La Habana. Año XI.
23 al 29 de JUNIO
de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

A propósito de la Protesta de los independientes de color

Discrepancias con un amigo

Rolando Rodríguez • La Habana

 

Siento discrepar en algunos aspectos con alguien a quien mucho aprecio como Fernando Martínez Heredia. La protesta armada del Partido Independiente de Color, claro que se parece a todos los levantamientos armados de principios del siglo XX, pero eso no lo salva de que tilde a este de equivocado, solo porque unos fueron llevados adelante por hombres de una mezcolanza de colores de piel y el otro fue una guerra de hombres de piel negra. Que unos hicieran mal algo, no salva a los otros. Critico a todos los equivocados, sin presentismo alguno, a todos los que llamaron a los yanquis para que les sacaran las castañas del fuego. 

Desde la constituyente de 1901 se creó una situación tirante entre los cubanos y los estadounidenses, en cuanto a la enmienda Platt. Si hay quienes hoy dicen que “los años de los Independientes de Color son los mismos en que las organizaciones políticas y la mayoría de las personalidades abandonaron el reclamo del cese de la enmienda Platt” hay que decirles que se aventuran mucho a hacer afirmaciones que no pueden probar. Por el contrario fueron esos años los de la Junta Patriótica de Salvador Cisneros Betancourt, Manuel Sanguily, Carlos García Vélez y otros, y a pesar de que al pueblo cubano durante los años que corren hasta la década de los 30 le trataron de meter en la cabeza que la Gran Nación del Norte había ayudado a liberarnos, recordemos que hasta el sátrapa Machado planteó, junto con su admiración a EE.UU., su deseo de que se eliminara la enmienda Platt. No cabe duda de que en la década del 10 al 20 el antinjerencismo y el antiplattismo, creado por la bochornosa enmienda Platt, marcó para toda la vida a las cabezas más preclaras de inicios de la República: Varona, Collazo, Loynaz y, en 1913, Gandarilla[1] hablaba del vilipendio de la enmienda Platt, e incluso pedían su abrogación personajes de nada grata recordación. 

Me parece extraño que se quiera olvidar que el comandante mambí Evaristo Estenoz, que en 1899 era el representante de los albañiles —luego sería como cuenta Renée Méndez Capote, el pequeño contratista de obras de su casa en la calle 15, en el Vedado—  hubiese pedido, luego de su arresto, desde el balcón de la jefatura de policía de la capital, y bajo la atenta mirada del gobernador militar de La Habana, general Ludlow, el cese de la importante huelga que habían protagonizado los albañiles y otros gremios. Desde entonces, los albañiles se consideraron traicionados por sus dirigentes. 

Acudir a EE.UU. para que dirimiera problemas internos de la Isla ya se había empleado en 1906, pero no sin que hubiese causado en el pueblo un repudio y un resentimiento contra quienes les entregaron la República, que estuvo a un tris de perderse. Entre los negros el acercamiento a los estadounidenses tenía antecedentes. En agosto de 1907 antiguos mambises negros, Ricardo Batrell y Alejandro Neninger,  en busca de apoyo para su causa, habían dirigido un manifiesto “Al Secretario de Guerra de Estados Unidos”, Taft, y “al pueblo de Cuba y a la raza de color” y lo publicaron en La Discusión. Su tono era francamente amenazante: “Si no se nos da lo que nos corresponde lo sabremos tomar por la fuerza”[2]. Batrell y Neninger, basados en una creencia ingenua en la virtud de la racista sociedad estadounidense, con olvido de que cada día asesinaban a un negro en el sur de ese país, y el tenebroso Ku Klux Klan cabalgaba de noche en campos no solo para encender cruces de fuego, sino con vistas a ahorcar negros y a volverlos antorchas humanas, le escribían nada menos que al secretario de Guerra, el mismo que había ocupado la Isla poco antes, para suplicarle que solucionase “la injusticia” perpetrada por los cubanos blancos “contra la raza negra”. Agravaban los cubanos su pecado al rebajar “la honorabilidad de esa culta nación” cuando afirmaban que actuaban con la aprobación de EE.UU.[3]. Era de presumir las carcajadas de Taft, al leer estas palabras.  

Los que defienden la existencia del Partido Independiente de Color, nunca han explicado por qué Magoon y Crowder aprobaron la creación de aquel partido. Ese par de enemigos viscerales de los negros no tenían razón aparente para dejar que se creara el partido: ¿sería para dividir la sociedad cubana? En mi libro Las máscaras y las sombras hay numerosas referencias a vínculos de Estenoz y Masó Parra, el desertor del ejército mambí, que estaba por cuenta de intereses extraños, tratando de provocar una insurrección. Por mi parte, pienso que el temor a una insurrección de elementos negros fue la gran razón para endulzar a negros y mulatos, dándoles la aprobación a lo que deseaban y evitar un alzamiento. Pero claro, esta es solo una presunción. 

Serafín Portuondo Linares —hijo de uno de los integrantes del PIC sobreviviente de aquella masacre— en su profunda investigación Los independientes de color, dijo: “Si su objetivo principal era la integración de un partido en el que estuviesen garantizados la lucha contra la discriminación racial, y por la plenitud de derechos para la población negra, así como los derechos electorales, una vez aprobada la enmienda Morúa, y declarado el Partido fuera de la ley, debieron no de centrar la lucha por la derogación de la enmienda [Morúa], sino juntar sus fuerzas políticas y electorales con otros núcleos progresistas de la población cubana, sin tener en cuenta su raza o color; y haber creado un partido popular con otro nombre y un programa más ampliado. Esto le hubiera permitido lograr sus objetivos programáticos y electorales, así como enfrentarse ventajosamente a sus enemigos y a los partidos Liberal y Conservador. Se aferraron al nombre de su partido y al derecho electoral inmediato, que les concedía el código regulador de esa materia vigente”[4]

El 22 de abril de 1910 el ministro Jackson, de la Legación de EE.UU. escribió al secretario de Estado de Washington, para decirle que el “general” (así entrecomillado) Evaristo Estenoz, líder de la Agrupación Independiente de Color había visitado la Legación esa mañana, acompañado de un tal Manuel Morejón, quien reclamó ser ciudadano estadounidense, en virtud de su naturalización el 14 de diciembre de 1875 ante el Tribunal Penal Inferior de Filadelfia y que sirvió de intérprete. El mayor Barber, del G-2, también estaba presente. Estenoz quería que supiéramos que su partido era legítimo y había sido reconocido por Magoon y Crowder, que no tenía la intención de que se produjera un derramamiento de sangre ni la intervención de los EE.UU. y que si la presencia de tropas [estadounidenses] en la región oriental de la república ocasionaba algún problema, no podía considerársele responsable. Insistió en que su partido también incluía a blancos. No solicitó nada de mi persona —dijo Jackson—. Últimamente la prensa local se ha referido con frecuencia a la cuestión racial. Los discursos de Estenoz han exacerbado los ánimos. Se han hecho amenazas y formulado demandas de dinero y en las provincias de Oriente y Santa Clara se han observado cierta inquietud en la población blanca. Sin duda, políticos blancos apoyan el movimiento en cierta medida con el fin de desacreditar el gobierno y de provocar nuestra intervención y la anexión definitiva. De poder disolver el Partido Liberal y asumir el poder, dejarían de hablar de intervención. Al parecer el Gobierno tiene el control de la situación; no han ocurrido disturbios ni se prevé que se produzcan. No obstante, está por ver la repercusión de la presencia de las tropas [cubanas] cuando comiencen las elecciones. Sus líderes son partidarios del Presidente y la prensa conservadora ya sugiere que la actitud de las tropas tal vez no sea imparcial…[5] 

Ya la confianza en Washington y no en los cubanos de los dirigentes del PIC, se había puesto en claro cuando el 18 de octubre de 1910, Francisco Caballero Tejera e Isidoro Santos Carrero y Zamora, presidente y secretario, respectivamente, del comité ejecutivo provincial de Santiago de Cuba del Partido Independiente de Color, enviaron al presidente Taft una comunicación en que la expresaban: “El Partido Independiente de Color, colectividad política que surgió a la vida pública durante el gobierno provisional de vuestro ilustre conciudadano, el Sr. Magoon, es un partido el cual tenía existencia legal, una copia literal de cuya declaración le estamos enviando de manera adjunta. Al leer el documento, enviado de forma adjunta, Ud. quedará impuesto fehacientemente de los hechos y podrá deducir que se ha cometido una injusticia indescriptible con el Partido Independiente de Color, que constituye más del 50 % del electorado de la PROVINCIA de Oriente y más del 33 % de los habitantes de la REPÚBLICA. Ud., HONORABLE SEÑOR que guía los destinos de la nación cuyo pueblo merece el glorioso nombre de PUEBLO MODELO sabrá aquilatar la magnitud de la afrenta cometida contra nuestro Partido, que se verá privado de uno de los más grandes privilegios de las instituciones republicanas: EL DERECHO AL SUFRAGIO. (…) Más tarde en 1906, el ciudadano que rige hoy este país llevó al pueblo a una REVOLUCIÓN para restablecer los derechos constitucionales de conformidad con nuestra constitución los cuales se creía pisoteados, los trajo a ustedes aquí otra vez para restablecer la paz y los estatutos de legalidad que habían sido alterados a conciencia de la visionaria medida introducida por su prudente Gobierno en nuestra Constitución: LA ENMIENDA PLATT. // Si en dos convulsas situaciones anteriores, la intervención de vuestro gobierno fue necesaria para la salvación de los sagrados ideales de independencia, libertad y justicia del pueblo cubano, sería mucho más justificado, grandioso y noble que Ud. mediante sus buenos oficios evite que se consume la iniquidad  que se proponen, de arrebatar a un pueblo libre el más precioso derecho de su soberanía: EL DERECHO AL VOTO.// Y eso es lo que reclamamos y solicitamos a Ud. HON. SR; eso es lo que le pide un nutrido grupo de hombres que contribuyeron con su sangre y su valentía a la sagrada causa de la independencia de la Patria, eso esperamos de Ud., quien nunca se privará de satisfacer los derechos conquistados con esfuerzos inauditos y determinado a preservarlos.// Por favor, HON. SR., dele toda su atención a nuestra justa petición; y por favor también dele al HON. PRESIDENTE de la REPÚBLICA de CUBA un amistoso alerta de que no sería prudente celebrar las elecciones del PRIMERO de NOVIEMBRE próximo, hasta que el derecho al sufragio sea concedido igualmente y garantizados a todos los CIUDADANOS CUBANOS”[6]. 

En cuanto a la apuesta que los Independientes de Color hicieron por el racista EE.UU. para que les sacara las castañas del fuego, hay que recordar unas palabras del poeta Nicolás Guillén, en 1952, durante una visita ocasional a ese país, un cuarto de siglo después: “No hay otro país donde el negro extranjero llegue con mayor aprensión como los EE.UU. `La gran democracia norteamericana’, según llaman al fascismo yanqui algunos idiotas, es siempre una interrogación inquietante para la gente de piel oscura, que discriminada y todo en su lugar de origen, sabe que la mayor discriminación, la más bárbara y abierta, es la que se practica en las tierras ‘libres’, de Lynch y de Jim Crow”[7]. Esas palabras parecían ser dichas para los oídos de Estenoz, Batrell, Caballero Tejera y Santos Carrero, y cuantos creyeron que de allí vendría la solución para la igualdad de los negros cubanos, cuando esta solo podía ser hija de la propia Cuba.    

Después que tomaron las armas el 20 de mayo de 1912, Estenoz le envió un mensaje al cónsul en Santiago de Cuba, Holaday, con Wheeler y Collister, dos estadounidenses a quienes se había creído prisioneros de los insurrectos, para que lo transmitiera al departamento de Estado: “Solo luchamos contra los cubanos y el gobierno de Cuba por nuestros derechos como cubanos y ciudadanos de este país…” y más adelante declaraba de forma deplorable: “…deseo declarar que antes que ser gobernados por los cubanos como en el pasado, sería mucho más preferible ser gobernados por extraños”. Resulta, además, sorprendente cómo Evaristo Estenoz, que en 1905 había visitado EE.UU. en compañía del escritor Rafael Serra, para estudiar la situación de los negros en aquel país[8], escribiera tales palabras. Estenoz finalizó ese mismo mensaje de una manera inaceptable al mostrarse partidario de la intervención; es decir, ocupación del gobierno de los EE.UU. en la Isla: “esperamos que el pueblo de los Estados Unidos comprenda nuestra posición y estudie el asunto exhaustivamente antes de convencerse de la necesidad de la intervención”[9]. 

El intrigante ministro estadounidense en La Habana, Beaupré, aprovechó unos disturbios nocturnos ocurridos en La Habana para clamar por un buque de guerra. Creía el Ministro que debía enviarse de inmediato un navío de guerra para que brindara apoyo moral y atenuar los temores generalizados.[10] Evidentemente, Beaupré consideraba que ya estaba a un paso de lograr la ocupación. Ese mismo día, en respuesta a Beaupré, el secretario de Estado le anunció que se había ordenado que, de inmediato, dos buques de guerra partieran a todo vapor hacia la capital cubana.[11] Resultaba evidente que Taft, incluso contra la opinión de Knox, y a pesar de todas las presiones internas para provocar la ocupación y la actuación de Beaupré, con sus informaciones alarmistas, se mostraba moderado y hacía todo lo posible por no decretar la ocupación total, pues aunque con la renuencia expresada por un telegrama de Gómez, redactado por Manuel Sanguily, ya había ordenado el desembarco de marines. La alarma del pueblo cubano resultó enorme. Se consideraba que la patria se perdería. En medio del sobresalto el presidente Gómez cursó un telegrama al presidente Taft, donde de forma muy digna y firme le censuraba que se tomara la medida de enviar tropas a la Isla. El telegrama había sido escrito con una pluma mojada en los tinteros de Manuel Sanguily, el secretario de Estado. Pero Taft respondió que de todas formas mandaría las tropas, las que tomarían tierra sin aviso previo, pero no debía temerse que fueran a ocupar la Isla. Durante más de un mes la espada de Damocles de Taft pendió sobre la cabeza del pueblo cubano, que temió siguieran desembarcando los marines para iniciar la ocupación. El peligro era cierto. En Washington, en el departamento de Guerra, el general Leonard Wood, jefe del estado mayor, tenía perfectamente perfilado el plan de ocupación de Cuba y solo faltaba la orden del presidente para ejecutarla. Mills, el jefe de la War College Division, le había informado el 29 de mayo al jefe de Estado mayor, de Washington, Wood, que el plan de desembarco en Cuba, elaborado el 2 de enero de ese año, que suponía una primera irrupción de cinco mil hombres, había sido preparado con cierta premura y se había encontrado que podía ser simplificado, aclarado y corregido.[12] Así que la amenaza no era pura fantasía del pueblo cubano, sino una posibilidad real y palpable. 

Por suerte para Cuba era un año de elecciones, y Taft pretendía reelegirse, pero la suya era la mano que había dirigido la invasión de 1906 y sabía que ahora un conflicto en Cuba podía provocarle la pérdida de la presidencia en los nuevos comicios. Por tanto, se veía obligado a frenar sus huestes. 

A todas estas, un suceso permite en cierta manera comprender las enormes confusiones que parecían encerrarse en el movimiento insurreccional. Ricardo Batrell, aquel que había firmado en 1907, junto con Alejandro Neninger un manifiesto “Al Secretario de Guerra de Estados Unidos y al pueblo de Cuba y a la raza de color” publicado en La Discusión, le escribía desde la cárcel de La Habana al ministro Beaupré para inquirir si era posible que un nativo cubano pudiera acogerse a la ciudadanía “de esa gran nación amparadora de los derechos individuales que las leyes garantizan”[13]. Aunque Batrell quería justificar su decisión de hacerse ciudadano estadounidense con el hecho de que había sido sacado enfermo de su casa, bajo un aguacero, para conducirlo a la cárcel, nada podría explicar la decisión de abjurar de su ciudadanía para acogerse a la de un país extraño y menos a la del que avasallaba al suyo, y menos todavía, si en aquel se le sometía a brutal aplastamiento a los hombres de su color. Era terrible, Batrell resultaba anexionista.  

No pocos combatientes de los Independientes de Color perecieron en una feroz e imperdonable masacre encabezada por el general José de Jesús Monteagudo, que al parecer dejó unos tres mil negros y mulatos muertos en los campos de Cuba. Aún lamento el crimen de hombres como el coronel de las tropas de Maceo, Pedro Ivonnet, a manos del asesino Arsenio Ortiz. Al terminar el alzamiento, otros fueron enviados a la cárcel. La campaña por su liberación tuvo reflejo en una misiva dirigida a Washington. Todavía la autoridad que se les concedía a los estadounidenses estaba presente en los Independientes de Color prisioneros cuando, en nombre de los integrantes del partido presos, una comisión le escribió al presidente William Taft, y le decía: “República de Cuba// Cárcel de la Habana Noviembre 22 1912// Sr. William H. Taft Honorable Presidente de la Gran Nación Americana// Washington E.U.A.// Honorable señor::// Ungido por el dolor esencialmente de necesidad y acorralado por un tratamiento injusto y grotesco en que nos encontramos bajo la acción de los que no merecen sus posiciones sociales donde viven felizmente derrochando nuestros intereses acudimos a Ud. en demanda de justicia, para que con arreglo al tratado de París donde existen las relaciones o gerencias que tiene la gran nación americana en Cuba; ponga términos a la situación criminal que padecemos los presos de la protesta armada del Partido Independiente de Color, y que las prensas dieron el carácter de “racista” para presentarnos ante las naciones civilizadas, como los seres más inciviles que existen en el globo terráqueo.// Pero vivimos satisfechos de que Ud. conoce los males que padecemos en nuestro país y que por querernos arrebatar nuestros derechos conquistados en el campo de las revoluciones por nuestra independencia, en la que aportó el ochenta  y cinco por ciento la llamada raza de color para arrojar al gobierno español. Y como resultado de eso surgió el 7 de agosto de 1908 el Partido Independiente de Color en la segunda intervención en Cuba, bajo la dirección de Mister Magoon y Mister Crondwell y que estos lo aceptaron por las facultades que les fueron conferidas en nuestro país. Y algo más, porque entendieron que nuestros derechos estaban conculcados por nuestros compatriotas blancos.// Honorable Señor Presidente;// Esta tiene también por objeto, hacerle saber el estado deplorable porque atravesamos pues de los dos mil quinientos presos más o menos que existen en las distintas cárceles de la república, duermen en el suelo más de mil quinientos, la comida que se nos da es tan mala como indigna de dárseles a seres civilizados. Ahora por lo aglomerado que nos encontramos en las distintas galeras faltos de higiene, ha dado origen al gran número de enfermos que aquí existen, de los cuales hasta ahora lamentamos nueve fallecidos por falta de recursos en la enfermería, donde no hay ni para curar una simple hinchazón en la cara. Y para la cual, se le pone por todo remedio una dieta rigurosa; tal vez con el objeto de exterminarnos lo más pronto posible.// Así es que en nombre de la civilización del Siglo XX, por la cual los Estados Unidos han demostrado estar á la altura de las naciones más civilizadas del Planeta Tierra, impetramos de Ud. con el derecho que le caracteriza, ordene se ponga coto á tantas iniquidades que con nosotros se comete. ¡Pues el siglo en que vivimos así lo exige!// Nosotros hemos visto que en otros países donde han habido revueltas de otra índole, tal vez producto de ambiciones personales han asesinado y se han cometido horrores, apenas se han terminado dichas revueltas lo primero que se ha hecho es dictar una ley de Amnistía tan amplia, que han obtenido sus favores, aun los que estaban condenados por otros delitos más graves que los cometidos por los Independientes de Color durante la protesta armada.// Y dicho esto que hemos creído pertinente decirle, le comunicamos que los que tenemos el honor de escribirle desde esta cárcel; somos de los quinientos presos trasladados de la cárcel de Santiago a esta. Y por ende, sin que el sentimiento se hubiera reflejado en el corazón de los autores que durante el trayecto de veintinueve horas en que no condujeron sin comer, queremos hacer constar como asunto de urgente necesidad, que todos los presos que existen en las cárceles y cuarteles de la república, han sido presentados, esto es, acogiéndose a la legalidad para obtener la paz, y nunca para estar privado de la libertad en nuestro país que nos costó tanta sangre conquistarla.// Sin otro particular por hoy// Quedamos de Ud., con la mayor consideración SSS.Q.B.S.M.// La Comisión// Elicio Di[ilegible]// Cirilo Durand// Wenceslao Dávila//Clemente Gilu”.[14] 

Los exrebeldes le seguían concediendo el papel de juez supremo en los asuntos cubanos al jefe del imperio. De todos modos, solo el 10 de marzo de 1915 salió el último de los  hombres del PIC de la prisión con una amnistía.  

Nunca debió haberse producido aquel conflicto que habría dividido a los cubanos, algo que hubiera despedazado para siempre no solo a la República sino a la patria. Desde luego, no había sido justo prohibir el Partido Independiente de Color y comenzada la guerra debió haberse buscado una salida pacífica entre hermanos. Pero tampoco los Independientes de Color debieron haber tomado un fusil para reclamar sus derechos. Después de todo era una contienda desigual y sería una guerra fratricida.

Serafín Portuondo llamó al alzamiento, un alzamiento “equivocado” y dice Jorge Ibarra en la Historia de Cuba, del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en 1966, en un capítulo titulado Un crimen horrendo que cometían un error los Independientes de Color al creer que lograrían sus fines por medio de la amenaza de un desorden público y  añade que “adoptó una táctica equivocada, en cuya raíz hallamos una necesidad totalmente justificada: luchar contra el acoso de que eran víctimas en aquella sociedad negros y mulatos”[15].

Acaso podemos olvidar que nuestro padre Martí dijo: “Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad (…) Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente dividido, es dificultar la ventura pública, y la individual, que están en el mayor acercamiento de los factores que han de vivir en común (…) En Cuba no hay temor  alguno a la guerra de razas. Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro (…) En Cuba no habrá nunca una guerra de razas. La República no se puede volver atrás; y la República, desde el día único de la redención del negro en Cuba, desde la primera constitución de la independencia el 10 de abril en Guáimaro, no habló nunca de blancos ni de negros…”[16]         

Era que acaso se podía olvidar lo dicho por nuestro padre Maceo: “Jamás me he hallado afiliado a partido alguno. Siempre he sido soldado de la libertad nacional que para Cuba deseo, y nada rechazo con tanta indignación como la pretendida idea de una guerra de raza. Siempre, como hasta ahora, estaré al lado de los intereses sagrados del pueblo todo e indivisible sobre los mezquinos de partido y nunca se manchará mi espada en guerras intestinas que harían traición de la unidad interior de mi Patria, como jamás se han manchado mis ideas en cuestiones pequeñas…”[17].

Martí y Maceo, uno blanco y el otro negro, los dos más grandes próceres de la Independencia cubana habían luchado contra la diferenciación racial y habían condenado que se fuera a producir algún roce entre las razas que poblaban la Isla. No aceptaron en 1912 aquel alzamiento Juan Gualberto Gómez, Jesús Rabí, Cebreco y tantos otros jefes mambises. Es cierto, que hay un racismo larvado en muchos habitantes de la Isla, pero las ideas de estos hombres han penetrado hasta el tuétano de los huesos de no pocos cubanos. Por suerte, en Cuba a diferencia, por ejemplo, de EE.UU. no hay angloamericanos, afroamericanos, italoamericanos, hispanos, solo cubanos y esto a medida que nuestro pueblo se mezcle y no haya distancias raciales entre unos y otros lo hará definitivamente más fuerte. Solo habrá entonces, como diría Nicolás Guillén, el color cubano. Eso ha demorado más de lo que quisiéramos, pero es algo de lo que ha traído la Revolución a Cuba. De manera que aquí no puede hablarse en términos raciales de afrocubanos, hispanocubanos o chinocubanos. Hay que postular para siempre que nada de lo que divida a la sociedad cubana, y menos por el odio y la sangre, podrá ser aceptable para un pueblo cuya única consigna válida si quiere ser libre e independiente y no ser vasallo del imperialismo yanqui debe ser la unidad: la primera de todas la de negros y blancos.    


Notas: 

[1]. Julio César Gandarilla: Contra el yanqui. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p. 69.

[2]. Aline Helg, Lo que nos corresponde; la lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, 1886-1912. Ediciones Imagen Contemporánea. La Habana, 2000, p. 15.

[3]. Ibíd., p. 196.

[4]. Serafín Portuondo Linares, Los independientes de color, Ed. Caminos, La Habana, 2002, p.213.

[5]. “De Jackson al Secretario de Estado”, 22 de abril de 1910- United Status, Nacional Archives and Record Service, (en lo adelante NA/RS), microfilme 488, rollo 5.  

[6]. “De Francisco Caballero y Isidoro Santos Carrero a Taft”, 18 de octubre de 1910. NA/RS, microcopy 488, rollo 5.

[7]. Nicolás Guillén: ¡Aquí estamos! Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008, p. 199.  

[8]. Rafael Fermoselle: Política y color en Cuba; la guerrita de 1912. Editorial Colibrí, Madrid, 1998, p.94.

[9]. “De Holaday al secretario de Estado”, 6 de junio de 1912. National Archives, Record Service, (en lo adelante  NA/RS), microcopy 488, rollo 6. 

[10]. “De Beaupré a Knox”, 9 de junio de 1912. NA/RS, microcopy 488, rollo 6.

[11]. “De Knox a Beaupré”, 9 de junio de 1912. NA/RS, microcopy 488, rollo 6.

[12]. De Mills a Wood”, 29 de mayo de 1912. United States, National Archives, Record Group 135, War Collage Division, 6388-27, caja 105.

[13]. Rafael Fermoselle: Política y color en Cuba; la guerrita de 1912. Editorial Colibrí, Madrid, 2000,  p. 160.

[14]. Carta de la comisión de prisioneros del Partido Independiente de Color a W. Taft”, 22 de noviembre de 1912. NA/RS, microcopy 488, rollo 7. 

[15]. MINFAR: Historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1981, pp. 563 y 566.

[16]. José Martí, op. cit., t. II, p. 298. 

[17]. José Antonio Portuondo: El pensamiento vivo de Maceo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, p. 59.

 
 
 
 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.