La Habana. Año XI.
14 al 20 de JULIO de 2012

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Apostadores encima del abismo
Víctor Fowler • La Habana

Me corresponde hablar de la crítica literaria en la Cuba de hoy, o sea, de un arte que analiza, descompone, reorganiza, clasifica, compara, comentan, enjuicia la obra escrita de uno o varios autores. Semejante cantidad de operaciones las hace de manera puntual (insistiendo encima de la obra como tal) o extendiéndose hasta el ámbito del país, la región o el mundo. Además de ello, busca respuestas en la instantaneidad del presente, tomando en cuenta períodos cortos o en tramos mayores para que sea posible seguir la evolución de un detalle o estructura.

¿No es eso lo que hace la crítica literaria?

Tengo  delante  de  mí  el número 4  (y final) de Naranja Dulce, suplemento  de  El Caimán Barbudo que un grupo de entonces jóvenes hicimos a finales de los 90 del pasado siglo y me sorprende la ambición con la que a los 20 años trabajábamos. Pensábamos el cine de Visconti, un capítulo de la Biblia, la poesía de John Donne, lo presuntamente erótico en Lewis Carroll, la historieta erótica, la pintura de Max Ernst, Dalí y Frida Kahlo, el sentido de la novela Oppiano Licario de Lezama, la poesía erótica inglesa, la fotografía perversa de Joel Peter Witkins.

Queríamos ser distintos, traer un nuevo canon.

Si no entiendo mal, la crítica es la puesta en textos, la traducción a documentos concretos, de algo mucho más grande: un estado de pensamiento epocal, generacional, acerca del mundo, el país, la época misma. La crítica es una incomodidad, una rabia, una manera profundamente calculada de destruir el presente (agujerearlo, transformarlo en ruinas, decir “miren todo lo que ustedes no han visto”) e ir introduciendo pequeñas bocanadas de futuro, del aire que algún día se respirará. 

En este sentido, corre enormes riesgos, cual un arte de apostadores encima del abismo, de la caída al vacío y la permanente posibilidad de merecer olvido. Aquí vale la pena pensar la paradoja de un crítico que siempre se equivocara, pues en tal modo es generoso el arco de la crítica que lo recordaríamos exactamente por sus errores, estudiaríamos la falla desde la óptica de sus condiciones de posibilidad (¿cómo fue posible que se diera algo así?) e intentaríamos comprender sus motivos, metas e inserción institucional dentro del sistema al cual denominamos “la literatura”.

Ah, pero si lo anterior es cierto, si hasta el error es productivo en términos de análisis, todo un campo paradojalmente lleno de posibilidades, lo realmente imperdonable dentro de la crítica parecen ser la medianía mental, los argumentos sobados y la renuncia a cualquier mínimo riesgo (sea este de forma, estructura, argumento, tema, lenguaje, etc.)

Junto con mi viejo ejemplar de Naranja Dulce tengo en mis manos uno de los últimos números de la revista (poco menos que desconocida) Upsalon, de los estudiantes de Artes y Letras de la Universidad de La Habana; para ellos escribí una reseña, publicada en un blog que de modo intermitente actualizo y de la que ahora me permito citar los fragmentos finales:

De ahí el muy agradecible “dossier” dedicado a lo que el editorial que introduce la revista propone como “los magníficos de la literatura contemporánea” y que reúne artículos acerca de Emile Cioran, Thomas Bernhard, Cormac McCarthy, Raymond Carver, John Keneddy Toole, Leopoldo María Panero, Roberto Bolaño y Michel Houllebecq, además de ello, entre otros textos el número contiene traducciones de Alberto Moravia, un bellísimo poema de José Kozer, un sentido obituario de Damaris Calderón para Gonzalo Rojas y par de breves ensayos ejemplares de George Steiner.

Si a la anterior oferta agregamos que —según el editorial que presenta la revista— quedaron en el nivel de los deseos otros ensayos sobre Philip Roth, W G Sebald, James Ellroy, Iris Murdoch, Paul Celan, John Ashberry, Juan José Saer y V. S. Naipaul, entonces estaremos de acuerdo en que la voracidad de lectura que indican todos estos nombres rompe el círculo de la maldición del aislamiento insular. Si algo me ha agradado de este número de Upsalón —en particular, su dossier- es que la realización responde a un desafío consciente “la voluntad de abrir puertas a una zona de lectura por lo general cerradas para el lector cubano”.

Gracias, Upsalon, me alegra esa manera —que tan bien conozco— de transformar la imposibilidad en pensamiento.

Finalmente, traje conmigo las portadas de algunas de las más importantes revistas literarias del mundo, en la edición de hoy o de esta semana Times Literary Suplement, New York Review of Books, The Paris Review, Letras Libres, Escáner Cultural, Letralia. Reviso los nombres que privilegian y descubro que incluso aquellos pocos que conozco (Slavoj Zizek, Angela Carter, Eliot Weinberger, Bruce Chatwin, Allison Lurie, John Ashbery, Philip Roth, Robert Bly) son autores acerca de los cuales apenas (o nunca) se escucha en nuestras publicaciones y entonces me atrevo a preguntar.

¿Qué es lo bueno, qué es lo cómodo, qué es lo aburrido? ¿Qué podemos encontrar, en nuestras publicaciones, que desde el particular trabajo de la crítica nos recuerde que pertenecemos al mundo? ¿Cuáles nombres escuchamos y qué, realmente significan? ¿Cómo entender nuestra literatura, con cuál otro proceso creativo compararla?

Vale la pena recordar (para que las preguntas revelen su intención y sentido) que hubo una época en la cual las publicaciones culturales cubanas mostraron una sorprendente sintonía con los que —para la fecha— eran las corrientes de avanzada en la investigación del texto literario; me refiero a los años (segunda mitad de los 60-inicios de los 70) en los que era posible leer —en revistas como Santiago, Casa de las Américas, Revolución y Cultura o Pensamiento Crítico, entre otras, los nombres de Roland Barthes, Ferrucio Rossi-Landi, Claude Lévi-Strauss, Umberto Eco, C. R. L. James, Louis Althusser o Georg Lukacs.

Me refiero a aquellos años en los cuales, repito, la relación del pensamiento nacional (unas ciencias sociales que buscaban su camino en el mundo a partir de su identidad de brotar desde un país de socialismo tercermundista en condiciones de subdesarrollo y enfrentamiento directo, aunque en condiciones de guerra no declarada, con los EE.UU.) con la contemporaneidad era, como antes dije, de sintonía, diálogo crítico y asimilación creadora.

Tengo, como se ve, solo preguntas o —para ser honesto— rabia, más bien mucha rabia. Creo que necesitamos abrir nuestro ámbito, absorber bocanadas de mundo (en términos de lo que hacemos) dialogar, introducir nuevos modos de pensar la literatura que nos ayuden a quebrar el imperio de las lecturas sociológicas del texto. Fugarnos, (re)entendernos, (re)inventarnos. Tenemos que pensar las problemáticas de hoy con los nuevos instrumentales que hoy nos brinda la crítica y continuar explorando la época, el pasado, el país, el mundo, nosotros mismos, el destino de la especie humana a través de todo cuanto el texto literario nos da.

Ser ambiciosos, muy ambiciosos.

Intervención en el panel Ciclos en movimiento. Estado de la crítica literaria actual en Cuba. Sala Federico García Lorca, Centro Dulce María Loynaz. La Habana, 28 de junio de 2012.

 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.