La Habana. Año XI.
14 al 20 de JULIO de 2012

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Víctor Fowler
(La Habana ,1960)
 

Caravana

a Inkta

 

Inkta contó que su madre había vuelto de

los campos y que apenas hablaba: días en

el jardín, a la caza de minúsculas orugas,

en el detalle de una rama quebrada o sed

de la tierra ansiosa de agua.

 

Ancianas que tejen, mudas y en éxtasis,

abrigos para los nietos que recién ahora

conocen.

 

Son imágenes de quienes pudieron salvarse:

amos de lenguaje o raídos igual a huesos

chupados.

 

La frente afiebrada recibe la caricia de ese

silencio y a que el sueño nos venza esperan

para salir, siempre creyendo que es la última

vez —en largas y ordenadas caravanas.

 


Composición

…ciertamente, aún no has encontrado a Dios.

Meister Eckhart, Treinta días con un gran maestro espiritual

 

El sobresalto de puntos de brillo al caer,

puntos que son cuerpos.

 

Creo que no leído bien.

 

La expresión de sorpresa porque esto,

ningún signo anterior sirvió para predecirlo

o ese terror, cual hormiguero, de que sean

destinadas nuestras vidas.

 

Así debió de ser el sonido de frutas contra

el suelo y pertenencias que los preceden.

 

Así, como los perros, aguardarían la llegada

de amo y lamer, al caído entre las cosas,

para reconocerlo.

 

El modo en que se acumulan bultos que ya

nadie puede distinguir y la rajadura de

armazón de cuerpos luego de que chocaron.

 

¿Es eso lo que dice?

 

No puede ser que haya leído bien.

 


La ciencia de los instantes

 

Acumulación en la biblioteca del amigo igual que en pasarela

las modelos célebres y conocí el desorden de embajadas: un

piano eléctrico, paquetes de ropa todavía sin abrir, rostros de

infierno en las máscaras mexicanas, una estera de musulmán

y estantes —hasta el techo— con tal ansia de sabiduría que una

vida no iba a ser suficiente. El labio de acumulación y recuerdo

que me pregunté entre autores ¿para qué servía todo aquello?

 

O esa noche en la que te conocí mejor, cuando enrollaste un

periódico en el lavamanos para que escapara una cucaracha

pequeña y así quedaron explicados el gusto de poseer, gestos

indeseados, viajes a través de idiomas y —siempre— como una

madre muerta que nunca termina de flotar encima de la casa,

la sombra del hambre que te aterraba aún más que morir. Es

frágil el huevo vacío y seco, huele durante días en la punta del

dedo que, con una ligera presión, lo quiebra.

 

Lo he descubierto, detrás de libros, mientras buscaba algo caído,

y entonces supe que el esfuerzo de una vida, como un relámpago,

iba a ser arrasado. Tenías razón, amigo, sobre esto —que nunca

discutimos— de cucarachas. La humanidad se define cuando hay

la posibilidad de salvarlas y es desolado seguir.


Fuegos de artificio

para Kenneth Anger


Todavía las bocas y las manos son de inocencia,

ahora que terminaron los juegos

y se exploran en la escalera semioscura.

No se me esconde el sudor,

como metáfora del deseo,

y también que no podrían explicar cómo

llegaron aquí;

solo el flujo entre los cuerpos y la certeza

de que es eso lo que hay que hacer.

Entonces los sorprenden.

 

II

 

En fuegos de artificio la historia es narrada mediante

el agua: un jardín lleno de fuentes, el agua cayendo

de la boca de las estatuas y una figura, suponemos

que de mujer, enmascarada.

 

Visto de cerca, demasiado cerca, el líquido amenaza,

pero también es la delicadeza; como mismo, en suma

de años, se terminará descubriendo qué ocurre con el

placer.

 

La sucesión de figuras parece escupir, condenar, y la

enmascarada huye.

 

III

 

Robaron la delicadeza: el griterío cuando no había

más meta que el conocimiento, la coloración de una

culpa en lo adelante arrastrada.

 

Con esa energía, como en un drenaje, los cuerpos

tomaron su camino.

No coincidió y ni siquiera se reconocerían,

no sabe si la interrupción es muerte,

pero todavía está allí y se sorprende en la escena

rota, preguntando

—como quien olvida el número de teléfono

del primer amante—

qué pudo ser.

 


Víctor Fowler Calzada: En 1987 se graduó como Licenciado en Pedagogía (especialidad Lengua y Literatura Españolas) en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José  Varona de La Habana. Durante varios años ejerció como profesor en el nivel secundario. En los 80 formó parte del colectivo de autores de la publicación Naranja Dulce, en la cual dio a conocer diversos trabajos sobre cultura y erotismo. También se integró al proyecto de promoción cultural Paideia, surgido en 1989. Ha publicado los poemarios El próximo que venga (1986, Editorial Extramuros), Estudios de cerámica griega (1991, Editorial Letras Cubanas), Confesionario (1993, Editorial Abril), Descensional (1994, autoedición), Visitas (1996, Editorial Extramuros), Malecón Tao (Ediciones UNIÓN, 2001), Caminos de piedra (Centro Provincial del Libro de Ciudad de La Habana, 2001), Historias del cuerpo (2001; Premio de Poesía en el Concurso Luis Rogelio Nogueras en 1999, y el Premio de la Crítica Literaria 2001) y El maquinista de Auschwitz (Unión, 2004; Premio UNEAC de Poesía 2003 Julián del Casal y el Premio de la Crítica Literaria 2004). Su poemario La obligación de expresar resultó ganador del Premio Nicolás Guillén en 2008, convocado por la Editorial Letras Cubanas, la Fundación Nicolás Guillén y el Instituto Cubano del Libro.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.