La Habana. Año XI.
16 al 22
de JUNIO de 2012

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Chamaco y La piscina, entre otras noticias
del cine cubano
Joel del Río • La Habana

Confirmación de sendos y diferentes actos de osadía artística por parte de sus realizadores, y prueba de la madurez intelectual de la institución que los propulsó, y representa, el tardío estreno en salas de los singulares largometrajes de ficción que son Chamaco, rodada por Juan Carlos Cremata hace tres o cuatro años, y La piscina, que Carlos M. Quintela realizó en 2009, tienen mucho que ver con la corriente más subversiva (narrativamente hablando) y menos complaciente del cine cubano en cuanto a los temas que tratan y al modo en que los desarrollan.

La piscina llega a la pantalla de los cines luego de un agotador y larguísimo proceso de posproducción en Venezuela, y después de ser estrenada, injusta y subrepticiamente fuera de competencia en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Luego, en marzo pasado, fue exhibida de nuevo en el Festival de Cine Pobre en Gibara, Holguín, donde alcanzó el Premio a la Mejor Ópera Prima, y en la Muestra Joven del ICAIC, cuyo jurado decidió distinguirla con el Premio Especial del Jurado al riesgo y la búsqueda artística, de modo que la ópera prima de Carlos M. Quintela ha tenido varias exhibiciones antes de este ciclo que se supone sea su estreno. Chamaco también conoció una serie de preestrenos y exhibiciones en eventos previos a su actual estreno, y además el contacto de la película con el público, en salas, fue saboteada por la piratería, pues circuló prolijamente una copia de trabajo que Cremata deslegitimaba, pero que vio todo el que estaba interesado a través de discos “quemados” y memorias flash.

Creo que existe una especie de obstinación (comprensible) entre los cineastas que se niegan a estrenar en digital y esperan para hacerlo en celuloide, y mientras tanto, las películas envejecen como producto cultural, son pirateadas, las ve todo el público potencial, y cuando arriba el estreno ya ha disminuido considerablemente el número de espectadores interesados. Tal vez haya que inventar otra estrategia, más discreta, para presentar las películas, y hacer menos preestrenos, presentaciones especiales y exhibiciones festivaleras que lastran el interés del auditorio a la hora del verdadero estreno.

A partir del relato de un día cualquiera de las vacaciones de cuatro adolescentes, todos ellos con alguna minusvalía o dificultad, La piscina demuestra, como mínimo, que existen varias opciones de fluencia narrativa para el cine nacional, y es una película elogiable, cuando menos, por su noble y elocuente capacidad de observación y absoluta facilidad para comprometerse con el destino momentáneo de esos personajes que no hacen casi nada, aparte de ser ellos mismos, y que encarnan con asombrosa naturalidad los adolescentes Mónica Molinet, Felipe García, Carlos Javier Martínez, Marcos Costa, además de Raúl Capote, quien interpreta al entrenador, y que ya había impactado a muchos por su notable desempeño en Molina’s Ferozz.

En algún momento califiqué de audaz e inusual La piscina, y sigo pensándolo, sobre todo porque me parece idóneo su ritmo narrativo, y la mayor parte de sus códigos fotográficos, para revelar la historia que cuenta, y descubrirnos personajes que son como los del neorrealismo italiano, el cinema verité francés o el free cinema británico, al mismo tiempo comunes y extraordinarios. Debo aclarar que siempre me ha parecido idiota la posición de ciertos críticos, espectadores y realizadores encargados de fundar altares en torno a ciertos filmes solo en virtud de su lento desarrollo y soporífico acontecer. No es ese el caso de La piscina, una película capaz de atenerse a una distancia focal bastante radical, y así y todo continuar revelando una manera de “actuar”, en sus personajes-intérpretes, distanciada de todo vedetismo o imagen prediseñada. Las limitaciones para comprenderse y convivir de estos jóvenes aterrillados por el sol son las mismas que suscitan discusiones y conflictos en las películas “normales”: inseguridades, problemas con el poder y la autoridad, necesidad de libertad y autoafirmación, deseos inarticulados e imposibles, urgencias del cuerpo y de la mente, solo que Quintela y su guionista, Abel Arcos, eligieron el camino más sinuoso y complicado, y optaron por un discurso que elude elementos explicativos y cruciales, se apoyaron en diálogos mínimos y en una dimensión narrativa que parece tiempo real, aunque no lo sea.


La piscina, Carlos M. Quintela

Tragedia más que policiaco, como pudieran pensar algunos desde su sinopsis, Chamaco también nos presenta a un actor joven y talentoso, Fidel Betancourt, acompañado por acreditados nombres del cine, la televisión y el teatro cubanos (Aramís Delgado, Luis Alberto García, Laura Ramos, quienes ofrecen lo mejor de sí mismos) todos empeñados en conferirle profundidad y pathos a sus personajes retorcidos, frustrados, anhelantes y en busca de satisfacción, y tal vez amor, en los bajos fondos de la noche habanera.  Todos los personajes van a estar relacionados, de alguna manera, con el asesinato de un joven en el Parque Central, y luego aparece una serie de bien estructuradas retrospectivas que explican las circunstancias y personajes en torno al crimen.

Con una sólida estructura narrativa, fraguada en el guion coescrito por Cremata y Abel González Melo, autor de la obra teatral homónima, Chamaco se sumerge en dos temas nunca suficientemente explorados desde la gran pantalla: la crisis de valores de la familia cubana y los intersticios de la doble moral, al nivel filial y social. La fotografía de Lily Suárez, la edición de Adrián García, la música de Amaury Ramírez Malberti, el sonido de Rubén Valdés y Camilo Machado, y la dirección artística de Guillermo Ramírez Malberti describen un mundo oscuro, opresivo y sin salida, además de describir relaciones gobernadas por la manipulación, el chantaje, la violencia y el fingimiento. Tal vez lo grave del tema haya ocasionado un tratamiento muy discreto, imperceptible a ratos, en todos los códigos antes mencionados y así, por ejemplo, la fotografía está gobernada por el estatismo y la edición está puesta en función de la transparencia narrativa.

Producida por El Ingenio, pero igualmente estrenada en la red nacional de salas, Chamaco aparecerá en DVD, también realizado por el ICAIC, en una fecha que nunca excederá lo que queda de año. Y así, la principal productora de cine en Cuba arropa y promueve una parte de los audiovisuales más significativos generados en la Isla, aunque no haya participado directamente en su producción.

Entre los proyectos de Cremata, se cuenta el largometraje Mar de muchos, integrado por tres cuentos titulados “En fin el mal”;Más allá del bien y del mar”;En el mal la vida es más sabrosa”, que será estrenado como maqueta de proyecto en la Muestra de Jóvenes Realizadores, y recientemente fue aprobada la producción de su próximo filme Fe de ratas. En cuanto a su versión de Contigo pan y cebolla, popular obra teatral de Héctor Quintero, se estrenará en un teatro, y conservará las características de puesta en escena.

Respecto a otros proyectos del cine cubano, Isabel Santos y Jorge Perugorría protagonizarán bajo las órdenes de Fernando Pérez su nuevo proyecto, La pared de las palabras, que está a punto de comenzar su rodaje en producción independiente con participación de la española Wanda Films.  Coescrita por Pérez junto con la escritora Zuzel Monné, La pared de las palabras incluye en su reparto también a Verónica Lynn y Laura de la Uz, y cuenta con Erick Grass como director de arte y vestuario.

También se anunció en conferencia de prensa la conclusión del rodaje de Esther en alguna parte, la adaptación de la novela homónima de Eliseo Alberto Diego García-Marruz que dirige para el cine Gerardo Chijona con guion de Eduardo Eimil, fotografía de Rafael Solís, música de José María Vitier y producción del ICAIC, SONTRAC de Perú y el apoyo de IBERMEDIA. Entres los actores implicados, se cuentan Reinaldo Miravalles, quien regresa al cine realizado en Cuba luego de larga ausencia, Enrique Molina, Daisy Granados, Luis Alberto García, Laura de la Uz y Héctor Medina, con actuaciones especiales de Eslinda Núñez, Elsa Camps, Paula Alí, Alicia Bustamante y Raúl Pomares, entre otros.

Por otra parte, Enrique Álvarez tiene un largo de ficción a punto de concluir su posproducción (Jirafas) y otro a punto de iniciar su rodaje: Venecia. En Jirafas, Lía y Manuel viven ilegalmente en una casa cerrada. Tania intenta recuperar sus derechos sobre el espacio que su tío le dejó y se propone desalojarlos. Pero la pareja no está dispuesta a irse, y Tania decide atrincherarse en el piso alto de la casa. La guerra que comienza terminará acercándolos. Jirafas está producido por KA Producciones, Galaxia 311, Producciones Largasluces y Open Roads Media, y será estrenada el segundo semestre de 2012. El mismo equipo creativo en agosto rodará Venecia, escrito por la joven actriz y guionista de Jirafas y Marina, y que cuenta la historia de tres mujeres, trabajadoras de una peluquería estatal, que el día del cobro deciden acompañar a una de ellas a comprarse un vestido. Se inicia así un itinerario de sucesos imprevistos que las llevará a pasar la noche juntas, y al amanecer tienen el sueño común de abrir un salón de belleza al cual nombrarán Venecia.

 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.