La Habana. Año XI.
23 al 29 de JUNIO
de 2012

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Crítica y cine jóvenes en Cuba

Marianela González • La Habana

I

¡Existen! O sobre cómo comenzó el desfase...  

Aquel documental de ¿locos? no tenía signos en su título: más bien lo afirmaba, todo cuerdo1. Pero pienso ahora que quizá muchos sí apoyaron las barbillas en exclamaciones, interrogaciones, plecas y todo tipo de grafías significantes, cuando el cambio de siglo abrió las puertas de nuestra Cinemateca a una avalancha de sujetos fílmicos y filmadores, recluidos hasta entonces en un universo paralelo y disperso que había comenzado a marcar terreno desde que los tardíos años 90 propiciaran el acceso a posibilidades otras de hacer y distribuir audiovisuales. Entre las muchas urgencias, en el entresiglos cubano urgía decir. Y al menos para decir, hubo con qué.     

No obstante, como puede decirse también de la literatura y el teatro en aquel período y hasta principios de los 2000, la producción cinematográfica de los jóvenes se resintió justamente por su costura más loable: su asimilación de las funciones sociales del periodismo. Desde las sutilezas de la ficción o la agudeza del ojo documental, muchos cineastas jóvenes ―egresados de las escuelas de cine o aficionados― se viraron hacia aquellas zonas/voces de silencio a riesgo de que el cambio de roles trajera consigo miradas puramente contemplativas o reporteriles de la realidad inmediata.

De cualquier manera, el imaginario del Cine Cubano, estructurado durante medio siglo por la institucionalidad cultural ―en calidad de monopolio absoluto de la producción, distribución y promoción cinematográficas―, comenzaría entonces a redefinirse desde su médula: el público, a cuenta de un circuito de estreno conectado por las memorias flash y sin más criterios de legitimidad que el discurso mismo de las obras. Así, la creciente democratización de los medios de producción y distribución de la producción audiovisual cubana, que hallaría como punto culminante la apertura de un sitio dentro de la institución, marcharía desprovista de una pluralidad de espacios para la sistematización crítica o reflexiva de tal proceso, asomada mucho después con el auge de los blogs y los medios digitales de prensa.    

Tanto que, una década y once Muestras más tarde, sigue siendo amplísima la brecha entre quienes participan de esa circulación viral de audiovisuales y aquellos con acceso a los debates que en torno a dichas obras se generan. Para la gran mayoría de los cubanos, nuestro Cine, así, con mayúscula, aún se limita a aquel que se produce, distribuye y promueve desde nuestros centros de la industria y la información.

Aunque el llamado cine joven cubano ya pueda parir un libro, no tiene quien le escriba desde su correlato: la crítica joven, como sus espacios, aún es una obra en construcción. Y la marcha transcurre a destiempo.


II

Cine-crítica jóvenes: “¿Cuál es mi [su] película?”

Quienes se han dedicado a seguir bien de cerca al cine joven no perciben en esa avalancha de producciones una revolución estética. Me refiero, claro está, a la crítica y a cineastas cuyas edades doblan las de los realizadores; quienes están detrás de las cámaras ―convertidos muchas veces en sus propios cronistas, y aun cuando toda idea de “movimiento” o “grupo” les resulte antipática― se reconocen en los discursos cuestionadores de la realidad y sus lógicas, desmitificadores de construcciones-país que para sus padres pudieron haber sido sagradas.      

Unos y otros han ido moldeando esta emergencia que, bajo la etiqueta de “cine joven”, ha venido tomando cuerpo tanto desde la pertenencia, como desde la negación. Y las etiquetas, ya lo sabemos, eligen y excluyen: allí donde se haya definido la Muestra pretendiendo definir con ella a toda una generación; allí donde se haya pretendido certificar a La Crítica Joven del Cine Joven, valga la redundancia, desde las páginas de una publicación institucional.    

La dialéctica cine-crítica jóvenes en Cuba muestra no pocas zonas de desencuentros, cuya expresión más elocuente puede ser, si se quiere, la antesala de la oncena edición de la Muestra. Basta dar un vistazo a la circulación de ideas que se produjo a partir de la salida de su director2, el cineasta cubano Fernando Pérez, para sistematizar algunos puntos.

Aun cuando muchos de los críticos y periodistas jóvenes que tienden a seguir el cine joven cubano desde revistas especializadas o medios de prensa conocían de la polémica, fueron los espacios personales de críticos de mayor trayectoria, seguidores del cine joven cubano desde que comenzaron a asomar estas producciones outsiders, los que fungieron como lugar de encuentro para aquellos que sí quisieron decir3.   

Los jóvenes críticos no fueron el caso, y ello, aun cuando no pocos cuestionamientos haya suscitado ―como también fueron cuestionados los cineastas jóvenes que no se “pronunciaron” en la polémica―, no hace más que sumar síntomas: si para muchos de los jóvenes cineastas vinculados a la Muestra el fenómeno del cine joven trasciende a un conjunto de ideas y de preguntas no siempre localizadas en la pantalla, para los jóvenes críticos el proceso termina con la obra, como su rol termina con la crítica “pura y dura” de la misma.

Si Milena Almira afirma que “ya no se trata del cómo [filmar]. Ahora lo que se impone es el por qué4, los jóvenes críticos privilegian lo primero, coincidiendo así con las visiones que sobre el rol de la crítica han sido promovidas desde la institución: ante la riada de creadores, es necesaria una decantación5.  

Por otro lado, regresó al tapete por estos días el cuestionamiento acerca de los supuestos feudos que protegen cineastas y críticos, apostando unos y otros, aunque en medio de no pocas polémicas, por la idea de que solo con las construcciones desde un lado y de otro se salva una obra de la fatuidad de isla apartada. Pero poco de esa intención se siente del lado de la crítica joven, mientras los jóvenes cineastas no se han conformado con tener solo talento para filmar y han hecho de su “obra” —dígase, razón de ser— una geografía mucho más vasta. El propio Fernando Pérez, en diálogo con La Jiribilla, comentaba que “no quisiera atribuirle a la crítica joven una ‘función´ específica; [pero] sí quisiera abrirle espacios para que se exprese al mismo ritmo que el cine joven lo hace”.

Claro, “probablemente ocurra que muchos renieguen de la obra, diciendo simplemente: ‘esa no es mi película’ —continúa Milena, tomando como “obra” una “película” que no es más que la realidad filmable y discutible, contexto al fin donde la obra cinematográfica halla cuerpo—. Pero si no es nuestra, si no la escribimos nosotros. ¿Entonces quién?”. Para la joven cineasta, la obra de ese “nosotros” también ha de definirse fuera del set, y ahí es donde quizá comienza a desdibujarse el ser individual para conformar las primeras nociones de grupo: aquellas que han pasado de la definición por negación para afirmarse desde la propuesta. Y ha sido, especialmente, ante sus propios problemas: “no los de otros, los nuestros, que al fin y al cabo son los que más nos duelen y más nos quitan el sueño”, llama Milena a este “gran punto de giro” que ha significado la decisión de Fernando para su “generación”. Generación Muestra: nosotros —dice Leandro6—, los que hemos sufrido sin juzgar.       

Otros elementos, no obstante, se esgrimen como ideas aisladas en contra de esa supuesta noción de grupo en el cine joven cubano y en favor de la existencia de dicha condición entre los jóvenes críticos. En relación con los primeros, la carencia de referentes que incluso puede llegar al propio contexto de la historia del cine, por ejemplo, es un argumento que para no pocos críticos explica un cine “más adrenalínico”. Y es ese hacer intuitivo el que propicia, en muchos casos, la distancia con un cuerpo de críticos jóvenes a quienes no unen espacios editoriales ni de debate, pero sí ese “espíritu generacional” que Rufo Caballero7 percibía en escrituras abundantes de referencias intertextuales, como en la instrumentalización de la semiótica y el psicoanálisis.     

Se crea así una especie de incompatibilidad entre ambas etapas de formación de un talento que se expresa en sentidos opuestos: el del cineasta joven, en la asimilación y prueba — “la libertad de la inexperiencia”, le llamaría Pável Giroud8―; el del joven crítico, en la rigurosidad sin medias tintas.    

Se trata, a fin de cuentas, de una generación que define su rol en la obra misma: en ella comienza y termina el “riesgo” que el autor de Suite Habana percibe como principio y fin del ejercicio crítico —ese que él mismo asumió siendo muy joven.

Y sin bien es cierto que a los jóvenes realizadores se les exige, casi como un contrato social no escrito, que asuman el cine no solo como hecho artístico, sino además como acto ético, cívico —pues aún sus zonas son el silencio de nuestros medios—, en tiempos de polémica se perciben mucho más conscientes de ello que los jóvenes críticos. Incluso, de su soledad: “¿Qué nos toca a los cineastas? —pregunta Pável Giroud, y él mismo contesta: “hacer películas. Mirarnos al ombligo, sí. Pero al menos en todos esos materiales [que se exhibieron en los primeros años de la Muestra] hay una rabia, un grito, una protesta. Ponemos la semilla, pero pretenden que también reguemos el árbol, lo podemos y lo cuidemos”. Y alerta, en polémica con el crítico cubano Gustavo Arcos: “Todo eso (...) forma parte de un sistema al que ustedes, los teóricos, también pertenecen y en el que podrían poner su granito de arena”.   

Y ese aporte de la crítica joven —dígase, como del propio cine joven, el juicio fresco, desprejuiciado, veedor de procesos y diálogos con la realidad que fecunda la obra— al que los jóvenes cineastas también están apelando, no es —no puede ser— la “decantación”.           

Notas:

1.    Existen (2005), documental del realizador cubano Esteban Insausti, pretendió una mirada a nuestra sociedad a través de las voces de enfermos mentales. La obra de este director, uno de los primeros en formar parte de la Muestra de Jóvenes Realizadores en Cuba, mereció el premio de Ópera Prima a la Mejor Obra Experimental en el 28 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.  

2.   Ver: “La partícula de Higgs”. Palabras de Fernando Pérez en el catálogo de la 11na. Muestra Joven. http://www.cubacine.cult.cu/muestrajoven/centrof.php 

3. Ver compilación: “Otras voces jóvenes sobre la Muestra”, en http://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com/2012/04/04/otras-voces-jovenes-sobre-la-muestra/

4.    Milena Almira: “¿La película de quién?” Publicado por el crítico cubano Juan Antonio García Borrero, en su blog La pupila insomne (http://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com/2012/04/04/otras-voces-jovenes-sobre-la-muestra/)

5.    Omar González, presidente del ICAIC, en entrevista con Isachi Fernández. “El cine cubano: inobjetablemente revolucionario”. En: revista Cine Cubano, no. 175, p. 3.

6.    Leandro de la Rosa: “Leviatán”. Publicado por el crítico cubano Juan Antonio García Borrero, en su blog La pupila insomne (http://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com/2012/04/04/otras-voces-jovenes-sobre-la-muestra/)

7.    Rufo Caballero, en su introducción a la sección De película. En: revista Cine Cubano, no. 175, p.86.

8.    En entrevista con Gabriel Caparó: “La era, la apertura, el corazón. Acercamiento a un nuevo escenario de relación entre el ICAIC y los jóvenes realizadores”. En: revista Cine Cubano, no. 166, p.2.  

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.