy notable por su presencia y gran dedicación, aunque sus resultados puedan parecernos limitados. Constituyen adelantos muy notables la conciencia que han adquirido personas de todos los colores de piel acerca de esta cuestión y la aceptación generalizada de su exposición y enfrentamiento públicos. Hoy se reconoce que el racismo persiste en la Cuba actual, y que hay que acabar con él. La ceguera ante las razas y la sordera ante el racismo desde el nacionalismo cubano, establecidas desde hace más de un siglo, están siendo derrotadas y confío en que pronto serán olvidadas.

Como sucede siempre en los procesos sociales, aparecen también aristas negativas. Destaco solamente una: la utilización mercantilista de “lo negro”, que se aprovecha de las necesidades materiales de personas y grupos en desventaja, y de los renovados atractivos del lucro capitalista.

En la lucha contra el racismo existen profundas diferencias entre la posición oficial de la Revolución y las ideas que manejamos nosotros, por una parte, y lo que sucede en la práctica social, por la otra. Es muy importante conocer la dimensión histórica del racismo antinegro, que fue uno de los elementos que participó en la construcción de Cuba como realidad específica, es decir, en el nacimiento y primeros desarrollos de la cultura nacional, y conocer el proceso histórico de las transformaciones, las derrotas y las permanencias del racismo en la cultura cubana, desde entonces hasta hoy. Pero resulta vital que no nos conformemos con formar parte de una élite consumidora de las mejores ideas, satisfecha con el nivel “superior” que posee, sino que actuemos como personas y como instituciones en la lucha actual contra el racismo, con la mayor energía y eficacia posibles. ¿Por qué los debates, los escritos y los innumerables eventos, divulgaciones y conocimientos adquiridos sobre este tema no se generalizan, y no llegan a convertirse en sentido común? ¿Por qué no resulta posible llevarlos a la escala de la sociedad? ¿Por qué no pueden llegar a ser la guía de las instituciones, y de las prácticas de nuestro Estado para escolarizar e instruir a la población, para divulgar, y para entretener educando?3

Entre otros obstáculos y dificultades quisiera destacar, por su importancia, los referentes al sistema de escolarización, que ha sido impermeable a las necesidades y las solicitudes en este campo. Es obvio que la formación de los niños y adolescentes resulta esencial frente a un rasgo cultural como el del racismo antinegro. Ojalá que estén en curso efectivamente reacciones positivas que se traduzcan en cambios eficientes. Pero eso no disminuiría mi preocupación, porque a mi juicio existen deficiencias enormes en la enseñanza, los contenidos, las evaluaciones, la formación del personal y la influencia en la formación cívica de niños y jóvenes, presentes en la materia de Historia y probablemente en las materias sociales en general. Es decir, la deficiencia es muy abarcadora, y la cuestión racial sería solamente un caso más dentro de ella.

Ese es el marco social del regreso de los independientes de color. Desde la dimensión social, las preguntas entonces serían: ¿cuál es la realidad a la que regresan en cuanto a los problemas, las expectativas y los anhelos ligados a la cuestión racial? ¿Qué significa hoy ese regreso, y qué funciones puede tener?

Pasemos a la situación en cuanto al conocimiento del hecho histórico. La tradición oral fue muy escasa, por la fuerza del olvido. El libro de Serafín Portuondo Linares,4 de 1950, pese a ser el primero sobre el tema, constituyó un aporte sumamente valioso en sí mismo, por la calidad de su trabajo investigativo, la defensa que hizo de los independientes de color crítica y apasionada al mismo tiempo y la organización y claridad del texto. El autor era un antiguo cuadro del Partido Socialista Popular (PSP),5 organización realmente ejemplar entre los partidos políticos cubanos en cuanto a su política respecto a las cuestiones raciales. Pero la obra fue muy duramente criticada en la revista teórica del PSP. Víctima del sectarismo y el dogmatismo, aquel libro no se volvió a editar durante más de medio siglo, con evidente perjuicio para los lectores, los estudiosos y la conciencia cubana.6

Política y color en Cuba. La guerrita de 1912, del joven cubano emigrado Rafael Fermoselle,7 fue el segundo libro publicado sobre el tema. Es realmente notable, por sus fuentes entre ellas un gran número procedente de EE.UU., la exposición histórica muy amplia, detallada y bien hilada que contiene, y el vigor interpretativo no exento de compromisos de la obra. Publica, por ejemplo, el texto completo de las cartas de Pedro Ivonnet al embajador de EE.UU. en Cuba (mayo de 1912) y de Evaristo Estenoz al Secretario de Estado (junio de 1912), y añade copias fotostáticas de ambas. No comparto algunos de sus juicios. Lo cierto es que esta obra ha permanecido prácticamente desconocida para el lector cubano.

Nuestros historiadores han mantenido siempre una corriente de investigaciones y publicado obras muy valiosas que atienden cuestiones raciales cubanas, o las incluyen. Pero en las últimas décadas el trabajo de investigación sobre la historia de Cuba y la publicación de monografías se ha multiplicado; los temas raciales o que involucran esa dimensión de los hechos sociales han formado parte de ese notable crecimiento. En mi opinión, ese incremento no depende solo de intereses generales de la ciencia histórica, sino, sobre todo, de los cambios en la comprensión de la naturaleza de la sociedad cubana, y en valoraciones y necesidades sociales a los que me referí antes.8 Mas lo cierto es que el conocimiento histórico en este terreno ha experimentado un salto extraordinario, que nos pone en condiciones de comprender mejor la formación de la población de Cuba y las sucesivas y acumuladas construcciones sociales de razas y de racismo, la participación de los africanos y descendientes suyos en la creación y desarrollo de Cuba y de sus determinaciones nacionales, y en las resistencias culturales y políticas, las rebeldías y las revoluciones que han bregado por la libertad y la justicia en este país.

Esta última dimensión ha sido muy bien apoyada por las investigaciones y las publicaciones acerca de la rebeldía de José Antonio Aponte y sus compañeros, que hace doscientos años protagonizaron el primer movimiento organizado contra la esclavitud y la dominación colonial. Con muchos esfuerzos y modestos resultados se conmemoró el bicentenario, pero no debemos disminuir el alcance de ese logro. Quedó bien establecido que los reclamos actuales están legitimados por una historia secular de sacrificios, audacia y sabiduría política, y que en la historia de Cuba las revoluciones han sido el único camino práctico y eficaz para resolver los problemas fundamentales.   

Al calor del centenario del Partido Independiente de Color y de la gran matanza racista de 1912 se ha desplegado en el país un gran conjunto de actividades, publicaciones, investigaciones y debates. Esto constituye un adelanto muy notable. La conciencia puesta en marcha para rescatar y conmemorar, y los trabajos y afanes de los estudiosos, han sido alentados y estimulados por las iniciativas o el apoyo brindado por el Partido Comunista de Cuba, el Ministerio de Cultura, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Instituto Cubano del Libro y otras instituciones estatales y sociales. Sus resultados se van incorporando a la acumulación cultural cubana, práctica, ideológica, intelectual y cultural. Ha aumentado mucho y se ha socializado en una medida realmente notable el conocimiento de aquel Partido, sus hechos, sus personalidades y la matanza que lo destruyó, y de los condicionamientos del proceso. Ya resulta normal su presencia en actividades públicas y su divulgación, y se explica, se discute incluso se polemiza— acerca del tema en reuniones organizadas de exposiciones y debates, en los medios masivos de comunicación y en libros.

Precisamente nos reúne hoy la presentación de un nuevo libro, fruto del trabajo especializado, incansable y modesto de investigadores del Archivo Nacional de Cuba, institución que también ha contribuido mucho a los trabajos del centenario.9 No me referiré a los Apuntes cronológicos…, los autores lo harán más adelante, y además he dado mis criterios en el prólogo. Solo quisiera dejar en el texto un fragmento de uno entre tantos documentos fuentes primarias que ellos han organizado para servir mejor a los investigadores, uno de los que no incluyeron referencia en los Apuntes, y que Bárbara Danzie gentilmente me hizo llegar. Se emitió hace exactamente un siglo.10

Como advertí al inicio, no me referiré a aquellos eventos históricos. Permítanme solamente un comentario relativo al método que se considera atinado para todo estudioso que se dispone a investigar procesos como el que nos ocupa, y con ellos a la época en que sucedieron, en cuanto los condicionó. Las motivaciones, las actitudes, las conductas y las ideas de las personas y los grupos sociales en cuestión deben investigarse y entenderse a partir de su ubicación histórica en un sistema social determinado, sus características, conflictos y demás aspectos relevantes, con todas las especificidades que esto conlleva. Esa prevención es válida no solamente para los independientes de color. Quiero recalcar su importancia al analizar a todos los que han vivido y actuado en situaciones desventajosas y han pertenecido a las clases dominadas, cuando tratamos de estudiarlos, mostrarlos y valorarlos con justicia. 

Dentro de ese cauce de método, es muy conveniente no dejarse llevar por las corrientes ideológicas que estén predominando alrededor del estudioso porque ellas invitan a “actualizar” tendenciosamente  hechos y personajes, y mucho menos seguir las modas intelectuales, esas formas vulgarizadas de las corrientes dominantes que facilitan tanto la colonización mental. Lo más doloroso de esta última es la eficacia de sus disfraces. Ideología trasmutada en cultura, está enraizada en los procesos de escolarización y adquisición de formación intelectual de las mayorías, y en las comunidades intelectuales. Es un aspecto de la mayor importancia para la hegemonía de la dominación, que resulta capaz de sobrevivir a la desaparición física del sistema que le dio origen. La liberación mental de los colonialismos y de las supremacías de clases y de grupos nos es indispensable. 

El próximo miércoles 18 se cumplirán cien años del asesinato del coronel mambí Pedro Ivonnet, compañero de Antonio Maceo en la Invasión y Pinar del Río, y uno de los principales dirigentes del PIC. El 27 de julio, frente al monumento a José Martí, el apóstol de la libertad y la justicia, sirvieron un gran banquete en homenaje a los que acababan de asesinar a tres mil cubanos. Ese día se reunieron el crimen, la cobardía y el orden social más injusto. Pero la Revolución puede cerrar las más crueles heridas, porque ha sabido implantar la justicia para todos. El próximo miércoles honraremos en ese mismo lugar a Ivonnet, a todos los independientes de color y a todos los inocentes que cayeron durante la gran matanza de 1912. Estaremos limpiando de esa forma a la memoria cubana de la escoria de aquel día, y con ese desagravio nos encomendaremos a la guía eterna de Martí. 

Termino con un comentario que quiere partir de los avances que hemos logrado, a la hora de identificar nuestros propósitos. Ante todo, es imprescindible no dar por terminados los esfuerzos porque en estas fechas se hayan cumplido los aniversarios. La trascendencia mayor de la memoria rescatada es su capacidad de fortalecer la actuación y la determinación frente a los problemas de hoy, y de contribuir a la indispensable necesidad de hacer proyectos. Para el tiempo inmediato, opino que es imprescindible profundizar en las investigaciones y la interpretación de los eventos y procesos históricos implicados, intercambiar y discutir acerca de todo, sin exclusiones. Pero insisto en que es fundamental la socialización del conocimiento de los hechos, los debates y las reflexiones, y utilizar estos avances también en la lucha contra el racismo que persiste en la Cuba actual.

 

Notas:

1- Intervención en el Panel convocado por el Instituto Cubano del Libro como parte de las conmemoraciones del centenario de los independientes de color y la matanza de 1912, Centro “Dulce María Loynaz”, La Habana, 13 de julio de 2012.

2- “Todo derecho igual es un derecho burgués”, había escrito un siglo antes Carlos Marx entre otras claras y duras advertencias a sus seguidores (Crítica del Programa de Gotha, 1875).

3- Este fragmento forma parte de una breve intervención que preparé para el VII Congreso de la UNEAC. El texto completo en F. Martínez Heredia, “El significado de un centenario”, 2008.

4- Los independientes de color. Historia del Partido Independiente de Color, Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección de Cultura, La Habana, 1950.

5- Nacido en 1906, en Santiago de Cuba, pronto fue dirigente obrero y miembro del Partido Comunista; a inicios de 1931 era su Secretario General en Santiago. Veinte años después poseía una trayectoria notable a nivel nacional, que incluía ser uno de los fundadores y el organizador de la Federación Nacional de Sociedades Negras, después llamadas Cubanas. Para más datos sobre él, ver “Portuondo Linares y los Independientes de Color”, en Fernando Martínez Heredia, Andando en la Historia, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello/ Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009, pp. 274-284.

6- Serafín Portuondo Linares: Los independientes de color, Editorial Caminos, La Habana, 2002. Ante el general desconocimiento que primaba todavía, dediqué el prólogo de esa segunda edición a dos fines: analizar la obra y brindar datos sobre la vida del autor; situar el hecho histórico del Partido Independiente de Color y la matanza racista de 1912 y ofrecer mis criterios de interpretación.

7- Ediciones Géminis, Montevideo, Uruguay, 1974, 256 pp. Quizás esté basado en su tesis doctoral, en American University, Estados Unidos. En contracubierta se dice que “ha publicado varios trabajos sobre historia de Cuba y una extensa bibliografía sobre el negro en Cuba”. El autor, que trabajaba entonces en la Universidad de Montreal, agradece, entre otros, a Lourdes Casal.

8- Desarrollé este asunto en “Historia y raza en la Cuba actual”, comunicación leída en el Coloquio Otra suite para Juan Francisco Manzano, celebrado en la UNEAC en junio de 2004.

9- Bárbara Danzie León, Loreto Raúl Ramos Cárdenas, Doreya Gómez Véliz y Iván Dalai Vázquez Maya: Apuntes Cronológicos sobre el Partido Independiente de Color, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2012.

10- Es la Circular no. 4 del Cuartel General del Ejército en Campaña, emitida en el Cuartel Moncada el 13 de julio de 1912, para ser leída a todas las fuerzas en la primera formación que tengan. Reproduce parte de una carta de felicitación del presidente José Miguel Gómez  a José de J. Monteagudo, jefe de las Fuerzas Armadas.  No hay en ella una sola palabra que recuerde la condición de primer mandatario de todos los cubanos del firmante, ni de preocupación por la pérdida de vidas o de invocación a la necesidad de reconciliación. Igual que las autoridades coloniales que combatió de joven, Gómez solo menciona la “pacificación”.  Reproduzco dos de sus párrafos, que no necesitan comentarios:

“”Nadie le habrá felicitado con más gusto ni con más legítima satisfacción, porque no dudé un solo momento del éxito. En los días más difíciles, cuando nos amenazaban en el campo los alzados, y los americanos nos pedían fuerzas para proteger las fincas, y nos mandaban barcos, yo no perdí jamás la confianza en su pericia y en la efectividad del ejército, capacitado para el triunfo inmediato que ha sabido conquistar.”  (…) “Estoy plenamente satisfecho de ese ejército que con tan prolijos cuidados preparó Ud., y que tan bien ha respondido a sus afanes; estoy altamente complacido de los que dieron muerte a Estenoz, acabando con el hombre funesto que organizó la revuelta y comprometió la existencia de la República.”

 
 
 
 
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