La Habana. Año XI.
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de JUNIO de 2012

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Caleb Casas

“El público cubano es mi público”

Yinett Polanco • La Habana

Fotos: Cortesía del ICAIC

El actor Caleb Casas ha regresado a Cuba para el estreno de Chamaco, la película de Juan Carlos Cremata. El filme se basa en la obra homónima del escritor y dramaturgo Abel González Melo, que fuera llevada con anterioridad a las tablas por el grupo Argos Teatro. En ambas versiones de la obra, escrita al estilo de las más clásicas tragedias griegas, Caleb desempeña el rol de Miguel Depás, cuya muerte funciona como detonante de toda la historia.
 

Teniendo a Chamaco como alfa y omega, nuestra conversación comenzó abordando las complejidades de volver a construir para el cine un personaje representado antes en teatro porque, al decir de Caleb “no se puede, con los recursos de un lenguaje trasladar el personaje a otro medio diferente. Aunque en esencia la caracterización fue la misma —igual perfil y sicología—, Cremata insistió en minimizar la teatralidad en los actores que habíamos interpretado la obra previamente. Él pedía incluso otro tipo de gesticulaciones donde yo pensaba que no existían, mi monólogo, por ejemplo, se convirtió en algo completamente distinto”.

La sala de su casa, ocupada en gran parte por un estante lleno de libros con fotos suyas, de su hermano y de sus padres, hablan de una contexto distante a la del personaje que asume en la película. Sin embargo, para este actor “la historia de Chamaco puede suceder en cualquier lugar de La Habana, o de Cuba, porque es una historia que tiene sus raíces en la marginalidad”.

Caleb asegura que a pesar de no formar parte de su entorno inmediato, porque nació en otras condiciones y con una educación diferente, le interesa, como actor, “reflejar esa realidad”, adentrarse en ella y “hacerlo del modo más verídico posible, para mostrarle al espectador qué está pasando”. Fue el contraste con su historia, dice, lo que le hizo más difícil la identificación con el personaje de Miguel. “Me costó trabajo entenderlo, saber cuáles eran sus necesidades, los conflictos, las pocas opciones que tenía en su vida, el hecho de que estuviera ahogado por todas partes con la presión adicional del padre exigiéndole constantemente”.

Quienes formamos parte de la generación de los 80, asociamos ineludiblemente su rostro a una serie muy recordada y en la que hizo su debut siendo un niño, El cucumí se despierta los domingos. De entonces a acá, Caleb ha hecho teatro, cine y, en los últimos tiempos, sobre todo desde que trabaja en Colombia hace poco más de un lustro, mucha televisión. “La televisión es la que me da el sustento. En materia de lenguajes tanta televisión puede crear muchos vicios porque si, como en mi caso, es lo que más haces, te repites tú mismo, pero no siempre uno puede escoger”.

Para este actor que durante años se desempeñó bajo la impronta de un director de vanguardia como Carlos Celdrán “el teatro es para recargar la pila del arte. En el teatro lo más importante es la comunión con el público. Siempre hay que volver ahí. Hace cinco años no subo a las tablas porque en Colombia es muy complicado hacer teatro, hay una especie de piña difícil de penetrar, las obras son muy regionales y en las que uno puede participar no te llaman”.

Caleb asegura además que hacer cine “es un lujo; para mí hacer cine es lo más grande” —dice con énfasis. En el séptimo arte se inició de la mano del director cubano Lester Hamlet, con el corto “Lila”, de la cinta Tres veces dos. Luego vendrían El Cayo de la muerte, una coproducción brasileño-cubana-española dirigida por Wolney Oliveira, Personal Belongings, de Alejandro Brugués y Chamaco, de Juan Carlos Cremata.

Sin titubear afirma que entre los directores cubanos con quienes le gustaría rodar están Fernando Pérez y Gerardo Chijona, “que son de otra generación más sabia. Me encantaría recibir una llamada de ellos alguna vez preguntándome si estoy disponible, pero si me llama alguien nuevo en las lides del cine, con las mismas ganas de crear, también trabajaría con él. Eso es algo que quiero hacer de nuevo aquí: una película o una obra de teatro. Si me llaman, vengo corriendo”.

El estreno de Chamaco en el cine Chaplin le permitió comprobar cuánto lo recuerdan los espectadores, a pesar de estos años de ausencia de los escenarios de la Isla. “El público cubano es mi público”, dice resueltamente cuando le pregunto por las diferencias entre nuestro auditorio y el del país sudamericano. “Que el público extranjero te acepte está bien. En estos seis años la gente ya me identifica, me paran en la calle, me piden fotos, pero aquí es diferente. El cubano tiene otra manera de abordarte, algunos tienen más protocolo, otros no tanto, pero para quienes no vivimos aquí que te recuerden de esa manera es emocionante. La interacción del público cubano con el arte es única. El otro día fui al cine Yara a ver Juan de los muertos y me resultó increíble, porque me reí tanto con la cinta como con los comentarios y las risas de la platea. El público cubano se mata por ver un estreno, hacen una fila enorme, rompen las puertas de un cine por ver una película. Eso no lo he visto en ninguna otra parte del mundo”.

Mientras ensayaba las escenas finales de un taller de actuación que impartió en Colombia, le llamaron para informarle que había obtenido el personaje del villano en la telenovela Primera Dama, dirigida por un egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Andrés Marroquín, donde compartió además roles con los cubanos Jacqueline Arenal y Mijail Mulkay. “Para mí —dice— fue un orgullo trabajar con dos actores que admiré toda mi vida”. Como si fuese una constante en su vida, había sido la obra de Abel González Melo la escogida para impartir aquel taller. Por tercera ocasión, Chamaco marcaba un hito en su vida.

Entre su debut en televisión siendo un niño y su regreso a las tablas como adulto median en la vida de Caleb varios años dedicados al estudio de las artes plásticas que luego quedaron sepultados por las exigencias de la actuación. Sin embargo, hace poco en su casa en Bogotá compró una cartulina, un carboncillo y dibujó un retrato que ahora cuelga de sus paredes. Como otros actores han hecho también, canaliza sus inquietudes a través de las artes plásticas, “me gusta mucho y en algún momento lo explotaré más”, asegura.

No conforme con seguir un único camino, Caleb afirma que disfruta la dirección de actores y para probarlo alude a su cortometraje El día de los inocentes, exhibido en la Muestra de Nuevos Realizadores el pasado año. Pueden parecer empeños muy diversos, pero esa diversidad es tal vez su mejor descripción. “Sueño con viajar, conocer Asia, volar más, bucear, ser siempre inquieto, curioso, estar todo el tiempo haciendo algo. Recuerdo una clase de filosofía en la universidad donde me dijeron: duda siempre de las cosas, el hombre que no duda, el que no pregunta, no cambia algo en su propia vida”.  

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.