La Habana. Año XI.
28 de JULIO
al 3 de AGOSTO de 2012

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Mientras acompañaba a mi padre
Graziella Pogolotti • La Habana
Foto: Archivo


Pogolotti pintado por Carlos Enríquez en 1925

Estoy inevitablemente marcada por esos años de infancia y de adolescencia en un medio que no era solamente el de la vanguardia artística, era en parte de la vanguardia, a través de Carlos Enríquez y todo el ambiente que se reunía en su casa en el Hurón Azul, la relación con Víctor Manuel, quien era una visita cotidiana a la casa, pero también mi padre se relacionaba con muchas personas de diferentes características, en tanto escritores, yo recuerdo haber conocido en mi casa a Luis Felipe Rodríguez, a Emilio Ballagas, a Lino Novás Calvo… también tenía amigos de un mundo intelectual más amplio como pudiera haber sido el caso de Raúl Roa, algunas personas relacionadas más bien con sectores de la vida política de izquierda como fue Leonardo Fernández Sánchez y un gran número de otras personas que giraban alrededor de ese ambiente intelectual aunque no se dedicaran profesionalmente ni a escribir, ni a pensar, ni a hacer música pero que eran personas cultas, buenos lectores, personas informadas.
 


En París, con su esposa Sonia y su hija Graziella

A mi padre le gustaban las tertulias, le gustaba la vida de café, y generalmente se reunía con estos amigos en un café que existe todavía en la esquina de Peña Pobre y Cuba, todas las noches alrededor de una mesa, a veces cuando eran muchos juntaban dos mesas y conversaban tomando refresco, sin tomar siquiera nada extraordinario, ni alcohol, ni comida, después hubo una etapa en la cual él adquirió la costumbre de ir a un café que sí ha desaparecido, ubicado donde se encuentra actualmente la tienda Flogart, en Galiano y San Rafael. Allí se reunía con personas tan diversas como Antonio Núñez Jiménez, entonces muy joven pero que ya era espeleólogo y se pasaba la vida explorando cuevas, con Herminio Almendros, el pedagogo español que vivió muchos años en Cuba, con un economista que trabajó en el Banco Nacional después de la Revolución, llamado Segundo Ceballo, y esto da una idea de la pluralidad de personas y de intereses que se movían en ese entorno.

Naturalmente, yo escuchaba muchas de esas conversaciones, no tenía posibilidad de participar pero eso me iba familiarizando con temas, con inquietudes, con intereses.  Desde luego en mi casa siempre hubo libros y mi padre me autorizaba a leerlos libremente según mi curiosidad, no me imponía ninguna cortapisa y por lo tanto tuve al alcance de mi mano muchos textos clásicos de la literatura universal, independientemente de los libros que yo me compraba con el dinerito que me regalaban de cuando en cuando, por una fiesta de cumpleaños o por haber tenido algún buen resultado en la escuela. Además, tenía que acompañar a mi padre a muchos lugares, a exposiciones y eso me fue familiarizando con el panorama de las artes plásticas en Cuba en aquella época. Como tenía que salir con él con cierta frecuencia, conversábamos de muchos temas, me preguntaba por mis estudios, a veces discutíamos sobre algunos asuntos, sobre cosas que yo hubiera leído, de modo que no cabe la menor duda de que esas circunstancias influyeron de una manera muy determinante en mi formación y en mi posibilidad de tener horizontes abiertos en muchas direcciones.

Fragmento de una entrevista realizada por La Jiribilla en diciembre de 2006.

 
 
 
 


GALERÍA de OBRAS

Pogolotti en el camino
del arte

 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.