La Habana. Año XI.
23 al 29 de JUNIO
de 2012

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Esther en alguna parte y Miravalles, en Cuba

Abel Sánchez • La Habana

Fotos: Víctor Junco (La Jiribilla)

Está sentado en el mejor de los sitios posibles: frente a la cámara. Viste impecablemente, de traje y pajarita. Por algún lado se cuelan la voz y el humo que salen de la boca de una mujer. Él, apenas habla, no lo necesita. Todo está en su rostro, en la manera de torcer los labios, de enarcar las cejas, de respirar, en esa emoción falsamente contenida que poco a poco le va brotando de adentro. Tiene más años y menos pelo, pero no cabe duda, es él. Lo delatan el porte desgarbado y los ojos diminutos, centelleantes, sigue siendo el mismo de siempre. Reinaldo Miravalles, después de 20 años, vuelve a filmar en Cuba.
 

Cruzando el pasillo, en una habitación mucho más grande, hay una pantalla donde se ve lo que graba la cámara, o sea, a él. Allí, el director Gerardo Chijona no pierde ni un detalle, después de cada toma se levanta, atraviesa el pasillo, da indicaciones al actor, regresa a su puesto, alguien grita silencio y todo vuelve a empezar. En la mano lleva el guion de la película: Esther en alguna parte, escrito por Eduardo Eimil Mederos y basado en la novela homónima de Eliseo Alberto (Lichi) Diego.

Por estos días se graban las escenas finales, pero todo comenzó varios años atrás, cuando la historia todavía era un borrador manuscrito. Chijona fue amigo de Lichi durante 38 años, de ahí que siempre quisiera filmar alguno de sus libros. Primero creyó que sería Caracol Beach, premio Alfaguara de Novela en 1998, pero producirla resultaba demasiado complejo. Luego, cuando leyó el manuscrito de Esther en alguna parte, supo que ahí estaba su próxima película.

Una película que comenzó justo en el 2005, cuando se publicó la novela, y que tiene mucho que ver con la amistad de ambos, por eso el director no puede hablar de ninguna de las dos sin que la voz le tiemble. “Pienso que es la película que Lichi quería —asegura—, siempre creímos que debía ser una comedia triste, eso fue lo que predominó en todas las versiones del guion. Cuando le enseñé a Lichi el primer borrador, casi le da un infarto, pero luego lo discutimos varias veces, y la película que hoy estamos filmando fue la que él finalmente aprobó”.

En un inicio pensaba dedicarla a Rapi Diego, el hermano de Lichi, quien apoyó el proyecto desde el inicio hasta su fallecimiento en el 2006. Pero en julio del año pasado, en México, también moriría el escritor. De modo que la película viene a ser una especie de homenaje para los dos, el mejor que podía hacerles Chijona.

“Aquí estoy abordando un mundo que nunca antes había trabajado: el de la tercera edad —reconoce—. Algo totalmente diferente, sobre todo después de hacer una película como Boleto al paraíso, que era un mundo duro, descarnado, marginal. Esta, en cambio, es una película un poco más cariñosa, con personajes que empiezan a descubrir sus vidas, como nos pasa muchas veces, que creemos que nuestra vida va por un lado y descubrimos que en realidad el camino es otro. Creo que es mi película más optimista, porque trata sobre la amistad, pero es una amistad que llega cuando uno piensa que ya no hay tiempo para hacer amigos y para cambiar la vida.”

Habla, sobre todo, de Lino Catalá, el protagonista, quien un año después de la muerte de su esposa descubre que esta llevaba una doble vida: durante el día era un ama de casa que arreglaba uñas; pero en la noche, mientras él trabajaba de linotipista, ella cantaba boleros. Después de leer el guion en Miami, donde vive con su familia desde el 94, Miravalles aceptó el reto de hacer un protagónico a sus 89 años.

“Todo el mundo lo ha acogido como lo que es —afirma Chijona—, un gran actor del cine cubano de vuelta aquí”. Luego añade: “He sentido como si hubiese estado haciendo una película con mi padre, porque él también fue muy longevo. El equipo completo ha estado encantado de tenerlo”.

Y, por si fuera poco, la película cuenta con un reparto que incluye a Enrique Molina, Daisy Granados, Eslinda Núñez, Laura de la Uz, Verónica Lynn, Paula Alí o Luis Alberto García. O sea, actores que conocen de sobra el oficio.

Precisamente por eso el plan de rodaje ha sido tan rápido, bastaron unos cuantos ensayos —Chijona siempre lo hace—, explicarles lo básico y ellos pusieron el resto. Lo demás, fueron detalles que se arreglaron sobre la marcha.

Veamos, por ejemplo, a Enrique Molina, quien interpreta a Arístides Antúnez —alias Larry Pó o Abdul Simbel, naviero libanés; o Pierre Merimé, acuarelista francés; o Eduardo Sampedro, ginecólogo; o Elizabeth Bruhl, seductora mujer de ascendencia belga—, un anciano de personalidad múltiple que le revela a Lino la vida oculta de su esposa. Su personaje no es otra cosa que la contraparte del de Miravalles en la película, los dos forman un dúo pintoresco, casi cervantino, que recuerda el que este último hizo 50 años atrás con Enrique Santiesteban en Las doce sillas. Ambos visitan a varias mujeres tratando de descubrir la verdadera identidad de la manicure/cantante de boleros, mientras, de paso, Larry Pó intenta encontrar a Esther Rosales, su primer amor que, sin duda, está en alguna parte.

“Ha sido bastante difícil porque he tenido que interpretar varios personajes en uno —confiesa Molina—. Aunque, sinceramente, he tenido mucha ayuda del director, los técnicos y del resto del elenco, entre todos han colaborado conmigo muchísimo y me he sentido muy bien. Trabajar con Miravalles ha sido un honor y un compromiso muy serio. Fue un reto porque tenía miedo de no estar a la altura. Ha sido algo muy grande para todos, los actores, los técnicos y el público, que Miravalles nos haya dado este regalo, porque no cabe duda de que es un regalo esto que nos ha hecho. Son pocos los actores que a sus 89 años se atreven a hacer un protagónico; un papel secundario, de reparto, tal vez; pero hacer un protagónico con esa edad es muy difícil.”

Mientras lo maquillan para su próxima escena, ensaya con Daisy Granados el diálogo que están a punto de filmar. Es ella quien hace de Maruja Sánchez, la esposa de Lino, que al comenzar la historia ya no existe. “Ojalá esto no sea una premonición —bromea—, porque ella muere antes de empezar la película, y espero que yo no muera al terminarla”.

Poco después, en un tono más serio, afirma: “Me he sentido muy contenta durante el rodaje. Primero que todo, porque estoy trabajando otra vez con Chijona, es la segunda ocasión en que lo hago y me gusta mucho. El guion está basado en la novela de Lichi Diego, también un gran y entrañable amigo, que lamentablemente ya falleció. En el elenco, Chijona ha logrado agrupar a toda una serie de actores de primera categoría de nuestro país, y trabajar con Reinaldo Miravalles para mí siempre fue una ilusión y ha sido un gran orgullo tenerlo entre nosotros de nuevo”.

Hace un momento, Eslinda Núñez acaba de cambiarse el traje de lentejuelas y la peluca, los que la ayudaron a introducirse en el mundo de la cantante Elenita Ruiz, tan lleno de bares, boleros y vedettes, el mismo que frecuentaba Maruja en sus noches extramaritales. Elenita es una de las muchas mujeres que visita Lino, Junto a Larry Pó, siguiendo el rastro de la difunta. Un personaje que Eslinda, por su parte, ha disfrutado muchísimo:

“Me ha dado la posibilidad de trabajar con Chijona, ese fue uno de los motivos por los que acepté, porque siempre he querido trabajar con él. Además de la posibilidad de trabajar junto a Miravalles, quien siempre ha sido para mí un gran maestro, un actor extraordinario, lleno de una seguridad y una organicidad tremendas. Lo conocía desde hace muchos años porque lo he visto en sus películas, pero esta posibilidad es fantástica. Son dos pequeñas escenas las que tengo con él, pero me ha satisfecho mucho poder estar cerca de él y de Molina.”

No obstante, el más contento de todos parece ser el propio Miravalles, camina con una vitalidad que disimula sus 89 años, y cuando ríe, su carcajada estruendosa recorre todos los pasillos. Ya no se parece a Oscar ni a Melesio ni a Cheíto León, pero delante de la cámara el carisma, la expresividad de sus gestos, siguen siendo los mismos.

“Hace mucho tiempo que no filmaba en Cuba —dice—, por ende, estoy aquí disfrutando, porque para mí el cine es un trabajo que, si encuentro la medida de cómo hacerlo, no me cuesta. Yo trabajo con mucho placer. Con Chijona me siento excelentemente bien, si no me hubiese gustado la película, ahora estaría trabajando en EE.UU., pero como me dio un guion extraordinariamente bueno y es un excelente director, pues lo que estoy es disfrutando en lugar de trabajar.

“No estoy haciendo nada político —añade—, estoy haciendo cine, si este fuera un cine que no concuerda con mi criterio, no estaría aquí. Estoy aquí porque esta es mi patria, y el cine que estoy haciendo no molesta a nadie. Molestará al público que no le guste la película y nosotros esperamos que guste”.

Cuando le preguntan si estaría dispuesto a filmar nuevamente en Cuba, responde: “Si me gusta la película, es posible que venga, pero cuando se tiene 89 años, no se invitan tanto a los viejos —afirma riendo—. El cine es para jóvenes. Esta película es de viejos, de lo contrario no me hubiesen invitado”.

En esto parece coincidir con Chijona: “Una vez le dije a un productor que esta era una película de viejos, y eso es lo lindo, que sea una película de viejos. Sobre todo el protagónico, que todavía a esa edad siente que le queda otra oportunidad para ser feliz y va por ella”.

Ahora, Miravalles está sentado junto a él frente a la pantalla, observa detenidamente la escena que acaba de grabar. Se mira a sí mismo como si fuese otro, la boca abierta, atento a cada detalle, escucha los parlamentos de Lino a través de los audífonos y asiente cuando está conforme. Al final, cuando la secuencia llega al clímax y Lino dice: “Esa no era Maruja”, de una forma en que nadie más podría hacerlo, él da un brinco en el asiento y grita riendo: “Me la comí, apláudanme caballero”.

Luego, cuando el equipo técnico aún no ha parado de reír, sale afuera radiante, como un niño que acaba de aprobar un examen, le echa el brazo por encima a Chijona y exclama: “Esta es una película de estilo diferente a otras que he hecho, no tiene nada que ver con los cowboys o los gánsteres, es una película de emoción y espero que el público la reciba así. Lo digo como actor, como amigo y como hombre”.
 

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.