La Habana. Año XI.
14 al 20 de JULIO de 2012

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Crítica literaria en Cuba: Horizontes en tensión
Helen H. Hormilla • La Habana

Un mero repaso a la crítica literaria en Cuba tanto en la prensa periódica, como especializada, despierta inquietudes diversas. La homogeneidad, el énfasis promocional y la falta de arrojo parecen males instalados desde hace ya varios años en nuestras publicaciones. Aunque las razones muchas veces exceden las prácticas artísticas, vale repensar al interior del gremio los porqués de una insatisfacción de tintes añejos. Sin lanzar juicios apocalípticos sobre un universo que, como todos, también tiene sus matices, urge sacudir las dinámicas desde las que se genera y constriñe el pensamiento literario en la Isla para ganar en el tan aclamado salto cualitativo.

¿Cuál es el estado de la crítica literaria en Cuba? ¿Existe una crisis del oficio o se trata de una desmotivación? ¿Están preparados los autores para las opiniones desfavorables de sus obras? ¿Qué papel juegan las instituciones? ¿Por qué se ignoran los grandes nombres de la literatura contemporánea? ¿Qué atención ganan las tendencias estéticas fuera del canon? Son interrogantes para las que siguen sin aparecer respuestas definitivas.

El tema motivó un reciente panel en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, donde actuales profesionales de la crítica literaria compartieron sus ideas sobre las dificultades que entraña el ejercicio de este oficio. Desandaron el debate argumentos que van desde la ausencia en nuestros medios de las grandes figuras de las letras contemporáneas, el desconocimiento teórico, la excesiva retórica, la falta de espacio, la necesidad de articulación entre las instituciones, hasta el compromiso del que ejerce la crítica con quienes hacen la literatura, la desconexión de esta práctica con lo que sucede en otras manifestaciones del arte y la concepción de la crítica como un ejercicio de participación ciudadana.  

Para el viejo criterio de la falta de espacio pudieran citarse las decenas de revistas nacionales y provinciales impresas, además de la demandante prensa digital. Más parcos resultan los espacios dedicados a la literatura en los diarios de alcance nacional, algunos con suplementos literarios y páginas culturales en las que, sin embargo, abundan las reseñas promocionales, entrevistas y monografías, pero se extraña la presencia de artículos con juicios profundos y polémicos. Los cauces suelen revelarse entonces más complejos, hasta rozar cierta apatía e inercia en la reflexión literaria, así como una insuficiente cultura del debate.

La propia historia de la crítica literaria en Cuba puede entenderse como un proceso continuo. Así lo señaló la ensayista Zaida Capote Cruz: “Leer la historia de la crítica literaria cubana en clave de ciudadanía nos descubre el lazo ineludible entre la acción política y la práctica crítica”.

Desde Domingo del Monte hasta los jóvenes estudiantes que en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana que hoy producen la revista Upsalón, se advierte la urgencia de cada generación por mostrar su manera de entender el mundo, el país, la cultura, a la vez que se destronan antiguas hegemonías. “El ejercicio de la crítica es un acto político, una intervención en la vida pública, por eso es preciso defender la tradición crítica e imprescindible reeducarnos en el respeto mutuo, en la práctica civil de la discusión abierta”, subrayó Capote.

Otro punto estaría en la correspondencia de esa imprescindible ambición que implica el acto de releer críticamente una obra, con la avidez institucional que ha desaparecido en la vida cubana, apuntó el escritor Víctor Fowler. La ausencia de los referentes contemporáneos fundamentales en nuestras editoriales no solo puede justificarse con la imposibilidad de publicar autores importantes por razones económicas, pues se requiere una gestión más consciente al respecto, además de buscar otros caminos para la difusión de estas corrientes a través de revistas, sitios digitales, bibliotecas, eventos, conferencias, entre otras alternativas. 

Existe además una disociación entre la circulación de la crítica y su funcionalidad en el contexto social, abundó Ariel Camejo, profesor de la Facultad de Artes y Letras de la UH. Tendencias peligrosas como la estandarización de los mensajes críticos o la profunda institucionalización de la cultura cubana que compartimenta y produce islotes de incomunicación entre las prácticas artísticas, fueron otras de las tendencias desfavorables avistadas por el investigador.

Para Camejo, existe un divorcio entre lo que ocurre en otras zonas del arte y la literatura, pues muchas veces pudieran ser conectados fenómenos recurrentes en las distintas manifestaciones contemporáneas, donde los límites no están bien definidos. La desinformación no solo es visible con respecto a lo que viene de fuera, sino en la ignorancia de la propia herencia nacional, que impide conectar las obras contemporáneas con sus antecedentes inmediatos, así como con sus contextos históricos, políticos y sociales.

La crítica, como brújula que ayuda a discernir, clasificar, agrupar y valorar entre el concierto de textos que se publican o se han publicado, resulta un elemento imprescindible para conformar una literatura. Son esas tensiones entre lo que se legitima, lo que se comenta, lo que se privilegia o se silencia, las que finalmente determinan la manera en que una obra, un autor o corriente creativa llegarán a ser leídos. Hacia esa honestidad, voluntad profética, rigor intelectual y compromiso absoluto con la literatura que implica ejercer este oficio apunta sus horizontes el presente dossier de La Jiribilla.

 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.