La Habana. Año XI.
16 al 22
de JUNIO de 2012

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DEL ARTE MEXICANO

Conscientia: lo que conecta a los seres humanos

Mabel Machado • La Habana

Mientras se clausura la Oncena edición de la Bienal de La Habana, en México se escuchan todavía las resonancias del último debate público de los candidatos a las próximas elecciones presidenciales. Los venideros sufragios en ese país amedrentado por la violencia y la guerra del narco, dieron lugar días antes a uno de los sucesos menos esperados por la prensa y los políticos: la aparición del grupo Yo soy 132 en las aulas de una universidad privada del Distrito Federal. El repudio del estudiantado al aspirante del PRI, Enrique Peña Nieto, terminó generando grandes movilizaciones populares del carácter del M-15 español, el movimiento estudiantil chileno y el Occupy norteamericano.

Organizado en lo fundamental a través de las redes sociales, el Yo soy 132 que invadió el Zócalo y la zona de Televisa Chapultepec, se inscribe en la nueva oleada de manifestaciones que según los analistas de izquierda, demuestran la insostenibilidad del orden capitalista mundial. Sin embargo, el reclamo de más democracia que han lanzado los estudiantes en México dista mucho de emplear otras armas que no sean la palabra y las protestas pacíficas en espacios públicos. Lo que ha venido ocurriendo durante el último año en escenarios tan distintos como España, Chile, EE.UU. y ahora en el país centroamericano, más que ser una herramienta de cambio certera, ha demostrado la viabilidad de nuevas formas de activismo y participación ciudadana en la lucha por la justicia y la equidad social.

Por la búsqueda de vías efectivas de expresión en un mundo cada vez más excluyente, transita también el arte contemporáneo. Dentro del amplio rango que va en la actualidad desde el arte militante hasta el arte por el arte, aparecen propuestas como Conscientia, una exposición de Laura Hernández y Unai Miquelajáuregui que pudo verse en Cuba durante la Oncena Bienal de La Habana. No hay asociaciones políticas posibles entre la propuesta que presentaron al evento estos dos artistas mexicanos y el Yo soy 132 que exige al estado el cumplimiento de las leyes, salvo en un aspecto de base: ambos asumen que la vertiginosa mediación de las tecnologías digitales en la vida cotidiana de las personas es un elemento detonante de la creatividad, que esa creatividad puede usarse para juntar fuerzas y que esas fuerzas pueden revertirse en una vida mejor.

Un evento como la Bienal habanera, que desde su fundación en 1984 contempla entre sus objetivos dar cabida a los imaginarios sociales en toda su diversidad y voz a los creadores que trabajan fuera del perímetro de lo que el poder reconoce como “lo mejor del arte”, avala la solidez y posibilidades de expansión de un proyecto que, según sus autores, no propone de manera directa una crítica, sino “nuevas formas de integrar y de integrarnos para lograr una expansión de la conciencia universal”.

El título de la muestra que acogió la Casa Benito Juárez en La Habana Vieja, apela a la relación que existe entre el desarrollo de la conciencia humana, el conocimiento y los destinos hacia los que se encamina esa sabiduría acumulada en siglos de evolución y avances tecnocientíficos. “Nos interesan las formas de crecimiento del ser humano y a la vez sus paradojas. Somos una especie que escribe poesía y que a la vez mata. Hemos descubierto que existen otras galaxias y al mismo tiempo destruimos nuestro planeta.

“Estamos en un momento donde se ha llegado a explorar de manera más consciente el pensamiento —acota Laura—, algo que antes era materia del trabajo de los filósofos. Actualmente muchas personas quieren saber cómo funcionan nuestras emociones y las dinámicas del cerebro. A la vez, ha aumentado la velocidad de todos los procesos, porque estamos más comunicados. Dentro de esa realidad, nos interesa lo universal dentro de la particularidad humana, más que elementos efímeros o pasajeros como un ritual cultural o una ideología.”

Las cabezas humanoides suspendidas en la sala de exposición representan para estos artistas la posibilidad de abrir un camino que el espectador pueda utilizar para meditar sobre las potencialidades de la conciencia humana. “Compartimos la percepción de que el arte es un agente transformador de la sociedad, y tenemos la inquietud de proponer vías para generar una revolución de conciencia. Creemos que si provocamos empatía, compasión y relaciones de solidaridad, podemos transformarnos en una mejor sociedad”, explica Unai.

En el componente escultórico del proyecto (las cabezas de 90x80cm) realizado con resina, fibra de vidrio y acrílico, no se agota la propuesta de ambos creadores. “No todo es materia —advierte Laura. Para transportar al espectador a otras dimensiones, necesitamos la monumentalidad y el juego de perspectivas. Nos fascina el cosmos y el cosmos individual de cada quien. Queremos generar espacios envolventes. Como es un proyecto que apela a las sensaciones, no nos interesa atacar a la gente con un discurso intelectual sobre cómo ha sido el desarrollo de la conciencia a lo largo de la historia, sino más bien llamar la atención a través de una forma emocional, afectiva”.

El trabajo con grandes escalas y el valor simbólico de la luz en la obra hacen referencia directa al arte, las tradiciones y las prácticas religiosas de las culturas originarias de México. “Nuestro país —agrega Laura— tiene muchos sitios arqueológicos con piezas gigantes que le quitan el aliento a cualquier persona sensible. No buscamos una monumentalidad de mall, sino cósmica, que juega con las escalas; no para imitarlas, sino para entenderlas.

“Por otro lado —continúa Unai— respetamos mucho a las civilizaciones antiguas que privilegiaron el contacto con la naturaleza. Puede ser una contradicción si se piensa que el trabajo de nosotros está muy mediado por la tecnología, pero nuestros proyectores se utilizan fundamentalmente para generar luz. Las civilizaciones antiguas adoraban el Sol como un dios, por eso la luz tiene para nosotros una connotación tan especial y se relaciona con el espíritu humano.” 

Las paredes y las cabezas que forman parte de este trabajo multidisciplinario, se iluminan y adquieren nuevas formas y texturas a través del mapeo en 3D y la microproyección de video. No obstante, la  tecnología digital se usa aquí de forma artesanal, algo en lo que insisten en resaltar los artistas: “Muchas veces el arte que usa tecnología se vuelve tautológico, reafirmándose a sí mismo en ella. A veces puede parecer muy aparatoso y sorprendente, pero puede también carecer de contenido. Nosotros cuidamos mucho el contenido, nos aseguramos de ser ecológicos en el uso de la tecnología, y ponemos mucha dedicación a la belleza”, aclara Unai.

Más que al despliegue de un aparataje tecnológico y efectista, Conscientia se interesa por la expresión sintética del arte primitivo, el arte africano y australiano. Esta identificación también se entronca con la insistencia en mantener la relación de colaboración entre ambos creadores y de abrirse al intercambio de otros artistas con el proyecto: “El arte auténtico es también el que puede ir más allá del ego y manifestarse como la esencia pura del espíritu”, opina Laura.

Aunque la propuesta que ha madurado este dúo durante sus cuatro años de trabajo juntos comprende la extensión de la muestra a varias salas, han encontrado la forma de que Conscientia pueda adaptarse a diferentes espacios, teniendo en cuenta los requerimientos técnico-estructurales y los rasgos del contexto social en el que se presenta la obra.

Según Unai, las características de espacio se toman en cuenta para generar el ambiente, pero también para producir el contenido: “Lo que hicimos en La Habana fue una experiencia muy innovadora para nosotros, porque hemos considerado el lugar como un personaje más. Las proyecciones de video están segmentadas en paneles de paredes y también en las cabezas. Fue un reto a nivel técnico, pero también a nivel conceptual, porque generamos ideas nuevas. Cada espacio nos invita a una reflexión completamente diferente que tiene que ver con la cultura del lugar, la idiosincrasia, la cultura. El trabajo se termina in situ.

“La respuesta emocional en Cuba a nuestro trabajo es muy interesante —prosigue el artista. En otros lugares donde la vida de la gente está más mediada por las tecnologías, la propuesta no se recibe como en este país. Aquí la gente está más virgen, y el mensaje puede llegar mucho más claro y más profundo.”

“Cada país tiene sus historias, sus religiones, sus ideologías, pero hay algo que nos une a las personas y nos hace movernos en conjunto —concluye Laura. Queremos mostrar ese hilo conductor que tenemos todos los seres humanos en común, sin importar tiempo o idiosincrasia. Lo que nos motiva que esa esencia pueda ser reconocida a la luz de este momento de cambio universal que está viviendo la humanidad.”  

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.