La Habana. Año XI.
9 al 15 de JUNIO de 2012

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Recordado en Cuba el cine de Fassbinder
Joel del Río • La Habana

La Cinemateca de Cuba ha decidido conmemorar, a todo lo largo del mes de junio, las tres décadas de la muerte de Rainier Werner Fassbinder a través de un ciclo muy completo de películas firmadas por el gran autor alemán, fallecido en 1982, luego de convertirse en uno de los más influyentes autores del llamado cine de la nueva subjetividad germana. Con una filmografía larga e intensa, el autor fue de los primeros cineastas en abordar la temática gay, y al análisis de las divergencias y consonancias gays en el cine de Fassbinder se consagran los siguientes párrafos. 

Ninguno de los cineastas-autores en los primeros 80 años de cine consiguió, al mismo tiempo, retratar el contexto político y social de su época, atenerse a las implicaciones emocionales provenientes de los géneros cinematográficos convencionales (melodrama, cine negro) y además, sobre todo, definir el espíritu esencialmente trágico inherente a la condición homosexual, como alcanzó a hacerlo Rainer Werner Fassbinder desde su debut, a los 21 años, en 1969, y a lo largo de tres lustros y 43 películas. Pocos autores de los años 70 o de las décadas posteriores, osaron demarcar un compromiso tan expedito entre su vida personal y su obra, una filmografía que excede con mucho la temática gay, aunque este tipo de personajes y conflictos esté presente en el subtexto de muchas más películas fassbindereanas de las que suelen identificarse como tales en los sectarios anaqueles del cine LGBT, es decir, sobre lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. 

Con una vida privada casi tan publicitada como sus películas, Fassbinder fue parroquiano habitual de los leather bars de la Nueva York de los ‘70, donde se fotografiaba con su proverbial campera de cuero, sus jeans sucios y su ceño eternamente fruncido. Sus amantes de uno y otro sexo constituían una larga fila de actores y actrices, una tropa de suicidas, semidelincuentes, drogadictos, mujeres abandonadas y esposas frustradas. Adicto al alcohol y a las drogas (en particular al whisky, el Valium y la cocaína, cuya mezcla terminó matándolo), Fassbinder se fue de este mundo, al igual que la mayor parte de sus personajes, exhausto, decepcionado de todo y de todos, con una crisis profunda de inseguridad respecto a su lugar bajo el sol o al valor de su obra. Desde los 15 años le anunció su homosexualidad a su familia burguesa, y en su juventud vinculó una existencia de bares, drogas y proxenetismo con el conocimiento de los clásicos de Hollywood y la cultura alemana, además de su preferencia por Thomas Mann, Antonin Artaud o Bertolt Brecht, cuyos dispositivos temáticos o estéticos fueron asumidos por Fassbinder para denostar la vulgaridad germánica, sus prejuicios y limitaciones.  

Las películas de Fassbinder consagradas a la temática y los personajes gays muestran la misma desesperada, e insaciable, necesidad de amor y libertad, que manifiestan los personajes heterosexuales que el cineasta diseñó a partir de su personalidad ciclotímica y de sus sempiternas crisis de inconformidad y pesimismo. Hombres y mujeres, homosexuales y heteros-, terminan desengañándose de sus ilusiones y expectativas amorosas en películas como El amor es más frío que la muerte (1969), Martha (1973), Effi Briest (1974) y Solo quiero que me ames (1976), todas con protagonistas hetero-, o Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1971), Fox y sus amigos (1975), En un año de trece lunas (1978) y Querelle (1982) cuyos personajes principales exhiben sin cortapisas sus preferencias homosexuales y su indefectible predestinación al final aciago. Aunque se le acusaba de misógino y homófobo, Fassbinder se dedicó a expresar, en casi todas sus películas, su desconfianza visceral en la existencia del amor, la virtud, la posibilidad de vivir felizmente en pareja, el mejoramiento humano o los ideales de la modernidad. 


Querelle

Petra von Kant es una exitosa y arrogante diseñadora de moda. Trata con desprecio a Marlene, su secretaria. Pero cae rendida ante Karin, una hermosa e inculta joven que aspira a ser modelo. Las dos inician una atormentada relación llena de incompatibilidades, humillación y dependencia. Petra vive aislada en el artificio y la autocracia, y explota a Karin en el mismo entorno de abuso sicológico al que ella es sometida por su silenciosa criada Marlene. Al igual que muchos otros personajes de Fassbinder, Petra está enloquecida por su incapacidad para despertar el amor de su amante, o para lograr una relación afectivamente compensada, más allá de la dependencia económica.  

Existe un paralelismo acusado entre Las amargas lágrimas de Petra von Kant y Fox y sus amigos. En ambos filmes hay mentores, Petra o Eugen, que intentan convertir a sus amantes zafios y vulgares, en personas refinadas y burguesas. Franz y Karin intentan salir de un entorno infortunado y prosaico, y se dejan poseer por parejas más poderosas, ricas o cultas. Y aunque el final difiera, puesto que Petra es víctima de su deseo y Eugen es más bien victimario, ambos apuestan por la manipulación y la tiranía. 

Protagonizada por Fassbinder, Fox y sus amigos, también conocida en español como La ley del más fuerte, es seguramente su película más autobiográfica, en tanto cuenta la historia de un hombre ingenuo y bonachón, siempre rechazado por su origen humilde y sus costumbres. Fox enriquece al ganar medio millón en la lotería, y al mismo tiempo forma pareja con Max, un apuesto y elegante comerciante de antigüedades cuyos refinados amigos revolotean en torno a la pareja, aunque apenas disimulan su desprecio por Fox. Más tarde aparece Eugen, hijo de un empresario que posee una imprenta al borde de la bancarrota. Eugen seduce a Fox y se vale de su ingenuidad para salvar la empresa paterna y para comprar el piso y los muebles que compartirán. Además, intenta corregirle sus modales nada finos, y programan un viaje a Marrakech que supondrá el comienzo del fin de una relación sin raíces ni futuro. 


La ley del más fuerte

Fassbinder trata el tema de las relaciones utilitarias e interesadas entre las personas de diferentes clases sociales con el mismo realismo sucio con que evidencia sus dependencias sexuales y la infinita capacidad de humillación y ultraje que ejercen los poderosos sobre los pobres y advenizos. Es cierto que Fox y sus amigos, luego de casi 40 años de realizada, es difícil de ver como algo más que otra historia sobre un gay victimizado, sin embargo, el autor estaba presentando otra de las muchas variaciones presentes en sus películas sobre temas como la catástrofe sentimental, la injuria al amor propio y la tiranía forzosa implícitas en el acto de enamorarse. Todo ello subrayado en el plano estilístico por el empleo de la profundidad de campo, el uso de una iluminación que deja ambos márgenes del encuadre en sombra (efecto flou) y presenta a los personajes aprisionados en el centro, además de las actuaciones artificiosas y estilizadas, al igual que la dirección de arte.  

Otra variación del personaje del homosexual victimizado, pero al extremo del patetismo, aparece en la discutida película En un año con trece lunas, realizada inmediatamente después del suicidio de Armin Meier, amante de Fassbinder que por lo visto fue incapaz de resistir el infierno de manipulaciones y crueldad de la vida en común con un genio. Volker Spengler interpreta a Elvira, un transexual solitario que antes se llamaba Erwin, y estaba casado y tenía una hija, antes de enamorarse de un rico industrial quien lo abandonó inmediatamente después de la operación de cambio de sexo. El filme comienza cuando Elvira, vestida de hombre, es golpeada por unos hombres cuando descubren que es mujer, porque la muerte, la afrenta y la caída marcan el destino de Elvira, quien inicia más tarde una relación autodestructiva con un actor llamado Christoph. El método de Fassbinder para distanciar al espectador de la extremada compasión que pudiera provocar Elvira consiste en colocar largos monólogos en off, o en mostrar composiciones descentradas, encuadres sucios y en apariencia desvinculados de la acción narrativa principal.  

Aunque muchos críticos insistieron en la diferencia que existe entre los gays víctimas y antiglamorosos de Fox y sus amigos o En un año de tres lunas, y el seductor y destructivo de Querelle, creo que este último es también víctima pero de su propio y personalísimo instinto autodestructivo, pues estamos en presencia de un lujurioso ángel de la muerte, de insaciable apetito sexual y un instinto de conservación muy obnubilado por el imperativo de tener sexo, y luego traicionar, a numerosos personajes del filme y de la novela: Nono, el dueño del burdel, el jefe de policía, un trabajador de los muelles, el capitán del barco…  

Episódica, simbolista, excesiva y amanerada adaptación de la homoerótica novela de 1949 Querelle de Brest, de Jean Genet, la película final de Fassbinder resume décadas de imaginería gay en torno a los marineros y a los puertos como está a la vista en la novela de Herman Melville Billy Budd, en Fireworks, de Kenneth Anger, en el grupo de música disco Village People, o en los dibujos y diseños de Tom of Finland.  

Emblema de la imaginería gay más kitsch y estereotipada, su canto de cisne, Querelle provocó opiniones tan diversas como las de Andy Warhol, quien aseguró que el filme le había provocado su mejor erección en años, mientras Andrei Tarkovski la catalogó de inmundicia decadente que solo podía interesarles a los homosexuales, y Marcel Carné la consideró la obra maestra de su autor, que encontraría un lugar descollante en la historia del cine.  

Tanto Querelle, como Fox y sus amigos y En un año con trece lunas remarcaron la visibilidad del personaje homosexual, sus conflictos y maneras de relacionarse en un tiempo cuando tales presencias resultaban excepcionales en el mainstream artístico e intelectual. Las tres películas constituyen parte descollante de un legado cultural engendrado por la contracultura y el deseo de provocar, cuestionar, perturbar las tranquilas conciencias de alemanes y extranjeros, burgueses y proletarios, homos- y heteros-.

Con demasiada frecuencia es citada la frase de Fassbinder “no todas mis películas cuentan una historia gay, pero todas tienen el punto de vista de un hombre gay”. A partir de semejante declaración, en una conversación “secreta” con la periodista especializada en cultura gay, Boze Hadleigh, decenas de críticos y ensayistas han escudriñado la filmografía del autor en busca de contenido, alusiones, símbolos o inflexiones concomitantes con la sicología homosexual, hasta el punto de colocar a Fassbinder como el más representativo cineasta del cine gay en los años 70, y limitar la interpretación de su obra a una estrecha perspectiva sicologista que en ocasiones disminuye el peso de lo estético, lo sociológico y lo narrativo.

Entre los críticos que subliman la importancia de lo gay en el cine de Fassbinder, también abundan aquellos que critican la presentación de estos personajes en tanto seres crueles, vanidosos, necios y extravagantes. Pero bajo un prisma tan limitado, las protestas pudieran venir también de las mujeres, y de los varones hetero-, ante la multitud de personajes fassbindereanos que presentan igual catálogo de defectos. El crítico Andrew Britton sostuvo en la revista inglesa Gay Left que Fox y sus amigos “presenta una visión de la homosexualidad que nos denigra a todos. Por eso debemos denunciarla con energía”. Pero Fassbinder nunca hizo caso de semejantes bolas de humo. Aseguraba que, en sus películas, la presentación de la temática homosexual era algo accesorio: “Quienes alardean o hacen bandera de su condición sexual —declaró el cineasta— acaban derivando hacia la autocompasión y se dejan dominar por sus sentimientos de vergüenza”.

 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.